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10 consejos para elegir nuestras verduras

verdurasLas verduras han de ser uno de los alimentos que no han de faltar en las dietas saludables. Gracias al aporte de fibra, vitaminas, minerales y otros nutrientes, se consideran, por lo general, alimentos especialmente sanos.

Ante la proliferación de verduras envasadas en los supermercados y la dificultad que tenemos para escoger bien nuestra compra, debido al acelerado ritmo de vida moderno, no siempre las elegimos de forma apropiada.

A continuación expondré algunos consejos sencillos para ayudarnos a que dicha elección sea mejor: Sigue leyendo

Consejos para una flora intestinal sana

flora intestinalMe da la impresión de que la mayoría de las personas, incluso algunos profesionales de la salud, todavía, no son conscientes de la importancia que tiene para la salud el mantenimiento del buen estado de la flora intestinal. Tal vez sea porque desconocemos las repercusiones que su alteración produce en el resto del organismo.

Como anécdota contaré que hace un par de años, traté con éxito a un paciente que padecía una disbacteriosis intestinal. Cuando dicho paciente se lo comentó al médico de cabecera, éste le respondió “¿qué es eso de la disbacteriosis? Nunca he escuchado hablar de ello”. Sigue leyendo

Nuevos horizontes en nutrición y alimentación humana

nuevos horizontes en nutriciónUna de las características que toda ciencia ha de poseer es la de mantenerse en continua renovación a través de la constante búsqueda de nuevos conocimientos, de tal manera que puedan confirmarse las hipótesis existentes o bien modificarse lo que de una materia en cuestión se conoce en cada momento, en función de las nuevas evidencias que vamos descubriendo.

Todo esto quiere decir que, en muchas ocasiones, lo que se ha venido sosteniendo a lo largo de unos años, de pronto, se convierte en algo obsoleto y totalmente superado, incluso a veces se pasa a defender justo lo contrario.

Así, en muchas ocasiones, podemos comprobar que lo que la ciencia defiende en unas fechas, con el paso del tiempo, es rebatido por los nuevos descubrimientos.

Por ejemplo, cuando era estudiante de medicina, se me decía que las personas con colesterol alto no debían tomar nunca pescado azul. Hoy día se preconiza justo lo contrario y se le indica al sujeto con colesterol alto que coma sardinas, caballa, etc.

También se me decía que había que  limitar el consumo de aceite de oliva, puesto que aportaba una gran cantidad de grasas al organismo y, según la hipótesis vigente en aquellos momentos, eso era algo poco recomendable. Sin embargo, hoy día se ensalza el aceite de oliva como una alimento de primer orden para la salud, incluso se le atribuyen unas propiedades tan maravillosas que hace que se clasifique dentro de los alimentos funcionales.

Actualmente, sobre todo a nivel de investigación, está surgiendo un cambio de paradigma que hace que se tambaleen los pilares de lo que hasta estos momentos se viene proponiendo en el ámbito de la nutrición y alimentación humana.

Hasta hace poco se pensaba que era especialmente bueno para la salud una dieta baja en grasa y rica en cereales, de tal manera que el aporte de hidratos de carbono en la dieta fuera, aproximadamente de un 60% del total de las calorías ingeridas. Pero en estos momentos existen corrientes dietéticas que indican que no se debería sobrepasar el 40% en lo que a hidratos de carbono se refiere.

En las últimas décadas ha habido una auténtica campaña de demonización de las grasas, debido a la creencia de que consumir grasas aumentaba el peligro de enfermedades cardiovasculares al elevar el colesterol. Pero muchos estudios actuales demuestran que esto no es cierto y que las diferencias de colesterol en la dieta no se traducen en mayor riesgo cardiovascular.

Hoy día sabemos que dicha hipótesis de las grasas tiene muchas lagunas, ya que la aparición de las enfermedades cardiovasculares dependen de la alteración a nivel del endotelio vascular y esto se debe a otros factores distintos de las grasas. También sabemos que los factores de riesgo cardiovascular más importantes son los radicales libres, la inflamación silente, el tabaco, el consumo de azúcar, el sedentarismo, el sobrepeso y el estrés. Es en el control de estos factores hacia donde deberíamos enfocar todo el esfuerzo preventivo en lo que se refiere a las enfermedades cardiovasculares

Otro aspecto que va cambiando en estos últimos tiempos es lo referente al consumo de cereales.

