Alquimia interior para el siglo XXI

Cuando he paseado en plena naturaleza por un camino estrecho y poco transitado, con frecuencia me vienen a la cabeza algunos pensamientos y reflexiones relacionados con el proceso de crecimiento y desarrollo humano. Porque dicho proceso es comparable a un camino. Una senda que ha de ser transformadora, ya que la finalidad consiste en transitar desde el estado actual que tengamos hacia un estado del ser de mayor sabiduría, felicidad y paz. Pasar de un estado de infelicidad a una vida más plena es como realizar una cierta alquimia interior. 

A la mayoría de las personas, eso de la alquimia les sonará a cosas medievales, pasadas de modas y muy lejanas para nuestra mentalidad científica del siglo XXI. Algo que, nada o muy poco, tiene que ver con nosotros.

En la antigüedad los alquimistas eran a aquellos sabios que solían trabajar de forma oculta y cuyo propósito aparente consistía en lograr transformar el plomo en oro, mediante la llamada Piedra Filosofal o Elixir de la Vida, que, según las creencias de la época, además de convertir los más viles metales en oro puro, también era capaz de curar todas las enfermedades y otorgar la eterna juventud. 

Hoy día, la descripción anterior evoca creencias de tipo mágico y pseudocientífico y, por tanto, desdeñables. Pero, hay otra forma de entender el tema. Según parece, esta descripción de la alquimia puramente material y entrada en el oro, encerraba en su interior algo mucho más profundo y elevado. Se trataba de un trabajo personal de purificación y refinamiento interior cuya finalidad era la de hacer emerger en el ser humano las mejores y más elevadas de sus cualidades. Es decir, dar lugar a una transformación radical de la existencia desde los niveles más bajos de consciencia hasta un estado refulgente, comparable al oro, y que hoy día lo podríamos denominar como autorrealización o plenitud vital. Así que, desde este punto de vista, el oro material no sería más que una forma de representar el estado más puro y elevado de la naturaleza humana.

Antaño, estas enseñanzas alquímicas eran secretas. Llenas de simbología esotérica, y que sólo podían ser entendidas por aquellos pocos iniciados a quienes sus maestros habían decidido otorgar las claves necesarias para ello. 

Hoy las cosas funcionan de un modo diferente, ya que nunca antes en la historia de la humanidad hemos tenido acceso a tanta cantidad de información, ni tampoco de forma tan sencilla. Basta un golpe de click para estar al día de los últimos acontecimientos en cualquier remoto lugar del planeta, o introducirse en la base de datos de las más importantes bibliotecas, o realizar una visita virtual a los mejores museos del mundo, todo ello sin necesidad de poner un pie fuera de casa.

No cabe duda de que estas posibilidades actuales de acceso a la información contienen un enorme potencial que, bien usado, debiera hacernos más sabios y felices. Sin embargo, a poco que miremos el mundo que nos rodea, no parece que hayamos avanzado mucho ni en sabiduría, ni en felicidad. Tal vez porque no sepamos usara estas posibilidades informativas de la mejor manera posible.

Es cierto que cantidad de información no siempre va pareja a la calidad de la misma. También hemos de tener en cuenta que, a la vez que la cantidad de información aumenta, también lo hacen los bulos y las noticias falsas. Aprender a discernir entre el trigo y la paja es una tarea cada vez más acuciante y urgente. 

Al contrario de nuestros antepasados que guardaban en secreto y con sumo cuidado aquellas informaciones que consideraban de gran valor, hoy día podemos acceder a ellas de una manera fácil y sencilla. Pero disfrutar de la posibilidad de acceder a informaciones relevantes que no sabemos cómo usar, puede ser tan inútil como no disponer de ellas. Por eso considero muy importante proponer un modelo que aúne los conocimientos de las Tradiciones Ancestrales a la luz de los modernos conocimientos científicos actuales y que puedan ser presentados de la forma más didáctica posible.

Se dice que unas enseñanzas son transformadoras cuando produce en un cambio significativo en la vida del sujeto que las recibe. Lo contrario, aprender algo y seguir haciendo lo mismo, se considera enseñanza de nivel cero. Esto último es lo que sucede a aquellas personas que afirman “sé la teoría pero no puedo realizar la transformación que necesito”.

El modelo sofrodynámico te propone aprender a gestionar mejor los cambios (como por ejemplo saber  envejecer) y las transformaciones conscientemente elegidas y orientadas al desarrollo. Podrías decirse que estamos ante una alquimia interior adaptada a la época que nos ha tocado vivir.

Dicha transformación alquímica requiere del enfoque consciente de nuestra voluntad dirigida mediante un propósito concreto. Así, cualquier experiencia humana puede llegar a ser transformadora a condición de que nuestro modelo mental esté enfocado en el aprendizaje.

Para conseguir las transformaciones que queremos, es decir, para esa especie de alquimia interior, además de la voluntad, también hemos de tener en cuenta otros aspectos tales como la motivación, la consciencia discriminativa, la capacidad para formular bien los objetivos, etc. Todo ello puede ser aprendido y mejorado. Lograrlo es uno de los principales objetivos de la Sofrodynamia®.

Si queremos organizar una secuencia didáctica de cómo llevar a cabo este proceso de transformación personal, primero habremos de tener claro qué es aquello que queremos transformar y hacia donde dirigirnos. También habremos de tomar conciencia de los obstáculos que irán apareciendo en nuestro camino. Y finalmente ser capaces de generar estrategias para solventar dichos obstáculos 

Transformar nuestra vida para lograr experimentar una mayor paz, felicidad y plenitud es lo que podríamos denominar como “Alquimia Interior del Siglo XXI”.

Un pensamiento en “Alquimia interior para el siglo XXI

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