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Perdonar y perdonarse

La práctica del perdón es una potente medicina para la sanación emocional

La práctica del perdón es una potente medicina para la sanación emocional

A lo largo de la vida parece que los seres humanos llevásemos una especie de libreta interior en la que anotamos los agravios que consideramos hemos padecido. Anotamos  en dicha libreta mental aquellas acciones u omisiones  que creemos haber recibido injustamente por parte de los demás, así como también por nosotros mismos. Porque, no lo olvidemos, en muchas ocasiones somos nosotros nuestros peores enemigos.

 

A partir de aquí surge la culpa, el resentimiento, la insatisfacción, el deseo de venganza, etc. Todas ellas son emociones perturbadoras que deberíamos aprender a sanar, si es que queremos vivir con mayor plenitud y paz interior. Sigue leyendo

Un mensaje de esperanza

Esperanza

En un mundo como el actual necesitamos mensajes de esperanza

Hay quienes viven la vida sintiendo que no son los protagonistas de sus propios destinos. Es como si se viesen indefectiblemente arrastrados hacia un tipo de vida que ha sido diseñada por otras personas.

En general podemos decir que muchas personas, sin ellos saberlo, han ido aceptando de manera no consciente, los diferentes papeles o roles que otros les han asignado. Sigue leyendo

Sanar las emociones desde la Sofrodynamia®

LAs emociones

Los seres humanos somos seres profundamente emocionales

Cuando hablamos de emociones puede que nos estemos refiriendo a uno de los conceptos más ampliamente utilizados, no solamente en el ámbito de la psicología profesional, sino en la vida diaria y en los diálogos cotidianos.

Esto tiene la ventaja de que la palabra no es desconocida y nadie quedará fuera de la conversación por no saber de qué hablamos, pero al mismo tiempo tiene el gran inconveniente de que cada cual, al tener su propia concepción acerca de ellas, puede que al nombrarlas se estén refiriendo a realidades muy diferentes.  Sigue leyendo

El arte de dar significados

significasEn el mundo ocurren cosas ante las cuales tratamos de crear nuestras propias comprensiones para poder ajustar las respuestas de la lo mejor manera posible. Eso quiere decir que, ante cada hecho que sucede, nosotros le atribuimos un significado, lo cual nos permite darle una interpretación que nos ayuda a entender lo que pasa y a responder lo más apropiadamente que podamos.

Pero el asunto es que, ante cada acontecimiento, no existe un significado único, verdadero y objetivo, sino que cada persona construirá el suyo propio. Por eso vemos el mundo de una forma tan diferente unos de otros. No vemos el mundo como es sino como nos “parece” que es.

Dicho de otro modo, cada acontecimiento tendrá tantas significaciones como las que le quieran atribuir las diferentes personas implicadas en el mismo. Esto es una obviedad, pero muchos no reparan en ello y creen que su interpretación de las cosas es la única y verdadera, lo cual, como puede deducirse, causa más problemas que beneficios.

Ciertamente, los seres humanos somos “constructores” de significados, ya que, en función de nuestro modelo del mundo, un acontecimiento querrá decir para nosotros una cosa y, sin embargo, para las demás personas significará otra cosa diferente. Porque los significados que atribuimos a cada acontecimiento no son dados al azar, sino que se encuentran condicionados por nuestras creencias, pensamientos, emociones, etc.

El hecho de dar significado a lo que sucede puede servirnos para crecer, y entonces decimos que la significación es potenciadora. Pero también puede llevarnos al estancamiento o incluso al sufrimiento, en cuyo caso decimos que es una significación limitante.

Cuando somos capaces de construir significaciones potenciadoras incrementamos, también, nuestra capacidad para establecer conductas resilientes. Es decir, el hecho de ser capaces de fabricar “buenos significados” nos hace resistir mejor la adversidad cuando esta se presenta. Al contrario sucede si nuestro modo de dar significados a los acontecimientos es predominantemente limitante. Entonces nuestra capacidad para afrontar la adversidad, disminuye, es decir, seremos menos risilientes.

