Editorial de Octubre

Hace poco que hemos dado la bienvenida al otoño, pero en la mayor parte de los lugares de España parece que el verano se resiste a irse. Aunque las temperaturas han descendido un poco, todavía disfrutamos más de un estío tardío que de un clima puramente otoñal.

Se asocia el otoño al acortamiento de los días, a la caída de las hojas de los árboles y a esos bellos atardeceres de cierta melancolía, que con su juego de luces y sombras hacen el deleite de aquellas almas sensibles que gustan de su contemplación.

Tiempos difíciles los de ahora, ya que en otoño tradicionalmente suele aumentar el paro, cosa que lamentablemente ya no nos extraña últimamente (¿dónde están los brotes verdes?, habría que preguntarse), máxime en estos tiempos social y políticamente revueltos, y a la espera de unas elecciones en la que los ciudadanos habremos de elegir entre lo malo y lo peor, algo totalmente desesperanzador.

Se palpa en el país un  hartazgo total, indignados lo llaman algunos, pero posiblemente fuese más apropiada alguna otra malsonante expresión algo más contundente.

Cada día contemplamos como nuestros más valiosos y bien formados jóvenes han de salir fuera del país a buscarse la vida como pueden, mientras una pandilla de incompetentes sin más mérito que el amiguismo y la conspiración sectaria,  se ven aupados por sus respectivos partidos a los más altos escalafones de responsabilidad y de retribución económica. La mayoría de las veces sus méritos académicos y profesionales podrían resumirse en el canto de un bonobus (y sobraría espacio), ya que muchos carecen de la más básica formación universitaria, y de la experiencia laboral exigible a alguien que ha de asumir responsabilidades de peso.

¿Qué futuro espera a un país, cuando los menos preparados son los que han de tomar las decisiones?

Para cobrar en cualquier empresa un sueldo entre los seiscientos o los mil euros, de manera provisional, y durante tres o seis meses, le pedimos a cualquier joven actual una carrera, uno o dos idiomas, un máster de avalado prestigio y alguna cosa más. ¿Qué se le pide a una persona que tiene que regir los destinos de una provincia, una comunidad o un país?

Así que, según parece, no sólo estamos en el otoño estacionalmente hablando, sino que me da la impresión de que nuestra sociedad camina raudo y veloz, a través de una especie de “otoño social”, hacia un frio, crudo y glacial invierno, empujados por esta sarta de incompetentes. Unos, los llaman derechas, otros izquierdas, yo prefiero juntarlos a todos con un solo nombre, simplemente, incompetentes.

Y después, como no, hemos de aguantar a quienes vienen dándonos lecciones morales. Tenemos quien habla de los “terribles mercados especuladores” mientras descubrimos que tiene su patrimonio invertido en la bolsa. O aquel otro que habla de “la importancia de la enseñanza pública” cuando sus hijos asisten a un elitista colegio privado. Y que me dicen de quien llevando años en un gobierno con cinco millones de parados dice sin ruborizarse “yo sé bien lo que hay que hacer para acabar con el paro”. Sería para mondarse de risa, si no estuviese afectando del modo que lo hace a tantos millones de personas.

¿Y los “eco-jetas”?, ¿qué me dicen de los “eco-jetas”? Me mandan un mail en el que con mucha solemnidad puede leerse: “¡no lo imprima a menos que sea imprescindible, salvemos el medio ambiente!”. Estupendo, pienso yo. Salvemos al medio ambiente. Pero estos mismos sujetos, dentro de pocos días, inundarán por completo todo el país con panfletos, carteles, pancartas, millones de papeletas y sobres que mandarán repetidamente a las casas para que los votemos y que acabarán en la basura, sin tener en cuenta a ese medio ambiente que habría que salvar… ¿salvemos al medio ambiente?, vuelvo a pensar… Hoy día, en cualquier supermercado asistimos a aquello de las bolsas ecológicas y reciclables (que me parece estupendo), mientras siguen envolviendo todos y cada uno de sus miles de productos en plásticos contaminantes. ¿No es un contrasentido?

Algunos estarán esperando que, como de costumbre, hable algo sobre la salud en este editorial. Así lo llevo haciendo durante años. Y aunque no lo parezca, también lo he hecho en éste. Lo explico

Justo antes de comenzar a escribirlo, me he acordado de la definición tradicional de salud de la OMS, “Salud es el perfecto estado de bienestar, físico, mental Y SOCIAL, y no sólo la ausencia de enfermedad”, y la mayoría de las veces he hablado de la salud física y de la salud mental. He pensado que en estos momentos bien valdría la pena escribir algo de corte social, ya que la situación actual afecta a la salud de tantas y tantas personas.

Y nuestra sociedad, saludable, lo que se dice saludable, parece que no se encuentra. Diagnosticar cuál es el origen del problema y erradicar los agentes patógenos que nos están fastidiando, se impone como un imperativo para la salud social. Qué cada cual lo asuma del modo que honestamente le dicte su consciencia.

A pesar de todo, ánimo, a seguir luchando, y con la esperanza de que después de tiempos malos siempre vienen otros mejores.

Feliz octubre

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