A propósito del bienestar

Salud y bienestar son inseparables

Mantenerse bien y evitar todo el malestar posible es un deseo generalizado y una aspiración legítima de los seres humanos que no siempre somos capaces de conseguir. En algunas ocasiones porque la situación que se nos presenta es irreversible o difícilmente modificable, como es escaso de ciertas enfermedades o la muerte de personas queridas. En esos casos, habremos de aprender a aceptar y a convivir con el malestar acogiendo los eventos vitales desagradables con una cierta ecuanimidad. 

Sin embargo, en otras muchas ocasiones, no conseguimos un mayor bienestar en determinadas situaciones en las que podríamos lograrlo, simplemente porque no gestionamos bien nuestras habilidades o no utilizamos adecuadamente nuestros recursos, tanto biológicas como mentales. 

Entonces, ¿Por qué si queremos estar bien, no siempre lo conseguimos?;  ¿Es posible hacer algo para alcanzar el bienestar o, simplemente, es una cuestión de suerte? Estas y otras preguntas parecidas surgen de manera espontánea cuando contrastamos nuestros deseos de estar bien con lo que realmente experimentamos en nuestra vida, y es que unas veces lo estamos y otras veces no. 

Cuando pensamos en el bienestar nos imaginamos un modo de vida en el que nos sentimos a gusto, cómodos, satisfechos y en paz. Por otro lado, he de señalar que bienestar y salud son términos equivalentes, tal como propone la misma OMS (organización Mundial de la Salud) que define la salud como “el perfecto estado de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”. Por tanto, sentirse saludables y sentirse bien son conceptos inseparables. 

Normalmente se define el bienestar como “un estado positivo de la mente de forma permanente”, aunque dicha definición habría que matizarla un poco, ya que mantener el estado positivo de la mente de forma permanente parece una tarea bastante difícil de conseguir. Tal vez deberíamos entenderlo no como un “estado permanente”, tal como dice la definición, sino como un estado “predominantemente positivo”. Esto último significa que también habría que aceptar que en la vida aparezcan momentos en los que no nos sintamos bien. Acoger, aceptar y trascender dichos momentos dotándolos de un sentido potenciador, formará también parte de las estrategias que nos ayudarán a vivir mejor.

Hay una norma general que suele funcionar a modo de regla que nos orienta en nuestras acciones, y es la siguiente: cuando quieras conseguir una meta has de enfocar tu esfuerzo y tu energía en seguir aquellos pasos que te conducen hacia dicha meta. Hacer lo contrario solo nos predispone al fracaso y a la frustración.

España es un país envidiable donde, según lo que ha aparecido últimamente en la prensa, gozamos de una elevada calidad de vida. Tanto es así que cada vez son más las personas que  quieren vivir aquí. Sin embargo, si tomamos los datos oficiales de una encuesta realizada sobre población europea durante los años 2000-2015, somos el cuarto país europeo en consumo de ansiolíticos y el sexto en hipnóticos y sedantes, estando también por encima de la media en el consumo de antidepresivos. Esto parece una contradicción, y es que en un país donde disponemos de medios para vivir bien, parece que no somos lo suficientemente felices y necesitamos echar mano a los psicofármacos para mantener nuestra estabilidad mental. ¿Podriamos hacer algo al respecto?

Pues creo que es necesario una profunda reflexión y un abordaje integral, científico y con un cierto grado de compromiso para hacernos responsables de nuestro propio proceso de crecimiento y desarrollo en el ámbito del bienestar.

El estudio científico de cómo cultivar el bienestar es algo que ha entrado en el contexto científico hace relativamente poco tiempo gracias al impulso y desarrollo de la Psicología Positiva. Dentro del ámbito de la medicina, es la Medicina Integrativa el enfoque en el que preferentemente se aborda este asunto y se ocupa de establecer estrategias para promoverlo y desarrollarlo. 

Hoy día conocemos muchos aspectos respecto a la relación entre el funcionamiento del cerebro y la experiencia de bienestar. También sabemos que prácticas de tipo meditativo,  el cultivo de la Atención Plena y otras técnicas afines ayudan a incrementarlo. Por otro lado, diversos estudios han demostrado que una buena gestión emocional, el cultivo de las relaciones sociales positivas y las conductas proactivas de tipo altruistas son buenos predicadores respecto al bienestar. Así que, con estos datos que aporta la ciencia, ya tenemos unas cuantas pistas acerca de cómo y en qué dirección hemos de comenzar a enfocar nuestro esfuerzo si queremos conseguir el objetivo de disfrutar del bienestar en nuestra vida.

¡Pero ojo!, centrarse excesivamente en el bienestar sin una base suficientemente sólida de autoconocimiento, compasión y de sabiduría, tendría el peligro de hacernos caer en determinadas actitudes narcisistas o de ensimismamiento, dando lugar a una desconexión con os demás y, aunque parezca extraño, también con nuestro Ser Interior.

Entendemos pues que cultivar el bienestar es un procesos complejo y multidimensional, pero a todas luces es algo que merece la pena el esfuerzo y que, además, es posible conseguirlo. Muchas personas han expuesto su testimonio al respecto y, desde estas líneas, te invitaría a compartir el tuyo si así te parece.

En un post anterior publiqué “10 estrategias sofrodynámicas para incrementar el bienestar”.  Te propongo que le eches un vistazo si quieres encontrar algún detalle más acerca de cómo cultivar el bienestar.

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