Editorial de octubre de 2013

Editorial de octubre de 2013

otoñoHace un tiempo que no cuelgo cosas nuevas en mi web porque me encuentro en un periodo de transición entre la página antigua, la que todavía se muestra, y otra nueva que  espero estrenar próximamente y que todavía está por finalizar. Los informáticos que se encargan de este asunto me han pedido que durante un tiempo no cuelgue cosas nuevas para evitar posibles problemas con los cambios de los archivos. Esta es la razón por la que este editorial se colgará sólo en el blog y se compartirá en Face Book, hasta que todo funcione de nuevo con normalidad

Hubiese sido de mi agrado haber llegado a estas fechas con todo resuelto, pero ya se sabe lo que dice el refrán, “el hombre propone y Dios dispone”, aunque en honor a la verdad, pienso que no habría que incluir a Dios en unos asuntos tan mundanos como estos y más bien habría que asumir cada uno la responsabilidad que nos toca en lo que a retrasos se refiere.

El otoño ya está aquí, y a pesar de que todavía se registran en algunos lugares elevadas temperaturas casi veraniegas, ese frescor matutino y esa brisa nocturna que percibimos cuando salimos a la calle a las horas extremas del día, nos avanzan ya lo que vendrá en un futuro muy próximo.

Se ha considerado siempre el otoño como un tiempo algo tristón y tendente a la melancolía. Una época de caída de las hojas de los árboles y también del cabello de algunas personas. De reactivación de ciertas patologías cutáneas, respiratorias y digestivas. Con paisajes propicios a conectarnos con la nostalgia y con cielos que juegan con sus contrastes de luces, los cuales finalmente acabarán rindiéndose ante el triunfo de los tonos grises y plomizos.

Para muchas personas que como yo, coincidimos en hacer de la primavera nuestra estación favorita, el otoño vendría a ser algo así como las antípodas de ésta. Sin embargo, soy de la opinión de que resulta más saludable, y también más divertido, no focalizarse en lo que perdemos, sino en disfrutar de lo que hay. Y desde ese punto de vista, el otoño nos ofrece también una gran variedad de ocasiones para seguir disfrutando, creciendo y compartiendo con los demás. ¡No las dejemos escapar!

En lo que a alimentación para la salud se refiere, ofrece el otoño una buena gama de deliciosos productos que, además, suelen contener los nutrientes necesarios para ayudar a nuestro sistema inmunológico a prepararse a enfrentar los rigores de un tiempo más frío y las enfermedades que éste clima suelen llevar aparejadas.

Como en nuestros días, en cualquier época del año, encontramos cualquier tipo de fruta y verdura en los supermercados, hemos perdido un poco la noción de los alimentos de temporada, porque tenemos la idea de que todo crece en cualquier momento. Y gracias a los invernaderos y a las importaciones de otros países con otros climas, hace que esto parezca así, pero es sólo apariencia, la realidad es otra. Cada alimento tiene su tiempo y cada lugar su producto.

La verdad es que los más apropiado y, también lo más sabroso, sería poder consumir los alimentos correspondientes a cada tiempo y lugar. Estos son dos de los grandes principios de la alimentación macrobiótica: el consumo de productos de su tiempo y cultivados en sitios próximos al lugar de consumo.

Por eso conviene recodar que en estos momentos, de manera natural podemos encontrar  en los mercados frutas como las peras, manzanas, naranjas, uvas, granadas, membrillo y los siempre sabrosos frutos secos (avellanas, castañas, nueces, pasas, etc.) y otras frutas del bosque como los arándanos y las grosellas. También son propios de esta época del año algunas verduras, legumbres y hortalizas como las alcachofas, la calabaza, los guisantes, la cebolla, la col, el maíz, los garbanzos, etc.

Muchos de estos alimentos contienen vitaminas, sobre todo la C, y substancias antioxidantes de gran importancia en nuestra alimentación. Con muchos de ellos, ademas de ser comidos directamente, se elaboran bizcochos, salsas, mermeladas, etc., que tradicionalmente se preparaban en las casas al llegar esta época del año.

