Editorial Junio 2012

Nos preparamos ya para acoger a la nueva estación veraniega que se inaugurará durante los próximos días, cuando a nivel cósmico se produzca el solsticio de verano que marcará el inicio de dicha estación.

Días pasados, algunas ciudades españolas han comenzado ya a vivir, a modo de adelanto, una primera y calurosa entrega de lo que queda por venir para estos próximos meses, los más calurosos del año. Las ropas se aligeran, las playas se llenan y las terrazas de los bares y heladerías esperan poder animar su, por ahora, menguada economía.

Como en cada época del año, me gusta observar los ciclos naturales e inspirarme en ellos para sacar consecuencias prácticas para la vida. Observar la naturaleza ha sido siempre un recurso muy utilizado, tanto para disfrutar como para aprender, a partir del cual los sabios de la antigüedad solían deducir leyes y conocimientos prácticos para la vida diaria, no sólo en el campo de la salud sino también en el del ámbito del desarrollo espiritual.

Cuando realizamos una observación atenta de la naturaleza, podemos llegar a entender nuestros propios ciclos vitales, y nos damos cuenta de que nuestra vida tiene también sus crestas y sus valles, y que no siempre podemos mantenernos en lo más alto, sino que habrá momentos en los que nos encontremos en la parte más baja de nuestro ciclo. La naturaleza nos enseña, pues, que hay un tiempo para la luz y otro para la oscuridad, unos meses de calor y otros de frío y, como dice el libro del Eclesiastés, “un tiempo para sembrar y otro para recoger”.

Y seguro que todos querríamos recoger los frutos apropiados, en cuanto a la salud se refiere, pero, para ello, habremos de guardar el cuidado suficiente para adaptarnos saludablemente a cada momento del año y, en concreto, a los calurosos rigores de los próximos meses.

Todos sabemos que durante el verano habremos de hidratarnos convenientemente, además de protegernos de forma adecuada en las horas de mucho sol, así como consumir abundantes frutas y verduras para reponer las sustancias que eliminamos por el exceso de sudoración. Son cosas de sentido común, pero que conviene recordar cada año, ya que a veces, aunque sean cosas sencillas y sabidas, en muchas ocasiones no se cumplen como debieran y después pagamos las consecuencias.

Los ciclos estacionales y los cambios en nuestra energía interior nos explican cómo a lo largo del año hemos de ir variando nuestro repertorio, en lo que a cuidados para la salud se refiere. Así, en verano, la circulación será uno de los aspectos con los que que más atención hemos de observar, tanto por las varices, que suelen inflamarse y doler debido al calor,  como con las hemorroides, a las que le ocurre otro tanto de lo mismo.

También la tensión arterial suele darnos algunos problemas, ya que el calor propicia que ésta descienda y que las personas que suelen tener tensiones bajas durante todo el año tengan tendencia a padecer mareos y lipotimias, ante los que habrá que adoptar el tratamiento apropiado, sobre todo de forma preventiva prescribiendo algunos remedios que ayudarán a que la tensión no descienda demasiado.

No hemos de olvidar la piel, así que debemos estar atentos a los cuidados que dicho tejido requiere, tanto en términos de protección como de hidratación y nutrición. Sabemos que la  mejor nutrición cutánea viene de dentro, con nuestra alimentación e hidratación, y no de fuera, pero evidentemente las cremas protectoras e hidratantes juegan un papel primordial en los cuidados de la piel.

A pesar de toda la información que cada día más aparece en los medios de información acerca de la relación entre diversos cánceres cutáneos y el exceso de rayos solares, me da la impresión de que todavía hay muchas personas, sobre todo las más jóvenes, que no son conscientes de los efectos nocivos que sobre la piel ejerce el exceso de radiación solar, y, sobre todo, desconocen el efecto acumulativo de dicha radiación.

Además de lo anterior, y en otro orden de cosas, la nueva estación veraniega con el predominio del sol en nuestros cielos, me conduce a otro tipo de reflexiones más allá de los cuidados básicos para la salud.

Me ha venido a la mente que coloquialmente decimos que el sol es el “astro rey”, y su simbología alude a aquello que destaca, a lo más alto, a lo que brilla e ilumina, etc. El sol con su calor sustenta la vida en nuestro planeta y desde la más remota antigüedad se le ha adorado y venerado por ello. También se escucha popularmente la frase de “eres un sol” para referirnos a una persona amable, cariñosa, agradable o que nos soluciona algo o nos hace favores.

Esto me ha llevado a pensar que hay gente que brilla y gente que no. Entiendo que lo más agradable es rodearse de gente así, de gente que brilla, de personas que  alumbran como el sol. Pero según parece, vivimos en una época oscura, un momento en el que las tinieblas son preferidas a la luz del día y lo turbio a lo claro y nítido, así como también la gente sombría a la gente brillante.

