Crear espacio

crear espacioNuestra mente es el contenedor y nuestros pensamientos, emociones, recuerdos, etc., los contenidos.

El famoso maestro sufí Idries Shah afirmaba, “cuando usted diferencie entre contenedor y contenido habrá alcanzado toda la sabiduría”. ¿Qué querría decir el maestro con tan enigmática frase?

Pues que cuando nos identificamos con la naturaleza de la mente y no con lo que contiene, alcanzamos el estado de paz duradera que tanto anhelamos.

Pero la experiencia habitual de una  mente común no es esa, sino confundir el contenedor con el contenido, es decir, nuestros pensamientos y emociones con la propia naturaleza de la mente. Dicha confusión, fruto de la ignorancia como veneno raíz, es el origen de muchos de nuestros sufrimientos y aflicciones.

Por tanto, el trabajo de llegar a conectar con la naturaleza de la mente (contenedor) se nos presenta como prioritario para todos aquellos que se encuentren involucrados en un camino de desarrollo interior.

¿Cómo llegar, pues, a superar la identificación con los contenidos mentales?

El antídoto es sencillo y profundo a la vez. Consiste en conectar con la experiencia del Espacio Interior y, para ello, el primer paso consiste en lo que se denomina, “crear espacio”.

Para ilustrar lo anterior de una manera sencilla podemos comparar la mente al espacio de una habitación y los contenidos a los muebles y las personas que la habitan.

Imaginemos que todos los muebles y personas de dicha habitación ampliamente concurrida, se situasen todos tratando de ocupar un área mínima sin espacio entre ellos en una zona determinada del local. Sería un auténtico caos. No sabríamos qué muebles ni qué personas realmente están allí y, por supuesto, tampoco podríamos realizar ninguna mejora en la decoración.

Pero si reordenásemos la situación separando unos muebles de otros, unas personas de otras, si generamos un espacio apropiado entre ellos, todo el caos se transforma en algo comprensible y con sentido. Ahora sí que seríamos capaces de saber quiénes están y qué muebles contiene el recinto, y, además, también podríamos realizar los cambios necesarios para que la sala estuviese mejor decorada y fuese lo más funcional posible. Es decir, cuando generamos espacio ganamos en operatividad.

Del mismo modo podemos actuar sobre la mente. Cuando creamos Espacio Interior todo nos parece más claro y podemos diferenciar entre los contenidos y el espacio que los contiene. Porque cuando existe espacio entre los distintos contenidos de la mente, entonces es posible observarlos tal como son, e incluso podemos operar sobre ellos.

Sabemos que la antigua sabiduría budista afirma que la mente posee la dimensión del universo o, dicho de otra forma, quiere decir que es ilimitada. En un espacio ilimitado todo cabe, pero, como antes indiqué, si los contenidos mentales se encuentran colapsados, la experiencia del sujeto no es de paz sino de confusión y de sufrimiento.

Crear Espacio Interior constituye una verdadera experiencia liberadora que nos permite fluir con la naturaleza pura de nuestra propia mente. Podemos comenzar a crear Espacio mediante la observación atenta y ecuánime junto con el silencio interior. Ellas serán  dos herramientas imprescindibles.

Pero ante todo, ¡recuerda!, que tu mente no son tus pensamientos ni tus sentimientos, de la misma forma que el chocolate no es la taza sino lo que la taza contiene. No confundas, pues, el chocolate con la taza.

Esta obviedad encierra una profunda enseñanza, pero sólo para quienes tienen oídos para oír.

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