Editorial de agosto de 2012

Es posible que en estos momentos muchas de las personas que lean este artículo se encuentren ya disfrutando de unas merecidas y gustosas vacaciones. También yo, espero que pronto, disfrutaré de las mías.

Y parece especialmente importante, sobre todo este año, tratar de pasarlo lo mejor posible mientras se pueda, ya que según las noticias nada halagüeñas que cada día recibimos a través de los diferentes medios de comunicación, la situación económica y social vaticina unos complicados meses finales para este 2012. El futuro inmediato nos depara una  gran incertidumbre en lo que se refiere al trabajo, las pensiones, los horarios, etc., de tal modo que no sabemos muy bien por donde derivará la maltrecha situación actual.

Aunque es difícil conseguir una cierta estabilidad mental y anímica en estos momentos de cambios y crispación, lo cierto es que el desánimo nunca fue un buen compañero, ni tampoco un fiable consejero al que prestar atención. Por eso, sostengo que es en los momentos de dificultad donde hemos de mostrar más ánimo, tratando de ser más creativos y procurando ser capaces de expresar lo mejor de nuestro potencial.

Por otro lado, a nivel climático, como es normal en este mes luminoso y extremadamente seco, no pueden faltar los calores a veces extremos. Aunque son típicas las llamadas tormentas de verano, que siempre algo refrescan, y que se caracterizan por descargar de forma brusca, intensa y poco duradera, sobre todo en zonas de alta montaña, lo cierto es que la mayoría de la península sigue con un tiempo excesivamente seco desde hace meses.

Por desgracia habitamos en un país en el que, para vergüenza de sus gobernantes y padecimiento de los ciudadanos, entre unos y otros, no han sido capaces de ponerse de acuerdo para abordar y dar solución, de una vez por todas, al ya crónico, recurrente y bien conocido problema de la escasez de agua, sobre todo en la zona sur de la península. Desconozco si futuras generaciones  disfrutarán de una solución eficaz a dicho asunto, pero de momento, aunque parezca mentira, seguimos mirando al cielo y dependiendo de la bondad de los vientos húmedos portadores de las lluvias que todos deseamos.

Aunque la mayoría del planeta se encuentra cubierto de agua, sólo un pequeño porcentaje, en torno al 3%, corresponden a las aguas dulces. Y de estas, la mayor parte se encuentra en forma de hielo. Las proporciones anteriores son tales que si toda el agua del planeta fuesen 100 litros, la disponible para el consumo humano sería una cucharita.

El agua es el elemento esencial para la vida, tanto es así que cuando las sofisticadas sondas espaciales buscan posibles formas de vida en otros planetas, uno de los elementos determinantes al respecto es la presencia o no de moléculas de agua en dichos astros. Según parece, al menos de la forma que conocemos, si no hay agua no hay vida.

Hoy día sabemos que el componente mayoritario del ser humano es el agua, aproximadamente los dos tercios de nuestra composición corporal. También sabemos que todas las reacciones bioquímicas de  nuestro cuerpo se realizan en medio acuoso, por lo que la correcta hidratación en el ser humanos se convierte en una necesidad esencial en el campo de la salud.

Cada día, a través de la orina, sudor, respiración y heces, eliminamos una cierta cantidad de líquido que hemos de reponer para mantenernos en un balance hídrico correcto. Y como la sensación de sed suele ser tardía, es decir, aparece cuando ya hemos comenzado a deshidratarnos, deberíamos acostumbrarnos a beber sin esperar a que tengamos mucha sed. Pero hemos de procurar hacerlo con un agua de buena calidad, porque además de tener en cuenta la cantidad es muy importante elegir agua de buena calidad
Las autoridades sanitarias nos garantizan que el agua del grifo reúne las condiciones apropiadas para el consumo humano, pero eso no quiere decir que en todos los lugares la calidad que ofrecen sea la más conveniente. Contaré una anécdota al respecto. Hace  algunos años llevé a un grupo  de alumnos a una de las depuradoras municipales que por entonces abastecían la ciudad. El técnico encargado de la misma nos hizo el recorrido habitual y ensalzó, entonando los cánticos de lo políticamente correcto, las maravillas y bondades del agua de la red municipal. Como quiera que yo le hice algunas preguntas un tanto incómodas sobre determinados aspectos tales como como la excesiva dureza que por entonces tenía, los problemas que podría acarrear el exceso de cloración, el mal sabor de la misma, etc, al final acabó confesando “este agua es suficientemente buena para beberla, pero en mi casa todos bebemos agua mineral”. Y es que no hay nada como un arrebato de sinceridad, aquello de “este agua es magnífica pero bébanla ustedes que yo tomaré otra”.

