Editorial de febrero de 2013

almendro en florComenzamos el segundo mes del año, un mes en el que destacan dos célebres festividades, San Valentín y El carnaval. La una ensalza el amor, la otra el aspecto más lúdico de la vida, así como el desenfado trasgresor en estas fechas permitido.

No sé muy bien cuál es la razón, pero los datos a nivel mundial nos dicen que febrero aporta la mayor tasa de natalidad del año. Tal vez por eso, en algunos lugares se le conoce además de como “mes del amor”, como “mes de los cumpleaños”· No estoy seguro de que este dato sea válido para España.

En estas fechas, también, nuestros campos mediterráneos se engalanan con un sutil toque de especial belleza cuando contemplamos la inmaculada blancura de los almendros en flor, árbol éste relacionado con San Valentín. Y comienzan a brotar por doquier las primeras florecillas, preludio de la muy próxima primavera.

Cuenta la leyenda, que Valentín, sacerdote romano del siglo III de nuestra era, celebraba en secreto las bodas de losSAN VALENTIN
jóvenes enamorados que querían casarse, desafiando con ello al Emperador Claudio II, ya que éste las había prohibido. No le importó al valiente sacerdote cristiano sufrir cárcel y posterior martirio y muerte, antes que renunciar a consagrar el amor de los jóvenes que se lo pedían. Cuenta también la leyenda, que una ciega a quien milagrosamente devolvió la vista, plantó en su tumba un almendro que instantáneamente floreció. Es por eso que se considera al almendro como el árbol que simboliza el amor duradero.

Y es curioso, pensaba yo, que cuando investigamos en nuestras costumbres y tradiciones siempre encontramos en sus orígenes historias de héroes virtuosos, personas abnegadas, ejemplos inspiradores a seguir. Incluso admitiendo lo novelado de algunas de las versiones, es bastante plausible que un cierto fondo heroico de verosimilitud y virtud existiera en cada una de ellas.

Me pregunto qué sucederá dentro de unos siglos, cuando trovadores del futuro traten de narrar las leyendas de nuestros destacados líderes actuales.  Posiblemente los venideros rapsodas, que supongo que más que cantar colgarán en el ciberespacio las grandes y numerosas sagas actuales, habrán de glosar las historias de los “Trinconeti” de turno, quienes TRINCONETIcon sólo dos manos hacían desaparecer el dinero ajeno con gran arte de magia y hechicería, como si tuviesen tentáculos más poderosos que el pulpo del capitán Nemo; o las nuevas “Leyendas Artúricas” a propósito del reino “comisionilandia” o “el país que nunca existió”. ¿Qué glosarán las futuras generaciones a propósito de “Urdangarinia”, el país del príncipe del “talon-mano”? ¿Y qué creen que se  narrará a propósito del “Imperio de Barcinia”, con el tejedor de redes inescrutables? Todo un misterio que los futuros habitantes del planeta tendrán la dicha de conocer.

En fin, sólo por morbosa curiosidad, me gustaría pegar la orejilla para escuchar las épicas narraciones de nuestros “héroes” actuales que, salvando las distancias, en nada desmerecen en cuanto a tamaño y fantasía a las aventuras de la Ilíada o la Odisea, pero que distan mucho en cuanto a honor o espíritu de sacrificio.

Este año se ha hablado poco, al menos así lo he percibido, de la cuesta de enero. Tal vez porque se haya mencionado más de la cuesta completa, larga y dura de todo el 2012, mientras además andamos todos preocupados con las nuevas rampas que nos quedan aún por salvar, tipo “Col du Tourmalete”, para este recién iniciado 2013.

Pero en estos días, lo que realmente me está preocupando, tal vez por proximidad, es esa creciente pandilla de apandadores (=aquel que trinca algo ajeno con ánimo de apropiárselo) que pululan no sólo entre los medios políticos, a los cuales ya estamos desgraciadamente acostumbrados, sino, y esto es más decepcionante aún, incluso entre el ámbito académico y universitario.

Son esos tipos que, valiéndose de sus cargos, cogen y presentan un trabajo ajeno como suyo. Los que te piden que le pases unos folios para “compartir” lo que estás haciendo y “asesorarte” con su supuesta sapiencia, y después te enteras que lo ha mandado a una revista para publicar, por supuesto como autor principal. Son esos a los que les gusta más una foto de una inauguración que el trabajo diario que necesariamente se encuentra detrás de todo logro.

A pesar de esta sensación de sentirme como flotando en un océano pútrido lleno de voraces tiburones, soy de la opinión de que las aguas, más tarde o más temprano, vuelven a sus cauces. Y que, con el tiempo, las cosas se ponen en su sitio.

También soy de la opinión de que los farsantes son prescindibles, pero quienes trabajan no. Y además estoy convencido de que, de un modo u otro, es el trabajo, el esfuerzo y la entrega lo que a la postre dará los mejores frutos.

Tal vez, lamentablemente diría, esto último no sea suficientemente valorado por nuestra sociedad actual que parece preferir el camino rápido hacia un evanescente éxito a través de “la senda del pelotazo”, pero en lo que se refiere a la satisfacción interior y a la impagable sensación de estar en paz consigo mismo, con nuestros ideales y con nuestro modo de ver el mundo, es la actitud de entrega y compromiso la única que verdaderamente merece la pena conservar.

Por eso, en el fondo me queda la esperanza de que los bardos que habiten en el futuro no glosen a los personajes antes mencionados, sino a toda esa pléyade de pequeños o grandes héroes anónimos que diariamente hacen que las cosas funcionen. Son esos héroes ignorados quienes a través de su lucha, su compromiso, su entrega y su solidaridad, constituyen el sustento y la red que permite que los más desvalidos puedan salir adelante. Ellos sí merecen una verdadera Saga, con mayúsculas.

Con este soplo de esperanza, os animo a que conservemos intacta en nuestra mente y en nuestro corazón la blanca imagen de la flor del almendro como símbolo del amor capaz de vencer las oscuridades de nuestros días.

Feliz febrero

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