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Salud y enfermedad en Medicina Tibetana

medicina tibetanaLa Medicina Tibetana (MT) es una gran desconocida en occidente. Existen razones de peso para ello. La primera es que hay muy pocos médicos tibetanos si lo comparamos con los profesionales que existen en otros tipos de medicinas.

La segunda es que los medicamentos tibetanos no se encuentran homologados por las autoridades sanitarias en occidente y son difíciles de conseguir, ya que se fabrican sólo en ciertos países orientales.

Por último, la dificultad de entender una medicina que es inseparable de la espiritualidad del pueblo tibetano.

Aunque no practico este tipo de medicina si que me he acercado a sus fundamentos y he estudiado algunos de sus aspectos, llegando a la conclusión de que son sumamente interesantes y podrían aportarnos un enfoque diferente respecto a los procesos de sanar y enfermar.

Hay un aspecto que no se debe olvidar cuando hablamos de MT, y consiste en entender que para los tibetanos toda actividad vital, y con ella la medicina, no es separable del Dharma. Se conoce como Dharma a aquel conjunto de enseñanzas transmitidas desde Buda Sakyamuni y que constituyen la esencia de la práctica budista.

Por tanto Dharma y medicina, al igual que los conceptos de curación e iluminación, son aspectos inseparables desde el punto de vista de la mentalidad tibetana.

Cuando nos acercamos a la MT, lo primero que habría que considerar es que nos encontramos frente a una medicina que podríamos denominar “sagrada”. Por eso, la práctica médica puede ser considerada como una forma elevada de práctica religiosa, ya que mediante ella tratamos de beneficiar a los seres humanos y aliviarles del sufrimiento, finalidad compartida con el Dharma budista.

Según la tradición tibetana, la enseñanza de la medicina provienen del mismo Buda Sakyamuni, el cual, en forma de Bhaisajyaguru (Sam-la), enseñó dicho arte a cuatro grupos de discípulos: los rishis, los no budistas, los dioses y los budistas.

Las enseñanzas de Buda fueron recogidas en dos diferentes sistemas: los Sutras y los Tantras. En lo referente a la medicina, podemos decir que los Sutras recogen el aspecto somático o corporal del tratamiento de las enfermedades, mientras que los Tantras recogen el aspecto alquímico o transformacional del ser.

Así, desde los orígenes de su práctica, los médicos tibetanos utilizaron la medicina somática para tratar aspectos comunes de las enfermedades y el Sistéma Tántrico de curación para tratar los aspectos sutiles de las mismas.

Históricamente el aspecto técnico de la MT fue tomando cuerpo a finales del siglo VII de nuestra era, gracias al monarca tibetano Songtsen Gampo, el cual se propuso la tarea de reunir en el Tíbet lo mejor del conocimiento científico de la época en el campo de la salud.

Para ello se organizó un gran encuentro entre todos los más destacados representantes de la ciencia médica de entonces, una especie de lo que hoy sería un congreso multidisciplinar, con los mejores expertos de las diferentes culturas vecinas e incluso lejanas. Reunidos en Tíbet durante un largo periodo, compilaron todo el saber médico de la época.

La MT está formada, pues, por un complejo sistema de conocimientos diversos en los que se agrupan los elementos más destacados de las medicinas tradicionales cercanas. Es por eso que se encuentran contenidos elementos tan dispares como la anatomía y fisiología humoral de la Medicina Griega, los conocimientos del Prana de la Medicina Ayurvédica, así como descripciones sobre la circulación energética y gran cantidad de remedios de la medicina China, incluso el concepto del Yin y del Yang y una peculiar forma de moxa y acupuntura. También encontramos aportaciones de las terapias externas de la medicina Nepalí y de Mongolia.

El conjunto de las enseñanzas médicas se encuentran recogidos en los llamados Cuatro Tantras. Estos escritos se redactaron en India, aproximadamente hacia el siglo V a.C., siendo posteriormente traducidos al tibetano y corregidos en el siglo VIII d.c. por Yuthok Yonten Gompo.

Según la tradición tibetana, de la garganta de Buda Sakyamuni emanó Amithaba, uno de los Dhyani Budas, quien conociendo el sufrimiento de las personas le pidió al Buda que diera enseñanzas sobre medicina, como una forma de aliviar el sufrimiento de los seres. Cada uno de estos cuatro Tantras fue escrito por uno de los otros cuatro Dhyani Budas (Amogashidi, Ratnasambava, Aksobya y Vairochana).

