Responsabilidad y cambio en Sofrodynamia®

En nuestro medio, no hace falta tener una formación académica excesivamente sólida para conocer el significado que encierra el término responsabilidad, así como la importancia que tiene para nuestra vida.

En castellano, la palabra responsabilidad, deriva del vocablo latino “respondere” que significa pagar por turno o cuando a uno le toca, y hace alusión a la capacidad de asumir las consecuencias de nuestras acciones o de tomar el control o el mando en ciertos asuntos.

Si quisiéramos resumir en pocas palabras el papel que juega la responsabilidad en nuestras vidas, podríamos formularlo fácilmente mediante una expresión metafórica: “Ser responsable es como atreverse a coger las riendas de tu vida para conseguir las metas a las que aspiras”. Por tanto, cualquier persona que desee cambiar su vida para mejorarla, ha de asumir que es responsable de lo que en ella sucede  así como de las repercusiones que sus actos ocasionan a los demás y al medio ambiente.

Ser responsable podría compararse, por tanto, a montar un caballo. Cuando montamos un caballo utilizamos las bridas para guiar su marcha, dirigiendo la cabalgadura hacia la meta deseada. Si dejamos que el caballo cabalgue sin ningún tipo de dirección ni control hacia donde le apetezca, se moverá de una manera anárquica y nos llevará donde él quiera y no donde nosotros queramos.

Pero la responsabilidad pesa, ya que eres tú y no los demás quien ha de cargar con el compromiso de tu felicidad o de tu sufrimiento.

Es frecuente encontrar personas a los que no les gusta la vida que llevan, y la opción que escogen es la de quejarse de ello, obviando así la responsabilidad que tienen de realizar los cambios apropiados para orientarse hacia las metas que desean conseguir. Porque cuando asumimos la responsabilidad de tomar conscientemente las decisiones que nos llevan a cambiar, gozaremos de una mayor probabilidad de obtener los logros y objetivos que nos propongamos.

Por tanto, es esencialmente importante tomar consciencia de que nosotros elegimos como orientar nuestra vida, es decir, somos responsables de nuestro destino. Cuando, por la razón que fuere, se renuncia a ello permitiendo que sean otros los que manejen las riendas de nuestra propia vida, el resultado suele ser nefasto.

Somos, pues, cocreadores y, por tanto, responsables, de nuestro propio universo y de nuestra propia realidad, aunque muchas personas prefieran sentirse víctimas de las circunstancias y echar la culpa de sus desgracias a los demás o al mundo. Quienes piensan así tienen todas las papeletas para lograr una vida suficientemente desgraciada.

Evidentemente, las circunstancias vitales de cada uno tienen su importancia. Éstas pueden favorecer la consecución de nuestras metas o, por el contrario, dificultarlas, pero en ningún caso han de ser determinantes a la hora de escoger el camino que hemos de seguir.

Es posible que en ciertas ocasiones nos sintamos limitados porque haya cosas que no podamos cambiar, o situaciones de las que momentáneamente no podemos salir. En estos casos, es importante  caer en la cuenta  de que cuando tenemos trabas y dificultades, asumir que aquello que no puedo hacer no llegue a bloquear la posibilidad de llevar a cabo otras cosas que sí puedo realizar. Seguramente habrá casos en los que no pueda hacerlo todo, pero tal vez sea posible hacer algo, por muy pequeño que esto sea.

He conocido a muchas personas que se excusan diciendo que a su edad cómo van a cambiar. Se quejan del modo en el que viven y, además, experimentan frustración porque sienten que no pueden hacer nada por modificar su situación. Tal vez haya muchas cosas, ciertamente, que no se puedan transformar. A veces es necesario aprender a aceptar aquello que no podemos corregir.

Pero según mi experiencia, he podido comprobar que cuando dichos sujetos se comprometían en un proceso de desarrollo personal, eran capaces de realizar bastantes más mejoras en sus vidas de las que en un principio creían, de tal manera que algunos de los cambios que llegaron a realizar tuvieron como resultado la desaparición de alguno de sus conflictos más importantes, sin que en realidad las circunstancias externas hubiesen variado demasiado. Fueron la habilidad para modificar sus procesamientos internos y el aprendizaje del autocontrol y gestión de su mundo interior, junto a asumir la responsabilidad de dirigir sus vidas, los que obraron el “supuesto milagro”.

Por eso, en relación a los procesos de cambio, el primer mensaje que debería quedar suficientemente claro es que el cambio es posible, sea cual sea la edad y las circunstancias.

El segundo, asumir que en muchas ocasiones no podemos cambiar el mundo exterior, pero siempre podremos modificar la forma en la que nosotros lo percibimos y experimentamos, así como nuestra actitud ante el asunto y el tipo de respuestas que generamos ante los retos que se nos plantean. A eso lo llamamos autogestión.

El tercero, y no por ello menos importante, proclamar claramente y sin lugar a dudas de que somos nosotros, y no los demás, los responsables de nuestro propio destino.

Estas afirmaciones nos muestran que, en realidad, podemos hacer más cambios en nuestra vida de los que en un principio imaginábamos. Tal vez no sea posible realizar rápidamente el gran cambio que inicialmente habías imaginado, pero recuerda que, en ocasiones, pequeños cambios conseguirán grandes resultados si eres capaz de mantenerlos a lo largo del tiempo.

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