Seguro que sabemos lo que significa estar atentos y también lo contrario, estar distraídos. Por propia experiencia distinguimos lo que es una cosa y otra, pero tal vez no tengamos tan claro qué podemos hacer para manejar la atención de forma apropiada y en la dirección correcta. En este artículo encontrarás algunas pistas de cómo hacerlo.
Saber manejar la atención y la concentración es fundamental para la vida diaria, y no digamos para el proceso de florecimiento, porque según donde pongamos el foco atencional surgirán en nuestra mente distintas realidades. Está claro que los seres humanos no percibimos directamente el mundo tal cual es, sino que sólo nos damos cuenta de aquello a lo que prestamos atención.
Por fortuna hace miles de años que disponemos de enseñanzas precisas sobre el cultivo de la atención. Dichas enseñanzas se encuentran formando parte del acervo cultural de la sabiduría budista, tal como nos muestra el Satipathanasutra, o Sutra sobre el cultivo de la Atención Plena.
En los últimos años los procesos neurológicos involucrados en la atención y la concentración han interesado a los neurocientíficos hasta el punto de dedicarle numerosos estudios e investigaciones. El resultado ha sido la constatación de la importancia que tienen dichos procesos en relación a determinados aspectos del sujeto, en concreto en lo referente a las emociones, a la estructura del yo, a la capacidad autocompasiva (Bishop et al., 2004) entre otras muchas cosas.
Atender de forma apropiada nos libera de los automatismos y es lo contrario de la distracción. Si estamos distraídos, entonces no estamos atentos. Pero en el mundo existen tal cantidad de estímulos que no podemos atender a todos ya que disponemos de una capacidad limitada para ello, por eso es muy importante saber elegir a qué atendemos en cada momento y a qué no.
También parece importante entender bien qué es y cómo funciona la atención y la concentración. Digo eso porque a lo largo de mi práctica profesional me he encontrado muchos casos de personas que venían a consulta preocupadas por su memoria, sin embargo, después de realizar las indagaciones oportunas, lo que encontraba es otra cosa. No fallaba la memoria, sino la capacidad de atención y de concentración.
Porque una mente con una atención dispersa es incapaz de focalizar su consciencia sobre el objeto en cuestión y, por tanto, no puede retener de forma apropiada la información sobre el mismo. Nadie puede recordar cosas que no se hayan grabado previamente. Decía William James, padre de la psicología americana, que “la atención es la forma de tomar posesión de la mente, porque aquello que se encuentra fuera de nuestra atención no existe para nosotros”.
También atiendo a personas que refieren sus dificultades para concentrarse, pero cuando hablo con ellos me doy cuenta que no es cierto, incluso podría decirse que se concentran muchísimo, pero lo hacen sobre asuntos poco útiles o incluso sobre cuestiones que le perjudican. Dicho de otro modo, estas personas se encuentran perfectamente concentradas, pero no en aquello que quieren o que necesitan.
Atender significa elegir, ya que en cada momento hemos de diferenciar entre la información que para nosotros es relevante y la que no. En la vida diaria estamos continuamente atendiendo a diferentes estímulos y realizando el procesamiento de dicha información de forma no consciente, con lo cual muchas veces no sabemos a qué atendemos. Hay personas que se concentran intensamente en sus malestares; otros lo hacen en el pasado, incrementando el resentimiento, la culpa y otras emociones perturbadoras; hay quienes se concentran obsesivamente en algo en lo que no quieren pensar, y así podría seguir detallando un sin fin de ejemplos. El asunto, pues, no es que tengan poca concentración, sino que tienen poca capacidad para gestionarla, y su mente salta de un asunto a otro y los conduce a cualquier situación fuera del presente. Es lo que llamamos la divagación mental.
Lo contrario de una mente atenta es una mente divagante, y los estudios neurocientíficos actuales han concluido sin lugar a dudas de que una mente que divaga es una mente infeliz (Killingsworth y Gilbert, 2010). Esta afirmación debería de motivarnos lo suficiente como para iniciar nuestras prácticas atencionales. Es importante entender que atención es un proceso psicológico básico que orienta la consciencia y, de alguna forma, constituye la base de la experiencia. Su entrenamiento es fundamental para conseguir una mente sana y estable.
Podríamos definir la atención como la capacidad que tiene la consciencia de enfocarse sobre un objeto determinado, que puede ser externo o puede ser interno (pensamientos, emociones, etc.). Cuando logramos mantener de forma constante la atención sobre un mismo objeto, entonces aparece la concentración. Es evidente que tanto la atención como la concentración se incrementan mediante la práctica.
Con respecto a la practica de la atención es posible distinguir tres elementos fundamentales:
- El sujeto que realiza la acción de atender o concentrarse.
- El objeto sobre el que atendemos y nos concentramos. En relación al objeto, distinguimos entre los llamados objetos virtuosos y los objetos no virtuosos. Los primeros son aquellos que dan lugar a efectos beneficiosos o que conectan con aspectos elevados de nuestra consciencia, por ejemplo un mandala, un mantra o un pensamiento positivo o elevado. Los objetos no virtuosos, por el contrario, producen un mayor grado de intranquilidad, preocupación o displacer, como por ejemplo una rumiación mental angustiosa sobre un pensamiento negativo.
