Editorial de marzo de 2012

Marzo siempre ha sido un mes curioso y complejo. Decimos adiós al invierno, que este año ha sido más cálido, seco y suave de lo que debiera, y nos preparamos para acoger con ilusión y alegría una nueva primavera que nos colmará de luz, colorido y ganas de vivir.

Soy consciente de que habrá personas que al leer esto piensen, “pero qué dice, a mi la primavera me sienta fatal”. Y es cierto, hay personas a las que no les gusta esta época del año porque le aparecen alergias, les da decaimiento, tienen problemas en la piel o sufren cualquier otro trastorno estacional. Pero a pesar de todo ello, no podemos dejar de reconocer que la primavera representa una estación más luminosa y llena de vida que el periodo que dejamos atrás.

Todavía mantenemos la esperanza de que en algún momento las deseadas y necesarias lluvias nos visiten durante el tiempo suficiente como para acabar con las sed de los campos y la creciente languidez de algunos de nuestros pantanos. Nos dicen que muchas cosechas se han perdido, que han sido grandes los destrozos por la sequía y que ya se han producido en la agricultora daños de enorme cuantía. Es por eso importante que lleguen pronto dichas lluvias para que puedan salvar lo que todavía sea posible.

El ciclo cósmico de nuestro planeta tiene uno de sus puntos culminantes en el equinoccio de primavera, ese momento en el que en el hemisferio norte el día y la noche se tutean de igual a igual, para devenir progresivamente en una victoria de la luz sobre las sombras y un posterior alargamiento progresivo de los días, lo cuál produce en los seres vivos una tendencia natural a la manifestación hacia el exterior, la extroversión y la alegría.

La importancia de este momento ha quedado patente a lo largo de la historia de la humanidad, mediante numerosas celebraciones que los diferente pueblos y culturas han llevado a cabo en estas fechas desde tiempos ancestrales. En nuestra tradición cultural cristiana, que es la que hemos heredado los que hemos nacido en este país, sea uno creyente o no lo sea, se celebra la Semana Santa según el calendario lunar, la primera luna llena después de primavera. Una celebración repleta de claves y simbolismo en los que los cristianos celebran los días centrales de su fe, pero que además quienes no son cristianos pueden encontrar también una enorme riqueza cultural y artística. Incluso, me atrevería a apuntar que, si se conocieran ciertas claves simbólicas, cualquier persona, fuese ésta creyente o no, sería capaz de descubrir en esas celebraciones todo un profundo mensaje transformacional en clave de desarrollo humano.

Por otra parte, desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China (MTCH), la entrada de la primavera que viviremos durante este mes, corresponde al Elemento  Madera. Dicho elemento, siempre según la MTCH, es engendrado por el Elemento Agua y destruido por el Metal. La Madera a su vez engendrará el Fuego y frenará la energía del Elemento Tierra. Todo ello, dentro del ciclo de las CincoTransformaciones en los que los procesos de construcción y destrucción se encuentran de tal manera equilibrados que hace que todo, tanto el macrocosmos como el microcosmos, funcionen en armonía.

Eso es lo deseable teóricamente hablando, pero el mundo no siempre funciona de manera ideal, sino que ocurren cosas que nos desestabilizan y afectan a nuestro equilibrio. Dichos eventos, en esta época del año, nos afectarán más intensamente en la regulación de la energía del elemento que se relaciona con la estación, la Madera. Dicho elemento rige los meridianos de Vesícula Biliar e Hígado, además de importantísimas funciones desde el punto de vista energético cuya descompensación producirán cuadros de tipo alérgicos, cefaleas, circulatorios, alteraciones emocionales, trastornos del sueño o problemas ginecológicos.

Es la primavera, también, un momento para disponerse a disfrutar de lo que la naturaleza nos brinda, aprovechando mejor la luz y las suaves temperaturas propias de la época. La eclosión multicolor de los distintas especies florales hacen, si cabe, más agradable las visitas por nuestros campos y montes. Pero además, los que tenemos la suerte de residir en pueblos o ciudades próximos al mar, disponemos de una gran variedad de actividades acuáticas que no sólo mejoran la salud del cuerpo sino que alegran el espíritu y calman la mente. Paseos a la orilla del mar, o por los numerosos Paseos Marítimos de nuestra geografía, disfrutar de los atardeceres con sus juegos y matices de luces, nadar, bucear o simplemente escuchar el sonido de las olas rompientes sobre la orilla, son algunas de las posibilidades que nos brinda un entorno marítimo.

Actualmente es bastante conocida la importancia para nuestra salud de los llamados iones negativos, de la misma forma que también se sabe el modo en el que afectan de manera perjudicial los llamados iones positivos. Es curioso que en este caso “lo negativo” produce beneficio, mientras que “lo positivo” perjudica.

Hablamos de iones negativos o positivos de la atmósfera para referirnos a las partículas ionizadas, es decir, cargadas eléctricamente, que se encuentran el aire. Según sea la carga de uno u otro signo reciben el nombre correspondiente. Dichos iones entran en contacto con la capa superficial de nuestra piel que también se encuentra débilmente ionizada y producen ciertos cambios en el tipo de cargas de dicha capa. Se ha comprobado que estas modificaciones se encuentran relacionadas con diversos aspectos de nuestra salud.

Aquellos lugares cerrados, con luces artificiales, ordenadores o distintos tipos de aparatos eléctricos, así como en las grandes ciudades o zonas urbanas en general, se produce un aumento de iones positivos. Estos se relacionan con mayor cantidad de estrés, nerviosismo, insomnio, etc. Por el contrario, los bosques, ríos, caídas de agua o la orilla del mar, encontramos gran riqueza de iones negativos, los cuales producen sensaciones de paz, sosiego serenidad, etc.

Por tanto, la respuesta de bienestar que sentimos tras un paseo por el campo o por la playa, no se debe sólo a un fenómeno de tipo psicológico, sino que entran también en juego componentes energéticos debido a esta especie de “baño iónico” que recibimos.

Últimamente se han puesto de moda en el comercio el uso de algunos aparatos, humidificadores y aromatizadores que llevan incorporados un sistema de producción de iones negativos (los buenos). Puede ser conveniente disponer de ellos, ya que no son muy caros y producen beneficio, pero obviamente, mantenerse en la presencia de uno de estos artilugios no es en nada comparable al placer y al disfrute que nos proporciona el contacto directo con la naturaleza.

Así que, para este mes que comenzamos, estaría bien proponerse disfrutar al máximo de lo que la naturaleza nos brinda, y hacerlo de un modo lúdico y saludable. Todos tenemos experiencias del bienestar que sentimos cuando, de una u otra manera, hemos  pasado un tiempo disfrutando del medio natural. Aprovechémoslo.

Feliz marzo

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