Medicina Integrativa y Espiritualidad

La Medicina Integrativa, además de atender a los aspectos físicos y biológicos del ser humano utilizando para ello todos los medios científicos actuales, propone también atender los aspectos emocionales y espirituales de las personas, incluyendo dichos aspectos de un modo relevante en su modelo de salud.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) publicó en su día un documento titulado “Estrategia global para la salud para todos en el año 2000”, en el que realiza una aportación novedosa y, de momento poco conocida, en el ámbito de la salud: abordar la dimensión espiritual del ser humano. Obviamente, dicho enfoque, constituye un cambio cualitativo de gran importancia en lo que a la noción de salud se refiere, y que merece algunas reflexiones al respecto.

En el texto antes mencionado, se define la espiritualidad como “un fenómeno cuya naturaleza no es material sino que pertenece al conjunto de ideas que surgen en la mente de los seres humanos, particularmente, ideas que ennoblecen”. Esta nueva aproximación a la salud, continúa diciendo el mismo documento: “ha sido influenciada por cualidades humanas como el sentido de la decencia, la empatía con los no privilegiados en el campo de la salud, la compasión, y un deseo de justicia social”. También añade lo siguiente: “Los valores no materiales llevan a una decisión que tiene valores materiales significativos para la gente de cualquier parte que sea capaz de trabajar productivamente y entonces, contribuir a su propio desarrollo económico y de la comunidad y país donde vive”. 

Es significativo que la OMS realice estas reflexiones precisamente en unos tiempos en los que se percibe una radicalización en el pensamiento de lo “políticamente correcto”, lo cual, en el ámbito de la salud, lleva a ensalzar de una forma poco crítica el valor de “lo científicamente demostrado” en contra de otros aspectos menos documentados, aunque estos últimos posean un gran bagaje empírico que los sustenta. Nos olvidamos de que la ciencia, si es verdadera, es sobre todo humilde, ya que reconoce sus propias limitaciones y es también consciente de que hoy afirmará una cosa y mañana defenderá lo contrario, pues el avance científico se basa en en la superación de paradigmas obsoletos a favor de nuevos modelos que mejoran nuestra comprensión de la realidad. Por eso no hemos de extrañarnos de que la ciencia, con el paso del tiempo, se contradiga a sí misma. Esto es lo más contrario a un dogma y lo más parecido a una mentalidad abierta. 

Como anécdota personal podría referir muchos ejemplos. Baste uno de ellos. La llamada “Medicina Científica” me enseñó durante mis años universitarios que a los pacientes con colesterol alto habría que prohibirles comer pescado azul y restringir al máximo el “peligroso” aceite de oliva. Decir lo contrario en esos momentos era conseguir un suspenso, ya que ¿cómo podría contradecirse lo que la “ciencia” afirmaba? Esa misma “Medicina Científica” nos dice hoy todo lo contrario, ya que si padeces de colesterol te habrán mandado comer todo el pescado azul que puedas y, por supuesto, disfrutar generosamente del aceite de oliva. Así que, eso a lo que llamamos “ciencia”, es capaz de decir una cosa y su contrario, y además sin despeinarse.

El modelo propuesto por la Medicina Integrativa se encuentra orientado a la restitución y la promoción de la salud utilizando unos métodos menos invasivos, menos tóxicos y menos costosos, integrando el tratamiento convencional y las medicinas complementarias, basándose en una comprensión de los aspectos físicos, emocionales, psicológicos, y espirituales del ser humano. De aquí se deduce que es la propuesta  que defiende la Medicina Integrativa es la que se encuentra mejor alineada y posee una mayor concordancia con lo que la OMS propone en sus últimos documentos respecto a la salud y el papel de la espiritualidad.

Es importante entender que la Medicina Integrativa no es una Medicina Alternativa, sino que se encuentra complementando la Medicina Convencional pero trascendiendo el  tradicional enfoque dualista mente-cuerpo que dicha Medicina Convencional propone, y se incorporan los aspectos más espirituales del ser.

Creo que es importante entender que la verdadera ciencia no es un dogma, sino un “saber”. Según el diccionario de uso del español de María Moliner, se conoce como ciencia a: ”Conjunto de los conocimientos poseídos por la humanidad acerca del mundo físico y del espiritual, de sus leyes y de su aplicación a la vida humana para el mejoramiento de la vida”. Dicha palabra deriva del latín “scientia” la cual viene del verbo “scire” que significa saber.

Dicho saber puede tener como objeto el estudio del mundo exterior, y de ahí surgirán una infinidad de disciplinas. Pero podemos también elegir como objeto de estudio el llamado Mundo Interior del ser humano, y de ahí surgirán otras diferentes disciplinas. La espiritualidad entra en el campo de este último aspecto ya que podríamos definirla como “La ciencia del conocimiento a través de la experiencia de nuestro mundo interior, verdadera y profunda naturaleza del ser humano”.

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