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Elegir y asumir

Elegir

No elegir es también una elección

A lo largo de la vida vamos realizando infinidad de elecciones. Algunas de ellas poco relevantes, en cambio otras marcarán cambios especiales en nuestra vida.

Sea como fuere, el hecho es que no podemos dejar de elegir, ya que incluso cuando no optamos por algo, eso, en sí mismo, constituye ya una elección.

Algunas personas muestran una cierta dificultad a la hora de realizar elecciones, pues no están seguros de si acertarán o no. Pero para otros, lo verdaderamente dificultoso no es elegir, sino asumir las consecuencias de lo elegido. Sigue leyendo

La queja limitante y la queja asertiva

LA QUEJALa queja es una expresión frecuente cuando sentimos que alguien nos trata mal o que en la vida suceden cosas que creemos que no nos merecemos.

Habitualmente la consideramos como una expresión normal, porque se piensa que si las cosas son  malas o injustas, al menos, nos queda el derecho al pataleo. En ese sentido, la queja, es la expresión de una cierta insatisfacción o desacuerdo, ya que nos quejamos cuando pensamos que no recibimos lo que creemos justo. Sigue leyendo

Importancia de la disciplina

disciplinaHay veces que hemos de realizar alguna tarea pero parece como si nuestra mente nos dijese lo contrario. Nos susurra sutilmente que no nos apetece demasiado hacer lo que sea en ese momento, y entonces buscamos alguna excusa lo suficientemente buena como para demorarlo o no hacerlo.

Las excusas son razonamientos cuya finalidad consiste en aquietar nuestra consciencia, por eso han de ser lo suficientemente plausibles como para que nosotros mismos nos las lleguemos a creer. Esto es bastante frecuente, y para muchas personas incluso les parece normal. Se dicen a sí mismos “¿por qué hacer algo que no me apetece?”

Pero para aquellos que hayan elegido realizar un trabajo personal en el sentido del desarrollo humano, este modelo no resulta válido. No funciona, porque evitar hacer lo que debemos o demorarlo, no suele ser una buena solución. Tampoco nos ayuda a alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.

Entonces, qué hacer cuando el cansancio, la pereza o cualquier otro estado emocional o mental nos invitan a no hacer lo que deberíamos.

Pues para solucionar esto echamos mano de la disciplina.

En ciertos círculos parece como que no tiene demasiada buena fama, tal vez porque lo confundan con autoritarismo o con la disciplina externa de ciertas organizaciones o sectas. Además, en una sociedad donde se preconiza “lo rápido, “lo fácil”, “hágalo sin esfuerzo”, etc. ¿qué valor tendría ser disciplinado?

Hay que aclarar que cuando hablamos de desarrollo personal, la disciplina a la que hacemos referencia es una disciplina interna, y la podríamos definir como aquella capacidad que nos permite mantener la coherencia necesaria para cumplir con nuestras propias reglas, según nuestras propias elecciones y convicciones.

Por tanto, más que a unas normas externas me estoy refiriendo a la autodisciplina como capacidad de nuestra consciencia para gestionar mejor nuestros actos. Tener autodisciplina es como hacerse “discípulo de uno mismo”. Tú eliges qué cumplir y generas el compromiso de hacerlo.

También podríamos decir que disciplina es la capacidad que nos permite llevar a cabo aquellas cosas que son necesarias para obtener nuestras metas, aunque no nos guste demasiado el esfuerzo que hemos de realizar.

Por tanto, la disciplina, hace posible realizar una acción independientemente de nuestro estado emocional (hacer lo que tienes que hacer, tanto si te apetece como si no). Es una herramienta que nos ayuda a superar los estados emocionales de apatía, indiferencia, tristeza, hastío, etc. Nos saca de la inmovilidad, la pasividad o el bloqueo mental. Por tanto, es bastante más importante de lo que muchos piensan.

Algunas personas la confunden con la fuerza de voluntad, y la verdad es que se encuentran íntimamente relacionadas. Pero para diferenciarlas, podría decirse que, si bien la disciplina nos permite cumplir con nuestras normas internas, la voluntad aporta la fuerza que nos posibilita hacerlo. Dicho con un ejemplo, la voluntad es comparable al motor de un coche, mientras que la disciplina es como el volante. Una da la energía para el movimiento, la otra la dirección.