Mención especial habría que hacer a las setas, de las que los bosques de nuestro país, nos regalan variedades a cual más deliciosas, niscalos, boletus, colmenillas, lepiotas, cantharellus, etc.

No soy un experto en setas, ni tampoco un gourmet, pero sí que puedo contar diversos momentos en los que, siempre en la buena compañía de algunos amigos, he podido disfrutar de algunas agradables comidas en las que compartimos un delicioso manjar a base de setas, unas veces recolectadas por nosotros mismos y otras en algún restaurante especializado en dichos productos.

Resaltaría dos de estas ocasiones. La primera de ella en el Pirineo Catalán, en la casa de unas amigas en medio del bosque, en la que pudimos disfrutar de unos fantásticos níscalos cogidos por nosotros mismos y preparados con esmero por uno de nuestros amigos, que más que cocinero diría yo que se trataba de un auténtico “alquimista culinario” por la precisión y meticulosidad con la que elaboraba cada uno de los platos que después teníamos la suerte de degustar.

La otra ocasión destacable, también acompañado de entrañables amigos (se dice que la compañía apropiada es el ingrediente más importante para disfrutar de una buena mesa), me llevaron a un restaurante en Navaleno, un pueblo de la provincia de Soria, bien conocido por su riqueza gaatronómica y su tradición micológica. Allí pudimos disfrutar de una comida otoñal en la que todos los platos estaban elaborados a base de setas, incluidos los postres, del que recuerdo un flan de boletus que estaba para tirar cohetes.

Tradicionalmente se presenta el otoño como una estación ligada al recogimiento, a la vuelta hacia el interior que compensa la expansividad que nos trajo el verano, y a la planificación de los futuros proyectos.

En Medicina Tradicional China corresponde al Elemento Metal, el cuál está relacionado con los meridianos de Pulmón e Intestino Grueso. Posee también correspondencia energética con la piel, y el olfato. Se dice que esta energía es la más refinada de todas, de carácter descendente y con tendencia a afectarse por la excesiva sequedad y humedad.

Debemos advertir que ciertos alimentos, como la leche y sus derivados, tienen la capacidad de ser grandes formadores de mocos, por lo que no conviene ni en esta época ni tampoco a aquellas personas que padezcan de cuadros catarrales, sinusitis, bronquitis, etc. Por lo tanto, no deberíamos ingerirlos cuando nos encontramos aquejados por alguna de estas patologías. Esto es algo que, afortunadamente, cada día más, se explica a los pacientes, incluso dentro de la medicina convencional, sobre todo a las madres de niños pequeños cuando estos se resfrían. Personalmente soy testigo de muchos casos en los que los pacientes han mejorado de una patología crónica simplemente cuando han eliminado de su dieta los lácteos.

Recuerdo que antes, y todavía ahora, hay quienes piensan que para un resfriado lo mejor es un vaso de leche calentita. Y en cierto modo es así, para el resfriado (es decir para los mocos) es buenísimo, los aumenta mucho, pero para el paciente, la famosa leche calentita en los catarros es como querer apagar un fuego con gasolina.

A nivel mental,  cuando la energía del Elemento Metal se desequilibra aparecen cuadros de apatía, desinterés, disminución de la autoestima y melancolía o depresiones. En estos casos, además del apoyo psicoterapéutico si fuese necesario, es muy útil equilibrar bien la alimentación a base de verduras y cereales integrales y también introducir el ejercicio físico como parte de la terapia.

Pocas personas son conscientes de la importancia que tiene para nosotros la realización de ejercicio, ya no sólo para mantener la salud, sino también como parte de tratamientos más completos y precisos. En este punto, es conveniente indicar que no sólo los ejercicios de tipo gimnásticos, que son buenos de por sí, sino que hoy día disponemos de una gran variedad de ejercicios psico-físicos-energéticos entre los que se encuentran el Yoga, Qi gong, Tai Chi o el Entrenamiento Gyalpo, que nos aportan las técnicas apropiadas para conservar y recuperar la salud cuando esta se ha perdido.

En este punto, comentar que desde hace más de quince años he practicado Qi Gong para la Salud y he diseñado el Entrenamiento Gyalpo, y dispongo por tanto de la perspectiva necesaria para certificar el modo en el que una y otra práctica han ayudado a muchas personas a mejorar su salud.