Pero la mayoría de las veces no somos conscientes del modo en el que atribuimos significados a los acontecimientos. Como se indicó anteriormente, normalmente lo hacemos en función de nuestro propio “modelo del mundo”, es decir, según la peculiar manera que tenemos para interpretar la realidad. Esta depende de nuestra capacidad sensorial, de nuestro sistema de creencias, del tipo de experiencias del pasado y el modo en el que las hemos etiquetado, así como de las expectativas que hemos generado hacia el futuro.

Si nos referimos a nuestra capacidad sensorial, ésta, a su vez, se encuentra matizada por la agudeza de nuestros sentidos, así como por el llamado “patrón de reconocimiento” que es la capacidad que tenemos para reconocer y discriminar entre distintos estímulos. También dependerá del modo en el que focalizamos nuestra atención así como del estado emocional que tengamos en esos momentos.

Si tomamos en cuenta lo explicado y añadimos que aquello que recordamos no constituye una reconstrucción exacta del hecho acontecido, sino que es una nueva recreación por parte del sujeto en la que se eliminan algunos aspectos y se aportan otros inexistentes, hemos de concluir que toda información acerca de cualquier objeto es siempre relativa, es decir, cambiará en función de quien observe dicho objeto y también desde donde lo observe.

Tomando como base todo lo anterior, podríamos deducir que una buena estrategia para mejorar nuestra vida sería la de aprender a dar significados potenciadores a los acontecimientos nuevos, así como aprender a resignificar, volver a dar significado, los antiguos.

Para hacernos más resistentes a las contrariedades propias de la vida es muy importante resignificar potenciadoramente nuestra propia historia personal. Porque dicha estrategia posee un gran poder transformador de nuestro mundo interior y un gran valor terapéutico en general.

Resignificar nuestra historia personal no tiene nada que ver con perseguir los supuestos traumas infantiles, sino con desarrollar, desde el presente, una manera más potenciadora de abordar los acontecimientos pasados y actuales, así como una forma de generar expectativas apropiadas orientadas hacia el futuro.

Lo que hemos de evitar para ser resilientes

ResilienciaLa resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a la adversidad y salir indemnes de ella, afrontándola de una manera apropiada.
Esta capacidad es universal y puede ser incrementada mediante el correcto aprendizaje. Pero para ello hemos de aprender a evitar algunas de las creencias limitantes que hacen que muchas personas no sean capaces de desarrollar una conducta resiliente.
Desde el punto de vista genérico, nos convendría abandonar todas aquellas creencias que nos limitan y nos condicionan negativamente.
Si observamos un enfoque más particular del asunto, es posible enumerar aquellas creencias o actitudes que con más frecuencia tenemos instaladas y que deberíamos saber identificar y transformar, si queremos ser resilientes.

1.- Evitar jugar ciertos roles en la vida, sobre todo el de mártir y el de víctima.
Sabemos que cada uno de nosotros asume e interpreta un cierto papel en la vida. Dicho papel condiciona nuestro modo de estar en el mundo de tal manera que hay algunos roles que nos potencian y otros que nos limitan.
Dos de los más limitantes es asumir el papel de víctima o el de mártir. Ambos impiden el aprendizaje de una sana resiliencia.

2.- Abandonar ciertas ideas preconcebidas acerca del sufrimiento, como por ejemplo que tras la pérdida de seres queridos, lo normal ha de ser la depresión o la desesperación.
Las personas que creen lo anterior piensan que “cuando te pasa esto, ya tu vida no tiene sentido, se ha acabado.”
Recuerda que lo que pensamos acerca de la felicidad o del sufrimiento puede condicionar el rumbo de nuestra vida.

3.- Evitar creer que cualquier evento doloroso conlleva siempre un trauma.
Está ampliamente demostrado que lo importante no es lo que acontece, sino el modo en el que lo afrontamos y lo que somos capaces de hacer con ello.

