Mejorar nuestras defensas

Ante cualquier cuadro contagioso de tipo respiratorio, encontramos que hay quienes se afectan fácilmente, mientras que otros se mantienen inmunes aunque se encuentren rodeados de enfermos tosiéndoles cerca. ¿Es usted de las personas que suelen enfermar con frecuencia o, por el contrario, pertenece al selecto grupo de quienes cuando todos caen ellos siguen en pie? Si sucede esto último es porque posee un buen sistema inmunitario. Conseguir que dicho sistema funcione de forma correcta es fundamental para hacer frente a todos aquellos agentes infecciosos a los que diariamente nos vemos expuestos, tanto los habituales como los excepcionales. 

Es evidente que no todas las personas responden de la misma forma ante el mismo agente. ¿A qué se debe esto? Pues existen varios factores que explican esta diferencia. El primero de todos es la genética, la cual juega un papel muy importante en las respuestas de cada persona. Pero además de la genética, existen otros aspectos igualmente importantes, tales como el contexto ambiental, los hábitos de vida y los autocuidados de salud. 

Normalmente, para protegernos de estas enfermedades infectocontagiosas se proponen varias medidas: la vacunación, evitar la exposición a los posibles contagios y, finalmente, potenciar el sistema inmunitario. A esto último se le suele hacer menos caso del que se debiera y, sin embargo, mi experiencia me enseña la enorme importancia que tiene.

El sistema inmunitario es el que nos defiende y protege de las agresiones externas de todo tipo. Si nuestras defensas están fuertes seremos menos susceptibles a padecer la enfermedad que si dichas defensas funcionan de forma deficiente.

¿Qué debemos tener en cuenta para mejorar las defensas? Para responder a esta pregunta voy a enumerar algunas cuestiones que sería bueno atender ya que pueden ayudarnos bastante.

1.- La primera barrera defensiva que tenemos son la piel y las mucosas. La piel posee un manto ácido que sirve de protección. Dicho manto se destruye con el exceso de lavados, sobre todo con jabones alcalinos, o por la acción del alcohol. Así que cuando se aconseja lavar muy bien las manos o aplicar geles hidroalcoholicos, tenemos un efecto beneficioso por un lado, pero también un aspecto perjudicial: la destrucción de la barrera protectora de la piel. Así que, si nos vamos a lavar mucho, habremos de hacerlo con jabones de ph neutro o ácido, o bien utilizar cremas protectoras que restauren dicho mano ácido.

También conviene mantener una buena integridad de las mucosas manteniendo una perfecta higiene. Los lavados con suero fisiológico o con agua de mar, así como la correcta hidratación general, juegan un papel fundamental para la buena funcionalidad de las mucosas. 

2.- Además de lo anterior, debemos tener en cuenta que en nuestras mucosas fabricamos una inmunoglobulina, la IgA, que se encarga de neutralizar los microorganismos que llegan a ese nivel. Diversos estudios han demostrado la relación existente entre ciertas emociones y los niveles de IgA en las mucosas. Sabemos que el miedo actúa bloqueando la IgA, mientras que la risa y las actitudes optimistas la potencian. De aquí podemos deducir cuales son las emociones que debemos evitar y cuales otras habremos de cultivar para mantener un sistema inmunitario en condiciones optimas.

3.- Otro aspecto fundamental para mejorar el sistema inmunitario es la integridad de nuestro intestino. Evitar la excesiva permeabilidad intestinal (Síndrome de Intestino Permeable), evitar también las intolerancias alimentarias y mantener una microbiota en buen estado, son condiciones esenciales para que nuestro sistema inmune funcione bien. Todo ello se relaciona también con una alimentación saludable en cuanto a la cantidad y a la calidad de nutrientes, el aporte de fibra y la hidratación.

4.- Conocemos algunos suplementos que ayudan bastante a nuestras defensas. Si queremos mantener una buena inmunidad son importantes unos niveles adecuados de Vitamina D, y algunos oligoelementos como el Selenio y el Zinc. Además, disponemos de suplementos muy apropiados, tales como la Lactoferrina, la Vitamina C y el Factor de Transferencia, entre otros.

5.- La fitoterapia también es un recurso bastante interesante. Conocemos muchas plantas con propiedades inmunoestimulantes o inmunomoduladoras. Las más conocidas son la Echinacea, la Uña de Gato, el  Astrágalus, etc. Hoy día también se están utilizando algunos hongos como el Reishi, el ShiitaKe, el Maitake, el Cordyceps, el Agaricus, etc., con resultados muy notables y sobre los que se han realizado muchos estudios que avalan su acción positiva sobre distintas enfermedades. 

Recuerda que, como he dicho antes, además de la genética, también importa todo lo que cada uno de nosotros puede hacer para reforzar y mejorar su salud, en este caso más centrados en el sistema inmunitario. Conviene, pues, introducir en nuestra vida aquellas conductas higiénicas, dietéticas y emocionales que nos ayuden a reforzarlo y a estar mejor defendidos frente a las distintas agresiones exteriores.  

 

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