Medicina Integrativa y Espiritualidad

La Medicina Integrativa, además de atender a los aspectos físicos y biológicos del ser humano utilizando para ello todos los medios científicos actuales, propone también atender los aspectos emocionales y espirituales de las personas, incluyendo dichos aspectos de un modo relevante en su modelo de salud.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) publicó en su día un documento titulado “Estrategia global para la salud para todos en el año 2000”, en el que realiza una aportación novedosa y, de momento poco conocida, en el ámbito de la salud: abordar la dimensión espiritual del ser humano. Obviamente, dicho enfoque, constituye un cambio cualitativo de gran importancia en lo que a la noción de salud se refiere, y que merece algunas reflexiones al respecto. Sigue leyendo

Dimensión científica y espiritual en el camino del despertar

Dimensión científica y espiritual en el camino del despertar

despertar

Sabiduría y compasión conforman la senda del despertar

Crecer y desarrollarse como seres humanos avanzando por el camino de la autorrealización comprende a la vez una dimensión científica basada en los conocimientos actuales del funcionamiento de nuestro cerebro, así como un profundo aspecto espiritual que no podemos obviar.

Podría decirse que ciencia y espiritualidad son como las dos alas de un pájaro, sin las cuales, el pájaro, no podrá volar en el cielo.

No cabe duda de que las grandes tradiciones espirituales han realizado aportaciones fundamentales en lo que se refiere a la búsqueda de la felicidad y al bienestar personal.  Sigue leyendo

Medicina, ¿arte o ciencia?

Medicina, ¿arte o ciencia?

medicina arte o cienciaEn la medida que los conocimientos médicos se van desarrollando y la tecnología aplicada se sofistica cada vez más, la medicina va adquiriendo un mayor grado de desarrollo técnico-científico, que la mayor parte de las veces supera con mucho lo que éramos capaces de imaginar hace no demasiado tiempo.

Todo ello supone un gran beneficio para la humanidad en general, y más concretamente para los pacientes que pueden acceder a este tipo de medicina, pero en muchas ocasiones aparece la sensación de que, al mismo tiempo que ganamos en tecnología y precisión, perdemos en calidez y en otros aspectos más humanos.

La medicina actual, en base a los conocimientos y experiencias científicas, ha desarrollado una serie de protocolos buscando una mayor efectividad en sus procedimientos y  en la toma de decisiones, de tal manera que podemos afirmar que la medicina científica actual se encuentra altamente protocolizada.

Se estructuran algoritmos médicos de intervención y decisión, de tal manera que todo el mundo sabe que detrás de que suceda A hay que hacer B y posteriormente C, independientemente de las individualidades de cada paciente y de sus circunstancias. Es lo que toca, “según el protocolo” se suele decir a los pacientes, – pero que me aportará- preguntan algunos – no mucho- responden los médicos a veces, -pero es lo que dice el protocolo que hay que hacer-.

El famoso aforismo “no hay enfermedades sino enfermos”, aunque se siga repitiendo en las facultades de medicina, hace mucho tiempo ya que quedó olvidado, ensombrecido por la cegadora fuerza de los protocolos establecidos.

Personalmente no tengo nada en contra de la existencia de los mencionados protocolos. Es más, me parecen bastante útiles. Pero sí que soy poco partidario de obrar con rigideces preconcebidas, y también soy poco partidario de que perdamos de vista algunas de las circunstancias que hacen que cada paciente y cada proceso sea único.

Tal vez por eso, el gran Hipócrates hablaba del “Arte” para referirse a la medicina. Los latinos acuñaron el término de  “Ars Médica”, también para referirse a ella. Pero hoy día, cuando mencionamos cualquier actividad médica, solemos hablar de ciencia.

Y decimos bien, porque la medicina ha de aspirar a ser una ciencia lo más precisa posible. Así, como toda disciplina científica, requerirá de una metodología apropiada que permita la verificación o rechazo de los diferentes supuestos y teorías mediante la realización de estudios serios y rigurosos. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero, entonces ¿dónde queda el arte médico?

¿Es la medicina sólo una ciencia? ¿Es también un arte, como decían los hipocráticos? ¿No será ambas cosas a la vez?

Si el médico, cegado por el resplandor de la ciencia, renuncia a ser un artista, habrá perdido parte de la esencia definitoria de la profesión.

Recordemos, ahora, que existe una curiosa palabra que nos puede ilustrar en este asunto, la palabra “artesano”. Me parece bastante apropiada para esta reflexión, porque un médico ha de parecerse a un artesano, es decir, practicar el “arte de la salud” o dicho de otro modo llevar a cabo el “arte-sano”.

Al mismo tiempo, ha de parecerse también a un artesano por aquello de no tratar a sus pacientes en serie, a todos por igual como si fuese el modo “industrial”. Así, de la misma forma que cada vasija en manos del alfarero ha de ser única, o cada cuadro en las manos del pintor ha de ser una obra original, del mismo modo, cada paciente, he de ser contemplado a la luz de su propia individualidad y de la específica peculiaridad que le sea propia.

Este enfoque nos llevará a trascender la tendencia a aplicar cualquier protocolo de forma rígida y cerrada, beneficiándose no sólo el paciente sino también el mismo profesional.

Llegado a este punto, me viene a la memoria la frase que en el momento de separarnos me dirigió la persona a quien considero mi “maestro” en homeopatía, el Dr. Francisco Criollo. Después de cuatro años de estudio y trabajo intensivo bajo su dirección, se despidió diciendo,    -usted ya tiene el conocimiento suficiente, la ciencia. Ahora, cuando trate a cada paciente, olvídese de ella y haga florecer su arte”.

¡Ojalá que la ciencia médica no pierda nuca el enfoque del ser  el “arte de la curación”!

El factor humano

El factor humano

bloqueos para la curación“La medicina no es sólo una ciencia, es ante todo un arte. A todos nos gusta acertar con nuestros diagnósticos y tratamientos. Cada día tomamos decisiones clínicas basadas en el conocimiento y la experiencia con la esperanza de que surtan un efecto beneficioso en el paciente. Pero a menudo se suele obviar otro factor “el factor humano”, el del propio paciente, su peculiaridad e individualidad que hace que sus reacciones sean a veces únicas, y, por supuesto, los bloqueos a la curación que muchos pacientes presentan aunque no lo sepan conscientemente, ya que en ocasiones, dichos bloqueos, se ocultan en las más recónditas profundidades del inconsciente del propio paciente.” (ANF)