Basta con mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de ello. Si en estos momentos tuviese que elegir un color para definir a  nuestro país no tendría dudas, el gris. Excepto si hablamos de la situación económica que entonces elegiría el negro.

Cuando era joven, hablar de “los grises” era otra cosa. Era el modo en el que en muchos ambientes, por aquel entonces, se llamaba a la policía franquista, por cierto, con una   intencionalidad algo despectiva. Pero ahora, los auténticos grises actuales no son policías, ni van de uniforme ya que no pertenecen a ningún cuerpo armado, aunque muchos de ellos visten de manera clónica con trajes oscuros y corbatas elegantes, y, en cierto modo, son más despreciables aun que aquellos otros grises de mis años mozos.

Pero ¿por qué digo todo esto? Pues, lamentable y tristemente por pura observación diaria de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Los altos puestos de gestión y responsabilidad del país, salvo excepciones, están tomados por la “banda de los mediocres”, esos tipos grises que jamas destacaron en nada excepto en el arte de medrar y hacer lo que fuera necesario (moral o no) para mantenerse en dichos puestos de poder. Son esa gente que trata de convencernos de lo mal que está todo, cuando ellos no han menguado ni un ápice sus desmedidos privilegios. Es curioso como para cualquier puesto  de cierta responsabilidad hace falta un curriculum, excepto para un alto cargo en cualquier partido político. Para eso no hace falta carrera, ni master, ni idiomas, sólo tener el estómago suficiente para hacer lo necesario por el partido sin que le tiemble el pulso.

La gente gris, por medio de demagógicas propuestas supuestamente igualitarias, quieren igualarnos por abajo, ya que detestan la excelencia, porque ante la excelencia de unos se hace más notable las carencias de otros. Tal vez por eso, en lugar de  mimarlos, nuestros mejores talentos han de irse a trabajar fuera o quedarse en casa de sus padres esperando que alguien se digne a contratarlos, ya no por mil sino por seiscientos euros al mes.

He de aclarar que siempre he creído que la ostentación y la falsa valía es tan poco deseable como constructiva. Pero desde mi punto de vista brillar de modo auténtico no ha de estar conectado con darse bombo, es más, quienes se dan más bombo es porque no brillan demasiado por sí mismos y necesitan de trompetas y fanfarrias para hacerse notar.

No sabría decir si hubo algún tiempo en la historia de España en el que mandaron los mejores, tal vez no. Pero de lo que sí estoy seguro es que ahora, en los distintos ámbitos del poder, mandan los mediocres, los oscuros. Y estos seres suelen rodearse de gente similar, porque, para los mediocres, tener alguien brillante al lado les da tanto pavor que prefieren contar con los servicios de alguien menos valioso y que no los deslumbre, ni que les pueda hacer la competencia.

Contaba una cajera de un conocido supermercado como su novio, ingeniero, era rechazado de algunos trabajos por tener un “curriculum demasiado brillante”. Ahora este chaval, como tantos otros, ha rehecho el curriculum, eliminando muchos de sus estudios y méritos académicos y profesionales. Pena me da de este país, en el que para encontrar algún trabajillo es necesario desacreditarse y borrar todo rastro de brillantez.

A mis cortas luces entiendo que a alguien con sentido común le gustaría tener en su equipo a buenos empleados. Si hablamos de deporte, cada temporada vemos como cada club trata de perseguir a los mejores jugadores en función de su presupuesto. No imagino a un entrenador diciendo “usted es demasiado bueno para jugar en mi equipo, prefiero alguien que corra menos y meta menos goles”. Sería absurdo, pero parece que ahora, en lo que se refiere a encontrar un trabajo, así funcionan las cosas en muchos lugares.

El sol, según su propia naturaleza, está hecho para brillar, así como cualquiera de nosotros también estmos llamado a brillar, a dar luz desde nuestro sol interior, a ser la”luz del mundo” y la “sal de la tierra”, según el talento de cada cual.

Por todo ello, a pesar de que los tiempos no sean los mejores, no hemos de renunciar a nuestro propio brillo sólo porque ahora sea tiempo del reinado de los mediocres.

Creo que ha llegado la hora de que las personas luminosas acaben con la oscuridad que se cierne sobre nuestra sociedad y que si no puedes ser como un sol, procura entonces ser como una humilde cerilla, pero no renuncies nunca a tu luz.

Eso he aprendido del sol, y, ahora, que vuelve a renacer con fuerza, hemos de encontrar el modo en el que nuestra luz interior se haga notar en cada uno de nuestros ambientes.

Feliz Junio

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