Gratitud

“Despertar cada día conscientes de sentir gratitud por el don de la vida y por todo aquello que nos rodea, es como mirar al mundo con benevolencia, conectar con la abundancia y experimentar un poderoso antídoto que nos libra de los venenos de la insatisfacción y el desánimo” (ANF)

Indiferencia

“La pasión por lo que amamos es como un fuego que nos impulsa y que disuelve los obstáculos, pero la indiferencia, en cambio, se parece más a un gélido viento capaz de consumir cualquier rastro de interés o entusiasmo. Por eso, no dejes que ella impregne tu corazón ni contagie tu vida, más bien procura cuidar y nutrir en tu interior esa llama viva de amor por todos y por todo, para aportar tu calor a un mundo frío y distante” (ANF)

Los pequeños detalles

“Está muy bien pensar en grandes cosas, eso es fundamental, pero no deberíamos olvidar que nuestra vida se enriquece sutilmente gracias a los pequeños detalles. Una sonrisa a tiempo, una caricia física o emocional, cualquier gesto delicado que nos hace sentir que importamos, que estamos presente…He ahí un modo sencillo de cuidar nuestras relaciones” (ANF)

Ternura

“Pretendemos mostrarnos duros porque de otro modo nos sentimos débiles y vulnerables, pero si no vences el miedo a mostrar tu ternura ni tu vulnerabilidad, difícilmente podrás abrirte a la experiencia del amor pleno” (ANF)

Inteligencia Espiritual

Hoy día sabemos que eso a lo que llamamos inteligencia no es un fenómeno simple ni uniforme. Más bien es algo complejo y difícil de definir.

La psicología actual admite la existencia de distintos tipos de inteligencia, cuyo número varía en función del autor que las plantee. Quizás, de las clasificaciones más conocidas sobre inteligencias sea aquella de las Inteligencias Multiples de Gadner, que distingue seis clases diferentes.

No obstante, yo prefiero clasificar los diferentes tipos de inteligencias en tres grupos distintos, cada uno de ellos compuestos por varias subclases.

La primera de estas inteligencias, a la que podríamos llamar Inteligencia Cognitiva, que es lo que mide el Cociente de Inteligencia, está constituida por todos aquellos aspectos mentales que nos ayudan a adquirir conocimientos técnicos principalmente enfocados para el desempeño de nuestras tareas profesionales. Forman parte de ella el razonamiento matemático, espacial, abstracto, lingüístico, etc.

Por otro lado, hablamos también de una Inteligencia Emocional, que fue divulgada a partir de los años noventa  por Daniel Goleman en su famosa obra del mismo nombre. Gracias a ella podemos relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. La Inteligencia Emocional nos permite interacccionar mejor con el mundo y sentirnos más a gusto con nosotros mismos.

Por último, tenemos la llamada Inteligencia Espiritual, dada a conocer de la mano de Dana Zohar e Ian Marshall. Pero ¿de qué estamos hablando cuando decimos Inteligencia Espiritual (IEs)?

Pues cuando hablamos de IEs, nos estamos refiriendo a aquel aspecto de nuestra mente que nos permite acceder a la parte profunda de nuestro ser, a nuestras fuentes. La IEs es aquélla que conecta con el sentido de nuestras vidas o, mejor dicho, nos ayuda descubrirlo y realizarlo. Es, pues, una inteligencia global, asociativa y unificativa.

Según parece, la IEs es una herramienta imprescindible para comenzar, promover, mantener y realizar el auténtico proceso de Desarrollo Humano.

Necesitamos, por tanto, entender bien de qué se trata, así como ser capaces de generar una auténtica “pedagogía espiritual”, es decir una disciplina que nos facilite y nos abra la posibilidad de acceder a las llamadas “experiencias espirituales”.

La neurofisiología actual nos enseña que, a medida que nuestra experiencia crece a través de los diferentes acontecimientos que vamos viviendo, nuestros circuitos neuronales se van enriqueciendo, aumentando el número de conexiones entre las  distintas neuronas del cerebro. Por eso, a pesar de que, cuando vamos envejeciendo, el número de neuronas es menor que cuando somos más jóvenes, gracias a ese enriquecimiento entre sus conexiones, deberíamos se capaces de crecer en “sabiduría” con la edad. Una vida que esté enfocada a vivir los acontecimientos cotidianos o extraordinarios de un modo espiritual, debiera llevarnos a una gran sabiduría interior.

Hay que dejar bien claro que, en este contexto, la palabra espiritual no se está refiriendo a ninguna creencia religiosa en concreto. La IEs no nos habla pues de una vía religiosa propiamente dicha, sino más bien una vía mística. La palabra espiritual, aquí, es sinónimo de lo humano elevado a su máximo potencial de autorrealización, lo cual es, al mismo tiempo, la propia meta de cualquier religión auténtica.

