El buen jardinero

En los grupos de Sofrodynamia® suelo decir que el mundo interior es algo que podemos experimentar pero que nos cuesta trabajo describir. Lo normal es que para hablar de ello tengamos que utilizar descripciones metafóricas que traten de salvar la inevitable distancia que existe entre las palabras y la experiencia.

Uno de los ejemplos que más suelo utilizar el de comparar el mundo interior con un jardín. Lo suelo llamar “El Jardín Interior”, y como todo jardín requiere de alguien que lo cuide. Un buen jardín necesita un buen jardinero.

El trabajo en el mundo interior se puede comparar al de un buen jardinero cuidando su jardín. Primero prepara el terreno, después planta y cuida lo plantado. Habrá cosas que cortar otras que proteger, etc. Todo ello se parece a lo que habremos de hacer en nuestro interior.

 

Imagino que en su centro crece un árbol, el Árbol de la Vida, de altas copas y frondosas ramas. En él buscan refugio las criaturas y de sus pies, como en el relato bíblico del paraíso, brotan los ríos de aguas cristalinas que nutren mi jardín.

En mi Jardín residen mis emociones, pensamientos, sentimientos… 

En una oscura zona se parapetan mis miedos, junto a todas aquellas cosas que no quiero reconocer o no me gustan. Esas también forman parte del jardín.

Pero lo que más me gusta visitar es lo que yo llamo “El Santuario”. Es la morada del Ser Interior. En realidad él, el Ser Interior, es el dueño de todo el Jardín, pero necesita de un buen jardinero que lo disponga todo para que crezca y dé los frutos que ha de dar.

Ciertamente, para cuidar bien un jardín es necesario un buen jardinero.

He escuchado comentar que un jardinero experto, un buen jardinero, aquel que posee la experiencia y la sabiduría necesaria para dominar el oficio y convertirlo en arte, es el que cuida las plantas con tanto amor y cariño como si fuesen sus propios hijos.

Les da lo mejor de sí mismo y, con frecuencia, ellas suelen corresponderle creciendo y vistiéndose con sus mejores galas y floreciendo con sus más vistosos frutos.

La mayoría de nosotros tiene experiencia de haber contemplado el crecimiento armonioso de una planta bien cuidada. Sólo hay que nutrirla, regarla, cortar lo que sobra y la naturaleza hace el resto.

El buen jardinero, para cuidar sus plantas, distingue entre lo que hay que cortar y lo que se debe conservar. Solamente alguien experto en estas faenas es capaz de diferenciar entre lo uno y lo otro, así como decidir cuándo y cómo realizarlo.

Cualquier vegetal que tenga más follaje del necesario florecerá menos ya que gastará demasiada energía en conservar lo antiguo. Pero si nos pasamos con la poda también lastimaremos a la planta.

¿Y si nosotros fuésemos como plantas que esperan a su buen jardinero para dar los mejores frutos?

¿Cómo saber lo que me sobra y qué he de podar?

¿A quién entregaremos la responsabilidad de  realizar la poda?, ¿la ponemos fuera de nosotros o es una actividad más de nuestra consciencia? 

Hay quienes buscan jardineros fuera. Eso, ciertamente, entraña un grave peligro cuando desconocemos la cualificación de aquel a quién confiamos esa labor. 

Muchas personas que se han dejado guiar excesivamente por ciertos “jardineros” poco hábiles o guiados por sus propios intereses, han sido podadas tan intensamente que han acabado siendo una especie de “bonsais humanos” a los que no se le ha dejado crecer según su naturaleza, sino que más bien se les ha moldeado para que crezcan al antojo del jardinero. 

Eso es  lo que he visto que pasa en las sectas. Entregas tu Jardín Interior a alguien, y en lugar de cuidarlo para que florezcas lo maneja para su propio beneficio. Encerrará y anulará a tu Ser Interior, y decidirá cómo ha de ser tu Jardín, qué has de pensar, de sentir y cómo has de comportarte.

Caso de querer buscarlo fuera, habrás de tener mucho cuidado cuando elijas a tu jardinero.

También, ciertos grupos fanáticos y fundamentalistas “podarán” a sus miembros tan sistemáticamente que todos crecerán de igual modo y en la misma dirección, cosa que impide la pluralidad del grupo y la individualidad de los ritmos de crecimiento de cada uno.

He pensado que me gustaría llegar a ser un buen jardinero, aunque soy consciente que eso entraña una gran responsabilidad. 

Me he dado cuenta que el buen jardinero es aquel que te enseñará el arte de cuidar tu propio jardín. Procurará que, con el tiempo, su maestría sea la tuya. Evitará que tu jardín y el suyo sean iguales porque respetará tu propia individualidad. Te estimulará a crecer, a experimentar y permitirá que el Ser Interior habite en todo el Jardín.

 

La Sofrodynamia® te invita a descubrir tu Jardín Interior así como a llegar a ser tu propio jardinero.

Así que una buena pregunta para la reflexión personal sería, ¿aceptarás el reto de cuidar tu propio jardín, asumiendo la responsabilidad que ello implica?

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