No olvidemos, pues, en este otoño que comienza, atender a nuestras necesidades de una alimentación equilibrada, unos ejercicios apropiados, propiciar el encuentro con las compañías más gratas y dejar un tiempo y un espacio para la atención y el cultivo de nuestro mundo interior.

Feliz Octubre

Editorial de septiembre de 2013

Editorial de septiembre de 2013

septiembreMuchas y diferentes cosas nos trae septiembre. Hay quienes dicen que los atardeceres más bellos. Otros menos poéticos dirán que un montón de problemas: madrugones, vuelta al trabajo, al cole, comprar libros, uniformes, ajustar horarios…etc.

Respecto a los atardeceres, hasta donde he podido comprobar, algo de cierto hay en ello. Rojos, violáceos, anaranjados y azules, juegan con el blanco de las nubes para formar sobrecogedores colores que cualquier pintor quisiera tener para sí en su paleta.

Aunque, en honor a la verdad, repasando en mi memoria otros atardeceres vividos, si tuviese que decidirme por alguno de ellos para elegir los que me resultasen más evocadores, no sabría muy bien con cuales quedarme. Cada uno tuvo su propia belleza y en su día me aportaron la magia de un momento o un lugar especial e irrepetible.

Pero como dije antes, septiembre, para la mayoría de las personas y actividades, también marca el reinicio de ritmo habitual que estará presente en nuestras vidas hasta las nuevas vacaciones del próximo año, asunto este con el que muchas personas han comenzado ya a fantasear y a preparar sus, todavía lejanos, planes.

Ya han pasado algunos días tras las últimas vacaciones del verano, gratificantes, reparadoras, llenas de anécdotas y siempre más cortas de lo que apetece. No obstante, en estos difíciles momentos, se agradece sobremanera el hecho de que haya esperándote un trabajo al que regresar, cosa que por desgracia muchas personas que no pueden tener todavía.

En estos días, poco a poco, vamos notando también un manifiesto y paulatino cambio en las condiciones climáticas, un cierto y agradable frescor que nos aleja de la ardiente torridez propia del pleno verano, y nos anuncia un próximo cambio de estación que en pocos días se hará presente.

Septiembre es una especie de mes bisagra con un pie en el verano y otro en el otoño. Tal vez por eso, unos años septiembre veranea y otros “otoñea”, es decir, en ocasiones parece una prolongación del mes de agosto, mientras que otras veces refresca de tal manera que no tiene nada que envidiarle a otros meses más fríos.

Tal vez por eso la Medicina Tradicional China atribuyó a este momento especial del año un elemento propio, el elemento Tierra, que expresa la energía que aparece en el momento del estío o verano tardío, también llamada “la quinta estación”. Hay quienes dicen que este tipo de energía aparece también en todo tipo de cambio entre estaciones, y no sólo en el paso de verano a otoño.

Sea como fuere, el elemento tierra representa una energía densa, una energía de estabilización, tendente a la reflexión y a una actitud mental equilibrada y estable, aunque si dicha energía se pervierte por cualquier causa, puede dar lugar al exceso de preocupaciones y a la obsesividad.

Es un momento de abundantes cosechas y, por tanto, de celebración y agradecimiento por los frutos recogidos, lo cual se manifestará en distintos ritos festivos por los diferentes pueblos con relevancia agrícola.

El Elemento Tierra constituye un punto central central que nos remite al sitio o lugar desde donde realizamos la observación de la realidad, es decir, desde dónde creamos nuestra particular perspectiva y, desde ahí, nuestra personal interpretación respecto a aquello que observamos. Es el punto de referencia y, de algún modo, también nuestro propio centro.

Además, por analogía, este elemento nos hace pensar en las raíces de un árbol que se hunden en la tierra, tanto para sostenerlo como para nutrirlo. Y eso nos lleva a preguntarnos a propósito de nuestras propias raíces, de aquello que nos  sostiene y nos nutre. ¿Son suficientemente sólidas y fuertes? Estar bien enraizados nos aportará los nutrientes necesarios para ocupar nuestro lugar en el universo y ser capaces de llevar a cabo nuestra misión en el mundo.