4.- Evitar creer que nuestro sufrimiento actual es la consecuencia de un trauma previo.
Quienes se dedican con ahínco a bucear en el pasado para encontrar las causas del sufrimiento presente, con frecuencia olvidan tomar las riendas de su vida en el “aquí y en el ahora”.
Hay personas que experimentan un trauma ante eventos mínimos, o incluso ante sucesos que no han pasado en la realidad sino sólo en su imaginación. No es necesario un daño para generar un trauma, sino una mente con tendencia a fabricarlos.

5.- Evitar dejarse arrastrar por los prejuicios y las creencias del entorno. En situaciones complicadas es frecuente que el ambiente social adquiera una gran fuerza, pudiendo incluso contagiarnos emocionalmente.
Hemos de conectar con nuestro “Centro” y con nuestras profundas convicciones para permanecer estables.

6.- Abandonar la creencia de que si no sufres mucho ante los acontecimientos traumáticos eso significa que los niegas o los reprimes.
Hemos de recordar que disponemos de muchas más estrategias para evitar o disminuir el sufrimiento, además de la represión o la negación.

7.- Abandonar la creencia de que “un niño herido será un adulto fracasado”, porque los estudios científicos actuales nos muestran lo contrario.
Nuestra vida se escribe en el presente, en cada instante que elegimos un camino u otro. No podemos seguir quedando prisioneros de nuestro pasado.

8.- Evitar la tentación de esperar una vida en la que no ocurra nada traumático o doloroso, porque en la vida suceden cosas.

9.- Abandonar la creencia de que el mundo es un lugar seguro, previsible y controlable. La realidad nos muestra que vivimos en un universo probabilístico y no en un universo de certezas. Eso quiere decir que podemos llegar a sentirnos seguros en él cuando somos capaces de descubrir la sabiduría que la inseguridad lleva implícita.

10.- Sobre todo, evita rendirte.
¿Qué hace un pájaro cuando el viento le tira su nido?, lo vuelve a construir de nuevo.
¿Qué deberíamos hacer nosotros cuando las adversidades frustran nuestros planes?

El camino de los sentidos

sentidos
Un camino es un medio para ir de un lugar a otro.
En el ámbito del desarrollo humano, decimos que un camino es la vía que hemos de seguir para conquistar las metas que nos hayamos propuesto.
Desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, existen tres caminos principales en el proceso de desarrollo humano, que no sólo no son excluyentes sino que se complementan mutuamente: el camino del cuerpo, el camino de los sentidos y el camino de la mente.
Si nos referimos al camino de los sentidos, podría decirse que es una herramienta mediante la cual, y utilizando los recursos que nuestra sensorialidad nos ofrece, podemos crecer como personas y alcanzar nuestros objetivos, en lo que a desarrollo humano se refiere.
Esto quiere decir que los sentidos, además de captar la información procedente del mundo exterior, pueden ser utilizados también para alcanzar un mayor grado de crecimiento interior mediante el cultivo apropiado de su increíble potencial.
Los sentidos son como las ventanas de la consciencia que nos permiten aprehender el mundo exterior.
Pero debemos recordar que no son sólo meros receptores fisiológicos de la información, sino que funcionan como entidades participantes, lo cual quiere decir que, influídos por nuestro estado emocional y nuestro modelo del mundo, se orientan a captar aquella parte de la realidad que consideramos significativa para nosotros.
Es por eso que no todas las personas perciben los mismos datos del mundo exterior.
Recordemos que existen procesos neurológicos que condicionan el tipo de información que recibimos, haciendo que ciertos datos sean relevantes mientras que otros no. Sin embargo, no somos conscientes de cómo realizamos dicho proceso. Entonces, ¿cómo “decidimos” captar lo que captamos”? Esta es una buena pregunta que conviene investigar.
Nuestra atención, consciente o inconscientemente, hace que nuestros sentidos se orienten intencionalmente para tratar de percibir aquello que habitualmente confirma nuestro modelo del mundo. Por eso nuestra percepción habitual suele estar sesgada y cada uno de nosotros percibe el mundo según su propia manera de hacerlo.
Entre la consciencia y los sentidos se establece una especie de bucle bidireccional, de tal manera que se influyen mutuamente. Así, el estado de consciencia en el que nos encontremos modificará la percepción sensorial que tengamos, de la misma manera que una información sensorial determinada podrá modificar un estado de consciencia previo. Eso quiere decir que la sensorialidad va a influir tanto en el estado como en los contenidos de consciencia a los que accedemos.
Dicho de otro modo, algo sucede por ahí afuera y una parte de ello lo recogen mis sentidos. A partir de aquí procesamos la información según nuestro propio modelo y procedemos a dar interpretación de lo sucedido.
Todo lo anterior no debiera constituir un problema si después de todo no tuviésemos la pretensión de creer que captamos la realidad nítidamente, ni de que nuestra interpretación sobre las cosas es la única y verdadera.
Un paso importante consiste en reconocer la subjetividad de nuestras percepciones sensoriales y de nuestros contenidos mentales, que son netamente individuales. Admitirlo, es algo que nos permite ser más operativos y flexibles con la realidad, con los demás y con nosotros mismos.
Sea como fuere, el mundo de los sentidos nos permite seguir trabajando en nuestro desarrollo personal para lograr un mayor bienestar.
Entender los sentidos de una manera activa, atenderlos, cuidarlos y cultivar nuestra dimensión sensorial, va a tener más repercusiones sobre nuestra salud y sobre nuestro desarrollo que de las que pudiéramos imaginar.