Durante mucho tiempo se ha creído que consumir cereales era algo especialmente saludable,pero estudios recientes señalan la inconveniencia de una dieta basada en un predominio de cereales, sobre todo refinados, ya que dan lugar a un gran número de problemas para la salud.

Es bastante sorprendente que la epidemia de obesidad que sufren algunos países occidentales haya coincidido con el auge de las dietas bajas en grasa, los alimentos lights y desnatados y el aumento del consumo de cereales y otros hidratos de carbono.

Entonces, a la luz de lo que hoy día sabemos, ¿qué es lo realmente sano?

Poco a poco iremos comentado algunos aspectos de este nuevo enfoque de la alimentación humana. Porque una nueva visión acerca de la alimentación está surgiendo a partir de las evidencias que plantean los nuevos estudios nutricionales.

Pero como siempre que se propone un nuevo cambio de paradigma, habrá una gran resistencia por parte del sistema establecido, y por la inercia de seguir creyendo lo que habitualmente se ha creído sin entrar a poner en tela de juicio las contradicciones que aparecen, por muy obvias y evidentes que estas sean. También es de esperar la feroz resistencia de aquellos sectores de la industria alimentaria que se consideren perjudicados.

Nada de ello ha de frenarnos en nuestra búsqueda de una mejor salud para los seres humanos.

Lo que nuestro cerebro necesita

cerebroAunque todos los órganos son importantes, no cabe duda que para los seres humanos el  cerebro es uno de los que más, ya que trasciende los límites de lo meramente biológico para constituir el soporte material de nuestra vida emocional, de relación, intelectual y espiritual.

Es un órgano especialmente dotado para el aprendizaje y, al contrario que otros órganos corporales, mientras más lo uses mejor funciona.

Sabemos que es posible vivir aceptablemente bien con un solo riñón, con un solo pulmón o con un trozo de hígado, pero sin embargo cuando se producen lesiones no demasiadas extensas en nuestro cerebro, dependiendo de la zona en la que suceda, puede llegar a afectar a la vida del sujeto de un modo extraordinario.

El deterioro que se produce en el organismo por el paso del tiempo, puede ser amortiguado y, en algunos casos, compensados si llevamos a cabo una serie de cuidados de forma preventiva.

En lo referente al cerebro, si queremos que siga aportándonos sus mejores prestaciones sin importar la edad, entonces conviene tener en cuenta qué es lo que éste necesita para mantenerse en salud.

El cerebro consume el 20% de la glucosa total del organismo y es bastante sensible a la falta de agua. Niveles subclínicos de deshidratación lo afectan sensiblemente.

Por eso es importante aportar una correcta alimentación, baja en tóxicos y excitantes, y rica en alimentos frescos con alto poder antioxidante. Además de la alimentación, una hidratación adecuada será uno de los pilares de la salud a nivel cerebral. Por tanto, beber agua de calidad y en cantidad suficiente será necesario también para la salud del organismo en general y del cerebro en particular.

También pueden ser útiles algunos suplementos nutricionales como por ejemplo los que son ricos en fosfolípidos como la lecitina de soja, y también aquellos que nos proporcionan ácidos grasos omega-3. Ambos son aportes especialmente interesantes.

Otros suplementos, como el Co-Q-10 o la N-acetil-L-carnitina, están demostrando en diferentes estudios una gran utilidad para el mantenimiento de las funciones cerebrales.

A parte de lo anteriormente mencionado, también hemos de cuidar el cerebro desde otro nivel.

Me explico. Es necesario tener en cuenta que el exceso de estrés puede afectar negativamente a la funcionalidad de nuestro cerebro, por tanto, aprender a gestionar, no sólo la intensidad del estrés que recibimos sino también a modular la respuesta que establecemos, será otro de los parámetros interesantes de cara a la salud del preciado órgano.

