Tener la edad que tengo tiene sus inconvenientes (mis huesos y articulaciones me lo recuerdan a diario), pero también sus ventajas. Una de ellas es gozar de una perspectiva única que solo los años te aportan, sobre todo cuando durante décadas te has mantenido interesado en un tema determinado como es la salud en mi caso. Si es cierto el dicho de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, entonces he debido de acumular una buena dosis de sabiduría. Y una de las cosas que he aprendido y me gustaría compartir es la convicción, cada día más fuerte, de que poseer una mirada crítica es importante en el campo de la salud.
Entiendo por mirada crítica la capacidad que tenemos los seres humanos para analizar la realidad y, sobre todo, cuestionar la información que nos llega, evaluándola y sacando las conclusiones oportunas para aceptarlas como verdaderas o no. Esta mirada crítica es importante en cualquier ámbito de la vida, pero en el de la salud resulta imprescindible, ya que nos previene de la creciente manipulación a la que nos vemos sometidos.
Una de las cosas que más me llaman la atención es que en los últimos años han sido numerosos los estudios que se han centrado en averiguar los mecanismos a través de los cuales se puede influir en la población para conseguir una respuesta deseada. Una vez descubiertos dichos mecanismos, muchas veces inconscientes, se pueden utilizar para que llegue al público y cale el mensaje que queremos transmitir, sea este verdadero o no.
Las propuestas en este campo suelen basarse en el uso de los sesgos cognitivos (como el de la autoridad o el del rebaño, etc.), así como en manipular ciertas debilidades emocionales o en dar respuestas a determinadas necesidades psicológicas.
Por ejemplo, en referencia al sesgo de autoridad se asume que la palabra de “los expertos” es incuestionable. Cuando ellos te aconsejan tomar tal o cual cosa, nadie lo pone en duda. Lo curioso es que se ha documentado que muchos de esos expertos reciben cantidades nada despreciables de las compañías que venden los productos que ellos mismos aconsejan. Fue paradigmático en Estados Unidos el caso de la autorización de la Oxicodona (Purdue Pharma), que causo tantas muertes y adicciones. El funcionario de la FDA que firmó dicha autorización, curiosamente acabó trabajando para la farmacéutica por un salario significativamente mayor.
Otro ejemplo relevante son el de los “comités de expertos”. Crear un consenso, para bajar los niveles de un parámetro biológico (tensión, colesterol, etc.) a partir del cual habrá de tomarse una determinada medicación, se traduce en millones de dólares de beneficio para las farmacéuticas. Esto, cuando menos, da qué pensar.
Por otro lado, existen propuestas que suelen incidir profundamente en la mente de los usuarios. Son aquellas que aconsejan algo “por nuestro bien”. Así, cualquier restricción como no salir de casa o limitar ciertas conductas, se fundamentará en que es “por nuestro bien”. ¿Quién puede negarse a hacer o dejar algo que es por nuestro bien?
El miedo es otro de los mecanismos más utilizados para manipular a la población. Si te dicen “ha muerto un gran número de personas por tal causa, pero ninguna de ellas tomaba el producto “plim”, pero no te preocupes porque si tú lo tomas estarás protegido”. ¿Quién no se tomaría tal maravilla de producto?
¿No resulta curioso que el Premio Nobel de Economía del año 2002, Daniel Kahneman (compartido con Vernon L. Smith), se le otorgase a un psicólogo y no a un economista? La mencionada distinción la obtuvo por sus trabajos acerca de la influencia de las emociones en los procesos de decisión económica, sentando las bases de la llamada “economía conductual”. Dicho de otra forma, si podemos influir en las emociones de las personas incidiremos directamente en lo que ellas deciden a nivel económico y, más allá de este aspecto, también en la salud y en cualquier otro campo.
Estoy convencido de que para promover una auténtica salud integral del ser humano, habremos de ir más allá de la mera suplementación nutricional o del correcto estilo de vida, que siendo fundamental no es totalmente suficiente. Así, desde mi punto de vista, la promoción de la salud ha de incluir también el desarrollo de una visión crítica y fundamentada de cuanto socialmente acontece a nuestro alrededor, fomentando para ello el uso de las capacidades intelectivas, emocionales y relacionales, cultivando el pensamiento crítico y, desde la humildad, asumiendo aquello que honestamente nuestro raciocinio nos muestre como cierto.
Para finalizar querría insistir en que, si aspiras a vivir una vida más saludable, habrás de incluir en tu plan de acción el cultivo de una visión crítica de la realidad.
