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10 consejos para elegir nuestras verduras

verdurasLas verduras han de ser uno de los alimentos que no han de faltar en las dietas saludables. Gracias al aporte de fibra, vitaminas, minerales y otros nutrientes, se consideran, por lo general, alimentos especialmente sanos.

Ante la proliferación de verduras envasadas en los supermercados y la dificultad que tenemos para escoger bien nuestra compra, debido al acelerado ritmo de vida moderno, no siempre las elegimos de forma apropiada.

A continuación expondré algunos consejos sencillos para ayudarnos a que dicha elección sea mejor: Sigue leyendo

Mariscada en Navidad. ¿Precaución?

mariscadaPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del C.M.I. Dr. Nougués

Por marisco según la definición de la Real Academia Española (RAE), se entiende cualquier animal marino invertebrado y, especialmente, el molusco o crustáceo comestible.

Dentro de cada uno de estos dos grandes grupos (crustáceos y mariscos), aunque habitualmente no hacemos distinción entre ellos, sino que los consideramos todos bajo el término marisco, a su vez se diferencian varios tipos (almejas, mejillones, calamar…/langosta, percebes…, respectivamente). Y sean unos u otros, nuestra mesa rebosa con ellos en las comidas navideñas, aportándoles un toque de glamour y diferencia respecto al resto del año. ¿Pero cómo saber si se trata de un tipo u otro? De forma fácil recordad que los moluscos son todos aquellos que presentan concha y los crustáceos todos los similares a la gamba, langostino, percebe…, es decir todos los que presentan “antenitas”.

Como cualquier otro producto de pesca, son una excelente fuente de nutrientes, si bien dependiendo del tipo de que se trate, teniendo en cuenta la amplia variedad con la que nos encontramos, es importante no olvidar ciertos detalles más aún, cuando padecemos determinadas enfermedades, que en estos días pueden verse repercutidas negativamente por los excesos cometidos, ya que la frase típica es: “por una vez…”; el problema está en la cantidad pues no es tomarlos, sino que no nos conformamos con la cantidad pequeña, prevaleciendo una vez más el deseo sobre la sensatez y la moderación.

De forma general al hablar de la composición nutricional de los mariscos destaca su bajo aporte calórico (posible alternativa para regímenes hipocalóricos); el alto contenido proteico (de alta calidad como las de la carne y huevo), de minerales (destacando el calcio, magnesio y fósforo), de oligoelementos y vitaminas y el bajo aporte graso, siendo éstas de tipo poliinsaturadas (especialmente omega 3 y 6). En cuanto al colesterol, si bien en términos generales y sobre todo, en el caso de los bivalvos (es decirlos de dos conchas como las almejas, etc), no es excesivamente alto, precaución  con los crustáceos,  sobre todo en casos concretos como los langostinos y familiares (calamar). También debe destacarse que la capacidad de los pescados y los mariscos de aumentar el nivel del colesterol sanguíneo, es muy inferior a la de otros alimentos por su mayor concentración de ácidos grasos insaturados (que ejercen un efecto reductor del colesterol), y su escaso contenido en ácidos grasos saturados (cuyo exceso está relacionado directamente con el aumento del colesterol plasmático).

Esta composición es la que lleva a ser precavidos en su consumo, debiendo primar una vez más la MODERACIÓN, más aún ante patologías como el ácido úrico (por el alto contenido en proteínas que al ser degradadas dan lugar a purinas y éstas al metabolizarse, ácido úrico), dislipemias (colesterolemia), enfermedades hepáticas, alteraciones inmunológicas o problemas gastrointestinales; en estos tres últimos casos sobre todo si van a ser consumidos práctica o totalmente crudos, ya que si el medio en el que viven (el agua) está contaminada pueden albergar en su interior sustancias que al comerlos pasan a nuestro organismo, causando intoxicaciones y cuadros gastrointestinales.

 

Alimentos de temporada

Por Dª Gracia Maria Casado – Nutricionista del C.M.I

Vivimos en un mundo globalizado donde en cualquier momento del año tenemos acceso a cualquier alimento deseado, pero es importante que tomemos consciencia de otro aspecto más, en relación a nuestra alimentación y las recomendaciones que en algún momento pudieron hacernos o escuchamos, y ahora iremos viendo el porqué. Es cierto y no podemos negar los importantes avances y mejoras en materia de alimentación, en la industria alimentaria, sobre todo en los últimos años; sin embargo también ha de destacarse la “merma” en la calidad nutricional y en las características organolépticas que ha provocado, y si no ¿cómo se explica un tomate sin sabor ni olor entre otros muchas frutas y verduras?

Lo más recomendable, si queremos que nuestra alimentación sea de la mayor calidad posible, es consumir alimentos de temporada, aprovechando su riqueza en nutrientes.  Y algunas de las bases para afirmar esto son:

– mayor riqueza nutricional (vitaminas, minerales…) y mayor riqueza organoléptica (olor, sabor, textura…), mejorando la calidad final del alimento.

– se encuentran en su momento óptimo de consumo pues fueron recolectados una vez alcanzada su madurez y por consiguiente son más ricos, que los recolectados verdes y madurados artificialmente en las cámaras frigoríficas. Además, contribuimos a la sostenibilidad medioambiental, respetamos el ciclo natural de las estaciones, y contribuimos a reducir tanto el gasto energético como la contaminación que genera la producción fuera de la temporada.

– más económicos, pues al disponer de mayor cantidad, disminuye su coste y consecuentemente, nos permiten un ahorro en la cesta de la compra.