Desde el punto de vista sofrodynámico, cuando aplicamos la disciplina, debemos considerarlo como un esfuerzo positivo orientado hacia nuestras metas, en lugar de una negación o una renuncia a algo.

También entendemos que está muy relacionada con la firmeza, es decir con la capacidad para mantenerse estables realizando un acto para conseguir un propósito.

Cuando la recompensa es inmediata no suele hacer falta ser muy disciplinados, pero cuando la recompensa es diferida necesitaremos echar mano a nuestra autodisciplina para conseguir lo que nos proponemos.

Como otras tantas capacidades de nuestra consciencia, la disciplina, puede incrementarse mediante el entrenamiento. En cierta medida se parece a un músculo que si no se ejercita se atrofia y si se entrena se fortalece.

Desarrollar la disciplina posee múltiples ventajas, ya que es una de las herramientas claves para alcanzar el éxito. También nos enseña a atender a nuestros compromisos y a focalizar el esfuerzo.

Pero la disciplina ha de encontrarse alejada de la excesiva exigencia o del autocastigo. Es un error exigirse demasiado cuando no se está preparado para ello. Eso sólo genera infelicidad y frustración. Por eso, además de ser disciplinados, hemos de echar mano a nuestro corazón benevolente para tratarnos a nosotros mismos con la amabilidad y el respeto que merecemos.

Por tanto, recuerda siempre que ser disciplinados no está reñido con la ternura ni con la amabilidad hacia tu propia persona.

Editorial de junio 2014

editorial de junioNos encontramos a las puertas del verano y resulta francamente extraño comenzar con lluvia los primeros días de un mes como junio.

Pero así ha sido. Cada vez el tiempo está más raro, aunque recordemos que los antiguos decían aquello de que “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”. ¡Por algo sería!

Supongo que estas lluvias no sean más que una cosa esporádica y a partir de ahora, previsiblemente, las temperaturas tenderán a aumentar, como es normal en esta época del año. No obstante, con aquello del cambio climático cada vez resulta más difícil realizar predicciones certeras acerca del tiempo y de las temperaturas.

Para algunas familias estos días de junio son una fechas emocionalmente intensas, pues muchos alumnos acaban el bachiller y se gradúan en sus respectivos colegios o institutos. Y casi sin solución de continuidad, comenzarán su preparación para los exámenes de selectividad que tendrán lugar a mediados de mes (más o menos).

A partir de ahí se incrementa la incertidumbre de si entrarán o no en la carrera que quieren realizar o en la facultad en la que desean estudiar.

En mis tiempos todo esto era bastante más fácil. Al menos no lo recuerdo con ese estrés con el que se vive ahora.

Cuando finalicé COU, fui al Instituto, me dieron las notas y ya está. Ni fiesta, ni ceremonia de graduación, ni nada de nada. Después te examinabas de selectividad y tenías menos nervios para elegir ya que, por un lado no había nota de corte, así que entrabas donde solicitabas, y, por otro lado, había menos carreras para elegir, así que la elección planteaba menos dificultades que ahora.

Además, la mayoría de los alumnos solían estudiar en su ciudad de origen, a menos que no existiese allí la carrera elegida o que la familia tuviese una buena posición económica y enviase a sus hijos a alguna prestigiosa facultad nacional o foránea.

Ahora, cuando hablo con chavales de segundo de bachiller siempre les pregunto, y qué quieres hacer. Hay de todo, quien lo tiene muy claro y quienes a pocos días de tener que rellenar su solicitud aún no saben qué carrera elegir.

Alguno me ha preguntado acerca de que le aconsejaba yo, por aquello de que los conocía desde pequeños. Mi respuesta es siempre la misma, “elige aquello por lo que sientas pasión”.

Porque estoy totalmente convencido de que la pasión es un ingrediente fundamental del éxito y de la felicidad, ya que aquellas personas que disfrutan con lo que hacen, más tarde o más temprano son exitosas y viven más felices.

Claro está que tendría que aclarar un poco qué es lo que entiendo yo por éxito, porque mi comprensión no es la habitual.

Para la mayoría de las personas, ser exitosos en la vida significa triunfar con un buen puesto de trabajo y, como dicen ahora los chavales jóvenes, “estar forraos a los treinta y cinco o cuarenta”.

Es posible que muchos de los que consiguen lo anterior se sientan afortunados y exitosos. Yo no tengo nada en contra de ello. Más bien tengo algunas preguntas y ciertos matices.

