Liderar tu propia vida

Liderar tu propia vida

“Si pretendes ser feliz debieras renunciar a la actitud pasiva, al menos en lo que se refiere a cumplir con tus objetivos vitales, y necesitarás, además, convertirte en un auténtico líder, asumiendo así la responsabilidad de  ser el verdadero protagonista de tu propia existencia” (ANF)

Comprender la enfermedad

Comprender la enfermedad

“Además de la importancia de los productos que tomemos o las dietas que hagamos, una parte fundamental de la curación consiste en tomar consciencia de lo que nos sucede, comprendiendo el significado que la enfermedad tiene para nosotros, y logrando así que un proceso desagradable o doloroso, no frene nuestro desarrollo y nos ayude a seguir creciendo como seres humanos” (ANF)

Condimentos y especias

Condimentos y especias

Por Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del C.M.I. Dr. Nougués

Bajo el nombre de especias o condimentos (provenientes de semillas, frutos o cortezas secas) se denominan ciertos aromatizantes de origen vegetal, usados para preservar o sazonar los alimentos. Su uso, con el objetivo de definir los sabores gracias a sus propiedades aromatizantes, cada vez es mayor y permiten de este modo que alimentos insípidos y/o desagradables, pasen  a ser sabrosos sin perder sus propiedades nutritivas. Si bien el valor nutricional de éstas no es demasiado alto, algunas pueden contener calcio, hierro y alguna vitamina. Sin embargo, su efecto sobre el apetito es relevante.

Igualmente es importante saber que muchas de ellas deben tomarse con precaución ya que pueden resultar tóxicas en concentraciones elevadas, así como otras presentan compuestos incapaces de ser absorbidos por el organismo siendo eliminados directamente y otros son destruidos por las propias enzimas digestivas.

En la actualidad son y se proponen como una alternativa saludable para la condimentación de nuestros platos, reduciendo así el contenido en sal y aceite a usar, lo que resulta de interés frente a numerosas patologías estrechamente relacionadas con su uso (hipertensión, obesidad/sobrepeso, enfermedad cardiovascular…)

Pero sus usos son varios y vienen dándose desde la antigüedad, por ejemplo junto con el comentado anteriormente, puede destacarse también su aplicación con fines medicamentosos, de conservación, de remedio casero, como cosméticos (en perfumería y belleza), etc.

En términos generales podemos clasificarlas en hierbas y especias que modifican el sabor/color (azafrán, canela…) y aquellas que excitan el paladar (pimienta, chile…). Se habla de hierbas (aromáticas) paralelamente, pues de acuerdo a numerosas clasificaciones, bajo el término de especias también quedan englobadas algunas de ellas. En el caso de las hierbas, la procedencia son hojas de plantas. En este caso sólo “perfuman” la comida y no son tan valoradas como las especias propiamente, ya que su cultivo es doméstico y relativamente fácil, pudiendo hacerse en una huerta o jardín pequeño. Algunos ejemplos serían: la albahaca, el laurel, el hinojo, la menta, el orégano, el perejil, el romero y el tomillo.

Existen una variedad enorme de especias en general, pero entre las más destacadas podemos hacer mención a la albahaca, el azafrán, la canela, el jengibre, el orégano, el perejil, la pimienta blanca, el tomillo, etc. Dentro de ellas inclusive podemos  encontrar aquellas que al mismo tiempo son también un alimento en sí, es el caso de la cebolla, el ajo, o el propio pepino (que como encurtido se considera especia), por ejemplo.

Pongamos sabor natural a las comidas, mediante fuentes naturales.