Estrategias de sanación

Estrategias de sanaciónSanar la vida es un proceso ligado al autoconocimiento y al desarrollo humano mediante el cual trascendemos nuestros sufrimientos habituales y somos capaces de vivir una vida más plena y pacífica.
A pesar de lo atractivo de la propuesta y de los beneficios que pueden alcanzarse con ella, no todas las personas están dispuestas a recorrer dicho camino, ya que conlleva necesariamente ciertas cualidades como el valor, la responsabilidad y el sacrificio, capacidades, estas, no demasiado populares en un mundo como el que vivimos. Sigue leyendo

Aprender a disfrutar de los pequeños momentos

disfrutarA la hora de proponer ciertos consejos o estrategias sobre algún tema de envergadura,  parece ser que tratar de elaborar un listado con la pretensión de que sea completo, se antoja una tarea bastante comprometida, incluso poco factible, ya que, por mucho que lo intentemos, suele quedar la impresión de que algo falta.

Máxime cuando dicho listado se refiere a un tema tan amplio y profundo como es el de aprender a disfrutar de la vida y de los pequeños momentos.

A pesar de lo anterior, voy a a atreverme a enumerar algunas estrategias sobre el tema anteriormente citado, sabiendo que lo que sigue no sólo no es en modo alguno un listado exhaustivo sobre el tema, sino un conjunto de ideas para ayudarnos a recordar, en caso de que lo hayamos olvidado, o para poner más énfasis, si es que ya lo tenemos presente, sobre algunos elementos que nos pueden ayudar a mejorar la capacidad para disfrutar los pequeños momentos de la vida diaria.

Dichas estrategias, y algunas otras más, las solemos trabajar en los grupos de Sofrodynamia® como medio de ayudar a los alumnos a llevar una vida más placentera, es decir, cargada de disfrute y de emociones positivas.

1.- Recuerda que cada momento es único e irrepetible y, por tanto, especialmente valioso. Tú también eres único e irrepetible. Toma consciencia de tu incalculable valor y vive conforme a lo que ello significa.

2.- Cultiva tu pasión. Una pasión es algo que surge del interior, algo que nos moviliza hacia una acción y que, cuando la cultivamos, nos permite disfrutar gozosamente de hacerlo.

3.- Desarrolla la generosidad, puesto que ser generoso y solidario aumenta la capacidad de disfrutar más de la vida. Se ha demostrado que ciertas sensaciones de armonía y paz se incrementan con los actos altruistas.

4.- Aprender a reencuadrar los acontecimientos vitales, especialmente aquellos que no salen como teníamos previsto. Tomarlos como un aprendizaje  en lugar de como un fracaso nos permite disfrutar de las cosas, incluso cuando los resultados no son los esperados.