Porque si las raíces son de calidad, podremos mantenernos estables en los momentos de perturbación. Pero si no lo son, ni podremos dar los frutos que debiéramos, ni tampoco hacer frente de un modo suficientemente apropiado a aquellas adversidades que se  nos presenten.

Estos días de septiembre nos ofrecen, pues, la oportunidad de poder reflexionar sobre estos asuntos, para que de ese modo podamos llegar a nuestras propias conclusiones y modificar aquello que haya de ser cambiado.

Este mes sirve también como punto de partida. Porque, con mucha frecuencia, nos planteamos el año como un curso escolar y no como un año natural. Así, septiembre, constituye el comienzo de un nuevo curso, tanto en el ámbito académico como, al menos en mi caso, en lo profesional.

Yo suelo hacer planes a partir de septiembre, como si de una especie de año nuevo se tratase. Y me descubro pensando cosas del tipo de “para este año voy a hacer…”

Por eso, nuevos proyectos rondan mi mente, unos verán la luz y otros tendrán que esperar, pero me siento feliz de que después de más de treinta años en mi profesión, puede todavía seguir teniendo ilusiones y ganas de continuar avanzando por la senda del desarrollo humano.

Espero y deseo gozar de la salud suficiente y las fuerzas necesarias para ser exitoso en dichos planes, aunque si tomo como referencia la experiencia de años anteriores, habré de admitir que unos proyectos se cumplirán y otros, posiblemente, no. Al fin y al cabo así es como funciona la vida, unas veces la cosas salen de un modo y otras de otro. La clave del asunto radica en que, suceda lo que suceda, seamos capaces de gestionarlo lo mejor posible, tanto para nuestro propio desarrollo como para mejorar el medio que nos rodea.

¡Curioso mes, este, que oscila entre la nostalgia de las pasadas vacaciones y la ilusión por los nuevos propósitos!

Albergo la esperanza de que aquello que hemos vivido hasta ahora nos aporte la experiencia necesaria como para hacer frente  a los nuevos retos y afanes de cada día, y que el impulso de los nuevos planes propios de estas fechas puedan, a través del esfuerzo y la constancia, llegar a buen puerto.

¡Feliz septiembre!

Editorial octubre 2012

Ha comenzado el otoño con la normal bajada de las temperaturas y las muy esperadas lluvias que, tras una larga sequía, se hacen imprescindibles, tanto para las cosechas como para el consumo humano. Han sido unas precipitaciones generalizadas por toda España, lo cual también es propio de la época y, por tanto, no debiera extrañarnos.

Pero estas lluvias han sido especialmente fuertes en algunos puntos de nuestra geografía, y no sólo han proporcionado el agua tan deseada, sino que lo ha hecho a un precio que nunca deberíamos tener que pagar, el de la pérdida de vidas humanas, amén de los bienes materiales y cosechas agrícolas también perjudicadas.

Murcia ha sido una de las zonas más afectadas por el temporal, tanto en lo material como por el número de fallecidos, seguida por Almería y Málaga. Lamento profundamente que se hayan producido estas víctimas, la mayoría de ellas personas de cierta edad que se vieron atrapadas por la fuerza de una violenta riada ante la que nada pudieron hacer, aunque también se encuentra algún menor entre los fallecidos.

Hay sucesos totalmente accidentales e imprevisible, pero algunos otros podrían ser evitados si tuviésemos un poco más de memoria y un cierto sentido común. Todos los que habitamos en la franja costera mediterránea hemos vivido más de una inundación, porque el régimen de lluvia característico de estas zonas es de tipo torrencial, es decir, largos periodos secos con precipitaciones muy abundantes en muy corto espacio de tiempo.

En el periódico local de estos días, de entre las muchas imágenes y lecturas, me llamó curiosamente la atención el relato de una ciudadana británica que vivía en una caravana a orillas del río Guadalhorce junto con su pareja. Ya imaginan donde está ahora la caravana, río abajo, junto con el señor que se encontraba en ella, del cual desconozco su suerte en estos momentos y, espero y deseo, que haya podido salvarse. Seguramente el tiempo que disfrutaron de aquellos idílicos parajes habrá sido maravilloso, supongo, pero debiéramos recordar que, como he mencionado antes, vivimos en un lugar de lluvias torrenciales, de crecidas súbitas de ríos y arroyos que la mayor parte del año van secos o con poca agua, y que instalar una caravana, o construir una casa (como sucede a veces) muy cerca de la rivera conlleva estas desagradables consecuencias.