Por último, recordar que los neurocientíficos han corroborado hoy día la importancia de cultivar los pensamientos y las emociones positivas como si fuesen un “nutriente” más que contribuye a mantener el cerebro en las condiciones óptimas de salud y permitirnos las mejores prestaciones para una vida armónica y feliz.

¡Coma usted de todo!

coma usted de todoCon cierta frecuencia atiendo pacientes que me comentan lo siguiente: “Me ha dicho el especialista que puedo comer de todo, pero cuando lo hago me sienta fatal, y si se lo comento, se extraña y me dice que son tonterías, que no tengo nada que me lo impida.”

Lo curioso de este caso es que hay dos cosas que son verdad. Una, que es cierto que se lo ha dicho el especialista y, la otra, que también es cierto que cuando come de todo se siente fatal. Pero respecto a que no hay nada que se lo impida, la cosa no está tan clara. Pero lo que resulta todavía más curioso es que, con frecuencia, el médico que le comenta estas cosas sea especialista en aparato digestivo, que algo debería tener en cuenta la alimentación, vamos, digo yo.

Casos como el anterior hace que me pregunte, ¿es cierto que los seres humanos podemos comer de todo sin importar el origen, la cantidad o la conveniencia o no de determinados alimentos, y todo ello hacerlo impunemente? 

Reflexionemos al respecto.

¿Hay alguna especie animal que sea capaz de comer cualquier cosa, a cualquier dosis, en cualquier momento del día y en cualquier época del año?

Pues parece que no. 

Mas bien sucede lo contrario, que cada animal come, según su propia naturaleza, lo más adecuado para su especie, y siempre en una cantidad determinada y siguiendo un cierto ritmo alimentario apropiado. Cuando no lo hace así, enferma.

¿Por qué pensamos, entonces, que nosotros, que no somos más que unos mamíferos evolucionados, hemos de ser diferentes en este aspecto?

Tal vez porque siempre nos han dicho aquello de que somos “ominvoros”, y eso se ha traducido habitualmente como la capacidad para comer cualquier cosa, en cualquier cantidad y en cualquier momento. Y eso no es así.

Frente a dicha creencia, es posible constatar que la evidencia empírica y los estudios actuales sobre dietética y nutrición nos hablan de otra cosa. Nos hablan de la trascendencia de no comer cualquier alimento sino, más bien, de la importancia de seguir una correcta alimentación tanto en calidad, como en cantidad y variedad, adaptada a las necesidades nutricionales del sujeto y considerando factores tales como la edad, el tipo de clima, la patología de base de cada persona o la clase de trabajo que desempeña. Hoy día sabemos bastantes cosas al respecto y existe literatura científica suficiente para respaldarlo de forma contundente.

Nadie dudaría en la actualidad sobre la importancia de la alimentación adecuada para el mantenimiento de la salud y para la prevención, e incluso el tratamiento, de ciertas enfermedades.

Sin embargo, ciertos “especialistas” le siguen diciendo a sus pacientes, “usted puede comer de todo”.

Lo más llamativo, al menos para mi, es cuando esta afirmación viene realizada por parte de un oncólogo. A pesar de los años, no me acostumbro a escucharla, porque me demuestra que todavía en el siglo XXI, la medicina convencional con todos su avances y evidentes ventajas, sigue manteniendo una imagen fragmentada y parcial del ser humano, de tal manera que cada especialista sabe de lo suyo y no solamente ignora sino que, en cierto modo, desprecia otras áreas del saber.

Pareciera, en este caso, como si más allá de la quimioterapia o de la radioterapia, una correcta alimentación no tuviera nada que aportar a la salud de quien padece un cáncer. Como dirían hoy día los jóvenes ¡qué fuerte!, ¿no?

