Axiología sofrodynámica: el mundo de nuestros valores

En Sofrodynamia® tratamos de aproximarnos al mundo de nuestros valores desde un punto de vista psicológico, es decir, desde un abordaje diferente de lo que sería el enfoque ético o moral. Y no porque esto último no resulte importante sino porque el ámbito de nuestro trabajo es otro distinto.

Respecto a los valores nos interesa, sobre todo, conocer cuáles son, cómo funcionan y qué repercusión van a tener para la vida diaria. También cómo explorarlos, y cómo hacer más congruente nuestro comportamiento con la finalidad de que lo que hacemos responda a lo que pensamos y sentimos (Principio Sofrodynámico de Alineamiento), para poder cumplir mejor nuestro propósito de desarrollo humano.

Se cuenta que cierta vez le preguntaron a Buda cómo podemos saber algo sobre nuestra próxima vida, y según parece Buda respondió “Si queréis saber cómo será vuestro futuro, observad atentamente cómo está siendo vuestro presente”. Dos mil quinientos años después, la moderna psicología, no ha hecho sino confirmar estas palabras, que nuestro presente establece las bases sobre la cual estamos permanentemente construyendo el futuro.

¿Por qué cuento lo anterior?, pues porque de manera similar, cuando nos referimos al mundo de nuestros valores, podemos decir algo parecido. Por tanto, si quieres saber qué es lo realmente valioso para ti no hace falta que te encierres a meditar mucho tiempo, ni tampoco extensas o profundas cavilaciones al respecto, simplemente observa tu día a día y sabrás a qué le estás dando importancia y a qué no. Observa aquello a lo que dedicas tiempo y descubrirás qué es lo que en verdad es importante para ti.

Es posible que no te guste lo que observas porque mentalmente tienes otra idea, o puede ser que no tengas muy clara la diferencia entre lo que realmente haces y aquello otro que te gustaría hacer. Tal vez, haya que aclarar este punto un poco más.

Entendemos por valor algo que merece la pena y que, por tanto, es importante para nosotros, de ahí su nombre. Algo por lo que estamos dispuestos a luchar y a dedicar tiempo y esfuerzo. Algo por lo que somos capaces de poner toda la carne en el asador. Según Bernabé Tierno, valor: “Es aquello que hace bueno a las cosas, aquello por lo que las apreciamos, por lo que son dignas de nuestra atención y deseo”.

Para Victor Frankl, existe un reino de los valores al que no se accede por el conocimiento racional o sensitivo, sino por la vía de la intuición emocional. El descubrimiento de estos valores son los que nos van a ayudar a encontrar el “sentido” de nuestra existencia. Para este autor, en el ser humano, el sentido de nuestra existencia no es algo conferido, sino algo descubierto.

A efectos prácticos, en nuestra vida cotidiana, cada sujeto imputa o atribuye el valor a la cosa. Por eso, para una persona algo puede ser muy valioso pero para otra  persona puede que no lo sea en absoluto.

Además de lo anterior, hemos de tener claro que una cosa son las ideas teóricas que cada uno de nosotros tiene acerca de lo que es un valor, y otra cosa bien distinta es la concreción de esos mismos valores en nuestra vida diaria. Por tanto, se podría decir que una cosa son los valores pensados o imaginados, es decir, los valores ideales y otra cosa son los valores reales.

Cuando se habla de los valores, en general, a todos nos gusta fantasear con los valores ideales, pero si bajamos de las nubes teóricas y ponemos los pies en la tierra nos daremos cuenta de cuáles son nuestros verdaderos valores. Esto lo podemos descubrir si observamos atentamente lo que cada día hacemos.

Con frecuencia suele haber discrepancia entre los valores ideales y los valores reales. Cada cual es libre de especular mentalmente acerca de tal o cual valor, pero en la práctica, aquello a lo que cada día dedicas tu tiempo y tu energía es nuestro verdadero valor real, nos guste o no admitirlo.

Suele suceder que sentimos que los valores reales muchas veces son falsos valores para nosotros, porque nos esforzamos y gastamos nuestra energía en actividades y tareas a las que no les conferimos relevancia  desde el punto de vista de lo que realmente nos merece la pena.

