Usar la palabra para sanar: un decálogo inspirador 

Las personas y los animales disponemos de diferentes tipos de lenguaje para comunicarnos con los demás miembros de la especie, pero la palabra oral y la palabra escrita es solamente atributo de los seres humanos.

La palabra es uno de los instrumentos más poderosos de los que disponemos, ya que puede servir para enfermar o puede servir para sanar.  A través de la palabra construimos diferentes realidades, de tal manera que con ella podemos influir en nuestros procesos de aprendizaje y de cambio en un sentido o en otro. 

Uno de los usos más nobles y elevados de nuestro lenguaje es cuando los usamos con intención de ayudar a otras personas, es decir cuando realizamos un uso terapéutico de la palabra. Usar la palabra para sanar tiene sus reglas. No podemos usarla de forma descuidada o superficial. El uso de la palabra sanadora no es exclusivo del ámbito médico ni del psicológico. Cualquier persona puede ser un sanador a través del lenguaje si aprende cómo hacerlo de forma apropiada.

Llegado este punto me gustaría compartir con vosotros un decálogo que considero interesante de tener en cuenta para todas aquellas personas que se encuentren interesados en aprender a que su palabra tenga un componente sanador:

DECÁLOGO PARA EL USO TERAPÉUTICO DE LA PALABRA

1.- Nunca es impositiva, sino sugerente. Ayudar a otros no significa decirle lo que tienen que hacer, ni se trata tampoco de dar consejos muchas veces no solicitados. Por tanto, no es  una “consejiterapia”. Con frecuencia se ayuda más con una buena pregunta que con una afirmación o un consejo.

2.- Ha de ser oportuna. Una cosa apropiada dicha en un mal momento puede tener el efecto contrario del que nos gustaría. Por eso, cuando tengas algo que decir, además has de saber buscar el momento más oportuno para expresarlo.

3.- Siempre es respetuosa. La palabra terapéutica se basa en el respeto y la aceptación del otro. Para ello además de hablar, es muy importante saber escuchar. Antes de realizar cualquier discurso se encuentra siempre la escucha atenta.

4.- Ha de ser comedida. No se deben hacer propuestas que la otra persona no pueda cumplir. Esto crearía más tensión y angustia por no ser capaz de realizar algo.

5.- Nunca es moralizante. Así que conviene evitar la recriminación o el juicio. No se trata ni de regañar, ni de realizar valoraciones morales sobre los demás.

6.- Es propositiva, es decir, se caracteriza por aportar nuevas propuestas o visiones de las cosas, abrir opciones, crear oportunidades, etc. De tal manera que vamos buscando ampliar el modelo de la otra persona.

7.- Es paciente. No pretendemos conseguir resultados inmediatos. A veces la palabra sanadora es solo una semilla que podrá brotar y dar sus frutos más adelante.

8.- Atiende al metalenguaje. No sólo es importante el aspecto literal de lo que se dice sino también el componente no verbal (volumen, entonación, ritmo, pausas, silencios…).

9.- Conecta los dos mundos. Es posible hablarle al mismo tiempo a la parte consciente y a la no consciente de nuestro cerebro. Para ello el uso de los cuentos (relato terapéutico), las metáforas y las parábolas pueden ser bastante útiles.

10.- Y sobre todo es valiosa. Considera la palabra como un apreciado tesoro, por eso, si no tienes algo bueno que aportar, mejor guarda silencio.

Un pensamiento en “Usar la palabra para sanar: un decálogo inspirador 

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