Hace muy poco me comentaba un paciente oncológico: “cuando le he preguntado sobre alimentación a mi oncólogo, me ha mirado con cara rara y me ha dicho que coma lo que quiera, que la alimentación no tiene nada que ver con mi cáncer”. Y es posible que fuese así en lo que a etiología se refiere. Sin embargo, según afirman los estudios científicos actuales, existen un cierto número de cánceres relacionados con determinados hábitos dietéticos, y, por otro lado, existe evidencia científica suficiente como para fundamentar, sin lugar a dudas, la importancia de la dieta en relación con la salud. Incluso entre las recomendaciones de organismos internacionales sobre el estilo de vida como medida preventiva de la aparición de un cáncer, se preconizan bastantes puntos relacionados con la alimentación.

Por tanto, desde el punto de vista de la Medicina Integrativa, entiendo que, si ya es importante el modo de alimentarse cuando se está sano, es mucho más importante hacerlo cuando la persona se encuentra enferma, y todavía mucho más si es el caso, como sucede en los pacientes oncológicos, que le están suministrando medicamentos altamente tóxicos y que producen efectos indeseables en órganos vitales como el hígado, los riñones o el corazón, entre otros. ¿No sería importante cuidar la alimentación en estos casos y aportar al organismo una cantidad suficiente de nutrientes adecuados para cada caso?

No estoy diciendo que la comida cure el cáncer, aunque sabemos que existen alientos con un alto potencial antioncogénico, simplemente afirmo que, cuando alguien padece una enfermedad, lo más razonable es cuidar lo que ingiere, y si además podemos ayudarle a recuperar la salud utilizando una dieta apropiada, pues mucho mejor.

No hay que insistir demasiado, porque es una obviedad, que un paciente bien alimentado se recuperará mejor que otro que no lo está, y que si aportamos nutrientes que favorezcan la detoxificación o que ayuden a la integridad del sistema inmunológico, es probable que todo funcione mejor.

En el campo de la nutrición recientemente se ha desarrollado una nueva disciplina conocida como Inmunonutrición, gracias a la cual se está estudiando no sólo el aporte nutricional de los alimentos sino sus efectos sobre el sistema inmunológico.

Sabemos que el 70-80% del tejido linfoide relacionado con los procesos inmunológicos se encuentran en la luz intestinal, por lo que una buena nutrición y un buen mantenimiento del equilibrio intestinal se postula como algo bastante importante para el mantenimiento de la salud.

Frente a estas evidencias, el “coma usted de todo” no parece ser ni demasiado preciso ni demasiado acertado.

Es posible que dentro de unos años, no sé si yo lo veré, llegue el momento en que los especialistas no le digan a los pacientes aquello de “coma usted de todo, que no pasa nada”.

 

Consejos dietéticos para la menopausia

alimentación menopausiaEs importante resaltar que la menopausia no constituye en sí misma ninguna enfermedad, como algunos parecen entender, sino una etapa más de la vida de la mujer. Como quiera que dicha etapa coincide con una edad en torno a los cincuenta años, y con ciertas modificaciones hormonales, se produce un aumento del riesgo de padecer ciertos procesos, cosa que, por otro lado, también sucede en los varones de la misma edad como fruto del proceso propio de envejecimiento.

Es por eso que, como en cualquier otra etapa de la vida, una alimentación sana y adaptada a las circunstancias fisiológicas, será bastante conveniente para mantener una buena salud.

A continuación expondré algunas sencillas indicaciones en relación con la alimentación aconsejable en la menopausia:

  • Llevar a cabo una adecuada ingesta de fibra a través de los alimentos integrales
  • Tomar abundantes frutas y verduras frescas, unas cinco raciones al día.
  • Siempre que no estén contraindicados, es aconsejable tomar alimentos ricos en fitoestrógenos, tales como el tofu, miso, lino, dátiles, cerezas, etc.
  • Aumentar el consumo de ácidos grasos omega-3 (pescados azules, nueces)
  • Utilizar otras fuentes de calcio alternativas a los lácteos, tales como semillas de sésamo, frutos secos, nabos, salmón, almendras, algas, etc.
  • Limitar, también, la ingesta de productos que podrían desencadenar sofocos, tales como el café, los picantes, alimentos muy calientes, etc.
  • Limitar el consumo de alimentos ricos en grasas saturadas (carnes, lácteos, aceite de coco, etc.)
  • Mantener una buena hidratación
  • Limitar la ingesta de sal
  • Evitar los azúcares refinados y la bollería industrial

En realidad, si reflexionamos un poco, dichos consejos dietéticos, son aplicables también, con alguna matización, para cualquier persona que quiera mantenerse un adecuado aporte nutricional.

