Las relaciones curativas en Sofrodynamia®

El ser humano no vive solo, ni aislado, sino que se realiza gracias al contacto con los demás. Somos seres con capacidad de relación con otros, y es a ese nivel, en las, donde con mucha frecuencia generamos gran cantidad de conflictos.

Si pudiéramos eliminar de nuestra vida los problemas que se generan en el ámbito de las relaciones con los demás, no cabe duda que evitaríamos gran parte de sus conflictos más dolorosos que nos aquejan. Normalmente gastamos mucha energía y generamos mucho sufrimiento en el nivel relacional.

Básicamente podemos decir que existen dos tipos de relaciones posibles, las de tipo limitante y las de tipo potenciador.

Un ejemplo de relación potenciadora es aquella que incluso puede llegar a ser curativa. A este tipo de relación la llamamos “relación terapéutica”

El sentido de establecer una relación terapéutica es ayudar a la otra persona a crecer y a desarrollarse, al tiempo que nosotros también crecemos y nos desarrollamos.

Se puede decir que existen dos grandes tipos de relaciones terapéuticas:

  1. Relación terapéutica formal, que es la que se lleva a cabo en un espacio terapéutico formalmente establecido, como es el ámbito médico, psicológico, etc.
  2. Relación terapéutica no formal, la cual puede establecerse entre un amigo y otro amigo, entre un padre y un hijo, o entre vecinos o compañeros de trabajo, etc.

Una de las condiciones imprescindibles en toda relación terapéutica es que las personas que la establecen han de poner de su parte y ser capaces de hacer converger la intención y la energía en una misma dirección curativa. Esto es lo que en Sofrodynamia® denominamos Alineamiento.

Hay relaciones terapéuticas que van un paso más allá, que entran dentro de lo que sería ya el desarrollo espiritual, como es la relación que se establece entre maestro y discípulo. Este es un ejemplo de relación curativa y espiritual que debido a sus características particulares merecería un trato aparte.

Cualquier persona que haya entrado en una vía de crecimiento y desarrollo humano, ha de aprender a estar en los dos roles, en el rol de brindar nuestra ayuda y en el rol de dejarse ayudar.

En nuestra vida diaria nosotros podemos ayudar a la gente a sanar cosas sin necesidad de ser médico, psicólogo o terapeuta, pero necesitaremos tener claras unas cuantas cosas, las cuales podríamos enumerar brevemente.

1.- Ser muy conscientes de nuestros límites. Es decir, no meternos donde no dominamos, no sabemos o no llegamos a gestionar con solvencia.  Hay mucha gente metida a “pseudopsicólogos” que si se callaran prestarían un mejor servicio a los demás. Por tanto, ser conscientes de los límites que no debemos traspasar es un signo de prudencia y de sabiduría que son imprescindibles en el arte de ayudar.

2.- Estar preparados para el fracaso. Hay cosas que ni con las mejores herramientas, ni con la mejor intención, se van a solucionar del modo que nosotros creemos que se deben solucionar. Es posible que se solucionen de otro modo, o incluso que no se solucionen.

Muchas veces tenemos un gran corazón dispuesto a ayudar a la gente pero muy baja tolerancia al fracaso.

Una de las cosas que más nos daña, sobre todo cuando se trata de un ser querido, esa que queremos ayudarle pero es persona no acepta nuestra ayuda.

Debemos pues estar preparados para el fracaso y para el rechazo. En caso contrario, mejor es que no lo intentes.

3.- Observar las propias transformaciones. En la relación curativa establecemos un sistema más complejo de interacciones en el que en la medida en que yo voy ayudando algo sucede en mí. Y esto es tan notable que después de una relación de ayuda uno no ha de salir igual que ha entrado. Si ha sido una buena relación de ayuda uno saldrá mejor de lo que entró.

¿Qué quiere decir esto? Que la relación de ayuda no solo es curativa para el ayudado sino que, de algún modo, es también autoterapéutica.

4.- La relación terapéutica va a tener un componente verbal y un componente no verbal. El componente no verbal va a ser tan importante como el componente verbal o más.

También es especialmente importante el uso de las metáforas curativas. Los grandes terapeutas han utilizado mucho la metáfora para transmitir comprensiones, para hacer llegar mensajes al inconsciente, para intentar producir cambios en la persona.

Cuando establecemos una relación terapéutica, lo que nos interesa es producir un cambio en el sujeto. Esto puedes darse de distintas maneras: por una mejora de su modelo, o bien disolviendo una resistencia, o simplemente orientándose en una nueva línea de trabajo, o llevando luz a una zona no consciente, etc. Y para lograr cualquiera de los aspectos anteriores, la estructura metafórica es una herramienta muy potente.