La MT está formada por un conjunto de conocimientos en los que una gran parte están basados en una minuciosa observación clínica y el seguimiento empírico de los casos y, por otra, y sin que pueda diferenciarse, los elementos creenciales con los que forman una auténtica unidad.

Según la MT existen 84.000 diferentes enfermedades que pueden ser clasificadas en 404 grupos. Cada uno de esos grupos se dividen en bloques de 101 padecimientos.

La MT se basa en una concepción energética del ser humano y una fisiología de tipo humoral. Para MT existen tres humores: bilis, flema y viento, cuya correcta combinación va a permitir el estado de salud del ser humano, y cuya perturbación nos conduce a la enfermedad.

Estos humores corresponden a tres tipos de energía que al mezclarse constituyen la base de los cinco agregados en los que se compone el ser humano (el agregado de la forma, el agregado de las sensaciones, el agregado de la consciencia, el agregado   de la discriminación y el agregado de los factores composicionales).

Cada uno de los humores pueden verse afectados por la acción de los llamados “venenos raíces” (odio, Ignorancia y apego), denominados de esta manera por ser las causas básicas o raíces en las que se fundamenta el sufrimiento de la existencia humana. Así el odio afecta a la bilis, la ignorancia a la flema y el apego al viento.

Por la combinación de los anteriores aparecen los celos y el miedo, y el orgullo y avaricia. La combinación de todos ellos va a dar lugar a todos los demás venenos mentales.

Desde este punto de vista podemos resumir que por la acción de un veneno mental se produce una perturbación en uno de los humores, lo cual repercute en el equilibrio de los demás y esto da lugar a un estado de perturbación y enfermedad en el ser humano.

Por esto, desde el punto de vista de la tradición tibetana, si queremos volver a recuperar nuestra salud desde los aspectos más profundos, no es suficiente con que tratemos los síntomas correctamente, sino que hay que llegar hasta las causas últimas, es decir, hay que neutralizar los venenos mentales que van a causarnos el problema.

Sabemos que para neutralizar un veneno, lo más correcto es utilizar un antídoto. Así, según la tradición budista, disponemos de cinco antídotos principales: la compasión, la sabiduría, la satisfacción, la generosidad y el regocijo.

Es por esto que trabajar en el desarrollo de cada una de estas cualidades nos va a alejar cada vez más del veneno correspondiente.

Desarrollar cada cualidad hasta su potencialidad máxima es equivalente a desarrollar el aspecto sanador de cada uno de los cinco Budas Dhyani con los que se relaciona. En esto se basa la PANg- Autocuración-II del Sistema Ngalso.

Las cualidades que tratamos de desarrollar mediante dicha práctica son:

El desarrollo de la sabiduría que corresponde a Vairochana,

La satisfacción que corresponde a Amithaba,

La compasión que corresponde a Aksobya,

La generosidad que corresponde a Ratnasambava

El regocijo que corresponde a Amogasidhi.

 

Podemos entender que en cierto nivel, cada Dhyani Buda, representa un estado purificado de la consciencia donde predomina dicha cualidad y purifica totalmente el veneno mental correspondiente.

Llegado a este punto es muy importante advertir que debemos diferenciar entre lo que es el contenedor y el contenido, es decir, el recipiente en el que se contiene una enseñanza y la esencia de las enseñanzas en sí.

En este caso el contenedor es la tradición y la cultura tibetana, y el contenido un conjunto de preciosas enseñanzas que, sin necesidad de asumir total o parcialmente el contenedor, nos pueden ayudar al desarrollo personal y a nuestra salud, aquí, ahora, en nuestra cultura y en nuestro mundo.

Considero fundamental no caer en el error que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia de la humanidad que por desconocer o por no compartir el recipiente se ha perdido también el contenido.

Así, en un formato ancestral y con un lenguaje que nos puede resultar extraño, ha llegado hasta nosotros una tradición médica en la que la curación física, emocional y espiritual caminan de la mano. Si somos capaces de superar las barreras culturales que nos separan, podremos encontrar en la Medicina Tibetana un profundo tesoro de sabiduría y de paz.

