Editorial octubre 2012

Ha comenzado el otoño con la normal bajada de las temperaturas y las muy esperadas lluvias que, tras una larga sequía, se hacen imprescindibles, tanto para las cosechas como para el consumo humano. Han sido unas precipitaciones generalizadas por toda España, lo cual también es propio de la época y, por tanto, no debiera extrañarnos.

Pero estas lluvias han sido especialmente fuertes en algunos puntos de nuestra geografía, y no sólo han proporcionado el agua tan deseada, sino que lo ha hecho a un precio que nunca deberíamos tener que pagar, el de la pérdida de vidas humanas, amén de los bienes materiales y cosechas agrícolas también perjudicadas.

Murcia ha sido una de las zonas más afectadas por el temporal, tanto en lo material como por el número de fallecidos, seguida por Almería y Málaga. Lamento profundamente que se hayan producido estas víctimas, la mayoría de ellas personas de cierta edad que se vieron atrapadas por la fuerza de una violenta riada ante la que nada pudieron hacer, aunque también se encuentra algún menor entre los fallecidos.

Hay sucesos totalmente accidentales e imprevisible, pero algunos otros podrían ser evitados si tuviésemos un poco más de memoria y un cierto sentido común. Todos los que habitamos en la franja costera mediterránea hemos vivido más de una inundación, porque el régimen de lluvia característico de estas zonas es de tipo torrencial, es decir, largos periodos secos con precipitaciones muy abundantes en muy corto espacio de tiempo.

En el periódico local de estos días, de entre las muchas imágenes y lecturas, me llamó curiosamente la atención el relato de una ciudadana británica que vivía en una caravana a orillas del río Guadalhorce junto con su pareja. Ya imaginan donde está ahora la caravana, río abajo, junto con el señor que se encontraba en ella, del cual desconozco su suerte en estos momentos y, espero y deseo, que haya podido salvarse. Seguramente el tiempo que disfrutaron de aquellos idílicos parajes habrá sido maravilloso, supongo, pero debiéramos recordar que, como he mencionado antes, vivimos en un lugar de lluvias torrenciales, de crecidas súbitas de ríos y arroyos que la mayor parte del año van secos o con poca agua, y que instalar una caravana, o construir una casa (como sucede a veces) muy cerca de la rivera conlleva estas desagradables consecuencias.

Me viene a la memoria el suceso de Valencia de hace unos años, en el que habían construido una urbanización en una cañada junto al lecho de un río seco. Vino una tromba de agua y la urbanización quedó totalmente destruida. Allí se culpó a los constructores especuladores, pero en otras ocasiones somos los ciudadanos, individualmente, los que carecemos de la previsión necesaria al respecto, y no calibramos las terribles consecuencias de estos fenómenos cíclicos de la naturaleza.

Nos sirve todo ello para volver a recordar que el ser humano no sólo vive en la naturaleza sino que es naturaleza, y que también tenemos nuestros ciclos y estaciones.

Si observamos el mundo a nuestro alrededor, una de las primeras conclusiones de dicha observación será la de ritmicidad, la de cambio continuo y la alternancia de los ciclos naturales.

Así, hay un momento para plantar y otro para recoger. Los árboles no dan fruta continuamente sino que después de una cosecha viene un descanso y la correspondiente preparación para la cosecha siguiente. Hay una época de calor y otra de frío, hay estaciones secas y estaciones húmedas, etc.

Pero nuestra sociedad actual, totalmente desconectada de la naturaleza y de lo que ello significa, nos hace creer que estamos por encima de las leyes naturales y que es necesario y posible mantenerse en la cresta de la ola indefinidamente. También nos anima a creer otras cosas antinaturales, como por ejemplo, que se puede comer cualquier cosa, a cualquier hora, en cualquier momento del año y en cualquier cantidad que nos apetezca. Esto, a poco que se reflexione, es una auténtica locura. Seríamos los humanos los únicos seres de la creación capaces de hacer esto, ya que ningún otro ser lo hace.

Observar de la naturaleza y acoplarse a sus ritmos es una de las enseñanzas tradicionales más valiosas que nos legaron los sabios de la antigüedad, pero que ahora hemos olvidado.

Sabemos que el otoño es un tiempo para volver a mirar a nuestro interior, del mismo modo que el verano fue un momento de expansión hacia lo externo. Los días se irán acortando, la oscuridad comenzará a crecer y la tendencia de todos los seres es a resguardarse y buscar las mejores condiciones para protegerse mejor de los futuros fríos que han de venir.

Es momento de reposar, de interiorizar, de realizar una cierta introspección evaluativa de nuestro devenir anterior, para, desde ahí, sacar nuevas enseñanzas que nos ayuden a seguir mejorando como individuo y como colectivo.

Los frutos de esta época son densos y calóricos, las castañas, las nueces, etc. y desde el punto de vista de nuestra salud habremos de guardar nuestros mejores cuidados sobre todo para el aparato respiratorio, mejorando nuestra inmunidad así como la integridad de nuestras mucosas. Productos como el propóleo, la echinacea, el saúco, el tomillo, etc. son estupendos aliados para esta época del año.

A nivel de nuestro mundo interior, existe una cierta propensión a la tristeza y la melancolía, de la que habremos de estar prevenidos. Y no es que estar triste sea malo, más bien es una parte más de la experiencia humana, lo que no debemos hacer es fomentar dicha tristeza, ni tenerla como compañera por más tiempo del necesario. Por eso debemos conectar con nuestros jovis y  aficiones, y buscar el agradable y cálido intercambio con otras personas en reuniones y veladas que nos permitirán disfrutar de la compañía de nuestros amigos y seres queridos.

Es tiempo, también, para la reflexión y la incubación de nuevas ideas y proyectos que habrán de florecer cuando más adelante alcancen su madurez.

Por todo ello, una buena actitud potenciadora y creativa de la que podemos esperar muchos beneficios, sería la de adaptarse a aquellas circunstancias peculiares que nos ofrece las características de este nuevo mes que comienza, realizando los ajustes necesarios para que así sea.

Feliz octubre

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