Editorial mayo 2012

Mientras escribo este artículo llama poderosamente mi atención el gran número de diferentes trinos de pájaros que puedo escuchar desde el lugar en el que me encuentro. Soy incapaz de distinguir cuántas especies distintas cantan al unísono con desiguales sonidos que conforman una perfecta e improvisada melodía.

A pesar de que el cielo está cubierto de nubes y las predicciones meteorológicas apuntan a que lloverá, parece que eso no mengua un ápice el alegre y cantarín clamor con el que las aves cercanas saludan al nuevo día.

Más de fondo escucho el viento soplar amenazante, solemne diría yo, que hace presagiar que el día tal vez no sea tan apacible como nos gustaría.

Cerca de mi, flores nuevas comienzan a desperezarse como si quisieran mostrarme  presumidas sus vivos y llamativos colores. Las miro y contemplo su pausado ritual en el que tímida y acompasadamente se van abriendo al mundo tras una reposo nocturno en el que permanecieron cerradas.

Próximo a mi ventana un joven y pequeño mirlo, miembro de una familia más extensa que desde hace años suele visitarnos, disfruta revolviendo la tierra entre las macetas, buscando comida para regocijo propio y para pesar ajeno, ya que las deja un poco maltrechas.

Pudiera parecer que me he levantado bucólico y pastoril, pero creo que no. Simplemente he hecho lo siguiente, antes de ponerme a escribir he guardado unos instantes de silencio y he observado un trozo del mundo a mi alrededor, algo esencial para descubrir la fuerza vital que conecta todos los distintos acontecimientos que antes he descrito. Siento la viva presencia de la primavera, una fuerza que invade y penetra cuanto nos rodea y de la que nosotros mismos, lo sepamos o no, participamos.

Es mayo mes de las flores, como antiguamente se llamaba, primaveral mes por excelencia del que abril no parece más que su cualificado embajador. Y aunque de momento las peculiaridades climáticas del año en curso están haciendo que estos primeros días sean un tanto desconcertantes, con cambios de temperaturas, lluvias e incluso frío en algunas zonas del país, hemos de esperar que conforme avance el calendario los días templados tirando a cálidos, irán consolidando un clima de cielos azules y vientos suaves y perfumados.

Tradicionalmente, mayo, es también el mes de las Primeras Comuniones, convertidas hoy día más en un acto social que en un asunto de fe, como creo que debiera ser. Esto trae aparejado situaciones ambivalentes, con su cara y su cruz.

Por un lado, ciertos comercios ven salvadas sus menguadas cuentas durante estos días, ya que la venta de trajes y complementos, no sólo de los niños, sino también de los familiares y amigos, harán crecer unas ventas más bien escasas en estos últimos tiempos. También restaurantes, locales o diversos lugares de celebraciones, las empresas dedicadas a la animación infantil, los catering, etc. ven incrementado su volumen de negocio y, por tanto, ofrecerán la oportunidad de contratación, aunque coyuntural siempre beneficiosa, de algunas personas por estos días.

En el reverso de la moneda las familias que se endeudan, en ocasiones más de lo que debieran, para pagar dichas celebraciones, y añaden una nueva “cuesta de mayo y junio” a las ya consabidas “cuestas de enero y febrero”.

Pocos son los que no tienen un familiar, amigo o vecino que no te invite a una Primera Comunión, con lo que para aquellos que han de guardar algún tipo de dieta, el mes de mayo, con tanta celebración, se plantea como un tiempo difícil para su cumplimiento. Personalmente pienso que quien busca una excusa siempre la encuentra y que en ningún  sitio en los que he comido en todos mis años de vida, he encontrado nunca un camarero que me obligase a comer lo que no quería.

Además de lo poético de este tiempo, mayo, es también un complicado mes en cuanto asuntos de salud se refiere. Qué decir de los problemas alérgicos, cutáneos, digestivos o, incluso, mentales, con esa especie de altibajos y recaídas que muchas personas padecen en estos días del año. ¿Podemos hacer algo frente a eso?

Dicen por ahí que la mejor medicina es la prevención, lo cual parece cierto para  la mayoría de los problemas médicos habituales. Pongamos un ejemplo. Hay muchos alérgicos llamados “estacionales” que son aquellas personas que solo padecen sintomatología en una determinada época del año. Uno o dos meses malos y el resto del año normal. Estas personas, desde el punto de vista de los tratamientos convencionales, suelen estar sin medicación durante los meses libres de síntomas, tratándose posteriormente mediante la prescripción de fármacos sintomáticos durante los meses “malos”. Esto tiene su lógica, pero ¿qué otra cosa podríamos plantear?

Pues desde el punto de vista de la medicina a la que me dedico, la Medicina Complementaria o como hoy modernamente se llama Medicina Integrativa, consideramos que además del alergeno desencadenante hay que considerar también “el terreno predisponente”. Me explico.

Al ser la alergia una perturbación por hiperreactividad del sistema inmunológico, sería lógico tratar de armonizar dicho sistema para disminuir este exceso de reacción inadecuado. Por tanto, el tratamiento del terreno alérgico (también llamado fondo alérgico) hemos de comenzarlo mucho antes de que los síntomas aparezcan. Es algo tan evidente como entender que podemos realizar estrategias de prevención del fuego antes de que éste aparezca, ya que una vez declarado el incendio lo que tenemos que hacer es apagarlo rápidamente.

Y aunque la medicina convencional, sobre todo en ciertas especialidades, todavía dan poca importancia a lo que se come, aduciendo que “no tiene nada que ver”, cada día más investigaciones demuestran como ciertos alimentos producen modificaciones de la mucosa intestinal, lo cual hace que se absorban substancias que no debieran, lo cual  hace que dichas substancias activen la reactividad de un sistema inmunológico genéticamente predispuesto para responder exageradamente cuando el alergeno externo se presente.

No quiero extenderme demasiado en este asunto, simplemente mostrar un ejemplo de cómo a través de la alimentación y de la regeneración de la mucosa intestinal es posible tratar preventivamente algunas de las perturbaciones que suelen aquejarnos en primavera.

Igualmente, se podría decir para los estados de alteraciones anímicas o emocionales que padecen tantas personas. Repito lo de antes, cuando el síntoma está, lo urgente es tratarlo, en esos momentos no hay prevención que valga.

No obstante, estas personas podrían beneficiarse del aprendizaje y el entrenamiento de numerosas técnicas existentes en las que por medio del autoconocimiento por una parte, y por medio del adiestramiento mental, por otra, serían capaces de desarrollar las habilidades y las herramientas necesarias para surtir un arsenal de recursos especialmente útiles para cuando llegue el momento de hacer frente a estos bajones.

Además, y esto es mucho más importante, adquirir dichas habilidades en el ámbito mental y emocional no sólo aporta herramientas adecuadas, sino que disminuye francamente la sintomatología y previene, como lo han demostrado diversos estudios, las frecuencia de las recaídas en estos pacientes.

Es el mes de mayo, como dije antes, un mes florido y agradable, pero también un mes en el que seguir aprendiendo a partir de la observación de la naturaleza exterior y de  nuestra propia naturaleza interior. A través de ello descubrimos y constatamos que para florecer plenamente, primero hemos de plantar las semillas y después hemos de cuidar el terreno.

Frecuentemente los procesos de la naturaleza nos permiten aprender acerca de nuestros propios procesos vitales.

 

Feliz mes de mayo

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