– han sido mejor cultivados, en suelos apropiados, en condiciones climatológicas adecuadas, y han podido completar su ciclo de manera natural.

Y para que sepamos responder a ¿….y cuáles son los alimentos de temporada?, os facilitamos el enlace del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio ambiente, con toda esta información:

http://www.alimentacion.es/es/campanas/frutas/frutas_verduras_temporada/

Esperamos que comencéis a ponerlo en práctica en vuestras compras. Fijaos la gran variedad de alimentos que podemos encontrar, utilicémoslos y hagamos más rica nuestra alimentación. No es difícil.

La importancia de la dieta

Por Dª Gracia María Casado (Nutricionista y dietista del CMI Dr. Nougués)

¿Por qué es importante una alimentación correcta? ¿Sabemos realmente el significado de dieta? ¿Por qué  la importancia de recibir un asesoramiento dietético de la mano de verdaderos profesionales de la Nutrición?

            Diferentes cuestiones que iremos abordando a lo largo del texto, con la finalidad de que aprendamos la importancia que realmente tiene, si de verdad el objetivo es mejorar el estado de salud.

En primer lugar es importante conocer el significado correcto del término dieta así como sus diferentes connotaciones de cara a hacer un uso correcto del mismo. Si pensamos en los orígenes de la palabra dieta dicha procede del latín diaeta, y ésta a su vez del griego jiaita, que significa “régimen de vida”. Por tanto “Dieta”, en términos generales, no significa régimen de adelgazamiento o privación del comer, si bien es otro de los significados que también presenta esta palabra y quizás sin lugar a dudas, con el que identificamos a esta palabra. Es más, en la población enferma dieta se entiende como aquel régimen que se manda observar a los enfermos convalecientes en el comer y beber, y por extensión esa comida y bebida (DIETOTERAPIA), según aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia Española.  Por tanto y para que lo entendamos fácilmente dieta esaquello que comemos cada día. De acuerdo con ello, cuando se habla de una dieta equilibrada, no es más que el conjunto de sustancias que se ingieren habitualmente como alimento y que nos permiten mantener un adecuado estado de salud y una capacidad de trabajo. Como características de ella destacan: ser variada, completa, equilibrada, suficiente y adecuada e individualizada (a las características y necesidades del sujeto) e inocua. Por tanto y para que cada cual se responda a sí mismo, pues todos conocemos multitud de “dietas” donde se limitan o suprimen alimentos, ¿cómo ponemos en juego nuestra salud, dejándonos llevar por mensajes persuasivos y “modas” en alimentación, sobre todo en determinadas épocas del año? Seguro sabéis a lo que me refiero, ¿verdad?

Partiendo de población sana, y más aún si hablamos de población que padece alguna patología, hoy por hoy y cada vez más, son numerosas las evidencias que ponen de manifiesto la importancia de la dieta como una parte más a considerar para el mantenimiento del buen estado de salud y por ende en el tratamiento terapéutico y general de cualquier patología. Por ejemplo, la enfermedad cardiovascular es un buen ejemplo de ello. En esta patología la base de la dieta, es la dieta mediterránea (reconocida por organismos internacionales como dieta patrón de lo que representa una alimentación sana y equilibrada, y encontrándose entre las principales directrices nutricionales de sociedades internacionales como la del corazón, diabetes, etc.), con las modificaciones que requiere cada paciente de manera totalmente individual, y por supuesto, teniendo en cuenta sus características antropométricas y la/las patología/as añadidas. Pero estos aspectos son extrapolables a cualquier otra situación del sujeto.

Junto a la alimentación y la búsqueda de una mejora y cambio en los hábitos alimenticios es crucial que además integremos y no olvidemos, la realización de ejercicio físico diario.

Para el asesoramiento y seguimiento dietético adecuado de cada paciente que lo solicite y/o lo requiera, el conocimiento de los hábitos nutricionales individuales es un factor crucial, de cara a planificar las modificaciones que en su dieta sean necesarias. Aunque existen características globales de la dieta, que son aplicables a la totalidad  de los pacientes (aspectos que podrían tratarse desde una educación grupal), los objetivos individuales de cada paciente debe ser tenidos muy presentes y ser considerados. De forma individual tendremos que marcar una serie de metas individuales dirigidas a sus objetivos y patologías (si las padece). Junto a todo ello, en la valoración nutricional de los pacientes, deberemos considerar la realización de una historia clínica dirigida a la patología metabólica presente (si existe), una historia nutricional de hábitos alimentarios y una exploración clínica que resalte los principales aspectos nutricionales. Del mismo modo y como parte de tal valoración han de tenerse en cuenta también, otros aspectos que influyen en el riesgo nutricional y nos aportan información al respecto:

–       Medidas antropométricas (peso, la talla y el perímetro de la cintura). Insistir en el cálculo del índice de masa corporal (IMC) y proponer mantenerlo por debajo de 24 kg/m2.

–       Parámetros de composición corporal (masa grasa, masa magra y agua corporal)

–       Parámetros analíticos

                       Busca aquel profesional/es sanitario/s cuya atención y práctica clínica para con sus pacientes se base en estas premisas y cuide tu salud tal y como mereces.

            Como profesional sanitaria he de aconsejar que no sigas pautas contraproducentes para tu propia salud y persigue la profesionalidad y calidad en la asistencia que recibes. Los “milagros dietéticos” no existen.

          Plantéate si no es la “no personalización” real de las dietas y del seguimiento, el fracaso de cualquiera de los planes dietéticos existentes en el mercado. La salud debe ser nuestra prioridad en todo momento y no puede ir sujeta a temporalidades.