Desde mi punto de vista el éxito no lo mide el nivel socioeconómico alcanzado, aunque esto pueda ser importante, sino más bien el nivel de satisfacción personal que encuentras con lo que haces.

El éxito, según entiendo, tampoco tiene que ver con la fama alcanzada, sino con la coherencia interna con la que vivas y con la experiencia de estar viviendo una vida significativa para ti y para quienes te rodean.

Si además de esto, “estás forrao”, pues mejor. Pero si para conseguir más dinero has de traicionar tus ideales, enterrar tus sueños o vivir de un modo que no quisieras, pues entonces habrías de replanteártelo, a menos que quieras vivir “exitosamente infeliz”.

Porque, posiblemente, al final de nuestros días no pensemos en cuanto dinero hemos ganado o en cuantas medallas nos colgaron, sino que habremos de enfrentarnos desnudos y sin equipaje al más implacable de los jueces, nuestra propia consciencia, para dar buena cuenta de sí realmente vivimos con amor y con honor. Entonces sabremos, sin lugar a dudas, si fuimos exitosos o no.

Personalmente estoy convencido de que es difícil sentirse exitoso si no te honras a ti mismo. Y nos honramos cuando seguimos nuestras profundas convicciones, nuestros sueños e ideales, en lugar de renunciar a ellos por un puesto más seguro o por un sueldo más alto.

Tal vez para conseguir lo anterior debamos de aprender a correr algún riesgo, cosa que parece poco popular hoy día. Y también tener presente que quizás pasemos por momentos difíciles y que nos hagan dudar de si realmente mereció la pena el esfuerzo realizado y los sacrificios vividos.

En esos momentos, la esperanza, la disciplina, la perseverancia y otras muchas cualidades mentales vendrán en nuestra ayuda para confirmar que quien sigue su voz interior y lucha honestamente, con convicción, por seguir su propio camino, más tarde o más temprano, conseguirá el éxito que tanto ansía.

Por todo ello, cuando, como dije antes, me preguntan acerca de que les aconsejaría estudiar, siempre les digo “sigue tu pasión, trabaja en lo que te guste y en lo que te sientas realzado”.

Algunos ponen cara rara y me dicen, “es que me han dicho que lo que yo quiero hacer tiene pocas salidas”. Entonces les respondo, “para alguien que ama su trabajo, se apasiona con ello y enfoca su energía en hacerlo lo mejor posible, la salida siempre aparece”.

Pero has de tener presente que este no es el camino de los mediocres, sino de los guerreros.

Así que la pregunta crucial no es qué carrera has de elegir, sino si estás dispuesto a luchar por tus sueños, es decir, si quieres ser un guerrero.

Porque cuando respondas a esas preguntas, el camino se abrirá claro y nítido frente a tus ojos.

Cambiando de tema, en otro orden de cosas, recordar que este año el Solsticio de Verano caerá el 21 de junio, momento en el que debido a la posición del sol el día alcanzará su máximo de duración y la noche el mínimo, marcando el comienzo del verano.

Las fiestas solares de San Juan, con su simbología de fuego y las numerosas tradiciones y rituales en los diferentes puntos de nuestro país, nos recuerdan cada año la importancia de la purificación y de la renovación. La importancia, también, de eliminar, en este caso a través de las hogueras, lo viejo y lo caduco, para dejar espacio a lo nuevo que ha de venir.

Comenzamos un tiempo, pues, para aprender a soltar lastre y a aligerar peso, así como para volver a renovar nuestras ilusiones y proyectos.

Aprovechemos la energía de este mes para aprender a brillar como la luz del sol y poder así, iluminar nuestro camino y hacer posible que también que dicha luz ilumine a quienes nos rodean.

¡Feliz Junio!

Leyes sofrodynámicas del cambio: las direcciones

4º ley del cambio4º LEY DE LA DIRECCIONALIDAD DEL CAMBIO La elecciones vitales suelen ir acompañada de una cierta incertidumbre. Nunca sabemos si acertamos plenamente o no. Esto hace que mucha gente se sienta insegura y prefiera el terrible refrán de “lo malo conocido…”

Cuando un cambio se produce puede que el resultado final sea peor que el estado inicial del que partimos. Esto nos recuerda la famosa Ley de Murphy, “La tostada tenderá a caer por el lado de la mantequilla”. Dicho de otro modo, por muy mal que te vayan las cosas recuerda que siempre se pueden empeorar.