Libertad

Libertad

“A pesar de las limitaciones que existen, siempre me he sentido libre para elegir transitar por mi propio camino, incierto, sí, e inseguro, también, pero el mío, al fin y al cabo. Unas veces solo y otras acompañado, porque nunca he sido amigo de aceptar pasivamente los caminos que unos han querido imponerme, ni asumir los pensamientos que otros pensaron por mí. Corro el riesgo de no llegar a ningún sitio o de no ser entendido por muchos, pero lo acepto, si es que ese es el precio que he de pagar para vivir mi libertad, tal como yo la entiendo” (ANF)

Salud y enfermedad en la Tradición Hipocrática

Salud y enfermedad en la Tradición Hipocrática

No cabe duda de que las llamadas actualmente Medicinas Complementarias en general, y la Medicina Naturista en particular, van adquiriendo un auge y un prestigio cada vez mayor. Parece que la sociedad en su conjunto, y dentro de ella el sector médico convencional,  va constatando cada día más la validez incuestionable de gran número de diferentes terapias como la Homeopatía, la Fitoterapia, la Oligoterapia, etc.

Los más optimistas creemos estar viviendo los albores de una nueva concepción de la Medicina (con mayúsculas) en la que la integración de todo aquello que contribuya a curar o a aliviar el sufrimiento de los seres humanos sea una realidad. Soy consciente de que falta bastante y también de que aun quedan muchos, duros y complejos obstáculos que vencer, pero percibo que vamos por ese camino y en esa dirección.

Tal vez por eso me guste de vez en cuando pararme y mirar atrás, para no olvidar de dónde venimos. Considero que volver al origen para aprender y seguir avanzando mejor, es un magnifico ejercicio. Suele decirse que cuando desconocemos de dónde venimos puede resultar difícil descubrir hacia dónde vamos.

Espero que en el ámbito médico, esta vuelta al origen, nos ayude a retomar una dimensión humanista que la medicina supertecnificada parece haber olvidado y que hoy más que nunca se hace necesario volver a encontrar.

Lo dicho hasta ahora me parecen razones suficientes como para escribir unas  cuantas líneas acerca de la, muchas veces desconocida, Escuela Hipocrática, la cual no es ni más ni menos que la escuela médica occidental de la que, curiosamente, se consideran herederos tanto la Alopatía como la Medicina Naturista. Parece revelador que un punto de origen común en el pasado pueda servirnos para alumbrar nuestro punto de encuentro en el futuro.

La Escuela Hipocrática recibe su nombre de un personaje que raya en lo mítico, el gran Hipócrates. Nacido en Grecia, en la isla de Cos, su vida parece que transcurrió entre los años 470 al 377 a.J.C. Hipócrates es un personaje legendario que los historiadores no han podido llegar actualmente a reconstruir con total certeza. Sus hazañas bordean el mito, la leyenda y la realidad. Es conocido por todo el mundo occidental como el «Padre de la Medicina».

Según la leyenda era descendiente del mismo Esculapio, Dios de la medicina, hijo de Heráclides, que también era médico y hermano de Higea y Panacea, personajes, sin duda puramente simbólicos. Vino a desarrollar su tarea con posterioridad a Empédocles, lo cual facilitó que éste le influenciara con su «física» de los cuatro elementos.

Hipócrates creía profundamente en la importancia del estudio clínico hecho a la cabecera del enfermo. Ejerció una medicina basada en la observación, lo cual hizo que se le considere como el iniciador de la observación clínica.

Comenzó a entender la enfermedad desde el punto de vista humano y naturalista, contemplándola como un proceso «natural» desprovisto del sentido mágico que tenía la medicina en su etapa mítica. Es decir, introduce el “logos” enel campo de la medicina, por lo que si la enfermedad obedecía a causas naturales habría de ser tratada, también, por medio de procedimientos naturales.

Tal ha sido la magnitud de este gran personaje, que es considerado como el médico más relevante de la antigüedad. Los escritos de su escuela se encuentran recogidos bajo el nombre de Corpus Hipocráticum. Dichos escritos, de los que hoy día se admiten unos cincuenta y tres, se fueron elaborando a través de un periodo no menor de trescientos años. Hoy día no podemos llegar a conocer con certeza absoluta si Hipócrates llegó o no a escribir alguno de ellos.

Prestó también atención a lo que hoy llamaríamos medicina preventiva, prescribiendo una dieta adecuada y ejercicio físico como medio de evitar la enfermedad. Igualmente, es posible encontrar también en la escuela hipocrática un aspecto ecológico a la hora de considerar la enfermedad.