Los alimentos funcionales, ¿qué son?

alimentos funcionalesPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

En el marco de una sociedad cambiante, objeto del sistema de superproducción, la escasez de tiempo, los hábitos de vida poco saludables, la gran prevalencia de enfermedades crónicas (cada vez más numerosas)…, surgen los denominados “alimentos funcionales”, como una alternativa y solución para corregir los grandes desequilibrios y deficiencias nutricionales que padece la población; situación contradictoria sin duda, con la superabundancia y el gran desarrollo de los países del primer mundo.

La obesidad por ejemplo, es una de las enfermedades (diana clave), para su desarrollo, dado que su prevención es el problema nutricional más importante y uno de los retos sanitarios prioritarios en las sociedades occidentales. En líneas generales, se pueden definir diversas estrategias para el diseño de alimentos funcionales para el control del peso corporal; unas dirigida a la inhibición de la ingesta o limitando la biodisponibilidad de nutrientes, otras produciendo un descenso en el contenido calórico de los alimentos, también estimulando el gasto energético (termogénesis); y finalmente regulando de la distribución de nutrientes entre tejidos limitando el acumulo de grasa.

Por tanto, el abandono de los buenos hábitos alimenticios y el empeoramiento de la calidad de la dieta, se convierten en el elemento justificativo de la gran demanda actual, de este tipo de alimentos. Pero sabemos realmente qué es un alimento funcional, a quién/es van dirigidos, cuáles son las propiedades que se le atribuyen… Al respecto, todas y otras cuestiones intentaremos ir descifrándolas.

 

1. ¿Qué es un alimento funcional? Propiedades atribuidas.

     En la literatura, dicho término se suele abreviar con las siglas AF. Se trata de alimentos elaborados no sólo por sus características nutricionales sino también para cumplir una función específica como puede ser el mejorar la salud y reducir el riesgo de contraer enfermedades, ya que independientemente del aporte de nutrientes, han demostrado a nivel científico tener efectos positivos sobre una o varias funciones del organismo. Pero en ningún caso esto los convierte en posibles sustitutivos de comida, sino que deben consumirse como parte de una dieta sana y equilibrada, en la misma cantidad que pueda tomarse cualquier otro alimento en nuestra dieta y acompañados de un estilo de vida saludable.

Alimento funcional puede ser desde un alimento natural, un alimento al que se ha añadido un componente, o un alimento al que se le ha quitado un componente mediante medios tecnológicos o biológicos. También puede tratarse de un alimento en el que se ha modificado la naturaleza o biodisponibilidad de uno o más de sus componentes, o cualquier combinación de estas posibilidades. Por tanto podemos clasificarlos en:

– alimentos naturales

– alimentos enriquecidos en algún nutriente específico

– alimentos a los que se les retira algún nutriente

– alimentos con adición de sustancias biológicamente activas

– probióticos 

Sin embargo y pese a toda la información existente, hasta el momento no han sido definidos por la legislación Europea.

 

2. ¿Qué tipo de alimentos funcionales existen actualmente en el mercado?

Destacan por ejemplo: las leches enriquecidas (con calcio, ácidos grasos omega-3, ácido oleico ó vitaminas), los zumos de frutas, los cereales, los huevos. 

3. Segmentos de población a los que van destinados

 Este tipo de alimentos  puede formar parte de la dieta de cualquier persona. Pero además, están especialmente indicados en aquellos grupos de población con necesidades nutricionales especiales (embarazadas y niños), estados carenciales, intolerancias a determinados alimentos, colectivos con riesgos de determinadas enfermedades (cardiovasculares, gastrointestinales, osteoporosis, diabetes, etc.) y personas mayores.

 

4. ¿Tienen efectos negativos para la salud?