5.- No corras tras metas erróneas. Las metas erróneas te harán sufrir, por tanto, cada cierto tiempo revisa si estás siguiendo el camino que has elegido para alcanzar tus propósitos de felicidad y de desarrollo.

6.-  Aprender a buscar los aspectos potenciadores de cada acontecimiento. En cada uno de ellos, incluso en los más oscuros, es posible descubrir un poco de luz.

7.- Para poder disfrutar de la vida es necesario saber disfrutar, también, de nuestra soledad. Aprender a estar solos es uno de los mejores modos de aprender a estar con los demás, sin adicciones ni apegos.

8.- Identifica tus habilidades y talentos, sobre todo aquellos que aún no has sacado a la luz. Procura descubrirlos y disfruta del placer de cultivarlos y compartirlos con otras personas.

9.- Aprende a dar gracias por todo lo que tienes, pues un corazón agradecido es un corazón feliz.

10.- Procura descubrir en cada momento y en cada situación la alegría y la bondad que sustenta la vida. Observa tu respiración y recuerda que sigues vivo.

Autocontrol no es ser controlador

autocontrolMuchas veces nos damos cuenta de que a nuestro alrededor existen personas que prefieren dedicar sus esfuerzos a tratar de controlar a los demás en lugar de afanarse en la difícil, pero provechosa tarea, de aprender a controlarse ellos mismos.

Obviamente, se trata de una estrategia psicológica, a veces no consciente, que desarrollan estos sujetos en un intento de amortiguar sus propias angustias e inseguridades, pero sucede que dicha maniobra acarrea más problemas que otra cosa.

Con frecuencia, se puede constatar que los comportamientos que persiguen la finalidad de mantener el control de los demás, no obtienen buenos resultados, sino más bien lo contrario, de tal manera que su uso continuado llegará a crear tensiones en el ambiente y en las personas sobre las que se ejerce, y, en bastantes ocasiones, suele generar otros conflictos mayores que aquellos otros que se pretendían evitar o aliviar.

Sin embargo, si esta energía que dedicamos erróneamente a tratar de controlar a los demás, la gestionásemos de modo más apropiado en orden a seguir avanzando en la senda de nuestro propio autocontrol, otro gallo cantaría.

Autocontrol es sinónimo de autogestión. Esto incluye el saber gestionar nuestras conductas, nuestros pensamientos y emociones, así como el modo en el que adoptamos ciertas decisiones vitales. Todo ello parece ser muy necesario a la hora de armonizar nuestra vida y de mejorar nuestra relación con los demás, por lo que podríamos afirmar que, avanzar en dicho autocontrol, es equivalente a aseverar que vamos creciendo como seres humanos.

En cierto modo, la práctica del autocontrol está relacionada con la batalla interior que cada uno de nosotros ha de librar para desarrollar el potencial que todos tenemos y, también, para evitar caer en las inercias de la vida diaria que tanto nos condicionan.

Dentro del concepto de  autocontrol se incluye la capacidad de ejecutar una acción y, también, la de ser capaz de dejar de llevarla a cabo, es decir, supone tanto un hacer como un dejar de hacer algo, siempre que se considere que eso es lo que más conviene.

Se relaciona, pues, con nuestra fuerza de voluntad y con nuestra libertad para elegir entre distintas opciones. Es una muestra del dominio que ejercemos sobre nosotros mismos, pero en nada tiene que ver con la negación, la represión o la ausencia de respuesta.

Habrá quien confunda autocontrol con una cierta rigidez o con la idea de que todo ha de estar previsto. Nada más lejos de la realidad, ya que la habilidad para controlarnos, no es algo que deba estar en oposición con la noción de fluir con la vida, ni con la natural espontaneidad que ha de presidirla.

Un auténtico autocontrol, sólo será apropiado cuando somos capaces de permanecer abiertos a aquellas sorpresas que la vida nos depara, dejándonos asombrar por lo inesperado y acogiendo con frescura aquello que está por venir.

