Construye el mundo que desees vivir

Construye el mundo que desees vivir

aportar paz“Si miras a tu alrededor te darás cuenta de que vivimos en un medio que no es puro, rodeado de situaciones conflictivas y en ocasiones hostiles, por eso, si deseas vivir de otro modo, entonces no podrás eludir la responsabilidad de aportar pureza, armonía y paz a tu propio ambiente.” (ANF)

Cuando recibimos amor

Cuando recibimos amor

recibir amor“Hay ocasiones en las que cuando todo apunta en otra dirección, de repente, aparecen personas generosas que gracias a su entrega disuelven los obstáculos del camino y hacen posible lo que parecía imposible. Somos, pues, receptores del amor de otros y responsables de multiplicar el cariño que recibimos” (ANF)

Maestros en fastidiarse

Maestros en fastidiarse

Maestros en fastidiarse

Hay maestros en el arte de fastidiarse ellos solos

Aunque no lo sepamos, cada uno de nosotros somos expertos en algo.

Los hay en todos los campos imaginables (deportes, cocina, ciencias, arte…), pero existe un tipo de maestría que sería mejor no tener, y es la que consiste en la de ser “maestro en crearse problemas”, sin necesitar nada ni nadie para ello.

Conozco a unos cuantos expertos en eso. Más de lo que quisiera.

Pero lo habitual es que ellos mismos no conscientes de ello y desconozcan cuan hábiles son y qué alto nivel de destrezas han desarrollado para acrecentar su propio sufrimiento.

Tal vez no hayan aprendido que podrían hacer otra cosa mejor, en lugar de fastidiarse a sí mismos y, de paso, también a quienes le rodean.

Lo normal es que se pasen la vida quejándose de lo mal que les va, o de lo poco que los comprenden los demás, o de cualquier otra cosa. Pero difícilmente llegarán a realizar activamente los cambios que necesitarían para mejorar.

Como el proceso anterior suele ser no consciente, un consejo interesante para no caer en esta ciénaga mental sería el de asumir de una vez por todas que somos nosotros mismos los verdaderos responsables de la felicidad o del sufrimiento de nuestra vida.

Y aunque resulte más cómodo echarle la culpa de nuestros males a los demás, no imaginamos lo dañino que resulta eso y, por el contrario, lo liberador que llega a ser el hecho de saberse responsables de nuestro propio destino.