Pero para poder entender plenamente los conceptos de salud y enfermedad en la tradición hipocrática necesitaremos  adentrarnos un poco en el conocimiento de la Physis.

Posiblemente, si tuviésemos que elegir uno sólo de entre todos los innumerables conceptos que el mundo de la Antigüedad Clásica Griega supo acuñar y que han tenido influencia en el ámbito de las ciencias, hasta nuestros días, posiblemente sería el de Physis.

Podemos encontrar el antecedente más remoto del término Physis, empleado como sustantivo del verbo Phyeo (nacer, brotar), en la Odisea, cuando Ulises cuenta el modo en que Hermes le enseñó a librarse de los encantamientos de Circe. Dos siglos más tardes los filósofos presocráticos recurrirán a esa palabra para designar el principio y el fundamento de todo lo real.

Este concepto constituye el eje central del pensamiento griego científico y filosófico en general, y piedra angular del pensamiento médico en particular. Para Laín Entralgo: «la palabra physis va a tener dos sentidos principales conexos y complementarios entre sí”. Es, por una parte, la «Naturaleza universal», el divino principio y fundamento de toda realidad, y, por otro lado, la «naturaleza particular» de cada cosa, aquello por lo que ésta es lo que es y como es. «La Naturaleza» y «las naturalezas», si quiere decirse así». Las physis particulares son expresión pues de la Physis universal.

Por lo que sabemos de los escritos que dejaron, para los hipocráticos, la salud era concebida como: «el primero de los bienes”, y también «aquello que para el hombre posee el mas alto valor o «condición y presupuesto de cualquier otro bien”. Podríamos añadir que para los hipocráticos la salud era fundamentalmente «la bien proporcionada mezcla de las cualidades».

Cuatro eran los calificativos que definían el estado de salud para los hipocráticos: Lo justo, lo puro, lo bello y lo proporcionado. La salud sería, pues, un modo de vivir bien proporcionado y armonioso, encontrándose la normalidad en el recto equilibrio. Los hipocráticos entendieron la enfermedad como un desorden morboso, una desproporción, desigualdad o disarmonía respecto al justo equilibrio de la physis.

Pero lo que es mas importante, pilar básico de toda la Medicina Hipocrática, y por tanto también de la Medicina Naturista Neohipocrática, es la afirmación de la Escuela de Cos cuando dicen que: «la physis (léase naturalezas individuales) de los enfermos son los verdaderos médicos de las enfermedades».

Si trasladamos todas estas reflexiones a nuestros días nos daremos cuenta de lo acertado de las mismas. En las palabras de nuestros hipocráticos antepasados se explicitaron conceptos tan básicos y fundamentales como la comprensión de la salud en términos de equilibrio, y la enfermedad como ruptura de dicho equilibrio. Se expresó también la conexión entre el ser humano y todo lo creado a través de su “physis”. Fueron, también, los hipocráticos los primeros en plantear una medicina clínica, al lado del enfermo, basada en la observación  y con una dimensión preventiva y ecológica.

Pero quizás, la aportación hipocrática que más necesitaríamos volver a retomar hoy día, posiblemente fuese su actitud marcadamente humanista, puesto que ellos consideraban el “Ars Médica” (el Arte, como gustaban llamarlo) como uno de los más altos servicios que pudiera prestar un ser humano a otro. Dicho “Arte”  habría de basarse no sólo en la ciencia sino también en el amor, porque, como dijo Hipócrates, “donde no hay amor al hombre no puede haber amor al Arte”

Muchos tenemos la esperanza de que ese manantial de sabiduría que surgió de la escuela de Cos, hace ya 2.500 años, vuelva de nuevo a alumbrar a todos los profesionales de la salud.

