Editorial de Julio de 2014

Editorial de Julio de 2014

EDITORIAL JULIO 2014Comienza el mes de julio y con ello las vacaciones para una gran parte de la población española. Sin embargo muchos no podrán irse todavía, bien porque siguen trabajando o bien porque habrán encontrado, justo en estos días, el trabajo que durante los meses anteriores les había resultado esquivo.

Tanto unos como otros están de suerte. Los primeros porque tienen trabajo y ahora descansan, los segundos, justo por lo contrario, porque posiblemente estarían cansados de no trabajar y ahora lo hacen. Espero que a estos últimos les acompañe la suerte y puedan continuar su actividad, con estos o con otros trabajos, más allá de la estación veraniega.

Ahora, cuando apenas comenzamos el mes de julio, escucho algunas algunas noticias que atiendo con interés, sobre todo la del descenso del paro y el aumento del número de afiliaciones a la seguridad social que, aunque se le puedan hacer ciertas críticas razonables y se le puedan poner reparos respecto a la temporalidad y precariedad del empleo creado, no deja de ser una buena noticia.

Soy de la opinión que una de las mejores aportaciones que podríamos hacer a la sociedad  cada uno de nosotros es la de tratar de crear puestos de trabajo para otras personas, en la medida de nuestras posibilidades. Aunque vivimos bajo un régimen que, en general, a pesar de la propaganda, pone más dificultades que facilidades para ello.

En estos días todo parece prepararse ya para una de las etapas de mayor movimiento vacacional del año, tanto en lo que se refiere al turismo nacional como extranjero.

Según puede leerse en la prensa en estos días, las expectativas en el sector turístico para los meses próximos permite augurar unos buenos resultados en lo que al número de visitantes y ocupación hotelera se refiere, con las previsibles consecuencias positivas que se derivan de este hecho en un país como el nuestro que depende tanto de esta actividad.

Viajar y visitar otros lugares suele ser una de las actividades más frecuentes en estas fechas. Muchas personas me han comentando en estos últimos días sus planes de salir fuera de España o de viajar a algunos sitios concretos de nuestro país buscando relax, gastronomía, paisajes, cultura o unas temperaturas más llevaderas.

Hace un tiempo, la oferta turística de la que disponíamos era bastante más limitada que ahora. Apenas podías elegir entre ir a la playa a lo largo de toda la extensa franja litoral de la que disfrutamos, o bien hacer lo que se llamaba “turismo de interior”, en el que se buscaba el bucólico encanto de una casa rural o el de un pueblo en el que el principal atractivo era la tranquilidad o el paisaje. Y poco más.

Hoy día se han diversificado tanto las opciones turísticas que a veces resulta difícil decidir qué hacer.

A las opciones tradicionales anteriormente mencionadas se le han sumado otras muchas. Se han puesto de moda diversos tipos de turismo, como por el ejemplo el turismo de salud. Los usuarios de este tipo de turismo buscan alojamientos en centros especializados  y hoteles con Spas donde se ofertan diferentes curas depurativas, antiestrés, etc., con una amplia gama de posibilidades. Lugares con aguas termales, masajes, ayunos, dietas higienistas o prácticas corporales con instructores cualificados, han ido proliferando por toda nuestra geografía.

Otra manera de pasar las vacaciones para muchas personas consiste en hacer algún tipo de cursos, retiros, encuentros o talleres intensivos de más o menos duración, en los que se ofertan actividades como el yoga, la meditación, el Qi Gong o distintas materias de toda índole, en un amplio abanico de técnicas de autoconocimiento y desarrollo humano.

En otra línea totalmente diferente a la anterior encontramos a los partidarios del “enoturismo”, es decir, de las rutas en las que se oferta el conocimiento y disfrute de todo lo referente a la cultura del vino. Por lo general, el público visita diversas bodegas, realizan degustaciones y catas de los vinos del lugar acompañados del apropiado maridaje con distintas propuestas culinarias. Cada día aumenta el número de personas que disfrutan de este tipo de actividades.

Parecido a lo anterior son las rutas gastronómicas. Aquí es la comida y el producto local de calidad el principal atractivo turístico, aunque nunca faltan los buenos vinos o licores típicos de la zona para completar una oferta atractiva.

