¿Problemas o dificultades?

dificultades o problemasMe resulto curioso cuando hace años escuché decir a Lama Gangchen Rimpoché que la primera palabra que había aprendido al venir a occidente fue la palabra “problema”.
Cada uno que se acerca a mí me dice, “Lama, tengo un problema”- comentaba Rimpoché, mientras sonreía.
Me resultó extraño comprobar como los occidentales, con su alto nivel de vida, sentían que tenían muchos problemas- continuó diciendo.
No había reparado hasta entonces en este hecho, pero lo cierto es que a partir de fijarme en ello un poco más, no pude sino constatar cuánta razón tenía Lama Gangchen.
Lo mío podía tener una cierta justificación, porque mi profesión como médico me hacía conectar con un tipo de población que acudía a mi aquejados por diferentes tipos de dolencias. No obstante, comprobé también que, más allá del ámbito médico, la gente utilizaba esta palabra con demasiada frecuencia.
¿Pero qué es un problema? ¿Por qué el mismo acontecimiento para unos resulta un problema y para otros no?
Algunas personas experimentan el termino “problema” como algo pesado, duro, algo a lo que no encuentran solución o en lo que se perciben atrapados y con difícil o nula posibilidad de salida o resolución.
Hay que reconocer que el término problema posee una alta carga semántica, de tal manera que sólo con pronunciarlo ya nos sentimos limitados. Pero si entendemos la verdadera dimensión de lo que significa tener un problema, tal vez nos podríamos aliviar algo.
Porque un problema no es más que una “dificultad para gestionar una dificultad”.
Si pensamos sobre el asunto, lo que podremos evidenciar es que en la vida lo que ocurren son acontecimientos, si más. Cada persona imputa una valoración a dicho acontecimiento y, en función de la valoración atribuida, el sujeto reacciona de un modo o de otro, le resulta una dificultad o no.
Por tanto, una dificultad no es más que una atribución imputada por el sujeto ante cualquier acontecimiento.
Cuando acontece una dificultad pueden suceder dos cosas. La primera de ella, que tengas recursos suficientes para solventarla, en cuyo caso se resolverá sin más. Pero también puede suceder que nuestros recursos disponibles estén por debajo del nivel de exigencia de la dificultad planteada, en cuyo caso nos encontraremos con una “dificultad para gestionar la dificultad”, es decir, lo que llamamos un problema.
Por tanto, si quieres resolver un problema, deberías atender y dar respuesta a tu dificultad para gestionar la dificultad.
Hay diversas maneras de superar las dificultades. Una de ellas consiste en incrementar nuestro nivel de competencia sobre el asunto. Es decir, a través del aprendizaje de las habilidades y destrezas apropiadas podremos llegar a dar respuesta a lo que antes nos parecía insalvable.
También podemos trocear la dificultad. Es decir, en ocasiones la dificultad es de gran tamaño o tal vez demasiado compleja para nosotros. Lo cual significa que no podremos resolverla de un golpe, sino que necesitaremos abordarla parcialmente, trozo a trozo.
Otra estrategia útil para solventar dificultades puede ser la de aplicar los conceptos del Sistema Sofrodynámico ECA (Enraizamiento-Centramiento-Alineamiento). Es decir, descubrir qué es aquello que nutre a la dificultad; descubrir cuál es el núcleo que la mantiene estable; investigar acerca de nuestro nivel de competencia y aquello que quiero conseguir al resolver la dificultad.
Porque sabemos que si cortamos lo que nutre algo, esto desaparecerá en más o menos tiempo. También sabemos que si eliminamos el núcleo que mantiene estable una situación, esta desaparecerá. Y también hemos comprobado que a veces, si conectamos con nuestra Dirección Vital Personal, descubrimos que aquello que considerábamos como un problema, en realidad no tiene nada que ver con nosotros ni con nuestras metas, porque es posible comprobar que a veces nos quedamos estancados tratando de resolver problemas que no nos pertenecen.
Es importante entender que existen múltiples estrategias para resolver lo que habitualmente llamamos problemas, pero desde mi punto de vista, todas ellas deberían comenzar con el planteamiento de entenderlos como una dificultad ante la que tengo ciertas limitaciones para gestionarla. Esto nos permitirá acceder a mejores estrategias, como, por ejemplo, realizar preguntas apropiadas (Preguntas de alto Nivel-P.A.N.), tales como ¿qué he de aprender para disponer de recursos eficaces frente a este reto?, o cualquier otra pregunta que nos permita realizar una correcta indagación según los principios del Sistema ECA sofrodynámico.
Sea como fuere, lo más recomendable es que comiences por utilizar menos el termino problema y sustituirlo por otros más operativos, como dificultad o reto. Parece una tontería pero nuestra mente establece importantes diferencias entre cómo responde ante unos o ante el otro.

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