El dueño del Palacio

Existen historias tan antiguas que se pierden en la noche de los tiempos. Los seres humanos hemos usado dichos relatos con muchas finalidades como, por ejemplo, para transmitir enseñanzas a quienes las escuchaban.

De entre todos los temas que pudiéramos elegir pocas cosas hay tan seductoras y tan atractivas como aquellos que tratan de la mente, ya que estos ejercen una especial fascinación para la mayoría de las personas.

Conocernos mejor y conocer a los demás ha sido siempre algo especialmente fascinante para todos nosotros.

Con respecto a la mente, se han usado numerosas metáforas para ilustrar su funcionamiento o su naturaleza. Una de ellas compara la mente con un gran palacio, y su dueño, el Ser Interior, habita en él. ¿Pero qué sucede cuando el dueño no conoce su palacio?

 

Cuentan que desde su más tierna infancia, el dueño de un gran palacio se había acostumbrado a vivir recluido dentro de los límites de una de las más pequeñas y lúgubres habitaciones de entre todas las que disponía su enorme mansión. Por qué sucedió esto, nadie lo sabe. Pareciera que siempre fue de ese modo.

Tanto tiempo pasó dentro de su limitada estancia, sin salir ni explorar ningún otro lugar, que llegó a creer que esa era toda su casa. Los días iban sucediéndose uno tras otro, bajo la suposición de que no existía otro universo más que el ya conocido de su habitación.

La inercia, la ignorancia y la fuerza de la rutina son resistencias difíciles de vencer. Se imponen con el paso de los años, y nos hacen vivir como normal aquello que no lo es, o aquello otro que, habiendo sido tomado como costumbre, se repite y se repite a nuestro alrededor sin que muchas veces recordemos el momento en el que las cosas comenzaron a ser de ese modo o la razón por la cual hacemos lo que hacemos.

Así, a lo largo de su vida, el dueño del palacio, no había conocido nunca otro modo de vivir más que ese. Y si lo había conocido, al menos en es estos momentos, no lo recordaba. ¿Qué podría haber más allá de los límites del lugar en el que pasaba sus días?  Tal vez la nada, pensaba; quizás la oscuridad más profunda, o puede que cualquier otro lugar plagado de peligros y amenazas. ¡Más vale lo malo conocido…..!

Las cosas son como son, solía decirse, y mejor contentarse con lo que tenemos que calentarse la cabeza con otras cosas menos seguras.

Como fuera que se encontraba firmemente convencido que ese pequeño lugar era todo su mundo, se conformó con vivir miserablemente, agobiado y abrumado, porque ¿cómo puede uno desenvolverse en la vida cuando nos falta espacio vital y no  imagina siquiera ninguna otra posibilidad de existencia?

El paso del tiempo hizo que el malestar disminuyera. A todo se acostumbra uno. Se acomodó y habituó de tal manera a la forma en la que vivía que llegó a olvidar completamente que él y sólo él, era el único y verdadero dueño de toda una hermosa y amplia residencia.

Su conformismo fue el causante de que renunciara a la posibilidad de intentar salir de donde se encontraba, negándose la oportunidad de  explorar el mundo más allá de los límites que el mismo se había impuesto.

Sin embargo, su verdadera y amplia casa, así como todos los criados y demás sirvientes, esperan al dueño de la mansión para que un día vuelva y tome posesión de la misma.

Todo está dispuesto para el descubrimiento y la experiencia total de ese espacio vital al que estamos llamados a regresar y al que nunca debimos renunciar”.

Esta narración no está completa. Falta el final, el desenlace. ¿Será capaz el dueño del palacio de descubrir las dimensiones de la maravilla que posee? ¿Qué crees que podría hacer?

Imagínate tú, siendo esa persona. ¿Qué final de la historia escribirías?

 

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