Existen muchos instrumentos que nos ayudan a mejorar nuestro autocontrol, pero citaré sólo tres estrategias que me parecen fundamentales:

  1. Entrenar la respiración consciente, ya que es una de las más potentes herramientas de actuación sobre nuestro sistema nervioso, sobre los procesos de atención, concentración, el pensamiento, etc.
  2. Aprender a dejar pasar. Evitando entrar en todas las batallas (hay situaciones que es  mejor dejarlas pasar). Así evitaremos entrar en el ciclo limitante de acción-reacción.
  3. Ciertas Prácticas mentales: El entrenamiento en relajación, visualización y meditación promueven un nivel de serenidad que favorece la tolerancia a situaciones estresantes y mejoran el autocontrol.

Editorial de septiembre de 2014

editorial septiembre 2014-2015Comenzamos el mes de septiembre, al que bien podríamos denominar como el “mes de la vuelta”, porque tenemos la vuelta al cole, la vuelta al trabajo, la vuelta a la rutina de los horarios después del habitual descontrol veraniego, etc.

Es posible que para algunos sea todavía el mes de vacaciones, pero lo normal es que en nuestro medio la gran mayoría de las personas disfrute del merecido descanso entre julio y agosto.

Septiembre es también el mes de los buenos propósitos, casi tanto como lo es el principio de cada año nuevo.

Uno se plantea que ha de adelgazar esos kilos que se suelen acumular debido a la dieta veraniega de más cervecitas y tintos de verano, acompañados de las tapitas correspondientes. Nos planteamos, también, comenzar o retomar el gimnasio, matricularnos en algunas clases, como por ejemplo, clases de idiomas, de informática, de bailes de salón, de yoga, etc.

Para la mayoría de las personas que conozco, septiembre, es también una especie de mes organizativo, es decir, un mes en el que solemos funcionar como si continuásemos manteniendo el esquema estudiantil de pensar en cursos académicos.

Así, echando mano de lo anterior, voy a tratar de exponer mis propios proyectos para este nuevo curso 2014-2015, en lo que se refiere a  los diversos talleres y grupos que imparto semanalmente.

Desde hace más de veinticinco años, vengo trabajando con distintos grupos sobre aspectos relacionados con el crecimiento y desarrollo humano. En los últimos diez años, dicho trabajo se ha concretado en los grupos de Sofrodynamia® y de Entrenamiento Gyalpo.

Durante este tiempo, numerosos alumnos de diferentes edades, culturas y profesiones han trabajado con entusiasmo en estas disciplinas. Algunos de ellos han continuado recibiendo enseñanzas ininterrumpidamente desde entonces hasta nuestros días, demostrando con ello un alto nivel de compromiso y de entrega en lo que a su propio desarrollo personal se refiere.

Quiero reconocer públicamente que, estos alumnos, han significado para mi un gran estímulo al que he recurrido en no pocas ocasiones, sobre todo cuando el cansancio o los problemas de la vida diaria, hacían mella en mí.

Así que, además del afecto generado por el propio trabajo en común durante todos estos años, se suma mi agradecimiento por su fidelidad y su constancia.

He de confesar que, por diversas circunstancias, este último curso ha sido especialmente duro para mi, de tal modo que, al finalizar los grupos allá por el mes de junio, me planteaba serias dudas acerca de su continuidad a partir de septiembre. Me parecía que esto podría someterme a un esfuerzo físico y mental que podría superar mis capacidades.

Sin embargo, los días de asueto y descanso del mes de agosto han servido para recuperar fuerzas, para descansar y replantearme el nuevo curso con nuevas energías. El hecho de dormir más de lo que es en mi habitual, con siestas incluidas, ha conllevado una estupenda recuperación que espero completar, más aun si cabe, tras unos días de vacaciones en Asia a partir del 13 de septiembre.

Así que, cuando vuelva, a principios de octubre, espero poder retomar de nuevo mi trabajo con más brío e ilusión.

En lo que a los grupos de Sofrodynamia® se refiere, este año tendremos algunas novedades que comentaré brevemente.

