Sofrodynamia®: los orígenes

sofrodynamia- los orígenesEn más de una ocasión me han preguntado cómo se me ocurrió crear esto de la Sofrodynamia®. La respuesta no es sencilla porque en realidad no fue ninguna ocurrencia, ni tampoco una especie de invento cualquiera, sino que tuvo y tiene mucho que ver con mi proceso personal de crecimiento y desarrollo humano y, como tal, es una cuestión larga y compleja para explicar, debido sobre todo a que a estas alturas  son ya muchos los años vividos que he dedicado a estos asuntos.

No obstante, para intentar responder a la curiosidad de algunos y a la cuestión planteada, me propongo ahora resumir en unas líneas dicho proceso.

Para explicar esto me resulta inevitable en este relato hablar de cuál ha sido mi camino y de cómo he orientado mi personal manera de adentrarme por los vericuetos del mundo interior.

Desde que tengo recuerdos nítidos, y los tengo desde muy pequeño, siempre me ha interesado el proceso de crecer como persona, así como la búsqueda de una vida más armónica y plena.

Evidentemente, según la edad y la madurez propia de cada momento, dicha  indagación revestía un carácter peculiar y en muchos casos diferente. Pero si he de reconocer algo en común durante todo estos años, ha sido precisamente eso, la actitud de búsqueda.

Puedo confirmar que dicha búsqueda me ha llevado a transitar por caminos  religiosos, filosóficos, esotéricos, científicos, etc., buscando siempre en aquella dirección que intuía, dentro de mis numerosas limitaciones, que podría ser de interés.

Por razones obvias, evitaré realizar un detalle pormenorizado de todas estas andanzas, pero sí he de destacar los hitos más relevantes que tienen relación con la Sofrodynamia®. Así que haré un pequeño resumen de esa especie de cuaderno de bitácora que me ha guiado en mi navegación por el océano de la consciencia humana.

Quizás, el primer hito destacable que me llevó finalmente a diseñar la Sofrodynamia® fue la Sofrología.

Aunque mis primeras aproximaciones en este tema datan del año 1977, cuando  apenas era un estudiante de medicina de 19 años, no fue hasta finales de la década de los ochenta cuando comencé a estudiar sistemáticamente esta disciplina, realizando la formación correspondiente a todos los diferentes niveles existentes en esa fecha, tanto en la Escuela Internacional de Sofrología en Madrid dirigida por el Dr. Mariano Espinosa, como en la Escuela Andaluza de Sofrología en Granada que dirigían los doctores Guirao, Morales y Cardeña; completando mis estudios en Francia y en Andorra con el mismo fundador de esta disciplina, el Dr. Alfonso Caycedo.

Nunca es suficiente el agradecimiento que se debe mostrar a las personas que nos enseñan herramientas de cierta envergadura, y sería un ingrato si desde aquí no agradeciese públicamente todo lo recibido por parte de estas personas e instituciones. Pero siempre he tenido claro que dicho agradecimiento no ha de representar, en ningún caso, limitación alguna para poder disentir con toda libertad en algunas de sus aproximaciones o enfoques, porque justo ahí, en esa disensión, es donde debe ser creativa la mente del estudiante.

Por tanto, he tratado de ser capaz de agradecer siempre, sin que eso limite mi libertad de elegir mi propio camino y de llegar a mis propias conclusiones. En todo  momento he creído que la actitud adecuada debe ser la de respetar todos los caminos al tiempo que mantenemos la fidelidad al nuestro propio.

Es desde este reconocimiento y desde mi más profundo respeto que, según mi propia consciencia, no pude quedarme donde la ortodoxia sofrológica me exigía y necesité traspasar sus fronteras impulsado por la inexcusable necesidad de ser fiel a mi propia búsqueda personal.

Yo había escuchado decir a mis profesores y, posteriormente en persona, al propio Caycedo que “la Sofrología debía finalizar allí donde las disciplinas espirituales comienzan”. Y esto, que desde un pensamiento puramente científico y positivista es algo totalmente lógico y consecuente para cualquier disciplina que pretenda ser científica, se me quedaba bastante corto y limitado si lo contrastaba con mi experiencia personal, la cuál, por entonces, me había conducido a la certeza de que el desarrollo de la dimensión espiritual del ser humano es inseparable de esa búsqueda de la armonía, la serenidad y la paz que todos anhelamos.