 

Reflexiones sobre la medicina oriental

medicina orientalEl campo de la salud y el bienestar es, sin lugar a dudas, una de las áreas del conocimiento humano por la que solemos sentir una mayor curiosidad y atracción, ya que el hecho de vivir una vida suficientemente saludable y longeva no deja indiferente a la mayoría de las personas. 

Actualmente, en los albores del siglo XXI, y disponiendo de los medios de comunicación con los que contamos, cada vez nos resultan más cercanas ciertas expresiones tales como la energía Qi, la moxibustión o la Medicina Ayurvédica, términos estos que hasta hace bien poco sólo estaban al alcance de un escaso y selecto grupo de personas. Sin embargo, hoy día quién no ha escuchado hablar de cosas como la acupuntura, las bayas de Goji o el Masaje Tailandés.

Pero más allá de esta especie de fascinación por “lo oriental” que podemos percibir en ciertos ambientes, y que bien podría tratarse simplemente de una moda más, subyace una profunda curiosidad hacia este tipo de sabiduría ancestral que sustenta una sorprendente visión del ser humano, así como de la salud y la enfermedad, que al mismo tiempo seduce a los occidentales que accedemos a ellas.

Obviamente, nosotros hemos nacido y crecido en nuestro mundo occidental, y por tanto nos encontramos impregnados, consciente o inconscientemente, de toda suerte de creencias y valores que constituyen el paradigma de lo que podríamos denominar la cultura occidental, tanto para bien como para mal 

En el ámbito de la salud nos sentimos orgullosos de los magníficos avances tecnológicos conseguidos sobre todo en las últimas décadas, y que han logrado encontrar solución a muchas enfermedades, mejorar la calidad de vida de gran número de personas y permitir un incremento de la duración de la vida hasta no hace mucho impensable.

En cierto modo es lógico que sintamos un lícito orgullo, pero si esta legítima emoción se convirtiese en sensación de superioridad, y nos impidiese percibir las carencias de nuestro propio modelo, o generase un pensamiento de tipo narcisista y etnocéntrico sin más, habría que decir, entonces, que estaríamos profundamente equivocados.

Desde muy joven me han interesado las disciplinas orientales como la acupuntura, de la cual leí mi primer libro cuando tenía quince años de edad. Posteriormente profundicé en el estudio de la Medicina Tradicional China, el Qi Gong, la Medicina Tibetana, el Reiki, el Shiatsu y los principios de la Medicina Ayurvédica, el Yoga y algunas otras ciencias orientales.

En estos momentos, tras más de treinta y dos años de experiencia de ejercicio profesional en el campo de la Medicina Integrativa, mi comprensión del asunto podría resumirse fácilmente, y es que todos nos enriqueceríamos si occidente aprendiese de oriente y oriente de occidente.

Permítaseme con fines didácticos utilizar el constructo de “Medicina Oriental” sabiendo que dicha expresión es un tanto ambigua y poco “científica”, ya que en ella se incluyen un conjunto de medicinas distintas pero con un indudable tronco común, al que quiero hacer referencia. Sin embargo voy a utilizar dicha expresión, ya que no podemos obviar el aspecto eminentemente didáctico y práctico que tiene.

Dentro de esta Medicina Oriental podríamos resaltar tres sistemas médicos que superan con mucho a todos los demás de la zona: la Medicina Ayurvédica de la India, la Medicina Tradicional China y la menos conocida Medicina Tibetana. 

De estas tres grandes medicinas se han nutrido otros muchos enfoques médicos más locales y de menos difusión e influencia que los anteriores. Estimo que estas tres grandes Medicinas Orientales, por su profunda complejidad y características, así como por la influencia que hoy día tienen en el mundo occidental, bien merecerían un tratamiento particular que podría explicitarse en futuros artículos. 

He de decir, también, que cuando hablo de Medicina Occidental, me estoy refiriendo a la medicina convencional y oficial que se practica en los centros hospitalarios y de salud de los países occidentales avanzados. Pero hay que recordar que cada vez más está apareciendo en occidente una nueva corriente con una manera diferente de entender la salud, y que posee profundos vínculos con las medicina orientales, como es el caso de la Medicina Integrativa, que asume los avances de la medicina científico-técnica moderna, pero que además incluye los aspectos psicológicos y espirituales del ser humano, y, además, entre su arsenal utiliza diversas terapias provenientes de oriente como la acupuntura o el shiatsu, entre otras.