El hecho de que debido a un cambio exista la posibilidad de que una situación empeore, es una de las justificaciones que más frecuentemente suelo escuchar. La  utilizan las personas que tienen miedo a cambiar. Es la excusa perfecta, porque les permite quedarse donde están, en el mismo lugar, sin hacer nada y con la consciencia tranquila, ya que el miedo a que puedan agravar su ya mala situación les supone una excusa bastante aceptable.

En otro apartado se comentó que cualquier cambio tiene direcciones. Las dos más importantes son: hacia lo limitante o hacia lo potenciador. Lo cual quiere decir que cada cambio que realicemos puede llevarse a cabo hacia aspectos positivos, o hacia aspectos negativos. Podemos mejorar, pero también podemos empeorar. De ambas cosas seguro que todos tenemos experiencias en la vida.

El cambio tiene direcciones, nos dice la cuarta Ley. Por eso hay que “programar el cambio” de manera correcta y hacia la dirección apropiada, si es que queremos obtener buenos resultados. Queda patente que la 3º y 4º Ley Sofrodynámica del Cambio son complementarias (la programabilidad y la direccionabilidad).

En el cuento de Alicia en el País de la Maravillas, hay un pasaje donde  la protagonista se encuentra en una encrucijada, y le pregunta al gato Cheshire:

-“Por favor, dime qué camino debo tomar para salir de aquí.”

Y el felino le responde – ¿Y hacia dónde quieres ir?,

Alicia contesta – “me da igual, sólo quiero salir de aquí”,

-“entonces te dará igual el camino que tomes”, vuelve a contestarle el gato.

Ante dicha respuesta, Alicia queda un tanto confusa, pero hemos de reconocer que la contestación del gato encierra toda una profunda reflexión: Si no sabes muy bien hacia dónde quieres ir, entonces te dará igual tomar cualquier camino. Por tanto, una consecuencia importante se deriva de lo anterior, y es que hemos de tener claro nuestros objetivos, nuestras direcciones vitales.

Así que, en la vida, más te vale saber hacia dónde quieres avanzar, no vaya a ser que si vas dando tumbos, sin saber muy bien como, llegues al sitio equivocado.

La Ley de la Direccionalidad del Cambio nos propone la toma de consciencia de nuestros objetivos y metas a corto, medio y largo plazo, con la posibilidad de verificar en cada momento que nos encontramos en el camino y la dirección apropiada para alcanzar nuestros propósitos.

Leyes sofrodynámicas del cambio: la voluntariedad

leye de la volunytariedad del cambio3.- LEY DE LA VOLUNTARIEDAD DEL CAMBIO

Hay quienes tienen la sensación de no controlar su vida, de que ésta les pasa por encima, de que los conduce hacia donde no quieren como si fuesen veletas movidas por caprichosas ráfagas de viento. Sienten que les falta voluntad para la acción.

Pero aquellas otras personas que quieren crecer y desarrollarse, han de tener claro una cosa muy sencilla y lógica: que el lugar a dónde llegamos dependerá siempre del camino por el que hemos venido. Este fenómeno, que es verificable y por tanto no entra dentro del ámbito especulativo sino de lo que puede ser comprobado, nos indica que si queremos un cierto tipo resultado, habremos de realizar aquellas acciones que nos lleven hacia ellos.

Sabemos, pues, que si aplicamos una serie de comportamientos obtendremos unos resultados, pero si aplicamos otros diferentes, obtendremos resultados distintos. He ahí el ámbito de nuestra capacidad de decisión y el espacio en el que nuestra voluntad ha de ponerse de manifiesto, eligiendo aquellos caminos que nos conduzcan hacia nuestras metas.

He afirmado con anterioridad que “el cambio es posible” (1º Ley); y que es “programable” (2º Ley). Pero, además, en términos de desarrollo humano, el cambio que nos interesa también ha de ser voluntariamente elegido. De aquí surge la “Ley de la voluntariedad del cambio”.

Eso quiere decir que el cambio que determinemos ha de realizarse de manera libre y voluntariamente elegida, nunca impuesto. Somos nosotros quienes en última instancia hemos de decidir el tipo de cambio a realizar, en función de las metas que queramos conseguir.