Todavía hoy mantengo la creencia de que todo ser humano inmerso en un proceso serio de autorrealización, en algún momento ha de conectar con lo que los psicólogos actuales denominan el campo transpersonal, y por tanto ha de abrirse a la trascendencia y a la experiencia de la dimensión espiritual de su existencia.

Por lo tanto, en aquella frontera dónde la Sofrología Caycediana se paraba, yo me aventuré a continuar, y eso me llevó a adentrarme en aquellos terrenos del mundo interior que hoy día recoge la Sofrodynamia®.

Por estar abierta a la totalidad de la experiencia humana, en términos de desarrollo, la Sofrodynamia®, inevitablemente, incluye el aspecto espiritual del ser.

Hay que decir que en el planteamiento sofrodynámico existen unas bases sofrológicas importantes, pero no debemos olvidar que también mantenemos numerosas discrepancias en aspectos conceptuales, epistemológicos, metodológicos y prácticos. Dichas diferencias hicieron que dejase de llamar Sofrología a los talleres que impartía, y que fuese necesario crear una nueva palabra para describir el tipo de entrenamiento que durante esos años iba desarrollando.

Otro punto importante de mi búsqueda fue mi contacto con el budismo, sobre todo Vajrayana, y mi contacto con las enseñanzas de los maestros y lamas tibetanos, que se produjo a principio de los años noventa.

Su aproximación al conocimiento de la naturaleza de la mente fue algo que realmente me fascinó desde el principio. Las técnicas tántricas de meditación, las enseñanzas, sobre todo de Lama Gangchen Rimpoché y su Práctica Tántrica de Autocuración, llegaron a ser un  verdadero regalo en mi camino. Estas enseñanzas, poco a poco, fueron impregnando mi experiencia y mi comprensión del mundo.

Desde entonces, con frecuencia he podido constatar que aquello que decían los lamas utilizando extrañas palabras sánscritas o tibetanas, encerraba una profunda fuente de sabiduría ancestral, de sentido común y sobre todo de amor y compasión hacia todos los seres, podía ser explicado, al menos en algunos aspectos, desde los conocimientos científicos y psicológicos más actuales.

Por ello dedique cierto tiempo y esfuerzo no a repetir rituales extraños alejados de mi medio cultural, sino a tratar de entender y elaborar una comprensión que permitiese tender una especie de puente para que las mentalidades occidentales pudiesen comprender, asumir y practicar desde su realidad objetiva los principios de estas enseñanzas tradicionales que planteaban los maestros tibetanos.

Y aunque no soy más que un estudiante de nivel inicial de estas disciplinas, no cabe duda que han impregnado en profundidad muchos aspectos de mis enfoques acerca de aquellos asuntos que tienen que ver con la búsqueda de la liberación del sufrimiento.

A un nivel menos espiritual, mi contacto con la Programación Neurolingüistica (PNL), con la Hipnosis Ericksoniana y con el modelo desarrollado por Jhon McWhriter (Modelado Conductual Evolutivo, DBMÆ), me han dotado de un repertorio de herramientas prácticas y de comprensiones que indudablemente también influyeron en todo lo que posteriormente fui desarrollando.

Pero no quiero dar la impresión de que la Sofrodynamia® es una especie de mezcla ecléctica de materias diferentes, cosa que, por otra parte, si así fuera, no tendría nada de malo. Obviamente, va a compartir ciertos aspectos con otras disciplinas porque el objeto sobre el que versa es el mismo en todas ellas, el ser humano; y la finalidad que persigue, crecer y desarrollarse emergiendo a una vida más armónica, es  una finalidad también compartida por otros enfoques.

Las herramientas que la Sofrodynamia® utiliza, son la corporalidad y la psique del sujeto y el trabajo energético. Estas son herramientas también comunes a otros campos, pero, pese a todo ello, la Sofrodynamia® posee su propia peculiaridad que es posible descubrir y experimentar gratamente por aquellos que la practican.

Por último, he de resaltar también la importancia que ha tenido para mi la influencia del modelo energético de la Medicina Tradicional China.

A pesar de que la visión energética del ser humano había estado siempre presente en mí enfoque médico, dicha visión se completó aun más y mejor gracias a mi aproximación a la Medicina Tradicional China, a la filosofía taoísta y, sobre todo, a la práctica personal del Qi Gong, disciplina milenaria en la que se conjugan ejercicios físicos, respiraciones especiales, concentraciones y trabajo mental para regenerar, regular y desarrollar la energía del ser humano con fines curativos, marciales o espirituales.