No es extraño observar como el diagnóstico de una enfermedad grave, tanto personal, como en un familiar cercano, una muerte de alguien próximo o cualquier otro tipo de circunstancia vital con alto impacto emocional, nos invita a replantearnos nuestra vida y, más concretamente, nuestra escala de valores.

Dicha escala de valores es algo así como la jerarquía que otorgamos a lo que sentimos que merece la pena en la vida. Pero ojo, una cosa es la escala ideal y otra la escala real. Y la que verdaderamente importa es la real.

Cuando empeñamos nuestra vida en dar respuesta a un verdadero valor que nos conmueve en nuestro interior, por duro y largo que sea el trabajo requerido para ello, solemos encontrar placer y satisfacción. Por el contrario, cuando nos entregamos a tareas que, aun siendo relevantes económica, social o académicamente, no nos tocan en lo más profundo de nuestro ser, cualquier esfuerzo nos resulta vano y con escaso sentido.

Es por ello que atender a nuestros verdaderos valores puede ser una fuente de alegría y bienestar, mientras que lo contrario suele generar tristeza y frustración, por muy exitoso que se sea externamente.

Crecer y desarrollarse, en un contexto de aprendizaje va a tener implícita o explícitamente conexiones importantes con la tarea de descubrir y responder a nuestros auténticos valores personales reales, ya que, además, el mundo de los valores va a constituir una puerta de entrada al mundo de la trascendencia, que es el nivel de existencia más específicamente humano.

Podemos, por tanto, considerar que, en cierto aspecto, nuestro sistema de entrenamiento sofrodynámico, viene a cuestionar nuestro momento actual para plantear una renovación de nuestra AXIOLOGÍA (disciplina que se dedica al estudio de los valores), ya que buscamos empezar a descubrir y conquistar progresivamente los VALORES de nuestra existencia.

Históricamente, es a final del siglo pasado y comienzos del presente cuando aparece la Axiología como disciplina filosófica que se encarga del estudio acerca de la esencia, naturaleza y juicios de valor.

Resumidamente podemos decir que a lo largo de la historia del pensamiento filosófico han existido dos posicionamientos diferentes respecto a este tema. Por una parte, los llamados subjetivistas (“subjetivismo axiológico“) que defienden que el ser humano es el que crea el valor con su agrado, deseos, intereses. El valor, para ellos, sólo existiría en relación a la propia valoración del sujeto en cada momento. Así una misma cosa puede ser considerada o no como un valor según sujetos diferentes.

Por otro lado tenemos los que defienden el “objetivismo axiológico“, entre ellos la Escuela Fenomenológica con Scheler a la cabeza. Para dicha escuela los valores existen en sí mismo y el sujeto sólo los descubre.

Hoy día se entiende que las dos posiciones tienen su parte de razón y que, como en la mayoría de las cosas, dependerá de cómo entendamos el término valor. Así, si lo contemplamos desde la metafísica, el valor existirá por sí mismo. Pero si lo contemplamos desde  la psicología, el valor será algo subjetivo. Y, curiosamente, si tomamos una perspectiva histórica o sociológica, podremos observar como los valores han ido variando según las circunstancias históricas y sociales, lo cual nos habla de una cierta variabilidad en el tiempo.

A nivel práctico podemos suponer que actuar de acuerdo con nuestros valores y llegar a cumplir nuestros objetivos y metas, van a ser dos factores fundamentales de cara a poder sentirse feliz en cada momento. Por ello, parece imprescindible el propósito de ir formándonos y educándonos en el crecimiento y desarrollo de los valores personales y, también, en un aspecto no menos importante que el anterior, en ir descubriendo el profundo e interesantísimo mundo de los valores que, para los seres humanos en general, forman parte de la base y fundamento de nuestra evolución como grupo.

En Sofrodynamia®, existen técnicas específicas que nos ayudan a explorar el mundo de los valores personales y grupales, pero además de conocerlas y practicarlas, lo que no deberíamos perder de vista es ser capaces de impregnar  todo nuestro entrenamiento en general, así como nuestras acciones cotidianas, del grado de consciencia necesario para ir poco a poco desarrollando cada vez más y mejor una axiología verdaderamente humana.

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