- La relación que se establece entre sujeto y objeto, que puede ser de neutralidad, de aversión o de apego. Dependiendo del tipo de objeto sobre el que llevemos la atención y la relación que establezcamos, los resultados obtenidos pueden ser bastante diferentes.
La atención y la concentración constituyen el fundamento desde el que observamos los objetos (internos o externos), y su practica favorece el aquietamiento mental, por lo que se considera que es un elemento esencial para conseguir una mente estable y tranquila.
TIPOS DE ATENCIÓN
Dependiendo de cómo y dónde enfoquemos la atención, podemos distinguir varios tipos diferentes.
1.- Atención interna. Cuando el foco de la atención se orienta hacia nuestro interior, como por ejemplo a los pensamientos, las sensaciones, las emociones, etc. En un caso extremo puede conducir al ensimismamiento.
2.- Atención externa. Aparece cuando nos enfocamos en un objeto del mundo exterior, el cual puede ser un objeto material, un sonido, un color, etc.
3.- Atención panorámica. Se produce cuando el foco es amplio y estamos atendiendo a mas de un objeto al mismo tiempo, como por ejemplo cuando contemplamos un paisaje.
4.- Atención focalizada. Es como el haz de luz de una linterna enfocando a un sólo objeto o una parte de este. El resto del contexto queda fuera del campo de atención
Combinando estas cuatro formas de atención, podemos obtener cuatro modos diferentes de atender:
- Atención interna y focalizada
- Atención interna y panorámica
- Atención externa y focalizada
- Atención externa y panorámica
Cada circunstancia vital requiere de un tipo de atención diferente. Aplicarlos de forma errónea causa problemas, como por ejemplo ir conduciendo en un estado de atención interna focalizada en lugar de hacerlo con atención externa panorámica. Si conducimos ensimismados en nuestros pensamientos, lo más probable es que tengamos un accidente, ya que no seremos consciente de lo que sucede a nuestro alrededor o de las maniobras de otros vehículos.
Estudios recientes han demostrado la importancia que tiene el cultivo de la atención y de la concentración en el ámbito de la salud. Uno de los efectos más conocidos de la práctica diaria de la atención es para ayudar a controlar el estrés y la ansiedad. Se ha comprobado de manera fehaciente que una buena gestión atencional, junto con la capacidad para concentrarse de forma apropiada, disminuye el impacto del estrés y permite controlar mejor la sintomatología ansiosa. Además de lo anterior se han encontrado buenos resultados a la hora de lidiar con estados depresivos, de tal manera que la práctica de la atención ayuda a superarlos mucho mejor.
Practicar la atención y la concentración favorece la disminución de la rumiación mental y del pensamiento obsesivo, permite focalizar la atención en aquellos objetos que consideremos apropiados y evita estar dando vueltas, como un hámster en una jaula, sobre aquellos contenidos mentales no deseables. El correcto manejo de la atención también favorecerá una buena conciliación del sueño, así como una mejor gestión emocional. Su práctica regular abre las puertas del autoconocimiento que, como ya sabemos, es uno de los principales pilares del bienestar.
Sin lugar a dudas, es bastante complicado florecer si no contamos con la presencia y el dominio de una atención y una concentración correcta.
CÓMO ENTRENAR LA ATENCIÓN
Muchos de nosotros admiramos a los grandes deportistas, a los músicos brillantes o a cualquier persona que demuestra una destreza y un dominio casi perfecto de sus habilidades. Pocos reflexionan sobre el tiempo, la dedicación y el esfuerzo que han invertido para lograrlo, porque para alcanzar la pericia o la maestría en una disciplina necesitamos dedicar tiempo y esfuerzo para ello. El cultivo de la atención y de la concentración requieren también dedicación y esfuerzo.
Afortunadamente disponemos de muchos ejercicios efectivos para diseñar un entrenamiento práctico de la atención y la concentración. Además, es posible elegir el objeto de concentración que queramos en cada momento, así como también la forma de practicar con él.
Una de las estrategias más sencillas que se suelen proponer en referencia al entrenamiento de la atención es la de llevar la atención al cuerpo. Se puede ampliar lo anterior si también atendemos a la respiración, al contexto interno (pensamientos, emociones, etc.) o atendemos al contexto externo. Es muy importante llevar el foco atencional a lo que realmente hay, no a lo que nos gustaría que hubiese o a lo que creemos que debería haber.
Como todo tipo de práctica es posible realizarla mediante protocolos bien establecidos, pero también se puede aprovechar cualquier situación de la vida diaria. Lo más apropiado es una combinación de ambas, aunque por experiencia sabemos que para realizar de forma correcta una práctica en la vida diaria, primero hemos de haber entrenado previamente de un modo más formal.
Al comenzar a entrenar la atención nos daremos cuenta de que nuestra mente se encuentra agitada y salta de objeto a objeto, por eso conviene elegir un tipo de objeto que al principio mantenga una cierta estabilidad. Esto no debe desanimarnos, sino informarnos de que somos poco expertos en el tema y, al mismo tiempo, estimularnos para seguir practicando hasta alcanzar nuestras metas.