Lógicamente debido a mi práctica personal, primero como alumno y después como profesor de Qi Gong, ciertos ejercicios sofrodynámicos están algo “chikunizados” al tiempo que ciertos ejercicios del Qi gong que durante años he impartido, están algo “sofrodynamizados”. Desde mi punto de vista y, espero que también desde el de mis alumnos, ha sido ésta una “contaminación creativa” que ha permitido aportar un estilo personal y propio al trabajo con los grupos.

¿Pero cómo surgió el nombre?

Hace algunos años, cuando me encontraba traspasando la frontera de la Sofrología ortodoxa, me encontré con la dificultad de dar un nombre a aquel tipo de entrenamiento que por entonces realizaba, ya que no podía ser llamado propiamente como Sofrología, pero tampoco existía otra palabra o concepto que abarcase todo lo que entrenábamos y trabajábamos en los grupos.

Así que, a falta de nada mejor, utilice una descripción. Convine en denominarlo “Cambio, Aprendizaje y Desarrollo Humano”.

Al menos, aunque el nombre era algo largo, sí que podía decir que describía brevemente la finalidad del entrenamiento que en aquel tiempo enseñaba, ya que la propuesta era aprender acerca de los procesos de cambio en una dirección de crecimiento y desarrollo humano.

Esta denominación duró varios años y, aunque buscaba esa especie de “nombre mágico” que con una sola palabra describiese algo amplio y complejo, la cosa se resistía. Múltiples intentos habían fracasado; nombres con raíces griegas, chinas, incluso en inglés, y nada me resultaba suficientemente convincente.

Un día, mientras conducía de vuelta a casa, casi sin pensar en ello, apareció en mi mente la palabra: Sofrodynamia®.

¿Por qué no?, pensé.

Al repetírmela en voz alta para probar como sonaba, me preguntaba perplejo ¿cómo algo tan sencillo no se me ha ocurrido antes?

Comprendo que a la persona alejada de esta jerga y de esta terminología, el nombre le suene a no se sabe qué cosa, pero seguro que cuando explique sus raíces etimológicas quedará clarísimo el sentido del mismo.

La palabra Sofrodynamia se compone de tres raíces que derivan del griego, idioma éste que forma parte de nuestro acerbo cultural propio ya que son numerosas las palabras en castellano, y sobre todo de la jerga científica en diferentes áreas del saber humano, que derivan de esta lengua.

La primera de las raíces es “sos” que significa armonía, la segunda “fren” que tiene el significado de mente o consciencia, la tercera “dynamis” la cual en medicina hipocrática se considera como la capacidad que tiene la naturaleza del sujeto para encontrar el estado de salud. Es algo así como la energía vital o la capacidad de movilización de la energía del sujeto.

Por tanto, podríamos decir que Sofrodynamia® es “una disciplina que, partiendo de  nuestra realidad, trata de armonizar la corporalidad, la consciencia y la energía en el ser humano”, o si la queremos definir de un modo algo más extenso se podría decir que “la Sofrodynamia® es un conjunto de conocimientos y aspectos prácticos que derivan de disciplinas milenarias así como de la psicología científica actual, que utilizando la capacidad natural que posee el ser humano de tender hacia la salud y el desarrollo cuando le proporcionamos los elementos necesarios para ello, aportan a cada persona una herramienta eficaz para armonizar su existencia con un sentido más alegre, solidario y pacífico”.

Tal vez, querido lector, en algún momento nuestros caminos se crucen y podamos compartir personalmente experiencias y comprensiones sofrodynámicas desde la profundidad del ser.

2 Respuestas a “Sofrodynamia®: los orígenes

  1. Muchas gracias por compartir tus conocimientos a otras personas que estamos en nuestra propia búsqueda de auto realización. He transitado también por varios caminos con más o menos acierto y sigo con interés tus post, por ahora con curiosidad de lego.
    Un abrazo.

  2. Muchas gracias por tu comentario. Por lo que me llegan de tus post en FB, Intuyo que existen más cosas que nos unen que las que nos diferencian y que, cada uno desde su ámbito profesional, nos encontramos navegando por ese océano de la consciencia humana hacia el horizonte de la realización

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