Para alguien ajeno al campo de la salud me gustaría comentar algunas de las principales diferencias existentes entre el modo de concebir la salud y de tratar la enfermedad que existen entre occidente y oriente.

Lo primero que habría que decir es que en todo sistema médico hay tres pilares fundamentales: La técnica, la visión antropológica y el criterio de aplicación.

La medicina occidental ha avanzado mucho por el camino de la técnica. Hemos conseguido grandes logros, pero hemos quedado muy atrás en otros aspectos. Mucho de los problemas con los que nos encontramos hoy día se deben a que no existe una visión antropológica clara y el criterio de aplicación de los remedios ha sido limitado a la pura estadística.

Hace tiempo que suelo hablar del “Modelo Frankenstein” para expresar el enfoque fragmentario con el que Medicina Occidental convencional (la alopatía), considera al ser humano habitualmente. Aunque en teoría todos los médicos sabemos que somos un todo y que existe una unidad inseparable entre la mente y el cuerpo, a nivel práctico, en la sanidad del día a día, se funciona bajo el esquema de las especialidades y las superespecialidades, en las que un profesional muy cualificado en un ámbito desconoce casi todo de todo lo demás. 

Pero sucede que un ser humano no es, desde mi punto de vista, un trozo de carne anexo a un ojo, o a un hígado, sino toda una unidad que enferma y sana globalmente.

A modo de diferencia, la Medicina Oriental, posee una visión antropológica mucho más holística y global. Posee un núcleo común, a pesar de las diferencias culturales entre los distintos países orientales, que podríamos denominar visión holística y energética del ser humano.

En oriente se considera que el ser humano es energía, al igual que todo lo es también todo el universo. El ser humano no se entiende, pues, como algo aislado y separado de su entorno, sino como un ser en continuo intercambio con las energías ambientales. Curiosamente esta noción está muy próxima a los postulados ecológicos occidentales actuales. Los distintos padecimientos y enfermedades, por tanto, poseen una base  de desequilibrio energético y es posible recobrar la salud mediante aquellos procedimientos que ayuden a restaurar el equilibrio perdido dentro de cada persona y a devolver el equilibrio entre ésta y el macrocosmos. 

Hace miles de años que la interrelación entre los aspectos mentales y el cuerpo físico se tiene en consideración en el mundo oriental a la hora de abordar la salud y la enfermedad.

Podríamos decir que la Medicina Oriental posee un enfoque más global del ser humano,  considerándolo tanto en sus aspectos físicos, emocionales y espirituales, mientras que el enfoque occidental es predominantemente materialista. 

Muchas de las Medicinas Orientales están inseparablemente conectadas con la dimensión espiritual, con todo lo que ello implica. También se fundamentan en los antiguos y milenarios pensamientos filosóficos de las culturas en la que se han venido expresando. Gran parte de sus conocimientos actuales han surgido de una amplia base empírica de observación a través de los tiempos de los fenómenos de la naturaleza. 

Pero lo que en estos momentos en los que la ciencia occidental ha logrado mandar sondas especiales que van más allá del sistema solar, nos resulta realmente sorprendente es que estos conocimientos empíricos ancestrales que nos muestran las medicinas orientales, puedan ser tan precisos en muchos casos, de tal manera que la ciencia occidental ha podido hoy día constatar la utilidad de muchos de estos sistemas terapéuticos y, aunque todavía desconocemos bastantes de los mecanismos en los que se sustentan ciertas curaciones, lo realmente fascinante es pensar el modo en el que los sabios de la antigüedad llegaron a desarrollar una clara comprensión de cómo ayudar a las personas de su entorno a luchar contra la enfermedad y a conservar su salud.

Ahora, las actuales generaciones de jóvenes estudiantes occidentales, poseen un escenario privilegiado para establecer una síntesis necesaria entre ambas visiones del mundo, la oriental y la occidental. Mantengo la convicción y la esperanza de que de ese nuevo conocimiento más global y comprensivo, surgirán las semillas de un mundo mejor, porque no olvidemos que la salud y el bienestar es un anhelo y una aspiración que todos los seres humanos deseamos.

