Todos los seres humanos deseamos disfrutar de la vida y ser felices, y eso es lo contrario de llevar una vida descentrada. Dicho de otro modo, si queremos alcanzar la felicidad necesitamos saber cómo centrarnos.
Estar centrados significa actuar equilibradamente y de forma apropiada ajustándose a las circunstancias. También incluye la capacidad de mantenerse estables ante la adversidad, es decir, seguir en nuestro sitio cuando la vida nos golpea o los acontecimientos parecen conducirnos a una especie de cuesta arriba perpetua.
Estar centrados podría definirse como el arte de vivir conectados con nuestro Centro Vital Global, que no es más que aquel núcleo fundamental sobre el cual gravita nuestra vida y que sirve como referente de nuestras acciones.
En toda persona diferenciamos varios tipos de centros. Por un lado, tenemos el Centro Físico, lo que sería el centro de gravedad, el cual juega un importante papel para el mantenimiento de una correcta postura corporal y para un equilibrio apropiado durante el movimiento.
También es posible hablar del Centro Emocional, es decir, aquella emoción nuclear básica sobre la que gravita todo nuestro sistema afectivo. Lo ideal sería que dicho centro correspondiese con el Amor y la Compasión, como núcleos fundamentales del resto de las emociones. Sin embargo, la realidad es otra y, lamentablemente, es bastante frecuente que el Centro Emocional de la mayoría de las personas se corresponda con el miedo, con todo lo que ello implica a nivel individual y social.
Otro de los centros del ser humano es el Centro Cognitivo, que es el que se relaciona con el pensamiento, el razonamiento y la manera lógica de gestionar las informaciones. A veces puede estar muy conectado también con el Centro Espiritual. Podríamos convenir que en un contexto de desarrollo humano, tanto el Centro Cognitivo como el Espiritual al que aspiramos, es La Sabiduría Trascendental.
Este tipo de sabiduría no tiene nada que ver con la acumulación enciclopédica de conocimientos, ni con los títulos universitarios, sino con la visión clara y profunda de quiénes somos y cómo funciona la realidad más allá de la apariencia y los engaños de la mente.
Los seres humanos podemos descentrarnos a distintos niveles: físicamente, emocionalmente, cognitivamente y espiritualmente, lo cual dará lugar a una vida insatisfactoria y sufriente.
Si reflexionamos sobre lo anterior deduciremos fácilmente que todas aquellas personas que aspiren a una vida más armónica y feliz, habrán de cultivar la capacidad que denominamos Centramiento.
Desde el punto de vista Sofrodynámico planteamos el Sistema E.C.A. como un modelo de análisis y de entrenamiento que nos proyecta hacia la indagación y el desarrollo de las cualidades del Enraizamiento, del Centramiento y del Alineamiento.
En el caso concreto del Centramiento trabajaremos a nivel físico mediante la realización de diferentes ejercicios corporales. Y en el resto de los niveles aplicaremos la indagación sofrodynámica de tipo meditativo y reflexivo.
Entrenar y desarrollar el Centramiento quiere decir llevar a cabo una serie de prácticas a diferentes niveles. Dicho entrenamiento está constituido por una serie de conocimientos y estrategias que nos permite conectar y experimentar nuestro Centro Vital Global.
Cuando a través del trabajo propuesto realizamos dicha conexión, desarrollaremos una mayor estabilidad frente a las adversidades (resiliencia) y dispondremos, además, de una especie de puerto seguro en el que atracar cuando las tempestades de la vida aparezcan y sintamos como si todo se fuese a derrumbar.
En esos momentos difíciles de la vida, la conexión con el Centro Vital Global será nuestro punto de anclaje y nuestro refugio seguro.
