Editorial de noviembre de 2013

noviembreRecuerdo que cuando era pequeño, una vez pasaban las fiestas del Pilar en el mes de octubre, tenía ya que vestirme un poco más abrigado para ir cada mañana al colegio sin miedo a coger frío. Recuerdo, también, que en esos días las mañanas eran frescas y, aunque más tarde el sol calentase a medio día, no había duda de que se notaba ya en el ambiente que avanzábamos hacia los fríos invernales. Ni que decir tiene que Noviembre era ya un mes netamente frío y preinvernal.

Pero parece que eso eran otros tiempos. Ahora la cosa funciona de otro modo, debido en parte al tan traído y llevado cambio climático. El clima actual nos tiene un poco despistados a todos, tanto a los humanos, como a los animales y a las plantas, que ya no saben si florecer o tirar la hoja.

Y aunque en algunos lugares de nuestro país hayan descendido ya las temperaturas a los niveles propios de estas fechas, por aquí, por el sur, disfrutamos todavía de unos de los otoños más cálidos que recuerdo. Hoy mismo, a primero de noviembre, me encontraba al aire libre, en manga corta, mientras contemplaba como a orillas de la playa había gente tomando el sol y disfrutando de unas temperaturas impropias para esta época del año.

Hemos comenzado este mes de noviembre con un estupendo puente debido a que la celebración de Todos los Santos ha caído en viernes. Así, ha habido quienes desde el mismo jueves por la tarde han podido coger las maletas y dirigirse hacia lugares de reposo, casas rurales, balnearios, etc., o bien han aprovechado para darse una escapada fuera del país.

Últimamente, es posible escuchar una especie de disputa entre los partidarios y los detractores de la celebración de Halloween, fiesta de origen celta que se celebra la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, y que cada vez encuentra más adeptos en los diferentes países del mundo, posiblemente por el efecto de las películas y series americanas, aunque no sólo por eso.

He de confesar que aunque soy partidario de conservar las tradiciones populares de nuestro país, y en ocasiones me he mostrado en contra de Halloween, tengo que admitir que últimamente he cambiado de opinión, por tres razones diferentes.

La primera es que aunque se celebre Halloween en España, he comprobado que en nada modifica las actividades que en nuestros pueblos y ciudades se suelen realizar en estas fechas, como es visitar los cementerios, arreglar las lápidas y nichos, llevar flores, realizar oraciones y hacer ofrendas de luces a nuestros difuntos. No me parece, tampoco, que celebrar Halloween le quite el pan a los tradicionales puestos de castañas, que de esos más bien se ocupan el clima y los impuestos. Además, no he observado que Halloween haga mermar la fabricación de los tradicionales buñuelos o Huesos de Santo, lo cual sería imperdonable y contaría con mi frontal oposición.

La segunda razón es que me gusta que haya un motivo para que la gente salga a la calle, que se ría, que celebre fiestas o se reúna en algunas casas a ver pelis de miedo. Y no creo que esto socave nuestra cultura popular, sino que permite un poco de humor y compañía en una sociedad normalmente más triste y más solitaria.

Y por último, y no menos importante, porque este tipo de celebraciones va siempre aparejada a un cierto movimiento económico. Hay tiendas que venden disfraces y complementos, otras que venden objetos terroríficos de todo tipo, otras venden maquillajes, telas, etc. Algunos bares, restaurantes y lugares de esparcimiento se llenan esa noche, y todo ello constituye un alivio para esos comercios en unos momentos de maltrecha economía.

No obstante, a pesar de todo lo que he dicho, a mi me siguen gustando las castañas calentitas, aunque haga calor, los Huesos de Santo y, aunque no soy mucho de cementerios, a mi manera, tengo siempre presente a mis seres queridos que ya no están entre nosotros.

Con respecto a lo que algunos opinan de celebrar Halloween, he leído en la prensa que Monseñor Rodriguez, Arzobispo de Toledo, durante su homilía del día de Todos los santos en la misa celebrada en Catedral de dicha ciudad, ha expresado su opinión de considerar Halloween como “una fiesta pagana de mal gusto”, cosa con la que se puede estar de acuerdo, o no. Y ha continuado diciendo que dicha fiesta  “busca alejarse de la religión y la fe”. ¡Hombre!, esto último lo entiendo poco, y desconozco cómo alguien tan supuestamente inteligente como el Arzobispo, ha llegado a dicha conclusión.