Superar la ansiedad

ansiedad“Los cuadros de ansiedad son unos de los problemas que frecuentemente afectan a la población en general y que suele estar asociada al estilo de vida de sociedades como la nuestra. Hablamos de ansiedad para referirnos a una respuesta emocional de carácter displacentero que engloba tanto aspectos subjetivos o mentales como otros de tipo fisiológicos o corporales, y que son debidos a un estado de elevada activación de los sistemas adaptativos del organismo. Se define también como un estado de miedo, alarma o preocupación, que pueden estar relacionadas con un desencadenante conocido o desconocido. Fisiológicamente, las estructuras más implicadas en la respuesta de ansiedad es el eje Hipotálamo-hipofisario, el cual produce una activación adrenérgica del organismo, si bien existen además otros sistemas secundarios asociados a esta respuesta, como son el sistema dopaminérgico, la amigdala y el hipocampo. Las personas proclives a padecer ansiedad suelen mostrar un “sesgo atencional interpretativo”, lo cual quiere decir que poseen una mayor tendencia a atender a los estímulos amenazantes que a los tranquilizadores, y también tienden a interpretar señales ambiguas como si fuesen amenazantes. Desde el punto de vista de la Medicina Integrativa se utilizan distintos tipos de terapias a la hora de abordar este complejo problema. En casos extremos de crisis de pánico pueden resultar necesario utilizar un fármaco convencional del tipo de las benzodiacepinas, si bien lo más conveniente es tratar de utilizarlos lo menos posible. Uno de los aspectos que normalmente no suele tenerse en cuenta desde el enfoque médico convencional es la alimentación. Sin embargo, realizar una detoxificación a nivel hepático activando el citocromo P450, permitirá una mejor metabolización de las substancias que se generan por el exceso de activación del sistema nervioso vegetativo. Hacer curas de depurativas cada 3-4 meses es una forma de ayudar al organismo. Los suplementos de vitaminas B6 y B12 se han demostrado también de utilidad, así como el Inositol, considerado como la benzodiacepina natural la acción calmante que posee. El 5-HTP se ha demostrado útil para prevenir los ataques de pánico, pero hay que considerar su utilización cuando la personas toma al mismo tiempo psicofármacos convencionales. El magnesio es un mineral que habrá de ser aportado de forma sistemática en estos casos, pues ayuda  ala relajación los músculos y del sistema nervioso y ayuda a reducir la ansiedad diurna y mejora el sueño bocturno. Respecto a la fitoterapia, se han utilizado con frecuencia plantas como la pasiflora, la valeriana, la melisa, el espino blanco, etc. Otras substancias útiles para tratar este asunto son la taurina, la tirosina, el GABA (acido gamma amino butírico), así como diferentes remedios homeopáticos y Elixires Florales. Otras terapias útiles son la Acupuntura, la Auriculoterapia, la Reflexología Podal o la Craneopuntura de Yamamoto, entre otras. La persona ha de tener presente que una cosa es tratar la ansiedad en un momento dado otra bien distinta es el tratamiento de fondo. Para esto último el paciente habrá de aprender una serie de herramientas y estrategias que le ayuden a cambiar su manera de reaccionar ante los diferentes estímulos, es decir,  aprender a enfocar su vida de un modo diferente y a tomarse las cosas de un modo distinto, por lo cual el entrenamiento en sistemas tales como la Sofrodynamia® será de gran interés.” (ANF)

Acupuntura y Enfermedad de Parkinson

VB34Según diversos estudios científicos, el punto de acupuntura “Yanglingquan” (VB34), relaja la musculatura, mejora la coordinación  y activa áreas relacionadas con la enfermedad de Parkinson.

En un estudio realizado en Alemania se ha comprobado que la punción de este punto tiene un efecto sutil pero específico en la inhibición de las zonas motoras del cerebro, las regiones neuronales implicadas en la activación muscular para producir movimiento. El estudio se realizo con 20 voluntarios comparando los resultados cuando se les aplicaba verdadera acupuntura y acupuntura placebo. Los resultados muestran como la excitabilidad de las áreas motoras cerebrales disminuían en los pacientes cuando se le aplicaba acupuntura en dicho punto. (Neurophysiol Clin. 2012 Jun; 42(4):225-30).

