Las enseñanzas del sentido común-IV

HACER MUCHAS COSAS NO GARANTIZA QUE AVANCES HACIA DONDE QUIERES

He conocido personas que funcionan a modo de una especie de “cursillistas profesionales”. Dedican mucho tiempo, dinero y energía a realizar un curso tras otro. Comienzan el siguiente antes de haber asimilado el anterior. Suelen estar a la última. Conocen un poco, o un mucho, de todo lo que se oferta en el mercado a propósito de crecimiento y desarrollo humano. ¡Vaya, que no se pierden una! Hasta aquí, nada que objetar. Incluso admiro su entusiasmo.

Pero cuando años después los vuelvo a encontrar, frecuentemente, he experimentado la sensación (que desgraciadamente luego verifico) que se encuentran igual o peor que antes de hacer todas estas cosas. El progreso no se les ve ni por los forros. Parece como que los cursos y talleres que han realizado les hubiese servido para bien poco. Porque acumular conocimientos no significa necesariamente crecer en sabiduría.

Entonces, ¿qué ha sucedido aquí? ¿Es esto normal después de tanto esfuerzo?

Pues según constato, una cosa es el esfuerzo práctico y otra bien distinta el activismo exagerado. Hay dos errores fundamentales que se puede dar al mismo tiempo. El primero no respetar tu ritmo personal de asimilación. El segundo, funcionar sin criterio aceptando propuestas contradictorias simplemente porque suenan bien.

Enredarte con más cosas de las que realmente puedes digerir, obviamente, te llevarán a la indigestión (mental en este caso).

En lo que a dietética se refiere, sabemos que lo que realmente nos alimenta es aquello que absorbemos, no todos los alimentos que ingerimos. De la misma manera, en términos de desarrollo humano, lo que nos hace crecer es también lo que asimilamos y no toda la retahíla de cursos y libros que deglutimos a veces compulsivamente.

Por eso, debes buscar y respetar tu propio ritmo de aprendizaje y asimilación, de la misma forma que hacen los buenos ciclistas cuando suben un duro puerto de montaña.  Ellos buscan su propio pedaleo, aquel que les permite avanzar a una velocidad sostenible y que puede ser mantenida en el tiempo. Saben bien que quienes se pasan de rosca acaban pagándolo caro.

No se trata, pues, de hacer mucho sino hacer lo adecuado, del mismo modo que para llegar a un lugar no basta con correr en todas direcciones sino en seguir el camino correcto que te lleva a alcanzar tu objetivo.

Para formar tu criterio, primero habrás de saber qué es eso de “criterio”. Para ello  debieras tratar de discernir hacia dónde has de dirigir tu esfuerzo, preguntándote también por tu motivación auténtica: ¿para qué haces lo que haces? Esto te enseñará lo qué has de hacer y cómo hacerlo en cada momento.

Si quieres avanzar en dirección a tus metas, habrás de preguntarte y responder honestamente a los interrogantes anteriores, antes de involucrarte en muchas direcciones que, si no lo remedias, te llevarán a no se sabe donde.

 

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