Los alimentos funcionales pueden contribuir a mejorar el estado de salud aunque no sean la solución a todos los problemas nutricionales. Sin embargo, la oferta creciente en los supermercados de alimentos a los que se ha añadido (o de los que se ha eliminado) uno o varios nutrientes, o modificado su biodisponibilidad, convive con la desconfianza de una parte de la población a los efectos sobre la salud que alegan. El desarrollo de los alimentos funcionales se tiene que producir, así, con unas reglas del juego claras:

  • Las pruebas científicas que avalen las alegaciones de salud han de responder a los estándares avalados por la comunidad científica y ser públicos.
  • El etiquetado ha de proporcionar una información veraz y no susceptible de llevar a engaño a los consumidores.
  • La Unión Europea se ha de dotar de normas lo más claras posibles que permitan, al mismo tiempo, la innovación de la industria y la defensa de los intereses de los consumidores.
  • Las administraciones públicas han de garantizar el cumplimiento de la normativa.
  • Simultáneamente se tienen que dar pasos para mejorar la formación y la información de los ciudadanos sobre la alimentación.

Un marco con estos elementos ha de permitir minimizar los riesgos para la salud asociados a la utilización de los alimentos funcionales.

El organismo responsable de los mismos en la Unión Europea, se denomina

FUFOSE (Functional Food Science in Europe),  y es el encargado de regular las alegaciones sanitarias, es decir, la información dirigida al consumidor sobre los efectos favorables que este tipo de alimentos ejercen para la nutrición y para la prevención de enfermedades.

Esperamos haber aclarado e informado sobre la realidad existente acerca de este tipo de alimentos, cada vez más utilizados en la sociedad actual.

 

 

Substancias con carácter dopante

dopingPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués Lo primero de todo al hablar de dopaje o doping, es saber a qué nos referimos con este término. Pues bien, de acuerdo a la definición de la Agencia Mundial Antidopaje, el doping es la violación a cualquiera de estas reglas:

  1. La presencia de una sustancia prohibida, sus metabolitos o marcadores, en el cuerpo de un atleta.
  2. El uso, o intento de uso, de una sustancia o método prohibidos.
  3. Rehusarse a suministrar una muestra, no hacerlo sin causa justificada, o evadir de cualquier modo la recolección de muestras.
  4. No estar disponible para las pruebas fuera de competición, no presentar los papeles debidos, o no indicar dónde se encuentra en todo momento (en tres ocasiones a lo largo de 18 meses)
  5. Hacer trampa, o intentar hacer trampa de cualquier forma durante los controles.
  6. La posesión de sustancias prohibidas o de métodos prohibidos.
  7. La compraventa o intento de compraventa de sustancias prohibidas o de métodos prohibidos.
  8. Administrar o intentar administrar sustancias o métodos prohibidos a un atleta, o ayudar, alentar, asistir, encubrir o entrar en cualquier tipo de complicidad que involucre una violación o intento de violación de una regla antidopaje.