Me viene a la memoria el suceso de Valencia de hace unos años, en el que habían construido una urbanización en una cañada junto al lecho de un río seco. Vino una tromba de agua y la urbanización quedó totalmente destruida. Allí se culpó a los constructores especuladores, pero en otras ocasiones somos los ciudadanos, individualmente, los que carecemos de la previsión necesaria al respecto, y no calibramos las terribles consecuencias de estos fenómenos cíclicos de la naturaleza.

Nos sirve todo ello para volver a recordar que el ser humano no sólo vive en la naturaleza sino que es naturaleza, y que también tenemos nuestros ciclos y estaciones.

Si observamos el mundo a nuestro alrededor, una de las primeras conclusiones de dicha observación será la de ritmicidad, la de cambio continuo y la alternancia de los ciclos naturales.

Así, hay un momento para plantar y otro para recoger. Los árboles no dan fruta continuamente sino que después de una cosecha viene un descanso y la correspondiente preparación para la cosecha siguiente. Hay una época de calor y otra de frío, hay estaciones secas y estaciones húmedas, etc.

Pero nuestra sociedad actual, totalmente desconectada de la naturaleza y de lo que ello significa, nos hace creer que estamos por encima de las leyes naturales y que es necesario y posible mantenerse en la cresta de la ola indefinidamente. También nos anima a creer otras cosas antinaturales, como por ejemplo, que se puede comer cualquier cosa, a cualquier hora, en cualquier momento del año y en cualquier cantidad que nos apetezca. Esto, a poco que se reflexione, es una auténtica locura. Seríamos los humanos los únicos seres de la creación capaces de hacer esto, ya que ningún otro ser lo hace.

Observar de la naturaleza y acoplarse a sus ritmos es una de las enseñanzas tradicionales más valiosas que nos legaron los sabios de la antigüedad, pero que ahora hemos olvidado.

Sabemos que el otoño es un tiempo para volver a mirar a nuestro interior, del mismo modo que el verano fue un momento de expansión hacia lo externo. Los días se irán acortando, la oscuridad comenzará a crecer y la tendencia de todos los seres es a resguardarse y buscar las mejores condiciones para protegerse mejor de los futuros fríos que han de venir.

Es momento de reposar, de interiorizar, de realizar una cierta introspección evaluativa de nuestro devenir anterior, para, desde ahí, sacar nuevas enseñanzas que nos ayuden a seguir mejorando como individuo y como colectivo.

Los frutos de esta época son densos y calóricos, las castañas, las nueces, etc. y desde el punto de vista de nuestra salud habremos de guardar nuestros mejores cuidados sobre todo para el aparato respiratorio, mejorando nuestra inmunidad así como la integridad de nuestras mucosas. Productos como el propóleo, la echinacea, el saúco, el tomillo, etc. son estupendos aliados para esta época del año.

A nivel de nuestro mundo interior, existe una cierta propensión a la tristeza y la melancolía, de la que habremos de estar prevenidos. Y no es que estar triste sea malo, más bien es una parte más de la experiencia humana, lo que no debemos hacer es fomentar dicha tristeza, ni tenerla como compañera por más tiempo del necesario. Por eso debemos conectar con nuestros jovis y  aficiones, y buscar el agradable y cálido intercambio con otras personas en reuniones y veladas que nos permitirán disfrutar de la compañía de nuestros amigos y seres queridos.

Es tiempo, también, para la reflexión y la incubación de nuevas ideas y proyectos que habrán de florecer cuando más adelante alcancen su madurez.

Por todo ello, una buena actitud potenciadora y creativa de la que podemos esperar muchos beneficios, sería la de adaptarse a aquellas circunstancias peculiares que nos ofrece las características de este nuevo mes que comienza, realizando los ajustes necesarios para que así sea.

Feliz octubre