El cloro que se le añade y que contribuye a eliminar las bacterias patógenas, es un elemento químico que a ciertas dosis resulta tóxico para el ser humano. Recordemos que el agua con cloro no es más que agua con lejía diluida. No obstante, la potabilización del agua ha de ser considerado como uno de los mayores avances para la salud pública en lo que se refiere a la prevención de muchas enfermedades de transmisión hídrica. Y este es un logro que sería muy necesario poder incorporar a muchos lugares en los que todavía las personas beben aguas muy contaminadas. Pero una vez hemos alcanzado un cierto nivel de bienestar, no nos conformamos con beber agua potable, deseamos beber “agua saludable”.

Se ha llegado a denominar “agua viva” a aquella que se encuentra de manera libre en la naturaleza en las fuentes, ríos y manantiales, mientras que se ha llamado “agua muerta” a la que sale de nuestros grifos, ¿por qué será?

Obviamente, hoy día tenemos muy difícil beber agua de manantial y, en cierto modo, hemos de considerar un auténtico lujo disponer de grifos con agua corriente en nuestras casas. No olvidemos que muchas personas del planeta carecen de algo tan básico como eso, pero ¿es posible revitalizar el agua del grifo?

Hay quien ha diseñado sofisticados dispositivos al respecto. Otros utilizan imanes, y hablan del agua imantada, aunque sabemos el agua no se imanta sino que reordenan los polos de sus moléculas. Se ofrecen, también, jarras semimágicas que me recuerdan mucho a las Bodas de Canaan porque aunque no transforman el agua en vino, según sus promotores, la transmutan en una especie de poderoso elixir que todo lo cura.

No he llegado a analizar en profundidad todos estos artilugios, pero hasta donde he podido comprobar entran más en el terreno de la propaganda fantástica que en el de la realidad objetiva, y muchos de los beneficios que refieren sus usuarios se deben más a que aumentan el consumo de agua (que antes no bebían) que a la eficacia en sí del artilugio en cuestión.

Para quienes no quieran realizar una gran inversión y beber agua del grifo, pueden ser muy útiles los descalcificadores así como ciertos filtros que eliminan un gran número de partículas sólidas en suspensión, sin disminuir con ello las sales minerales útiles. También se aconseja dejar el agua de consumo un tiempo en un recipiente abierto antes de beberla, ya que con ello evapora parte del cloro y mejora el sabor. Y, por último, para revitalizar y oxigenarla, se puede hacer como una especie de “salto de agua casero”, es decir, pasarla de un recipiente a otro haciendo que caiga del primero al segundo con una distancia tal que haya un poco de choque y agitación de las moléculas.
Hoy día incluso se habla de la “memoria del agua”, término que hiciera famoso el investigador Jacques Benveniste allá por el año 1988, y que fue empleado para explicar parte de los efectos de los medicamentos homeopáticos y que ha suscitado tanta controversia. Según este autor, las substancias diluidas en un medio acuoso tras un proceso de dinamización, dejan una huella energética en la estructura molecular del agua de tal manera que ésta conservaría la información del producto más allá de las sucesivas diluciones a las que se le sometiese.

Como dije antes, hay defensores y detractores de dichas afirmaciones.

Más modernamente, los trabajos de Masaru Emoto tratan de exponer el modo en el que el pensamiento y las emociones influyen en la estructura del agua. Igualmente, estos trabajos han desatado también una gran polémica.

Investigadores soviéticos han realizado estudios en el campo de la salud utilizando la llamada “agua fósil”, que es aquella que ha quedado atrapada en bolsas subterráneas desde las más antiguas edades geológicas. Los datos obtenidos aportan interesantes resultados en diversos tipos de patologías.

Es curioso que haya tantos y tan novedosas aportaciones sobre un elemento tan sencillo y corriente como el agua, aunque, como dice el famoso refrán “algo bueno ha de tener el agua cuando la bendicen”. Y en cierto modo habría que dar la razón al refranero popular, ya que no sólo tiene algo bueno sino que constituye uno de los principales soportes vitales para todos los seres vivos del planeta.

En esta época veraniega en la que nos encontramos podemos, además, mejorar nuestra relación con el elemento agua haciendo que se convierta dicha relación en algo más lúdico y festivo. Así, podríamos buscar la oportunidad para disfrutar de toda una gran variedad de deportes acuáticos así como con los baños de mar o en los ríos, pozas, pantanos o incluso las piscinas que encontramos cada vez con mayor proliferación en muchas viviendas en nuestro país.

Así que, tanto por vía interior como externamente, el agua nos brinda este verano la oportunidad de gozar de todas sus posibilidades y opciones.

Feliz agosto

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