Otro estudio realizado por científicos coreanos han examinado las reacciones cerebrales usando Resonancia Magnética Funcional en 12 pacientes con enfermedad de Parkinson y en 12 pacientes sanos, antes y después de aplicarles acupuntura en Yanglingquan. La acupuntura mejoró la actividad neuronal en las zonas del cerebro que son afectadas por la enfermedad de Parkinson (sustancia negra, tálamo, núcleo caudado y putamen). Los investigadores piensan que el punto puede se útil para aliviar los síntomas de la enfermedad de Parkinson como temblores, rigidez muscular, inestabilidad postural, coordinación del movimiento, etc. (Acupuncture Stimulation on GB34 Activates Neural Responses Associated with Parkinson’s Disease. CNS Neurosci Ther. 2012 Sep;18(9):781-90).

(ACLARACIÓN) El punto de acupuntura Yanglingquan (VB34) posee, según la Medicina Tradicional China, la propiedad de ser un punto de reunión de los tendones, por esto, en la práctica tradicional, es un punto importante para tratar problemas articulares, tensión muscular, espasmos y alteraciones de la coordinación del movimiento. Es, además, un importante punto para tratar problemas relacionados con el cerebro como migrañas, epilepsia, hipertensión, probablemente por pertenecer al meridiano de la Vesícula Biliar, uno de los meridianos que según la medicina china penetra en el cerebro (el mar de la medula). A nivel emocional se le atribuye un efecto liberador y armonizador, estas propiedades son debidas a su estrecho vínculo con el “Hun”, aspecto del psiquismo que pertenece al inconsciente y está relacionado con la capacidad de planificar, aspectos creativos de la persona, soñar, ilusionarse y relacionarse de un modo armónico con el entorno.

Traducción y aclaración por D. Gonzalo Hernández, Acupuntor y colaborador del C.M.I. Dr. Nougués

Acupuntura y Colon Irritable

La acupuntura mejora el Síndrome del Colón Irritable 

Un estudio realizado en la Universidad de York dirigido por Dr. Hugh MacPherson sobre 233 pacientes que padecían SCI desde hace 13 años muestra que la acupuntura mejora la mayoría de los síntomas, aumentando la calidad de vida de los enfermos.

Los síntomas principales que afectaban a estos pacientes eran diarrea, estreñimiento, y dolor abdominal, afectando seriamente su  calidad de vida. La mitad de los pacientes, además de continuar con sus cuidados habituales, recibieron una sesión semanal de acupuntura hasta completar un ciclo de 10 sesiones. La otra mitad solo continuaron con sus tratamientos habituales. La acupuntura fue aplicada a cada paciente conforme a los criterios de la Medicina Tradicional China. A los tres meses del inicio los resultados mostraron una clara mejoría de la severidad de los síntomas a favor del grupo que había recibido acupuntura. Esta mejoría se valoro como un 50% de reducción en la severidad de los síntomas y  se constato que persistía más de 12 meses.

(Acupuncture for irritable bowel síndrome: primary care based pragmatic randomised controlled trial. BMC Gastroenterol. 2012 Oct 24; 12(1):150. Doi:10. 1186/1471-230X-12-150 Epub ahead of print

Traducción de D. Gonzalo Hernández, Acupuntor y colaborador del C.M.I. Dr. Nougués

La acupuntura mejora la respiración en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)

Según un ensayo clínico realizado en Japón, la acupuntura mejora notablemente la disnea de esfuerzo en pacientes con EPOC.

Sesenta y ocho pacientes fueron divididos de un modo aleatorio en dos grupos, un grupo recibió acupuntura verdadera y el otro acupuntura-placebo durante 12 semanas, ambos grupos mantuvieron la medicación habitual.

Para el ensayo fue utilizado un protocolo de puntos estandarizado. Tras las doce semanas las puntuaciones del test de esfuerzo fueron significativamente mejores en el grupo que había recibido verdadera acupuntura que las del grupo que recibió acupuntura placebo.

Los pacientes que recibieron acupuntura verdadera también mostraron mejorías clínicamente relevantes después de los tres meses de tratamiento en el estado nutricional (incluyendo índice de masa corporal), obstrucción del flujo de aire, capacidad de realizar ejercicio, y calidad de vida en general. Estas mejorías no se observaron en el grupo de acupuntura placebo.

El autor del ensayo piensa que estas mejorías en la función pulmonar son debidas a que la acupuntura relaja los músculos respiratorios y regula el sistema nervioso autónomo.

Resumen obtenido de “A randomized, placebo-controlled trial of acupuncture in patiens with chronic obstructive pulmonary disease (COPD): the COPD-acupuncture trial (CAT). Suzuki M et al. Arch Intern Med. 2012 Jun 11;172(11):878-86”