Las dietas disociadas

dieta disociadaPor Gracia María Casado, nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

Dentro del “mundillo” de los planes de adelgazamiento, las dietas milagrosas, la pérdida de peso, etc., nos encontramos con las dietas disociadas, entre otras, y si bien la base de todas ellas es común, intentaremos explicar sus ventajas e inconvenientes, pues aun cuando se ha convertido en una tendencia dietética muy extendida, tiene importantes repercusiones en la salud.

El término disociada, hace referencia a una dieta en la cual se “prohíbe” la toma conjunta de diferentes tipos de alimentos (hidratos de carbono y proteínas fundamentalmente) bajo la creencia de que la combinación de ellos no es beneficiosa y que cada grupo requiere un Ph diferente para su correcta digestión y asimilación de los nutrientes. Esta combinación entre ellos, será la responsable de la ganancia del peso, y no el aporte calórico del alimento como tal. Por tanto, las comidas deben basarse en la toma de un solo tipo de alimento sin mezclarlos. 

Esto lleva a pensar pues, que nuestro sistema digestivo no está preparado para digerir y absorber conjuntamente cada nutriente, si no es tomándolos por separado. 

Al igual que sus similares, el objetivo perseguido es una pérdida rápida del peso, (por su bajo aporte calórico) a expensas de la movilización de la grasa, quema de las reservas de glucógeno y eliminación de agua.

Los defensores y seguidores de ellas, proponen como posibles ventajas: el ser muy fáciles de seguir, únicamente acordarnos de qué alimentos son proteínas y cuáles hidratos, tampoco hay que contar las calorías ni (al detalle) las cantidades, puedes comer de todo (pero sin mezclar), y permiten una mejora de las digestiones pues se evitan las mezclas de alimentos. Pero frente a ellas tienen más peso aspectos tales como, el ser dietas que:

– carecen de fundamento claro y definido.

– limitan y prohíben alimentos básicos.

– no corrigen hábitos alimenticios. Efecto rebote.

– gran restricción calórica y consecuentemente de nutrientes.

– a largo plazo son contraproducentes para nuestra salud.

 

Los resultados y consecuencias directas de su práctica llevan a:

  • descalcificación ósea y daños renales por exceso de nitrógeno, 
  • fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono, ya que la glucosa, un substrato deficiente aquí, es la principal fuente de energía para el organismo. Además este déficit de carbohidratos produce un exceso de acetona y otros cuerpos cetónicos en el organismo (cetosis), ya que el cuerpo se adapta a la situación y utiliza las grasas como substrato energético con el fin de evitar la degradación de proteína muscular y visceral. Como consecuencia de la cetosis se produce halitosis, pérdida de apetito y sensación de náuseas. 
  • estreñimiento, por el escaso aporte de fibra.
  • gran pérdida de líquidos y electrolitos, lo que favorece la deshidratación y en consecuencia el déficit en vitaminas hidrosolubles. 
  • elevación de los niveles de colesterol y triglicéridos.
  • aumento de los niveles de ácido úrico, pudiendo provocar ataques de gota en personas con hiperuricemia. 
  • pérdida de proteína muscular e incluso proteína visceral, puesto que el organismo la emplea como fuente de energía. 

 

¿Merece la pena no buscar tu equilibrio y  alimentación sana?

 

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