Hoy día, no obstante, se nos plantea un tremendo reto: ¿cómo llegar a ser espiritualmente inteligentes en una cultura que no lo es? Creatividad, compromiso, valentía, constancia, disciplina… son, entre otras, cualidades que deberemos desarrollar para responder a dicho reto.

Si eres de la opinión de que el mundo está mal ¿quieres a formar parte del problema o de la solución?, ¿qué vas a hacer para ello?. Una buena posibilidad sería comenzar a ser conscientes y comprometerse a desarrollar nuestra  Inteligencia Espiritual.

Las enseñanzas del sentido común-IV

HACER MUCHAS COSAS NO GARANTIZA QUE AVANCES HACIA DONDE QUIERES

He conocido personas que funcionan a modo de una especie de “cursillistas profesionales”. Dedican mucho tiempo, dinero y energía a realizar un curso tras otro. Comienzan el siguiente antes de haber asimilado el anterior. Suelen estar a la última. Conocen un poco, o un mucho, de todo lo que se oferta en el mercado a propósito de crecimiento y desarrollo humano. ¡Vaya, que no se pierden una! Hasta aquí, nada que objetar. Incluso admiro su entusiasmo.

Pero cuando años después los vuelvo a encontrar, frecuentemente, he experimentado la sensación (que desgraciadamente luego verifico) que se encuentran igual o peor que antes de hacer todas estas cosas. El progreso no se les ve ni por los forros. Parece como que los cursos y talleres que han realizado les hubiese servido para bien poco. Porque acumular conocimientos no significa necesariamente crecer en sabiduría.

Entonces, ¿qué ha sucedido aquí? ¿Es esto normal después de tanto esfuerzo?

Pues según constato, una cosa es el esfuerzo práctico y otra bien distinta el activismo exagerado. Hay dos errores fundamentales que se puede dar al mismo tiempo. El primero no respetar tu ritmo personal de asimilación. El segundo, funcionar sin criterio aceptando propuestas contradictorias simplemente porque suenan bien.

Enredarte con más cosas de las que realmente puedes digerir, obviamente, te llevarán a la indigestión (mental en este caso).

En lo que a dietética se refiere, sabemos que lo que realmente nos alimenta es aquello que absorbemos, no todos los alimentos que ingerimos. De la misma manera, en términos de desarrollo humano, lo que nos hace crecer es también lo que asimilamos y no toda la retahíla de cursos y libros que deglutimos a veces compulsivamente.

Por eso, debes buscar y respetar tu propio ritmo de aprendizaje y asimilación, de la misma forma que hacen los buenos ciclistas cuando suben un duro puerto de montaña.  Ellos buscan su propio pedaleo, aquel que les permite avanzar a una velocidad sostenible y que puede ser mantenida en el tiempo. Saben bien que quienes se pasan de rosca acaban pagándolo caro.

No se trata, pues, de hacer mucho sino hacer lo adecuado, del mismo modo que para llegar a un lugar no basta con correr en todas direcciones sino en seguir el camino correcto que te lleva a alcanzar tu objetivo.

Para formar tu criterio, primero habrás de saber qué es eso de “criterio”. Para ello  debieras tratar de discernir hacia dónde has de dirigir tu esfuerzo, preguntándote también por tu motivación auténtica: ¿para qué haces lo que haces? Esto te enseñará lo qué has de hacer y cómo hacerlo en cada momento.

Si quieres avanzar en dirección a tus metas, habrás de preguntarte y responder honestamente a los interrogantes anteriores, antes de involucrarte en muchas direcciones que, si no lo remedias, te llevarán a no se sabe donde.

 

Satisfacción

“Sentimos satisfacción no por tener más posesiones materiales ni por acaparar más dinero en un banco, sino por experimentar un estado interior en el que predomina la abundancia y la certeza de que, para lo que realmente es fundamental, la vida nos provee de todo lo necesario.” (ANF)

Momentos

“Hay en la vida momentos mágicos, instantes inefables que duran toda la vida en nuestra memoria. Suelen guardarse secretamente en el alma como el más preciado de los tesoros, y suelen ser cosas sencillas, comunes, poco espectaculares a los ojos de un extraño, pero dejan tal huella en el corazón que su aroma nos  acompañará hasta el final de nuestros días” (ANF)

¡Lidera tu propia vida!

“Si pretendes que tu vida sea fecunda, tanto para ti como para los demás, y que surja la felicidad en tu espacio interior, entonces no podrás renunciar a liderar tu propia vida llevando las riendas de tu existencia, ni tampoco a tratar de brillar con la luz que te corresponde” (ANF)

El poder

“Hay quienes se creen poderosos porque poseen dinero o la fuerza de las armas. Eso no les da poder, sino la posibilidad de ejercer la violencia coactiva. El verdadero poder del ser humano emana de la conexión con su Centro Vital, lugar desde el que encontraremos la fortaleza y la estabilidad para superar los momentos difíciles y la capacidad para realizar acciones transformadoras al servicio de los demás” (ANF)