Así que formulado de forma sencilla, la Ley de la Voluntariedad del Cambio, viene a decir que la dirección que establezcamos en nuestro proceso de cambio ha de ser elegida voluntaria y conscientemente.

Y para que eso ocurra hemos de poner en juego una de nuestras capacidades conscientes más importantes, la voluntad. En este tipo de proceso, nuestra voluntad juega un importante papel, ya que es la energía de la mente que nos permite actuar en el mundo como dueños de nuestro  propio destino.

La voluntad nos permite llevar a la práctica aquello que pensamos o que queremos, y aporta la energía suficiente para mantenernos en la dirección correcta a lo largo del tiempo. Está relacionada con la determinación, con la constancia y la perseverancia, y, sobre todo, con el esfuerzo para la acción.

Quizás sea el momento de ir dejando de lado el papel de víctimas que muchos se empeñan en mantener, o el rol de mártires buscado por otros.

Mas bien es tiempo de empezar a entender que somos nosotros mismos los responsables de nuestro estado actual y también del modo en el que construimos nuestro futuro. Sé que hay algunas personas a las que no les gusta escuchar esto, y prefieren seguir culpabilizando a otros o a su mala suerte de sus desgracias. Mantener esta última postura es una magnífica garantía para pasarlo mal en la vida. Por el contrario, admitir que en nuestro proceso de crecimiento y desarrollo, la voluntad juega un papel importante y actuar consecuentemente con dicho principio, sólo nos traerá beneficios.

Intolerancias y alergias alimentarias

Intolerancia alimentariaPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

            En la sociedad actual, cada vez son más numerosos los casos de alergia e intolerancia a determinados alimentos o componentes de ellos, fijaos si no las últimas noticias que fueron apareciendo, pero ¿sabemos cual es la diferencia entre ambos términos?, pues es muy frecuente confundir  en muchos casos una reacción adversa con una alergia. Ante tal situación, el tema ha despertado un gran interés y pese a toda la información disponible, sigue siendo complejo y difícil de abordar.

La alergia alimentaria es una forma específica de intolerancia a un alimento o uno de sus componentes, que activa el sistema inmunológico. Un alérgeno (proteína del alimento causante, que en la mayoría de la gente no produce reacciones adversas) provoca una serie de reacciones en cadena en el sistema inmunológico, entre ellas la producción de anticuerpos. Dichos anticuerpos provocan la segregación de sustancias químicas, como la histamina, que produce varios síntomas, como picor, moqueo, tos o trastornos respiratorios. Frecuentemente, las alergias a los alimentos o a sus componentes se heredan, y normalmente se identifican en los primeros años de vida.

Algunas reacciones alérgicas tardan horas o incluso días en desarrollarse desde el momento de la exposición a la proteína extraña. Normalmente se denominan “reacciones de hipersensibilidad retardada”.

Normalmente, la respuesta inmunitaria del cuerpo lo protege contra sustancias potencialmente nocivas, como bacterias, virus y toxinas.

La lactancia  es un momento crucial, ya que diferentes estudios demuestran que los bebes alimentados con leche artificial son más propensos a padecer alergias alimentarias. La leche materna es rica en IgA (inmunoglobulina A), que es una proteína del sistema inmune. La IgA protege a los lactantes de poder padecerlas.

La intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico del cuerpo. Un buen ejemplo es la intolerancia a la lactosa, que se da en ciertas personas por la carencia de una enzima digestiva llamada lactasa, que descompone el azúcar de la leche. Por tanto se dan cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes. Mientras que las personas que tienen realmente alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que se den síntomas, excepto en el caso de personas que sean sensibles al gluten o al sulfito.

Las alergias alimentarias frecuentes suelen iniciarse en la infancia, si bien pueden comenzar a cualquier edad. Afortunadamente, muchos niños (población diana para ellas) superan las alergias a la leche, la soja, los huevos y el trigo una vez alcanzados los 5 años de edad, con sólo evitar el consumo de estos alimentos cuando son pequeños, y posteriormente podrán comenzar a introducirlos de manera progresiva en su alimentación, siendo en muchos casos bien tolerados y sin reacción. Sin embargo, también existen algunas mantenidas de por vida, como puede ser la alergia al marisco.

Ninguna alergia alimentaria tiene cura, pero con la eliminación total del alergeno, se evitan una infinidad de síntomas o manifestaciones clínicas desagradables.

