En una sociedad como la nuestra en la que el estrés campa a sus anchas y da lugar a numerosos trastornos tanto de índole física, como psicológica o existencial, cualquier herramienta que nos ayude a prevenirlo, gestionarlo o amortiguar sus repercusiones, es bienvenida. La alimentación es una de ellas. Por eso me gustaría comentar algunos aspectos de lo que hoy día viene llamándose “alimentación antiestrés”.
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Los alimentos funcionales, ¿qué son?
Por Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués
En el marco de una sociedad cambiante, objeto del sistema de superproducción, la escasez de tiempo, los hábitos de vida poco saludables, la gran prevalencia de enfermedades crónicas (cada vez más numerosas)…, surgen los denominados “alimentos funcionales”, como una alternativa y solución para corregir los grandes desequilibrios y deficiencias nutricionales que padece la población; situación contradictoria sin duda, con la superabundancia y el gran desarrollo de los países del primer mundo.
La obesidad por ejemplo, es una de las enfermedades (diana clave), para su desarrollo, dado que su prevención es el problema nutricional más importante y uno de los retos sanitarios prioritarios en las sociedades occidentales. En líneas generales, se pueden definir diversas estrategias para el diseño de alimentos funcionales para el control del peso corporal; unas dirigida a la inhibición de la ingesta o limitando la biodisponibilidad de nutrientes, otras produciendo un descenso en el contenido calórico de los alimentos, también estimulando el gasto energético (termogénesis); y finalmente regulando de la distribución de nutrientes entre tejidos limitando el acumulo de grasa.
Por tanto, el abandono de los buenos hábitos alimenticios y el empeoramiento de la calidad de la dieta, se convierten en el elemento justificativo de la gran demanda actual, de este tipo de alimentos. Pero sabemos realmente qué es un alimento funcional, a quién/es van dirigidos, cuáles son las propiedades que se le atribuyen… Al respecto, todas y otras cuestiones intentaremos ir descifrándolas.
1. ¿Qué es un alimento funcional? Propiedades atribuidas.
En la literatura, dicho término se suele abreviar con las siglas AF. Se trata de alimentos elaborados no sólo por sus características nutricionales sino también para cumplir una función específica como puede ser el mejorar la salud y reducir el riesgo de contraer enfermedades, ya que independientemente del aporte de nutrientes, han demostrado a nivel científico tener efectos positivos sobre una o varias funciones del organismo. Pero en ningún caso esto los convierte en posibles sustitutivos de comida, sino que deben consumirse como parte de una dieta sana y equilibrada, en la misma cantidad que pueda tomarse cualquier otro alimento en nuestra dieta y acompañados de un estilo de vida saludable.
Alimento funcional puede ser desde un alimento natural, un alimento al que se ha añadido un componente, o un alimento al que se le ha quitado un componente mediante medios tecnológicos o biológicos. También puede tratarse de un alimento en el que se ha modificado la naturaleza o biodisponibilidad de uno o más de sus componentes, o cualquier combinación de estas posibilidades. Por tanto podemos clasificarlos en:
– alimentos naturales
– alimentos enriquecidos en algún nutriente específico
– alimentos a los que se les retira algún nutriente
– alimentos con adición de sustancias biológicamente activas
– probióticos
Sin embargo y pese a toda la información existente, hasta el momento no han sido definidos por la legislación Europea.
2. ¿Qué tipo de alimentos funcionales existen actualmente en el mercado?
Destacan por ejemplo: las leches enriquecidas (con calcio, ácidos grasos omega-3, ácido oleico ó vitaminas), los zumos de frutas, los cereales, los huevos.
3. Segmentos de población a los que van destinados
Este tipo de alimentos puede formar parte de la dieta de cualquier persona. Pero además, están especialmente indicados en aquellos grupos de población con necesidades nutricionales especiales (embarazadas y niños), estados carenciales, intolerancias a determinados alimentos, colectivos con riesgos de determinadas enfermedades (cardiovasculares, gastrointestinales, osteoporosis, diabetes, etc.) y personas mayores.
4. ¿Tienen efectos negativos para la salud?
Los alimentos funcionales pueden contribuir a mejorar el estado de salud aunque no sean la solución a todos los problemas nutricionales. Sin embargo, la oferta creciente en los supermercados de alimentos a los que se ha añadido (o de los que se ha eliminado) uno o varios nutrientes, o modificado su biodisponibilidad, convive con la desconfianza de una parte de la población a los efectos sobre la salud que alegan. El desarrollo de los alimentos funcionales se tiene que producir, así, con unas reglas del juego claras:
- Las pruebas científicas que avalen las alegaciones de salud han de responder a los estándares avalados por la comunidad científica y ser públicos.
- El etiquetado ha de proporcionar una información veraz y no susceptible de llevar a engaño a los consumidores.
- La Unión Europea se ha de dotar de normas lo más claras posibles que permitan, al mismo tiempo, la innovación de la industria y la defensa de los intereses de los consumidores.
- Las administraciones públicas han de garantizar el cumplimiento de la normativa.
- Simultáneamente se tienen que dar pasos para mejorar la formación y la información de los ciudadanos sobre la alimentación.
Un marco con estos elementos ha de permitir minimizar los riesgos para la salud asociados a la utilización de los alimentos funcionales.
El organismo responsable de los mismos en la Unión Europea, se denomina
FUFOSE (Functional Food Science in Europe), y es el encargado de regular las alegaciones sanitarias, es decir, la información dirigida al consumidor sobre los efectos favorables que este tipo de alimentos ejercen para la nutrición y para la prevención de enfermedades.
Esperamos haber aclarado e informado sobre la realidad existente acerca de este tipo de alimentos, cada vez más utilizados en la sociedad actual.
Alimentación antiestrés
Se ha hablado mucho acerca de la existencia de una posible alimentación antiestrés.
Hoy día sabemos que una de las indicaciones fundamentales para mejorar el estrés a través de la alimentación consiste en eliminar alimentos excitantes (té, café, bebidas de cola, etc.), pero la relación exacta entre nutrición y estrés es a veces más compleja de lo que imaginamos.
No obstante, existen aproximaciones científicas de cierta validez. Una de ellas es una encuesta realizada por el Institute for Nutrition Research de la Facultad de medicina de Oslo que concluyó con las siguientes recomendaciones para una alimentación antiestrés:
– Dieta Hipocalórica, menos calorías en conjunto. También se ha demostrado que esta medida es un factor determinan para mejorar el estado de salud y la supervivencia.
– Disminución de los alimentos grasos en general, sobre todo las grasas saturadas (mantequilla, yema de huevo, queso).
– Aumento de las grasas poliinsaturada (pescado, algunos vegetales y aceites ricos en omega 3).
– Evitar el azúcar todo lo posible incluso llegando a eliminarlo.
– Menos sal.
– Más consumo de frutas, verduras y alimentos ricos en fibra (salvado, frutas, arroz integral vegetales)
– Aumentar el consumo de alimentos con almidón (patatas, pasta, legumbres).