En la actualidad son numerosas las noticias que se pueden escuchar al respecto, frente a los múltiples y numerosos estudios e investigaciones que ratifican sus efectos contraproducentes y la no necesidad de su uso; estando a favor de  hábitos saludables y una alimentación sana  para lograr y garantizar el máximo rendimiento deportivo, sin necesidad de sustancias extrañas para nuestro organismo. En cualquier caso son múltiples las acciones que siguen llevándose a cabo, y que nunca saldrán a la luz. La mayoría de los casos de los últimos años se vincula a la creatina, un compuesto nitrogenado que se acumula en los músculos esqueléticos unido a una molécula de fosfato, y que sirve como fuente inmediata de energía para la contracción muscular algo especialmente importante para los ejercicios breves y de alta intensidad. Al no figurar en las listas de sustancias prohibidas, se ha convertido en los últimos años en un producto de moda entre los deportistas, pese a que algunos estudios sugieren que su uso puede estar ligado a una mayor incidencia de cáncer. En el caso de jóvenes y adolescentes, la situación es aún más preocupante y seria, pues lejos del objetivo/fin de la práctica de ejercicio/actividad física: salud, bienestar, calidad de vida…, llegar a esta situación resulta contradictorio y paradójico, poniendo en riesgo la salud. Aún a esta edad se está dando el crecimiento y si a la toma de este tipo de sustancias añadimos las restricciones que se realizan en el patrón de comidas del deportista, la situación puede ser comprometida. Deben ser inculcadas las buenas prácticas y dentro de ellas las relativas a la alimentación son tan importantes como cualquier otra. La buena práctica deportiva, apoyada de una alimentación equilibrada y estructurada, considerando desde las características del individuo para el cálculo de sus necesidades, hasta la intensidad y tipo de actividad, períodos de entrenamiento y competición…, es clave para la mejora del rendimiento del deportista; nada por sí es milagroso y menos aún en cuestión de horas/días por la toma de un compuesto determinado. Gracias a la regulación existente en nuestros días y la relevancia del tema, a lo largo de los años han sido censuradas muchas sustancias, siendo todas sometidas a estudios científicos para confirmar o no las supuestas propiedades atribuidas. Una muy conocida, como es la cafeína, fue una de las últimas en ser excluida de la lista, pues lejos de lo que se pensaba, no presenta carácter dopante. En el siguiente enlace podéis encontrar más información: http://www.aea.gob.es/media/219709/listado%202011%20y%20mod.pdf Atletismo, ciclismo, halterofilia y natación son algunos de los deportes más ligados a las prácticas de dopaje.

Frambuesas y obesidad

frambuesasSon muchas las personas que cuando llega la época estival, y con ella el buen tiempo que nos invita a ir a la playa o a lucir ropas más livianas, sienten la necesidad de rebajar algunos de los kilos que han podido acumularse, sobre todo, debido a un excesos de ingestión alimentaria que suele producirse durante los meses más fríos. Pero hay personas que sin saber muy bien por qué, acumulan más grasas de la que debieran, a pesar de no haber realizado grandes transgresiones dietéticas. ¿A qué se debe eso? Hoy día sabemos que las células adiposas segregan una substancia, la adiponectina, que juega un importante papel en la regulación del metabolismo de la glucosa, también en el de las grasas y que posee, además, una importante acción antiinflamatoria. Cuando sus niveles son bajos, y esto puede estar determinado genéticamente, se produce un mayor acúmulo de grasa en el organismo, así como una mayor tendencia a la diabetes y a los problemas cardiovasculares. Por tanto, si la adiponectina está baja se acumula más grasa y si está en niveles normales, no. La naturaleza nos ofrece una fruta, las frambuesas que, cuando están maduras son ricas en un compuesto fenólico, las cetonas de frambuesa, también llamadas substancia RK, por sus siglas en inglés (Raspberry Ketones), las cuales son responsables del aroma de dicha fruta y son utilizadas tanto en cosmética como en la industria alimentaria en forma de aditivo. Según parece las RK aumentarían la oxidación de los ácidos grasos y también los niveles de adiponectina, con lo que disminuiría el acúmulo de grasas en el organismo. Las RK se les ha llegado a considerar, pues, como un potente quema grasas. Aunque está considerada como un medicamento seguro por la FDA, no debemos olvidar que las RK también aumentan los niveles de norepinefrina, substancia esta que podría producir palpitaciones y taquicardias, sobre todo en pacientes tratados con algunos psicofármacos. A pesar de todo, lo atractivo del producto he de avisar que, aunque las campañas de marketing y publicidad nos bombardeen con informaciones muy atractivas, no debemos olvidar que en el tema del adelgazamiento no existe ningún producto milagroso que sustituya al sentido común y a una dieta apropiada junto con el ejercicio físico aeróbico de intensidad moderada.

Intolerancias y alergias alimentarias

Intolerancia alimentariaPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

            En la sociedad actual, cada vez son más numerosos los casos de alergia e intolerancia a determinados alimentos o componentes de ellos, fijaos si no las últimas noticias que fueron apareciendo, pero ¿sabemos cual es la diferencia entre ambos términos?, pues es muy frecuente confundir  en muchos casos una reacción adversa con una alergia. Ante tal situación, el tema ha despertado un gran interés y pese a toda la información disponible, sigue siendo complejo y difícil de abordar.