En el Nivel Inicial he aprovechado estas vacaciones para finalizar algo que tenía pensado hace tiempo, renovar totalmente el temario, así como algunos nuevos enfoques para la dinámica de la clase. Esto hará posible que todos aquellos antiguos alumnos que deseen actualizarse o ponerse al día, puedan hacerlo de forma sencilla y novedosa.

En Sofrodynamia® concebimos el trabajo de desarrollo humano como un proceso continuo y permanente de entrenamiento de nuestra propia consciencia. Recordemos que en algunos aspectos, la mente se parece un poco al músculo, en lo que a entrenamiento se refiere, de tal manera que aquellas capacidades que no se entrenan o no se ejercitan, acabarán por disminuir y perderán el tono necesario.

Es por eso que los Niveles de Profundización y Actualización, cumplen un cometido fundamental: aportar a los alumnos que lo deseen la posibilidad de seguir avanzando en el apasionante viaje de su propio crecimiento personal.

En Profundización, nos espera un interesante curso en el que seguir indagando sofrodynámicamente sobre aquellos aspectos que nos hacen más resilientes, es decir más fuertes y resistentes, más capaces de superar el estrés y la adversidad cuando esta aparece.

Me he sentido especialmente satisfecho por el compromiso y trabajo de este grupo durante el curso anterior y espero que los antiguos miembros, así como aquellos nuevos que puedan incorporarse, sigan haciendo gala de dicha entrega y de ese estupendo nivel de trabajo que han acreditado el curso pasado.

Qué decir de los miembros del grupo de Actualización, esa especie de irreductibles que, a pesar de las inclemencias climáticas o las que a cada uno personalmente les depara su vida, se mantienen, año tras año, fieles a su cita de los miércoles.

Es para mi un placer y un orgullo compartir este espacio de crecimiento interior con un grupo en el que no sólo doy, sino que también recibo. Este grupo de los miércoles constituye para mi uno de los principales estímulos de transformación y crecimiento personal dentro de mi propio camino evolutivo.

He de resaltar que es un grupo especialmente acogedor y amigo de los disfrutes, de tal manera que, además de la seriedad propia del trabajo, son frecuentes los momentos de celebración y de distensión en este colectivo. Tengo la certeza de que los nuevos miembros, que los habrá, podrán integrarse en él sin la más mínima dificultad.

Este nuevo curso continuaremos cada miércoles con nuestro increíble reto de profundizar en los aspectos transpersonales del ser, eso sí, con los pies en la tierra, es decir, desde el enraizamiento en nuestro modelo sofrodynámico.

Dedicaremos un tiempo prudencial a explorar algunos aspectos de la sanación emocional desde el punto de vista transpersonal, una especie de “aprender a sanar heridas” que confío interese a cuantos decidan embarcarse en esta aventura de desarrollo humano.

Por otro lado, los grupos de Entrenamiento Gyalpo, presentarán también alguna novedad. A través del cuerpo, el movimiento, la respiración, etc., y, aplicando los principios sofrodynámicos, utilizamos nuestro cuerpo para armonizar nuestra existencia un poco más.

Dicho cambio consistirá en introducir algunas sesiones de Qi Gong para la salud, alternando junto a otras de ejercicios de Gyalpo, tanto conocidos como nuevos. Espero que esto permita cubrir con creces el interés de la mayoría de los alumnos.

Un nuevo curso es al mismo tiempo un reto y una oportunidad. Espero que todo el trabajo de preparación, así como el que se desarrollará en su momentos, nos sirva a todos para continuar creciendo y madurando, para continuar disfrutando del placer de aprender, así como del intercambio afectivo propio de estos grupos de entrenamiento, ya que en todo momento funcionan como auténticos grupos nutricios, tanto para mi como para cada uno de sus componentes.

Mantengo, pues, la esperanza de que en este nuevo curso, gracias al esfuerzo de todos, podamos compartir un tiempo y un espacio que nos haga un poco más felices y un poco más humanos.

¡Feliz septiembre!