También los museos, catedrales y edificios emblemáticos de los distintos territorios tienen su público. Quienes disfrutan contemplando obras de arte no necesitarán salir de España para quedar totalmente satisfechos.

Finalmente, no podría olvidarme de las familias con niños que optan por los parques temáticos, o bien por las ofertas de “todo incluido” en las que unos monitores suelen encargarse de entretener al público infantil, mientras que los exhaustos padres descansan en la tumbona de la piscina acompañados de un refrescante mojito, exhibiendo en su muñeca la colorida pulsera que les identifica como uno de los usuarios de “al buffet hasta reventar”.

Y qué me dicen de los cruceros. Te garantizan entre 2 a 4 kilos de más a la vuelta.

Resumiendo, hay tantas formas de veranear que seguro que se me ha pasado alguna.

Aunque no crean que me he olvidado del veraneo de quienes, por una causa o por otra, no se mueven de su residencia habitual.

Porque hay a quienes no les gusta viajar y también existen otras muchas personas cuya economía no les da para estos extras.

Sea como fuere, tanto unos como otros, buscan la mejor manera de pasar los rigores del calor veraniego sin necesidad de realizar largos desplazamientos, ni gastar ningún dinero extra.

Recordemos que el verano resulta ser un tiempo propicio para hacer algunas cosas que no podemos realizar en otros momentos del año porque habitualmente vamos tan ajustados de tiempo que nos quedan en el tintero muchas cosas que nos gustaría llevar a cabo, como por ejemplo leer, escuchar música, atender nuestros jovis, revisar nuestras colecciones, cuidar un poco más el jardín, tocar algún instrumento, hacer algo más de deporte, etc..

Tengo un amigo que, desde hace muchos años, cada mes de vacaciones se va junto con su mujer y sus hijos, a una casa en la playa acompañado de otras parejas también con sus hijos. Un día le pregunté, – ¿qué haces en esos días?-, a lo que me contesto con un gesto facial tremendamente expresivo, -“Na”- me dijo, -¿tú sabes lo que es “na”?, pues eso-.

Entendí que era un modo fantástico para disfrutar unas vacaciones, si es que durante el resto del año has estado viviendo la marabunta de prisas y obligaciones en la que muchas veces nos vemos enredados.

Así que, tanto si eres de los que has decidido hacer algo, como si, al igual que mi amigo, eres de los que has elegido hacer “na”, te deseo que lo disfrutes y vuelvas con fuerzas renovadas.

Porque las vacaciones, tanto si las tomas en julio como en agosto, son unos momentos especiales para cargar pilas, reponerse y, sobre todo, disfrutar del modo que hayas elegido.

 

¡Feliz julio!

 

 

 

Editorial de septiembre de 2013

Editorial de septiembre de 2013

septiembreMuchas y diferentes cosas nos trae septiembre. Hay quienes dicen que los atardeceres más bellos. Otros menos poéticos dirán que un montón de problemas: madrugones, vuelta al trabajo, al cole, comprar libros, uniformes, ajustar horarios…etc.

Respecto a los atardeceres, hasta donde he podido comprobar, algo de cierto hay en ello. Rojos, violáceos, anaranjados y azules, juegan con el blanco de las nubes para formar sobrecogedores colores que cualquier pintor quisiera tener para sí en su paleta.

Aunque, en honor a la verdad, repasando en mi memoria otros atardeceres vividos, si tuviese que decidirme por alguno de ellos para elegir los que me resultasen más evocadores, no sabría muy bien con cuales quedarme. Cada uno tuvo su propia belleza y en su día me aportaron la magia de un momento o un lugar especial e irrepetible.

Pero como dije antes, septiembre, para la mayoría de las personas y actividades, también marca el reinicio de ritmo habitual que estará presente en nuestras vidas hasta las nuevas vacaciones del próximo año, asunto este con el que muchas personas han comenzado ya a fantasear y a preparar sus, todavía lejanos, planes.

Ya han pasado algunos días tras las últimas vacaciones del verano, gratificantes, reparadoras, llenas de anécdotas y siempre más cortas de lo que apetece. No obstante, en estos difíciles momentos, se agradece sobremanera el hecho de que haya esperándote un trabajo al que regresar, cosa que por desgracia muchas personas que no pueden tener todavía.