Regocijo

Regocijo

“Sentir alegría cuando nos pasa algo bueno es lo normal, pero experimentar regocijo cuando le sucede a otras personas y no a nosotros, sólo está al alcance de un corazón verdaderamente generoso.” (ANF)

Nuestros propósitos

Nuestros propósitos

“Es normal desesperarse si no encuentras el sentido de lo que haces en tu vida. Por esa razón, siendo importante saber qué haces y cómo lo haces, resulta más importante aun, descubrir para qué lo haces, ya que en esa respuesta encontrarás el propósito de tus acciones y, con él, la energía y la pasión necesaria para alcanzar tus metas”. (ANF)

Cada vez mas…

Por Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del C.M.I. Dr. Nougués

Con este artículo y dada la repercusión que éstos tienen en la alimentación, nos centramos en dos nuevos términos relacionados con los trastornos de la conducta alimentaria. No cabe duda que la sociedad actual y estilo de vida en el que como ciudadanos estamos inmersos, cada vez se hace más patente y deja una huella desafortunadamente y aunque pueda sonar duro, hacia  nuestra autodestrucción. Piensen fríamente y vean la paradoja: ¿preocupación por la salud y responder de este modo?, ¿ilógico no les parece?

 

DIABULIMIA, se trata de un trastorno de la conducta alimentaria y si queremos catalogarlo por su gravedad, podemos decir que sus consecuencias son fatales. Entre los síntomas característicos, que pueden aparecer bruscamente y se parecen a los de la diabetes, destacan la fatiga, sed, ganas de orinar constante, apetito excesivo, dificultades en la concentración… Este trastorno sobre el que se retoma el interés en nuestros días, si bien aún no es un término médico reconocido como tal, sino que se estudia como la combinación de ambos cuadros, se relaciona con personas diagnosticadas de diabetes tipo I o insulinodependientes. En él, el control dietético y el uso de insulina que precisa la diabetes tipo I, enmascaran un trastorno alimentario que tiene como objetivo perder peso de manera descontrolada. Así, una de las técnicas de los diabulímicos es reducir su dosis de insulina para que el cuerpo no pueda incorporar azúcares y así se limite el aporte calórico, lo que consecuentemente permite la pérdida de peso. Pero se está jugando “con fuego” al dejar que grandes cantidades de azúcar transiten por el organismo sin que éste pueda aprovecharlo, pues no hay insulina necesaria y esto origina, de mayor a menor gravedad: hipoglucemias, hiperglucemia y cetoacidosis y  coma diabético que puede acabar en la muerte. Del mismo modo, complicaciones crónicas tales como las neuropatías (ej: ceguera si se afectan los vasos sanguíneos del ojo, u otras), fallo renal o la amputación de miembros pueden ser consecuencias graves del mal control metabólico, mantenido a largo plazo.

Algunos de los signos de alarma que pueden ser un  indicio de sospecha, o al menos orientativos de este  trastorno, son:

  • valores muy altos de hemoglobina glicosilada (parámetro que mide niveles de glucosa en sangre)
  • ansiedad ante los controles de peso (rechazo o compulsión)
  • episodios frecuentes de hipoglucemias, aún cuando tienen asistencia por especialistas.
  • demanda de cambios en el patrón alimenticio
  • alteraciones en el ciclo menstrual (irregularidad, ausencia, demora)
  • episodios de atracones al menos 2veces/semana.
  • situaciones de tensión familiar
  • práctica excesiva de perdida peso

 

DRUNKOREXIA: se define como dejar de comer para poder beber alcohol. Es decir, teniendo en cuenta que beber alcohol es ingerir muchas calorías vacías y por tanto engorda, se dejan de ingerir las comidas principales para “compensar” y así mantener el peso a raya. Esta conducta es típica de jóvenes (adolescentes o no) habituales del botellón. Esta situación conlleva a largo plazo a deficiencia vitamínica, mineral y de nutrientes primarios que llevan a un estado crónico de cansancio y hacen a la persona más propensa a caer enferma.

El tratamiento e intervención en estos casos debe ser multidisciplinar y si bien los efectos más directos se perciben a nivel de la alimentación y conducta alimenticia del sujeto, siendo fundamental la educación y adquisición de un patrón nutricional adecuado, no debemos olvidar en ningún caso, su importante componente psicológico.

