Editorial abril 2012

Podría decirse que la primavera, en lo que a opiniones se refiere, es una estación de extremos. Los hay muy partidarios, tanto es así que cuando llega notan como si les cambiase la vida, y se sienten cargados de energía y de una especial alegría durante esos días cada vez más largos y luminosos.

Sin embargo, para otros muchos, la primavera constituye un verdadero calvario, un obstáculo para su salud que cada año se encuentra mermada en estas fechas, una especie de chino en el zapato que no hay modo de quitárselo hasta que no refresquen de nuevo las temperaturas.

Incluso los hay que refieren sobrellevar mejor los rigores del caluroso verano que la más suave y apacible estación primaveral.

Por qué ocurre esto es algo curioso sobre lo que me gusta reflexionar. He de decir que a lo largo de los más de treinta años de experiencia clínica, he observado que dicha estación primaveral les sienta peor a ciertos tipos de personas: aquellos que tienen problemas en los meridianos de hígado y vesícula biliar con todo lo que ello conlleva; las personas de fuerte fondo alérgico; los que se encuentran muy desconectados de la naturaleza y las personas con bloqueos entre su psique y su corporalidad.

Obviamente, en el primero de los casos, el problema en meridiano de hígado y vesícula biliar, el mecanismo que explica por qué estas personas empeoran en primavera, es perfectamente descrito desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China (MTCH), ya que ambos meridianos pertenecen al Elemento Madera que, según dicha tradición médica, es el que sufre la transición energética y una cierta sobrecarga durante la estación primaveral. Así, al ocurrir la mencionada sobrecarga, si los meridianos no se encuentran en buen estado, la persona responderá con ciertos desajustes, disfunciones y patologías, tanto a nivel físico como mental.

En el segundo de los casos, aquellos que tienen un fuerte fondo alérgico, también se entiende que la primavera resulte una estación complicada, ya que encontramos muchos más alérgenos y pólenes en el ambiente. Además, existen, también, conexiones importantes entre las alergias y el meridiano de hígado según la MTCH, lo cual contribuye a reforzar lo anteriormente expuesto.

Pero quizás, lo que resulte más difícil entender para la mayoría de nosotros, es eso de la desconexión con la naturaleza y el bloqueo entre psique y corporalidad.

He de decir que esto que manifiesto son simples observaciones clínicas sobre las que podemos especular aportando distintas teorías acerca de por qué sucede esto. Pero no olvidemos que una cosa es el fenómeno observable y otra bien distinta el modo en el que explicamos los mecanismos que intervienen en dicho fenómeno.

Una vez dicho esto, expondré de modo resumido mi hipótesis al respecto. El primer punto es entender que el ser humano no es que viva en la naturaleza, sino que es naturaleza. Tiene sus mismos constituyentes y también tiene sus mismos ciclos, los cuales debieran estar en armonía con los ciclos naturales.

La antigua Medicina Hipocrática originaria de la Grecia clásica hablaba de una physis, con minúscula, para referirse a la naturaleza particular de cada ser, mientras que designaba como Physis, con mayúscula, a la naturaleza en sentido universal, la cual guardaba un “orden bello”, que en griego se denominaba con la palabra “Kosmos”, que ha llegado hasta nuestro lenguaje actual. Y añadían ellos que la physis (particular) participaba de la misma esencia que la Physis universal, de tal manera que debiera haber también en el ser humano un “orden Kósmico”. Es curioso lo que sabían nuestros antepasados de hace 2500 años.

Tal vez por esa razón, los seres humanos desde tiempos ancestrales siempre se han preocupado por organizar, tanto su vida personal como comunitaria, en torno a dichos ciclos mediante la celebración de determinas fiestas y la realización de determinados rituales. Esto ayudaba a que hubiese entre ellos una cierta ritmicidad y un cierto sentido de conexión entre el microcosmos y el macrocosmos.

Con el paso del tiempo, la conversión de los seres humanos en “civilizados urbanitas”, trajo consigo la pérdida de la conexión con “la madre tierra” y el “padre cielo”, llegándonos a creer que somos seres independientes del medio natural, que nuestra relación con la naturaleza es, simplemente, de dominio o de explotación y que somos seres que en cierto modo podemos vivir aislados del entorno.

Este grupo de creencias, paradigma podríamos decir, se instaló en lo más profundo de nuestra mente no consciente y desde ahí operó dando lugar a todas sus inexorables consecuencias, entre las que destaca la sensación de separatividad del ser humano con respecto a la naturaleza y un modo paradójico de experimentar los cambios en los ciclos estacionales.

También he observado que muchas de estas personas tienen dificultad en la gestión de sus ciclos energéticos personales, ya no sólo en un año, sino también durante un mismo día. Me explico. Estos sujetos sienten mucho cansancio cuando debieran estar activos o su mente se encuentra agitada e inquieta en las horas del día en las que debieran descansar. Parece como si marcharan por la vida con el paso cambiado, y en cierto modo es así. La desconexión con nuestro medio natural tiene estas y otras muchas consecuencias.

Entonces surge la pregunta, ¿qué podríamos hacer para reconectar, para sanar, para volver a recordar lo que nunca debiéramos haber olvidado, y es que “somos naturaleza”?

Pues lo primero es tomar consciencia, darse cuenta, de la existencia de  nuestra desconexión. Lo segundo generar el deseo y la intención de volver a reconectar con esa energía universal. Lo tercero descubrir mediante la práctica  que uno de nuestros principales enlaces y conectores con la energía cósmica es la Respiración Consciente. También, la realización de ejercicios energéticos tipo Qi Gong, Gyalpo, etc. que se fundamentan en el respeto y reequilibrio de los ciclos naturales, puede ser muy conveniente.

Además de lo anterior, puede resultar muy beneficioso realizar actividades de contacto con la naturaleza del tipo de cuidar plantas (un huerto, un arriate o una maceta si no hay otra posibilidad), trabajar la tierra directamente o pasear por el campo o la playa, no como lo hace un turista cualquiera sino con  consciencia y permeabilidad de los sentidos.

Todas estas prácticas traen consigo, también, otros muchos beneficios para nuestra salud en general, por lo que, sea cual sea nuestra situación actual, debiéramos animarnos a aprovechar estos días de primavera en los que las flores brotan en su esplendor y la naturaleza parece desperezarse después de un largo letargo invernal, para volver a sintonizar esa energía de vida que nos envuelve, nos inunda y que en su esencia no es distinta de nuestra propia energía personal.

Feliz abril

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