Tal vez olvida Monseñor, que uno de los países donde se originó dicha fiesta, y que más tarde exportó a los Estados Unidos cuando debido a la Gran Hambruna emigraron masivamente hacia allí, fue precisamente Irlanda, uno de los lugares más católicos del orbe, que además siguen siendo católicos tras años y años de celebrar Halloween. ¿Cómo explicar esto si, según Monseñor, celebrar Halloween los aleja de la fe?

Por lo que se ve, vestirse una vez al año de Frankenstein, de zombi, o de vampiro, no es más nocivo para la fe de las personas que hacerlo de Mortadelo o de Abeja Maya.

Estas declaraciones me han recordado a las que el Arzobispo de Viena, Monseñor Schönborn, realizó en el año 2001 alertando a los jóvenes sobre lo pernicioso de la lectura de los libros de Harry Potter, ya que, según su docta opinión, los podría conducir al “satanismo”. ¡Jesus por Dios, mi casa llena de esos libros y yo sin enterarme del terrible peligro que se cierne sobre nosotros!

Hace también unos años, escuché en la radio a un dirigente de una iglesia centroamericana (que no recuerdo quién era), que advertía del terrible peligro que entrañaba escuchar “Aserejé” de las Ketchup, ya que, según este señor, la letra de la canción constituía una incitación a “ser herejes”. ¡No me pregunten qué pastilla le faltó ese día por tomar a este señor que yo no lo sé!

En fin, hay gente sesuda que piensa que disfrazarte una noche te puede alejar de la fe, que  si tu hijo, o tu mismo lees a Harry Potter se puede acabar en una secta satánica, o que las Ketchup propagan la herejía mediante su profundísima canción conocida por todos.

Lo que no me queda muy claro del todo, me refiero a este último caso, es lo de la estrofa “de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de güididípi”, si constituye también algún tipo de mensaje cifrado para el levantamiento de alguna secta anticrística, o para alguna acción oculta de los Illuminati o  de algunos de grupos esotéricos que operan en la sombra. Esto constituye uno de los grandes misterios universales por resolver.

Espero que estas desafortunadas declaraciones de dirigentes eclesiásticos no empañen el esfuerzo que otros miembros de esa misma iglesia, mucho más comprometida y más en contacto con la realidad, llevan a cabo día trías día en estos momentos. Son personas que trabajan con los sectores más desfavorecidos de la sociedad (parados, inmigrantes, etc.), aportándoles una ayuda material y humana para aliviar en lo posible sus dramática situación. En ello trabajan muchas organizaciones, unas conocidas como Cáritas y otras menos conocidas, incluso también las Cofradías (que no sólo sacan tronos), las Parroquias y muchos seglares que aportan desinteresadamente su tiempo y su dinero para ayudar a quienes lo necesitan. Por este grupo de personas, vaya mi reconocimiento y mi respeto.

No quiero finalizar estas reflexiones otoñales sin comentar algunos aspectos sobre la salud, recordando que son frecuentes en esta época las patologías del aparato respiratorio, gastrointestinales, de la piel y los trastornos del estado de ánimo.

Para protegernos contra dichas patologías, hay que procurar mantener equilibrados los tres pilares de una buena salud, es decir, la alimentación correcta, el deporte moderado y el estado mental armónico.

Si además de lo anterior nos ayudamos un poco con algunos complementos fitoterápicos o de Medicina Ortomolecular, para reforzar el sistema inmunológico, mucho mejor.

No olvidemos, tampoco, otras prácticas adecuadas para mantener la salud, tales como buscar unos momentos en el día para realizar unos minutos de respiración consciente o de meditación, degustar buenas lecturas que sean agradables e inspiradoras, y rodearnos de compañías amigables con las que compartir buenos momentos. Esto forma parte de una buena higiene de vida.

Todo lo dicho anteriormente constituyen unas maravillosas herramientas, no sólo para prevenir enfermedades sino también para disfrutar del otoño tanto como podamos.

Feliz Noviembre

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