Cómo hacer significativa nuestra vida

Una vida significativa

Hemos de tratar que nuestra vida sea suficientemente significativa

Hay corrientes filosóficas que afirman que “el hombre es un ser para la nada”, y que la vida no es más que un gran absurdo que acaba con la muerte.

Desde ese punto de vista, nada tiene sentido ni hay esperanza de encontrarlo.

No seré yo quien le lleve la contraria a eminentes filósofos y pensadores de fama universal, pero me permitiré reivindicar otro modo de enfocar dicho asunto, no tanto por enmendarles la plana sino por el placer de investigar y analizar otra posibilidad.

Por tanto, dejemos las primeras afirmaciones en suspenso y dediquemos unos instantes a reflexionar acerca de otras opciones.

La pregunta que podríamos tomar como punto de partida sería, “ante la perspectiva de finitud de la vida humana, ¿es posible que nuestra existencia sea suficientemente significativa?”

Esto significa que deberíamos investigar acerca de qué sentido das a tu propia vida en estos momentos y si la valoras como suficientemente significativa o no.

Llegado el momento de la muerte

Llegado el momento de la muerte, sentir que la vida ha merecido la pena

Una vida significativa es aquella que, llegado el momento de la muerte, uno se sentiría orgulloso y satisfecho de haberla vivido. Dicho de otro modo, una vida de la que tenemos la sensación de que merece la pena haberla vivido.

Pero experimentar que una cosa sea significativa o no, dependerá del sentido que atribuimos a dicha cosa.

Dar sentido es algo que hacemos los seres humanos continuamente, es decir, creamos significados para tratar de interpretar y entender aquello que nos sucede.

Este proceso es subjetivo, lo cual quiere decir que el sentido que damos a las cosas es una construcción de nuestra propia mente, que puede ser totalmente diferente al significado construido por otra persona distinta.

Por tanto, es posible que las cosas  (o la vida) no tengan un sentido intrínseco en sí mismas, pero es evidente que cada uno de nosotros le atribuimos un sentido determinado y, dicha atribución, es la que la hace significativa o no.

Sabemos que el hecho de haber nacido como seres humanos implica que nuestra vida es potencialmente significativa pero, sin embargo, hemos de trasformar dicha potencialidad en una realidad manifiesta gracias a aquello que vivimos diariamente.

Hacer que nuestra vida llegue a ser significativa quiere decir pasar de la potencialidad a la acción, de la semilla al fruto, de la posibilidad al hecho. Significa una transformación potenciadora de nuestro ser y del mundo que nos rodea.

Quizás, impulsados por dicha energía de transformación, sentimos con frecuencia que una de nuestras más profundas aspiraciones es hacer que nuestra vida llegue a tener un sentido verdaderamente humano.

La mayoría de las Tradiciones Espirituales, tanto de oriente como de occidente, que han tratado de dar respuesta a esta cuestión, proponen ir más allá del pensamiento lógico y racional para conectar con esa dimensión de la consciencia en la que no nos pensamos, sino que nos experimentamos y nos reconocemos libres de los oscurecimientos y deformaciones que provienen de la mente ordinaria.

Estamos llamados a mejorar el mundo

Estamos llamados a mejorar el mun

Es a través de prácticas como la Meditación que podemos lograr acceder a dicho estado en el que no nos pensamos sino que nos vivimos.

Esta será, pues, una de las principales herramientas para hacer que nuestra vida sea significativa, el conocimiento y la vivencia de nuestra dimensión interior.

Pero esta propuesta no debe estar desconectada de nuestra realidad personal en la que diariamente vivimos: el trabajo, la familia, los amigos, etc.

Aparece aquí otro ámbito para hacer significativa nuestra vida, la acción en el mundo.

El trabajo interior y la acción en el mundo no son dos aspectos excluyentes, sino complementarios.

El primero nos permite crecer y desarrollarnos más humanamente. El segundo aspecto, hace que dicho proceso de autorrealización no quede en la esfera del intimismo sino que sea verdaderamente transformador, y fructifique mediante una aportación al mundo capaz de mejorar no sólo nuestro ambiente sino también a las personas que nos rodean.

Comprometerse en ambas direcciones será lo que permita que nuestra vida llegue a ser profunda y radicalmente significativa.

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