Aunque se pueden dar reacciones alérgicas a cualquier alimento o componente del mismo, algunas se dan con mayor frecuencia que otras. Los alérgenos alimenticios más comunes son la leche de vaca, los huevos, la soja, el trigo, el chocolate, el pescado y crustáceos, las frutas, los cacahuetes y los frutos secos., como las nueces.

En el caso de las intolerancias alimentarias, las más comunes son a la lactosa y al gluten.

Una vez más el etiquetado alimentario es la vía para que los consumidores obtengan información sobre los productos que quieren comprar. Si los consumidores siguen correctamente la información que aparece en las etiquetas (como las fechas de caducidad, instrucciones de manipulación y advertencias relacionadas con alergias), se pueden evitar enfermedades transmitidas por alimentos y reacciones alérgicas innecesarias.

Durante la fabricación de alimentos procesados hay que tener cuidado de que los productos no se contaminen con los alérgenos de otros empleando prácticas apropiadas de separación e higiene. No obstante, puede ocurrir que, por ejemplo, un producto que no incluya los frutos secos en su elaboración contenga algún rastro de alérgenos de frutos secos al haberse producido en las mismas instalaciones que un producto que sí los contiene. En la mayoría de los casos, la probabilidad de este contacto cruzado aparece voluntariamente en el etiquetado del envase indicando: “Puede contener…”, ofreciendo una información muy importante a los consumidores.

 

 

¿Mantequilla o margarina?

mantequilla o margarinaPor Dª Gracia María Casado, nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués En numerosas ocasiones se plantea la duda de cuál de las dos opciones es la mejor, o bien ya tenemos una idea preconcebida, pero quizás no es la más correcta y mucho menos, la más saludable. Ambos productos son emulsiones de agua en grasa, lo que las diferencia es el tipo de grasa utilizada, así mientras la mantequilla utiliza la grasa de la leche animal, la margarina se vale de las grasas vegetales. Partiendo de esta idea, a priori la margarina debería de ser más saludable, ya que utiliza grasa vegetal que es más beneficiosa para el organismo al contener menos ácidos grasos saturados y menos colesterol, sin embargo el proceso tecnológico de conversión de las grasas vegetales para hacer margarina origina los famosos ácidos grasos “trans” y hace dudar de lo saludable de este producto.

  1. Mantequilla:

Históricamente, ha sido siempre un producto caro que tan sólo podía ser adquirido por los sectores más privilegiados de la población, hoy en día todo eso ha cambiado y es un producto de uso común y diario. Se podría definir como la emulsión de agua en grasa, resultante del desuero, lavado y amasado de los conglomerados de grasa, que se forman por el batido de la crema de leche y es apta para consumo, con o sin maduración biológica producida por bacterias específicas. Por tanto, es un alimento muy graso, rico en grasa saturadas y colesterol y consecuentemente muy calórico. Dado que la mayor parte de la mantequilla es grasa láctea, es importante también su contenido en vitaminas liposolubles, (A y D, si bien puede ser variable según la alimentación del ganado y la época del año). En principio no es un alimento que esté reñido, salvo especiales condiciones de salud (sobrepeso-obesidad, trastornos cardiovasculares y alteraciones de los lípidos en sangre como la hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia), con una dieta sana y equilibrada, siempre y cuando su consumo sea ocasional y moderado.  Inclusive su ingesta puede ser una fuente interesante de grasa para quienes necesiten un mayor aporte energético, como personas delgadas, desnutridas, deportistas y quienes realizan un trabajo físico intenso.

  1. Margarina:

Término genérico con el que se denominan distintos tipos de grasas usadas como sustitutos de la mantequilla. Con aspecto similar a ella, es más untuosa, debido al proceso de hidrogenación al que son sometidas las grasas y en el que se forman nuevos ácidos grasos saturados (llamados “trans”) mientras que parte de los insaturados pierden su configuración original. Salvo que se modifique el contenido en grasa, el aporte calórico es similar al de una mantequilla, las únicas diferencias si comparamos la composición nutricional radican en: – ausencia de colesterol, puesto se elaboran a partir de grasas vegetales, así que cuidado con la publicidad engañosa, en la que nos afirman ser “bajas en colesterol” – contenido en vitaminas es añadido – pueden contener aditivos (conservantes, colorantes y aromatizantes para imitar el color, olor y sabor de la mantequilla)   Puestos a usar una grasa ¿por qué no usamos aceite de oliva o de semillas?, ellos no ofrecen dudas.