 

Editorial de Noviembre 2012

Debe ser cosa de la edad, pero parece que cada año los meses pasan más deprisa, y casi sin darnos cuenta, apenas inauguramos un nuevo año cuando en poco más que un pestañeo nos encontramos diciéndole adiós. Ya sé que esto es sólo una sensación subjetiva, puesto que, de momento, los días siguen teniendo 24 horas y los años 365 días (366 los años bisiestos), pero me da la impresión de que, año tras año, el tiempo se acelera y parece pasar todo más de prisa.

Obviamente, estando como están las cosas, el fenómeno anterior pudiera ser una especie de gran ventaja evolutiva que permite, a los que ya peinamos canas, sobrevivir mejor ante a cantidad de sinrazones y despropósitos que cada día hay que escuchar.

Vivimos en un mundo complejo y difícil, no sé si más complejo y difícil que en otras épocas, pero el hecho del gran incremento de las comunicaciones hace que el flujo de información que cada uno de nosotros recibimos se haya aumentado de una forma exponencial, si lo comparamos con las personas que vivían en épocas pretéritas, con las ventajas e inconvenientes que dicho fenómeno conlleva.

Cantidad de información no siempre va acompañada de calidad ni de veracidad de la misma. El fenómeno mediático actual permite que cualquier “iluminado de turno” pueda decir u opinar sobre cualquier cosa sin el más mínimo escrúpulo ni fundamento, y que eso tenga una repercusión mundial prácticamente al instante. Esto conlleva a su vez un gran peligro cuando la población, en general, carece de las bases necesarias para sustentar un pensamiento crítico y propio, dejándose guiar por aquello que les cuentan sin reparar en la autenticidad o no de las informaciones. Tal vez por eso, en tantos campos diferentes, se sigan sustentando creencias que, cuando no son falsas, están trasnochadas y superadas.

Soy de la opinión de que una población bien informada y crítica es más libre y menos manipulable y, por lo tanto, más soberana a la hora de tomar sus propias decisiones. Tal vez sea esa la razón por la que quienes manejan el poder, tanto de modo explícito como los que se ocultan en las sombras, les interese más mantenernos enredados en asuntos diversos que ellos mismos se ocupan de construir, difundir y avivar, que en permitir que crezcamos como seres humanos libres y autónomos.

Reivindico, pues, mi derecho a sentir, vivir y actuar según mi propio criterio y no según lo que me dicten los diversos grupos mediáticos de radio, prensa y televisión, los partidos políticos, los banqueros y especuladores, los sindicatos mesiánicos y  las organizaciones nacionales o internacionales de todo tipo, ya sean de derechas, izquierda o centro, que por medio de sus panfletos y la machacona repetición de sus mensajes, tratan de hacernos pensar como a ellos les interesa. La propaganda nazi ya lo sabía, “repite una mentira muchas veces y se transformará en verdad”.

Volviendo por donde comencé, repito de nuevo, casi sin darnos cuenta nos encontramos muy cerca de finalizar un año que, para la mayoría de las personas que conozco, podría haber sido mucho mejor en todos los sentidos, pero que a la vista de las previsiones para un futuro próximo, no sé si habrá que pensar como decía el chiste “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

Porque, ya sabemos, que cualquier situación vivida puede ser mejorable, pero también empeorable, según como se gestione. Y como tengo la certeza de que en estos momentos tan críticos y complicados para todos, no estamos guiados por los mejores líderes posibles, tanto en España como en Europa, y que cualquier otra alternativa previsible tampoco es mucho mejor que la actual, quedamos sumidos en una especie de desesperanza, lo cual trae como consecuencia que se frenen proyectos, que se enfríen ilusiones y que se vea bloqueado el ímpetu hacia un cambio necesario a todas luces.