La alergia alimentaria es una forma específica de intolerancia a un alimento o uno de sus componentes, que activa el sistema inmunológico. Un alérgeno (proteína del alimento causante, que en la mayoría de la gente no produce reacciones adversas) provoca una serie de reacciones en cadena en el sistema inmunológico, entre ellas la producción de anticuerpos. Dichos anticuerpos provocan la segregación de sustancias químicas, como la histamina, que produce varios síntomas, como picor, moqueo, tos o trastornos respiratorios. Frecuentemente, las alergias a los alimentos o a sus componentes se heredan, y normalmente se identifican en los primeros años de vida.

Algunas reacciones alérgicas tardan horas o incluso días en desarrollarse desde el momento de la exposición a la proteína extraña. Normalmente se denominan “reacciones de hipersensibilidad retardada”.

Normalmente, la respuesta inmunitaria del cuerpo lo protege contra sustancias potencialmente nocivas, como bacterias, virus y toxinas.

La lactancia  es un momento crucial, ya que diferentes estudios demuestran que los bebes alimentados con leche artificial son más propensos a padecer alergias alimentarias. La leche materna es rica en IgA (inmunoglobulina A), que es una proteína del sistema inmune. La IgA protege a los lactantes de poder padecerlas.

La intolerancia alimentaria afecta al metabolismo, pero no al sistema inmunológico del cuerpo. Un buen ejemplo es la intolerancia a la lactosa, que se da en ciertas personas por la carencia de una enzima digestiva llamada lactasa, que descompone el azúcar de la leche. Por tanto se dan cuando el cuerpo no puede digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes. Mientras que las personas que tienen realmente alergias alimentarias necesitan generalmente eliminar el alimento causante de su dieta, las personas que sufren una intolerancia pueden consumir pequeñas cantidades del alimento o del componente alimenticio, sin que se den síntomas, excepto en el caso de personas que sean sensibles al gluten o al sulfito.

Las alergias alimentarias frecuentes suelen iniciarse en la infancia, si bien pueden comenzar a cualquier edad. Afortunadamente, muchos niños (población diana para ellas) superan las alergias a la leche, la soja, los huevos y el trigo una vez alcanzados los 5 años de edad, con sólo evitar el consumo de estos alimentos cuando son pequeños, y posteriormente podrán comenzar a introducirlos de manera progresiva en su alimentación, siendo en muchos casos bien tolerados y sin reacción. Sin embargo, también existen algunas mantenidas de por vida, como puede ser la alergia al marisco.

Ninguna alergia alimentaria tiene cura, pero con la eliminación total del alergeno, se evitan una infinidad de síntomas o manifestaciones clínicas desagradables.

Aunque se pueden dar reacciones alérgicas a cualquier alimento o componente del mismo, algunas se dan con mayor frecuencia que otras. Los alérgenos alimenticios más comunes son la leche de vaca, los huevos, la soja, el trigo, el chocolate, el pescado y crustáceos, las frutas, los cacahuetes y los frutos secos., como las nueces.

En el caso de las intolerancias alimentarias, las más comunes son a la lactosa y al gluten.

Una vez más el etiquetado alimentario es la vía para que los consumidores obtengan información sobre los productos que quieren comprar. Si los consumidores siguen correctamente la información que aparece en las etiquetas (como las fechas de caducidad, instrucciones de manipulación y advertencias relacionadas con alergias), se pueden evitar enfermedades transmitidas por alimentos y reacciones alérgicas innecesarias.

Durante la fabricación de alimentos procesados hay que tener cuidado de que los productos no se contaminen con los alérgenos de otros empleando prácticas apropiadas de separación e higiene. No obstante, puede ocurrir que, por ejemplo, un producto que no incluya los frutos secos en su elaboración contenga algún rastro de alérgenos de frutos secos al haberse producido en las mismas instalaciones que un producto que sí los contiene. En la mayoría de los casos, la probabilidad de este contacto cruzado aparece voluntariamente en el etiquetado del envase indicando: “Puede contener…”, ofreciendo una información muy importante a los consumidores.