Aprender de la célula

aprender de las células“En ocasiones he aprendido mucho atendiendo al funcionamiento fisiológico de esas estructuras básicas que conforman nuestro cuerpo, las células. Y digo que he aprendido, para referirme no sólo a lo biológico, sino también a otro tipo de enseñanzas que me han ayudado en la vida en otro nivel totalmente diferente del meramente material.

Desde mis tiempos de estudiante me ha maravillado, y me sigue maravillando, esa capacidad que tiene cada célula de escoger lo que necesita y eliminar lo que le sobra, en orden a mantener su propio equilibrio interno, la llamada homeostasis celular.

Es en cierto modo sorprendente la capacidad que posee su membrana para realizar esta función. La llamamos “permeabilidad selectiva” y parece guiada por una especie de inteligencia natural que permite mantener lo que necesita y eliminar lo tóxico o superfluo.

Así, cada célula, a través de su pared, deja pasar una cosas y otras no, de la misma forma que elimina lo que no quiere mientras mantiene lo necesario para su supervivencia. 

Obviamente, todo ello sucede cuando se trata de una célula saludable. Precisamente la perdida de esta capacidad hace que la célula enferme o muera.

Hasta aquí, no he dicho nada que la mayoría de las personas que tengan unos conocimientos básicos de biología no conozcan, pues he descrito un fenómeno  meramente fisiológico.

Pero demos un salto, apliquemos dicho principio vital, el de la “permeabilidad selectiva”, a otra dimensión del ser, como por ejemplo la esfera emocional.

¡Que bueno sería que todos tuviésemos la inteligencia que tiene una membrana celular!

Dejaríamos entrar lo que nos conviene al tiempo que rechazaríamos todas aquellas emociones negativas y perjudiciales que cada día rondan a nuestro alrededor. Además, conservaríamos lo bueno, lo positivo, mientras que nos desprenderíamos de lo inútil y de lo dañino.

Pero por desgracia, según parece, la mayoría de nosotros es menos hábil en estos asuntos de lo que lo es una simple membrana celular en los suyos. Parece mentira que una membrana tenga más inteligencia práctica que muchas de las personas que conozco, ya que ellas suelen hacer justo lo contrario, dejan entrar lo nocivo, son poco permeables a lo positivo y mantienen durante años las toxinas mentales que poco a poco le corroen  y le destruyen internamente.

Afortunadamente, cada día son las los enfoques psicológicos occidentales, ya que el Budismo lo planteó hace 2500 años, que enseñan a las personas a ser selectivos con lo que reciben, y se basan en un sencillo principio “si te ayuda lo tomas, si te daña lo dejas”.

Igualmente, modernos enfoques psicológicos nos dicen, suelta tus toxinas internas, no tienes la obligación de retenerlas por más tiempo, “mantén lo útil, elimina lo que no sirva”.

Pero por algún extraño motivo, nuestra mayor complejidad cerebral y nuestra mayor “inteligencia” no nos ha servido para ser más felices sino, en muchos casos, para liarnos un poco más y perdernos en bucles recursivos generados por preguntas y afirmaciones tales como: “por qué me pasa esto a mi”, “he de descubrir la causa”, “no he de olvidar lo que me han hecho”, “es que los demás no me dejan ser feliz”… y tantos y tantos pensamientos inútiles.

Hay algo que me parece de sentido común y por ello trato de practicarlo, me refiero a fijarme en como lo hacen las personas que funcionan bien en la vida, para aprender de ellos, al tiempo que también observo a aquellos “sufridores profesionales” para identificar y no caer en lo que ellos hacen. De todos podemos aprender, de unos en un sentido y de otros en otro.

Y yo, que soy tan simple mentalmente como una membrana celular, hace mucho tiempo que elegir ser selectivo emocionalmente: “si me ayuda entra, si me limita se queda fuera”. (ANF)

 

¿Mentiras dulces o verdades amargas?

mentiras dulces“Por alguna extraña razón, los seres humanos tenemos una cierta disposición a aceptar mejor las mentiras dulces que las verdades amargas, por eso tanta gente prefiere escuchar lo que desea en lugar de lo que le conviene” (ANF)