Las enseñanzas del sentido común (III)

LA MEDICINA QUE NO SE TOMA NO PUEDE CURAR:

Cuando escucho cosas como “la teoría ya me la sé, he leído mucho, pero la práctica…”, no me queda más que apelar de nuevo a la paciencia y volver a explicar una vez más lo que tantas veces he repetido, y es que por mucho que leas libros sobre natación, no aprenderás a nadar si no te tiras al agua.

Esta obviedad, es algo que todos entienden pero que no todos lo asumen en sus acciones diarias.

Porque hay personas que hacen un seminario o un taller de autoconocimiento o de crecimiento personal y lo acaban igual que lo comenzaron, sin  ningún cambio transformador.

Son aquellos que por diversas razones, todas más o menos justificadas, no se implican demasiado en la práctica que conlleva cualquier disciplina y dejan languidecer todo aquello que en su momento aprendieron y que podría haberles servido de ayuda real, de haber seguido las instrucciones precisas.

Una cosa es oír, otra escuchar, otra comprender y otra bien distinta comprometerse en la práctica. Y para que una práctica sea completa se requiere, además de una buena motivación, un compromiso auténtico por parte del alumno.

Sabemos que para aprender y avanzar en cualquier materia no hay nada como la práctica continua, no sólo la lectura de textos o la asistencia a los cursos, cosas ambas que, siendo importantes, no son suficientes por sí mismas.

De la misma forma que, por mucho que hayas leído y memorizado el prospecto, difícilmente podrá curar un jarabe para la tos si se queda en la estantería y no se toma, igualmente, cuando aquello que debe ser entrenado y practicado no se hace, entonces no producirá ningún efecto ni ninguna transformación. Nuestro aprendizaje habrá sido de Nivel Cero, como diría Gregory Bateson, haciendo referencia a aquellos aprendizajes que en nada modificaban a quienes los recibían.

Por tanto, en la búsqueda del bienestar, no basta con ir a talleres y  a seminarios, ni con leer libros de autoayuda. Es necesario algo más. Y ese algo consiste en dejarse inundar por las enseñanzas y practicar lo que se ha aprendido, ya que sólo eso, a modo de una buena medicina, producirá su efecto.

Así que, igual que “la medicina que no se toma no puede curarnos”, la práctica que no se realiza no puede cambiarnos.

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