Aprendizaje y responsabilidad, las claves de una vida mejor

Todas las personas que conozco tienen el deseo de vivir lo más felizmente posible. Pero también, esas mismas personas, por lo que me cuentan cuando hablamos de ello, suelen delegar en otros la responsabilidad de conseguirlo. Por eso, cuando les pregunto acerca de las causas que le impiden ser feliz y cómo podrían modificarlas, suelen responder que las causas de su infelicidad son externas, es decir, los problemas familiares, laborales, las dificultades con ciertos amigos, la pareja, etc. Y que ellos serían felices si los demás, o las circunstancias, cambiasen.

Y no digo que en parte no sea así, es decir, que existan ciertos obstáculos y dificultades que nos entorpecen la posibilidad de una vida mejor y que si dichos obstáculos desaparecieran la vida sería más sencilla. Nunca he dicho que la vida sea fácil y placentera, más bien lo contrario. Tal vez por esto haya que estar lo suficientemente preparados para hacer frente a la gran cantidad de dificultades personales y grupales que  suelen rodearnos. Si quieres vivir mejor, adquirir los conocimientos y habilidades necesarias para ello es algo imprescindible y fácil de entender.

Hemos de aprender que somos los dueños de nuestra existencia y los responsables de nuestro destino, y que no debemos renunciar a ello. Así, con los materiales que nos da la vida, sean estos los que sean, nuestra misión consiste en realizar la mejor obra posible. No deberíamos olvidar tampoco que, aunque haya dificultades externas, la responsabilidad de superarlas se encuentra, no en los demás, sino en nosotros mismos.

He conocido personas felices que han tenido circunstancias vitales realmente complicadas. Y también he conocido a otras personas con una vida bastante regalada que se atascan ante el primer contratiempo que encuentran en su camino ¿Qué marca la diferencia entre uno y otro caso?

Tal vez sea que cuando entendemos que nosotros, y no los demás, somos los responsables de nuestra propia existencia, adquirimos una fortaleza y una determinación que serán fundamentales para superar los obstáculos que aparezcan. Asumir lo anterior es como coger las riendas de nuestra vida para enfocarnos en el camino que hemos elegido seguir para alcanzar nuestras metas. 

Pero, como podemos imaginar, aceptar el compromiso de cargar con la propia responsabilidad no es un asunto que guste a la mayoría. Porque la responsabilidad tiene su peso, y es más sencillo culpar a los demás, al ambiente, a la sociedad o al destino, que asumir la parte de responsabilidad que nos toca.

Somos cocreadores de nuestro destino y participes en la construcción colectiva de nuestro mundo, renunciar a ello es comprar todas las papeletas para tener una vida más desgraciada de la que nos merecemos. Porque, no debemos olvidar que renunciar a asumir nuestra responsabilidad vital también tiene su coste. Y, dicho coste, suele ser más elevado de lo que muchos imaginan.

Es cierto que la vida no es fácil, y que nos encontraremos con situaciones y circunstancias ante las que nada o poco podamos hacer para cambiarlas. Ciertamente, hay muchas cosas que no podemos cambiar, y cuando esto sucede habremos de ser lo más resilientes posibles para afrontar las adversidades sin que estas nos derrumben. 

Distinguir entre lo que podemos modificar y lo que no, es una habilidad especialmente interesante, al igual que ser capaces de no renunciar a hacer todo lo posible por cambiar aquellas otras que sí podamos modificar, es también una capacidad especialmente relevante. 

Sea como fuere, independientemente de los resultados que obtengamos, hay algo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, y es la tranquilidad que nos deja saber que hemos hecho todo lo posible y que hemos dado lo mejor de nosotros mismos. A esto último nunca deberíamos de renunciar.

No nacemos sabiendo sino con el potencial para aprender. Por tanto, comenzar a asumir tu propia responsabilidad vital requiere desarrollar ciertas habilidades y destrezas, es decir, incorporar un arsenal de herramientas orientadas al cambio, al desarrollo humano y al bienestar. Realizar dichos aprendizajes será el primer compromiso que habrán de asumir aquellos que quieran vivir más felizmente.

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