Decidir se parece a cocinar

aprender a elegir

En ocasiones nos bloqueamos intentando que nuestra elección sea acertada

Conozco pocos planteamientos tan paralizantes como el que he escuchado de algunos de mis pacientes y alumnos cuando, a propósito de una decisión que deberían tomar se suelen preguntar ¿cómo sé que no me equivoco?

La respuesta que les doy suele ser descorazonadora para ellos, porque les digo que nunca tendrán la plena seguridad de acertar, porque ni conocen todos los elementos que necesitarán, ni tampoco pueden controlar todas las variables que intervienen en cada evento.

El mundo, nos guste o no, es un lugar inseguro e incierto en el que jugamos con probabilidades, no con certezas.

Sin embargo, hay personas que pretenden acertar siempre a la primera. Entonces, ante las dudas que surgen cuando sienten la necesidad de tomar cualquier decisión, suelen bloquearse fácilmente, ya que sustentan la creencia limitante de que deberían tomar una decisión tan perfecta que no haya nada que modificar posteriormente. Viven bajo el “mito de la decisión única y perfecta”, lo cual es una falacia.

Dichas personas anhelan una especie de mágica seguridad que no existe, y esperan que al tomar “la decisión”, todo funcionará estupendamente y no habrá nada que corregir. Esto es sólo un mito paralizante.

¡Despierta, espabila! El mundo no es un lugar seguro, ni predecible, ni estable, ni nosotros somos seres infalibles, ni tampoco, como dije antes, disponemos del conocimiento de todas las diferentes variables que entran a formar parte de un evento concreto.

Dicho de otro modo, nunca tendremos plena seguridad de no

No hay certezas

Nuestro mundo no es de certezas sino de probabilidades

equivocarnos. Es importante aprender a vivir con este grado de incertidumbre.

En ocasiones, para explicar lo anterior, me baso en un ejemplo culinario.

Cuando vamos a echar la sal en una comida no tratamos de acertar a la primera, sino que en función de nuestra experiencia hacemos un cálculo sobre lo que puede ser más apropiado. Después lo probamos y dependiendo del sabor que notemos, seguimos añadiendo sal, si es que está soso, caldo o agua, si es que nos resultase salado.

Si justo antes de sazonar, cuando tenemos el puñado de sal en la mano, nos preguntásemos ¿cómo sabré que no me equivocaré y que echaré la sal necesaria en el primer intento? Posiblemente seguiríamos con el puñado de sal en la mano pensando la respuesta, ya que no tenemos certeza de acertar a la primera, sólo la probabilidad basada en la experiencia.

Aprender a sazonar tiene que ver con ir ejecutando, probando y ajustando las respuestas.

Pero además tenemos otra cuestión. Una vez obtenido el guiso final, posiblemente unos los encontrarán salado, otros soso y a otros les parecerá excelente. Entonces, ante tantas opiniones diferentes ¿cómo llegaremos a saber si realmente hemos acertado, o no?

Y es que, en muchos asuntos no está tan clara la diferencia entre acierto y error, aunque muchas personas crean lo contrario.

Porque el que algo salga aparentemente mal no significa que en realidad sea malo, o que hayamos obrado equivocadamente. El que llamemos bueno o malo a los acontecimientos no significa que sean dos acontecimientos diferentes, sino dos JUICIOS diferentes respecto al mismo acontecimiento.

Desde cierto punto de vista, lo que llamamos error, es en realidad una de las mejores oportunidades para el aprendizaje, y, posiblemente, hayamos aprendido más de nuestros errores que de nuestros aciertos. Entonces ¿resulta apropiado que etiquetemos como error a algo que nos sirve para aprender?

El mismo evento puede ser clasificado por diferentes personas como negativo, positivo o neutro. ¿Cómo sabremos cuál es el verdadero calificativo?

Los eventos, simplemente “son”, mientras que los calificativos son valoraciones mentales del sujeto, no aspectos intrínsecos de la realidad.

Así que, acierto o error, no suele ser una buena manera de enjuiciar los asuntos, más bien nos interesará mucho más decidir si algo es apropiado o no para nosotros.

¿Cómo empezar a aprender este nuevo modo de ver las cosas?

Cuando una persona decide comenzar a profundizar en el modelo de entrenamiento que les planteo, la Sofrodynamia®,  habrán de modificar muchas creencias limitantes que, consciente o inconscientemente se encuentran en su modelo, como lo de que “existe una sola respuesta acertada”.

Dicho cambio ocurre como consecuencia de un proceso de aprendizaje experiencial, no como una teoría, sin embargo, tal vez, algunas explicaciones al respecto puedan resultarnos de utilidad.

Ya se ha comentado que una de las habilidades más necesarias a propósito de los procesos de aprendizaje y cambio, es la de ir realizando ajustes a través de las diferentes etapas por los que transcurre dicho aprendizaje. Es justo lo contrario a ir “a piñón fijo”, de seguir machaconamente con el “más de lo mismo”, incluso cuando constatamos que eso no funciona.

decidir y cocinar

Decidir se parece a cocinar

Con frecuencia las estrategias que aplicamos adecuadamente en un momento determinado de nuestra vida, puede que no sean apropiadas para el momento siguiente. Por eso, si lo que hacemos en un momento dado vemos que no funciona, entonces deberíamos hacer otra cosa, es decir, cambiar, realizar los ajustes oportunos.

Y realizar los ajustes convenientes en cada momento es lo que cada día hacemos en casa cuando cocinamos, porque a lo largo del proceso de elaboración de la comida solemos ir realizando ajustes en diferentes aspectos, tales como la temperatura, los aliños, el agua que se ha de añadir o no, etc.

Hemos de tener presente que, cuando comenzamos a cocinar, nunca tenemos seguridad absoluta de que el plato salga como deseamos. Eso sí, mientras más adiestrados estemos en el arte de realizar ajustes más posibilidades tendremos de tener éxito.

Si trasladamos esta analogía culinaria a la vida diaria, podremos comprender que mientras  más nos entrenemos en aplicar ajustes y correcciones, más hábiles nos tornaremos respecto “el arte de decidir”.

Por eso, en cierto modo, podría decirse que existe algún parecido entre el “arte de decidir” y el “arte de cocinar”.

Así que, no olvidemos algunos de los factores fundamentales que hemos de tener en cuenta para no bloquearnos en ciertas decisiones:

a) Eliminar las creencias limitantes

b) Sustituirlas por otras creencias potenciadoras

c) Practicar el arte de realizar ajustes (como cuando cocinamos)

d) Disfrutar del hecho de fluir al tiempo que realizamos diversos ajustes

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