10 Consejos para afrontar los momentos difíciles

Una vez atendí a un joven de veintipocos años, el cual había quedado parapléjico tras un accidente de tráfico un par de años atrás. Como la mayoría de los chicos de su edad, antes del accidente solía practicar deporte, ir de fiestas y demás salidas, con mucha actividad social en su vida. Pero ahora sabía que las cosas ya no serían como antes. Cuando comenzó a hablar conmigo, lejos de lo que cabría esperar de que estuviese triste y deprimido, encontré a un joven alegre, esperanzado y lleno de proyectos. En un momento de la conversación me dijo, “sé que no puedo andar ni hacer otras muchas cosas que hacen los chicos de mi edad, pero nunca me he sentido tan libre ni lleno de vida”. Me alegré mucho de escuchar lo que oí, y seguimos la consulta ahondando sobre el asunto que le había llevado hasta allí. 

La mayor parte de las personas en esas circunstancias estarían llenas de quejas y con un ánimo por los suelos, sin embargo este joven mostraba justo todo lo contrario: aceptación, alegría, esperanza… ¿Cómo explicar esto?

Hay quienes parecen que tengan un don natural que les permite encarar los problemas y las dificultades de tal forma que salen de ellas más fortalecidos y airosos, por muy dura que estas sean. A estas personas las llamamos optimistas, otros los llaman afortunados. Desde los años setenta se describió la “Personalidad Resistente”. Hoy se habla mucho de la resiliencia como capacidad natural de los seres humanos para afrontar la adversidad. Pero, por desgracia, la gran mayoría de las personas responden ante las dificultades de una forma bien distinta, se quedan bloqueadas  y su reacción suele ser de ansiedad, de pánico, de tristeza, etc. Con frecuencia se dicen aquello de “es que yo soy así, y no puedo cambiar”. Pocas frases hay tan limitantes como esta.

La actitud con la que afrontamos cualquier asunto puede marcar la diferencia en el resultado que obtenemos. Siempre me ha intrigado conocer aquello que marca la diferencia entre las personas que se deprimen en una situación determinada y aquellos otros que la afrontan y salen victoriosos. Creo que además de la mencionada actitud, también es muy importante el nivel de recursos de los que dispone cada persona. La buena noticia para nosotros es que ambos, recursos y actitud, son aspectos modificables y mejorables.

Cada acontecimiento de nuestra vida nos ofrece dos posibles opciones, dos posibles respuestas: la de crecer o la de limitarse. Y lo que la mayoría de la gente ignora es que la salida en una u otra dirección no depende de la cosa en sí, sino del modo en el que cada uno afrontamos lo que nos sucede. Por eso conviene preguntarse si en los momentos actuales estamos afrontando estos acontecimientos del mejor modo posible.

De la misma forma que a través del entrenamiento es posible incrementar el músculo para hacernos más fuertes y resistentes, también, a través de otro tipo de entrenamiento podemos desarrollar recursos, buenas actitudes y estados mentales más positivos, lo cual repercutirá también en la salud del cuerpo. Dicho de otro modo, podemos hacernos más resilientes. No pierdas de vista que no podemos cambiar aquello que sucede, pero sí podemos modificar la experiencia vital que obtenemos de cada evento en la vida.

Para ayudar a quienes deseen ayudarse a sí mismo a incrementar la capacidad de hacer frente a los momentos difíciles, os propondré varías estrategias que han demostrado su utilidad:

1.- Lo primero es reconocer nuestro estado mental a través de la observación atenta. Esto requiere la práctica de la atención y la consciencia discriminativa, de tal manera que podamos darnos cuentas de nuestras tensiones y también de nuestros aspectos positivos y nuestras fortalezas. Dentro de cada uno de nosotros existen más fortalezas y potencialidades de las que imaginamos. Ahora es un buen momento para explorarlas.

2.- A continuación podemos cultivar la actitud de aceptación y de acogida ecuánime. Ambas son actitudes sanadoras que os ayudan a superar las situaciones difíciles. Significa que, tanto si nos gusta lo que encontramos como si no, las cosas son como son. La negación o la queja no nos ayudarán, al contrario incrementaran el problema. Aceptar lo que hay es el primer paso para decidir la mejor manera de hacerle frente.

3.- La mejor manera de enfocar cualquier situación es hacerlo desde un deseo de aprender de ella, a esto lo llamamos “encuadrarse en un marco de aprendizaje”. Cada acontecimiento se puede abordar como algo peligroso o cómo una oportunidad para el crececimiento. La situación será la misma, pero tu posición frente a ella será muy diferente. Esta forma de ver las cosas hará que tus conductas sean más positivas y  eficaces.

4.- De la misma forma que el miedo bloquea el sistema inmunitario y nos hace más vulnerables a las enfermedades, el disfrute y la alegría lo potencia. Si quieres tener un sistema inmunitario fuerte, realiza actividades que te hagan disfrutar. Estimula tus sentidos con imágenes, lecturas, músicas, etc., que te hagan sonreír y disfrutar.

5.- En los momentos que te sientas más bajo de ánimo procura reconocer y agradecer todo aquello que la vida nos ha dado. A veces sólo lo valoramos cuando lo perdemos. Cultivar el agradecimiento abre el corazón y genera también un estado calma y de paz.

6.- Relaja la musculatura. Cuando los músculos se encuentran en tensión informar al cerebro como si estuviésemos frente a un peligro. A su vez, ante la alarma generada por este estímulo, el cerebro responde con más tensión muscular. Esto crea un bucle del que es difícil de salir. Por tanto, procura aplicar ejercicios para disminuir las tensiones musculares (relajación muscular, yoga, ejercicios de Qi Gong, etc.)

7.- La respiración en calma es el mejor antídoto ante las tensiones mentales y corporales. Procura realizar ejercicios de respiración consciente varias veces al día.

8.- Hoy día sabemos que quienes aprender a cuidarse y a quererse (Autocompasión) incrementan el bienestar y mejoran la resiliencia. Procura dedicar un tiempo para atender a tus necesidades y cuidarte como mereces.

9.- En la medida de tus posibilidades, procura mantener unos estilos de vida saludable, sobre todo en lo que se refiere al tiempo de sueño, a  la alimentación, a la suplementación, al ejercicio, etc. Tener un horario, una especie de rutina en la que organices las duración referida al tiempo que vas a dedicar a las distintas actividades, puede ser bastante útil.

10.- Procura conectar con ese espacio de consciencia que se encuentra más allá de los contenidos mentales. En dicho espacio encontramos la vivencia de paz, armonía y serenidad, que todos deseamos. Para ello utiliza aquellas técnicas de aquietamiento mental que conozcas y practícalas el tiempo suficiente para que se produzca esa apertura de tu Espacio Interior.

Me gustaría que esto que te propongo no se quedase en una mera lectura. Leer está bien, comprender lo que se lee está mucho mejor. Pero pasar a la acción poniendo en práctica aquello que consideramos apropiado, es lo que marca la diferencia entre quienes crecen y se desarrollan y los que no. 

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