“Hay quien ilusamente vive pensando que controla la vida. Y lo cierto es que no controlamos ni el mundo ni sus circunstancias, pero sí que somos dueños de gobernar nuestras propias respuestas y reacciones. Por tanto, no renuncies a ello, porque si lo haces ¿qué te queda?” (ANF)
consciencia
Cuentos sofrodynámicos: El juicio
Cuentan que tres seres humanos, una vez muertos, se encontraron en el lugar en el que se juzgan a las almas para determinar el modo en el que proseguirán su viaje.
Llegaron juntos a la puerta del recinto donde se celebraban los juicios y el portero les indicó que deberían esperar un tiempo, pues iban con algo de retraso. Amablemente les señaló un confortable banco, bajo la sombra de un árbol, a la orilla de un río.
Los tres seres se sentaron allí esperando su turno para comparecer ante el tribunal que habría de establecer su destino futuro. Todos ellos pensaban acerca de cómo sería el juicio y qué preguntas les harían. Recordaban situaciones y sucesos de su vida pasada, así como la forma en que explicarían o justificarían algunos de ellos. Si el juicio debía contemplar toda una vida, era lógico ese retraso ya que dicho asunto podía resultar complejo y difícil.
De este modo, sumidos en sus propios pensamientos iban consumiendo el tiempo hasta que les llegó la hora. Una vez entraron en la sala, y ante la sorpresa de los tres, una sola pregunta les fue formulada:
– ¿Cómo era el río que habéis visto mientras esperabais?- preguntó el magistrado principal del tribunal.
– Un río común, como cualquier otro río- respondió el primero.
– Algo sucio – enfatizó el segundo – había algunos plásticos flotando y su aspecto no era especialmente agradable.
– A mí, sin embargo, me ha parecido algo especialmente bello. La puesta de sol sobre sus aguas… el perfume suave de la brisa… el canto de las aves al atardecer…. realmente ha sido una hermosa experiencia – concluyó el tercero.
No hubo más preguntas. No era necesario. Cada cual había expresado la realidad de su mente y a partir de aquí cada uno siguió su propio camino de evolución. Un camino que en otro tiempo y en otro momento los volverá a reunir, hasta que, finalmente, reposen eternamente en el regazo del Absoluto.
Generosidad auténtica
Elegir las influencias
“Aunque lo hayas olvidado, nada crece en ti si tú no se lo permites. Constantemente recibimos influencias de los demás, pero elegimos, a veces sin saber cómo, las qué aceptamos y las qué rechazamos. Por tanto, además de buscar estímulos que nos hagan crecer, deberíamos ocuparnos en aprender a elegir qué influencias van a arraigar en nosotros y qué otras se marchitarán” (ANF)
Cultivar el bienestar
“El bienestar es semejante a una planta que requiere un buen terreno y cuidados adecuados. Todos recibimos sus semillas y diariamente las condiciones para hacerlo florecer, pero la mayoría de las personas, en lugar de esforzarse en cultivarlo, pierden el tiempo entre quejas y lamentaciones por lo que les falta o por su mala suerte” (ANF)
El sendero de la felicidad
“Si somos capaces de sentir regocijo por el beneficio de los demás desterrando toda envidia o menosprecio; si nuestros sentidos están avezados para reconocer todas las muestras de amor que nos rodean cada día; si cuando sentimos dolor procuramos usarlo para seguir creciendo en lugar de enredarnos en estériles lamentaciones, entonces nos encontraremos, sin duda, transitando el sendero de la felicidad” (ANF)
Cuando recibimos amor
“Hay ocasiones en las que cuando todo apunta en otra dirección, de repente, aparecen personas generosas que gracias a su entrega disuelven los obstáculos del camino y hacen posible lo que parecía imposible. Somos, pues, receptores del amor de otros y responsables de multiplicar el cariño que recibimos” (ANF)