A pesar de todo, durante estos primeros días en este nuevo mes, noviembre, con el que casi vamos finalizando el año, nos queda la alegría de que nos siguen visitando las fértiles lluvias, lo cual es un alivio para los campos y una garantía para el consumo humano de agua de los próximos meses. A pesar de ello hay que lamentar los destrozos y las pérdidas que en ciertos lugares ha producido la intensidad con la que han caído las precipitaciones.

Este año, a pesar de las abundantes lluvias y la aparición de algunas nevadas, todavía las temperaturas no son tan bajas cómo en años anteriores por estas mismas fechas. Ya se sabe que, como dicen muchos, “el tiempo está un poco loco”. Esta relativa calidez térmica, las abundantes lluvias y las escasas heladas, hacen que los campos se vistan con sus mejores galas otoñales y los recolectores de setas salten de alegría para disfrute propio y de los amantes de la gastronomía micológica. Afortunadamente, en estos días he podido dar buena cuenta de ello, y espero poder seguir haciéndolo mientras el tiempo sea propicio.

Invitan estas fechas a recorrer el campo y disfrutar de esa gama de colores ocres,amarillos y rojos con los que se visten los otoñales árboles de hojas caduca. El bosque caducifolio en otoño es un verdadero espectáculo para los sentidos, y una invitación a la reflexión y la interiorización. Un paisaje intimista, diría yo, que, personalmente, me lleva a pensar en los ritmos de la naturaleza, el carácter cíclico de la vida e incluso el modo en el que en el momento presente soy capaz de vivir las estaciones, que también, según  mi modesta opinión, experimentamos los seres humanos.

Permitidme una comparación. Si dividimos en cuatro partes el tiempo de vida de una persona, pongamos ochenta años como media, podría decirse que los veinte primeros serían comparables a la primavera, y de los veinte a los cuarenta, al verano. Siendo el otoño de cuarenta a sesenta y el invierno desde los sesenta hasta los ochenta. Es sólo un ejemplo, ya se sabe que hay gente que vive más y otros mucho menos. Desde este punto de vista, en mi caso, me encontraría disfrutando ya del otoño de mi vida, más cerca del invierno que de otra estación.

Pongamos otro ejemplo. Si comparamos la vida con un partido de fútbol, yo estaría jugando la segunda parte, bien avanzada. Por lo que, estadísticamente hablando, me queda poco tiempo disponible para cambiar el resultado del encuentro, si es que no estoy conforme con cómo transcurre “el partido de mi vida”.

Me planteo, entonces, que es un  momento propicio para mirar atrás con el deseo de aprender y cobrar energía, para que, con la experiencia acumulada, pueda ser capaz de “jugar”, lo que me queda de “partido”, de la forma más digna, humana y fructífera posible.

Siempre he tenido especial interés en “mirar atrás para aprender”, pero jamás para buscar otras historias, como supuestos traumas, dolores o historietas con las que machacarme. Eso lo dejo para quienes disfruten con ello.

Por último, decir que he tenido ocasión de contemplar recientemente los maravillosos colores de los bosques otoñales en las regiones del norte de España, entre sonidos de ríos y misteriosas brumas envolviendo valles y riveras. Pero también en el sur podemos disfrutar de nostálgicos paisajes otoñales, que pueden verse ahora en toda su riqueza y esplendor. Si podéis, no perdeos esta fantásticas oportunidad de disfrutar con la naturaleza.

Pero más allá de la experiencia estética y mágica de esos momentos, me adentro en mi mundo interior y conecto con la energía del otoño dentro de mí, que me invita, pues, a ser responsable de mi propia vida, a coger las riendas de mi existencia y a reafirmar mi creencia en que debemos dejar en el mundo lo mejor de cada uno de nosotros.

Feliz Noviembre

 

La presencia como ayuda

“Quien no sabe usar sus palabras de un modo curativo más le valdría guardar un respetuoso silencio en lugar de hablar de lo que desconoce, cuando de ayudar a alguien se trata. Porque la  compañía y la presencia cercana  son remedios más poderosos y eficaces que las propias palabras, sobre todo cuando estas nacen de la ignorancia y no de la sabiduría”. (ANF)