Editorial de Marzo de 2013

El apelativo de”el loco”, con el que tradicionalmente se conoce al mes de febrero (febrerillo el loco), suele hacer alusión a su característica inestabilidad en la que se alternan días casi primaverales con otros de frío intenso. Mi familia me ha informado de las nieves y granizadas con las que ha finalizado un mes y comenzado otro.
Digo esto porque en estos momentos me encuentros bastante lejos, casi en las antípodas tanto geográfica como climatológicamente, pues aquí en Java (Indonesia), hace bastante calor, no tanto porque las temperaturas sean extremadamente altas, sino por el elevado grado de humedad ambiental que hace que no se pare de transpirar a lo largo de todo el día.
Por un par de semanas he desconectado de los asuntos habituales que las noticias referían últimamente. Así que de momento no conozco a los nuevos chorizos de estos últimos días, ni tampoco las subidas y bajadas de la prima de riesgo, ni tampoco las noticias más recientes sobre los nuevos casos de corrupción que hayan aparecido durante estos días, lo cual me da una magnífica excusa para no hablar de ellos y comentar otros asuntos que en el fondo me interesan más.
Un día sucede a otro día, un mes a otro mes, y apenas ha comenzado el año cuando ya inauguramos su tercer mes. La vida se nos muestra como un continuo devenir en el que el tiempo ejerce como una especie de tirano imparable que nos arrebata velozmente los fugaces momentos de felicidad que experimentamos y en cambio parece enlentecerse y expandirse cuando sufrimos debido a los acontecimientos que vivimos. Esa experiencia del tiempo causa una cierta desesperanza.
Frente a ello, marzo, siempre me ha traído un mensaje esperanzador, que después del invierno por muy crudo que sea, nace florida la primavera.
Pero durante nuestros días oscuros, pocas veces somos capaces de atisbar esa primavera que ha de venir. Y cuando vivimos la vejez, metafóricamente hablando representada por el invierno de nuestra vida, pocas primaveras cabe entonces esperar.
Son muchos los que caen en la desesperanza de para qué vivir o de qué sentido tiene todo si al fin y al cabo cualquier intento por cambiar finalizará con la muerte.
Cuando era más joven, ante mis insistentes preguntas, una vez me explicaron que el sufrimiento es “un misterio”. Algo así como que “no trates de comprenderlo que no llegarás a ningún sitio”.
Sin embargo, como no suelo hacer caso a ciertas indicaciones, esta fue una de las que voluntaria y conscientemente me salté, y he de decir que me alegro de ello, pues he podido llegar a mis propias conclusiones, más o menos acertadas pero de momento me funcionan.
En realidad no sé si el sufrimiento tiene un sentido o no. Si sé que ninguno queremos sufrir. Tampoco sé si trae una enseñanza, como opina mucha gente, o si por el contrario no trae nada. Pero de lo que no me cabe duda es que nuestra vida podrá variar muchísimo dependiendo de lo que hagamos con él. Es decir, que no depende mucho de si lo que te sucede es justo o no lo es, si te lo mereces o no, ni tampoco de por qué te ocurren estas cosas y no a otras personas. Win embargo sí que es especialmente importante lo que eres capaz de hacer con ese sufrimiento que te llega.
En este sentido marzo, el inicio de la primavera, me resulta sumamente inspirador. Para mi representa el mes de la vida que surge tras el letargo, el renacimiento tras la pérdida, la luz tras la oscuridad, las esperanza que nace desde la experiencia de desesperación.
Pero este no es un pensamiento habitual, la mayoría de personas que conozco más bien parecen habitar en un perpetuo invierno del alma. Son fríos, distantes, oscuros…
Ciertamente la vida nos trae numerosos conflictos y dificultades, algunos lo llaman pruebas. Habremos de saborear el amargo de las pérdidas (físicas o emocionales) de nuestros seres más queridos, de nuestras propias capacidades, de nuestra salud o la de las personas que queremos, etc. En el mejor de los casos, y sin que nos ocurra nada extraordinario, experimentaremos una serie de pérdidas importantes en la vida.
Entonces, si admitimos lo anterior, ¿cómo hacer para que vivir la energía de la primavera en nuestro interior?
Estoy convencido de que una actitud apropiada es fundamental para lograrlo. Opino que mirar de frente los problemas te hace estar más preparado que ocultar la cabeza como los avestruces, pero hemos de hacerlo no sólo con realismo sino también con esperanza y desde ese centro de energía poderosa que surge cuando somos capaces de unir la sabiduría con la ternura de corazón.
No sé por cuanto tiempo se prolongarán los fríos, en lo que al clima se refiere o en lo concerniente a mi propia vida, pero no quiero perder la oportunidad de que la primavera visite mi alma.
Este mes que comenzamos me ayuda a no perder de vista que he de preparar el terreno para que sea primavera en mi corazón. No es trabajo sencillo, pero creo que merecerá la pena. Tú también estás invitado a realizarlo.

Feliz marzo

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