Pero en cualquier caso, lo que no debemos olvidar es que la primera relación terapéutica la establecemos con nosotros mismos. Esa relación de autoayuda es lo que denominamos crecimiento y desarrollo humano.

Es difícil, si no imposible, construir una relación terapéutica con el otro si no somos capaces antes de establecer una buena relación terapéutica con nuestro Espacio Interior.

A modo de decálogo, podríamos enumerar las bases sofrodynámicas para una relación terapéutica

1.- Confianza plena. Esto significa que se va a confiar en lo que la persona que hemos elegido como terapeuta nos dice, aunque no entendamos todo muy bien. Es un compromiso para seguir sus instrucciones.

Si no se tiene confianza en la persona a la que se le ha pedido ayuda es mejor cambiar y buscar a otro que ir haciendo apaños raros.

2.- La convergencia de objetivos. Es importante entender que se va en el mismo barco hacia la misma dirección y esta dirección es el crecimiento personal de las dos personas que se involucran una relación curativa, cada uno de ellos desde un punto de vista. Los dos están creciendo y desarrollándose y los dos tienen el objetivo de disminuir su sufrimiento con la salvedad de que cada uno de los dos están en roles diferentes; uno de ellos es el consultor y el otro es el consultado.

Esos dos roles diferentes significan posiciones distintas, no son iguales.

3.- Responsabilidad. Entendiendo que cada uno de nosotros somos los responsables de nuestra propia salud. Desde este punto de vista la relación terapéutica sirve para:

  • Indicarnos un camino
  • Para enseñar o mostrar una técnica, una terapéutica, un medicamento, etc.
  • Para aprender a reconocer o eliminar un obstáculo.

Es decir, para tomar consciencia. La relación terapéutica es una relación que aporta consciencia.

4.- La paciencia. Es importante entender que las cosas tardan lo que tardan y no por correr más se llega antes. Es por eso que hay que tener en cuenta que a veces necesitamos muy poquito tiempo para reparar un engranaje dando un martillazo pero hemos necesitado muchos años de estudios para saber donde tenemos que dar el martillazo exactamente.

El terapeuta, a veces, necesita un tiempo extra para disponer los elementos necesarios para que en un momento dado, con un toque preciso se pueda producir el cambio deseado.

La paciencia la tiene que tener el que consulta y el consultor

La paciencia tiene que ver con que a veces podemos conocer la solución pero a la persona le falta tomarse su tiempo para poder llegar, bien porque no se encuentre en el nivel apropiado o porque no tenga las capacidades que se requieren para ello, o porque su modelo no sea lo suficientemente operativo para poder realizarel cambio.

5.- El respeto. El respeto para ser capaz de ayudar desde el modelo del otro. En ningún caso ha de ser una cosa impositiva, es importante sugerir, proponer, plantear… que es diferente de imponer.

El respeto tiene que ver con informar a la persona para que sea ella misma la que decida. Esto es distinto de hacerle decidir desde nuestro modelo. Por eso cuando se habla de tener paciencia, tiene que ver con esperar a que la persona amplíe su modelo y pueda así tomar mejores decisiones.

A veces las personas no tienen libertad para elegir porque están presas del miedo.

6.- Empatía. Es conectar lo suficiente con el modelo de la otra persona como para “acompañar” sin interferir su propio crecimiento. La relación empática es curativa porque es transformadora. La relación “simpática” no es transformadora.

7.- Honestidad. Para ser capaces de decir lo que hay que decir de la forma y manera apropiada. A veces hay que decir lo que al otro no quiere escuchar, pero es lo que necesita. Ayudar a otro no es tratar de caerle bien, es ayudarle a crecer aunque pueda ser doloroso.

8.- Reciprocidad. En lo que se refiere a la disposición de apertura y a la transparencia en el intercambio, no sólo de información sino también de experiencias y emociones.

9.- Sabiduría discriminativa. Para saber establecer las diferencias oportunas y poder darnos cuenta de lo que va aconteciendo en cada momento del proceso de relación.

10.- Aplicar el sistema de Enraizamiento, Centramiento y Alineamiento.

– Enraizamiento: Tiene que ver con nutrir, mimar… lo que cuida cualquier relación es el amor desde la presencia. También las miradas, palabras, explicaciones, tiempo extra,  etc.

– Centramiento: Tiene que ver con la estabilidad de la relación, con descubrir el núcleo sobre el que se cimienta.

– Alineamiento: Tiene que ver con la congruencia entre lo que se quiere conseguir y los medios que se ponen en juego para llegar a ello. Se manifiesta con la transparencia y la claridad.

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