En estos días, poco a poco, vamos notando también un manifiesto y paulatino cambio en las condiciones climáticas, un cierto y agradable frescor que nos aleja de la ardiente torridez propia del pleno verano, y nos anuncia un próximo cambio de estación que en pocos días se hará presente.

Septiembre es una especie de mes bisagra con un pie en el verano y otro en el otoño. Tal vez por eso, unos años septiembre veranea y otros “otoñea”, es decir, en ocasiones parece una prolongación del mes de agosto, mientras que otras veces refresca de tal manera que no tiene nada que envidiarle a otros meses más fríos.

Tal vez por eso la Medicina Tradicional China atribuyó a este momento especial del año un elemento propio, el elemento Tierra, que expresa la energía que aparece en el momento del estío o verano tardío, también llamada “la quinta estación”. Hay quienes dicen que este tipo de energía aparece también en todo tipo de cambio entre estaciones, y no sólo en el paso de verano a otoño.

Sea como fuere, el elemento tierra representa una energía densa, una energía de estabilización, tendente a la reflexión y a una actitud mental equilibrada y estable, aunque si dicha energía se pervierte por cualquier causa, puede dar lugar al exceso de preocupaciones y a la obsesividad.

Es un momento de abundantes cosechas y, por tanto, de celebración y agradecimiento por los frutos recogidos, lo cual se manifestará en distintos ritos festivos por los diferentes pueblos con relevancia agrícola.

El Elemento Tierra constituye un punto central central que nos remite al sitio o lugar desde donde realizamos la observación de la realidad, es decir, desde dónde creamos nuestra particular perspectiva y, desde ahí, nuestra personal interpretación respecto a aquello que observamos. Es el punto de referencia y, de algún modo, también nuestro propio centro.

Además, por analogía, este elemento nos hace pensar en las raíces de un árbol que se hunden en la tierra, tanto para sostenerlo como para nutrirlo. Y eso nos lleva a preguntarnos a propósito de nuestras propias raíces, de aquello que nos  sostiene y nos nutre. ¿Son suficientemente sólidas y fuertes? Estar bien enraizados nos aportará los nutrientes necesarios para ocupar nuestro lugar en el universo y ser capaces de llevar a cabo nuestra misión en el mundo.

Porque si las raíces son de calidad, podremos mantenernos estables en los momentos de perturbación. Pero si no lo son, ni podremos dar los frutos que debiéramos, ni tampoco hacer frente de un modo suficientemente apropiado a aquellas adversidades que se  nos presenten.

Estos días de septiembre nos ofrecen, pues, la oportunidad de poder reflexionar sobre estos asuntos, para que de ese modo podamos llegar a nuestras propias conclusiones y modificar aquello que haya de ser cambiado.

Este mes sirve también como punto de partida. Porque, con mucha frecuencia, nos planteamos el año como un curso escolar y no como un año natural. Así, septiembre, constituye el comienzo de un nuevo curso, tanto en el ámbito académico como, al menos en mi caso, en lo profesional.

Yo suelo hacer planes a partir de septiembre, como si de una especie de año nuevo se tratase. Y me descubro pensando cosas del tipo de “para este año voy a hacer…”

Por eso, nuevos proyectos rondan mi mente, unos verán la luz y otros tendrán que esperar, pero me siento feliz de que después de más de treinta años en mi profesión, puede todavía seguir teniendo ilusiones y ganas de continuar avanzando por la senda del desarrollo humano.

Espero y deseo gozar de la salud suficiente y las fuerzas necesarias para ser exitoso en dichos planes, aunque si tomo como referencia la experiencia de años anteriores, habré de admitir que unos proyectos se cumplirán y otros, posiblemente, no. Al fin y al cabo así es como funciona la vida, unas veces la cosas salen de un modo y otras de otro. La clave del asunto radica en que, suceda lo que suceda, seamos capaces de gestionarlo lo mejor posible, tanto para nuestro propio desarrollo como para mejorar el medio que nos rodea.

¡Curioso mes, este, que oscila entre la nostalgia de las pasadas vacaciones y la ilusión por los nuevos propósitos!

Albergo la esperanza de que aquello que hemos vivido hasta ahora nos aporte la experiencia necesaria como para hacer frente  a los nuevos retos y afanes de cada día, y que el impulso de los nuevos planes propios de estas fechas puedan, a través del esfuerzo y la constancia, llegar a buen puerto.

¡Feliz septiembre!