Editorial de Julio 2013

Editorial de Julio 2013

julio-1Julio ya está aquí. Por fin tras un largo periodo de lluvias y de inestabilidades atmosféricas podemos disfrutar de un tiempo estable, soleado y seco. No obstante, como dice el refrán, “nunca llueve a gusto de todos”, y apenas han comenzado los calores veraniegos ya hay quienes añoran el frescor de otras estaciones. 

En este sentido parece como si con frecuencia echásemos de menos aquello que no tenemos, lo que nos falta, y sin embargo olvidamos sacar el máximo partido a aquello que sí que poseemos en el momento presente. 

La actitud anteriormente descrita constituye un modo de afrontar la vida con el que sufrimos más de lo que sería deseable, sobre todo porque perdidos entre las nubes de la nostalgia y la añoranza, se desvanece ante nosotros la posibilidad real de disfrutar el presente.

Siempre hay quienes se quejan de lo mal que le sienta el verano y los calores. Y es verdad que un calor excesivo representa una cierta incomodidad, incluso para algunas personas constituye una determinada limitación, como por ejemplo le hecho de salir para las personas mayores con elevadas temperaturas en horas centrales del día. Pero no es menos cierto que, al mismo tiempo, el verano aporta otra serie de aspectos positivos que hacen de dicha estación que sea considerada como unos meses en los que predomina el disfrute, el aspecto lúdico y vacacional, esto último incluso cuando no se tienen vacaciones oficiales.

Y es que cada época del año posee su propia peculiaridad y su propio encanto. De todos ellos podemos aprender a deleitarnos si somos capaces de ver lo bueno que aporta cada momento y cada estación climática.

Pero a pesar de todas las virtudes de esta época, me asalta un cierto temor y preocupación con esto del verano, porque como dice el título de una película “Las bicicletas son para el verano”, y me temo que aumentará el tráfico rodado de dichos vehículos, y eso me produce una cierta desazón.

Me explico. En realidad, la bici, siempre me ha parecido un medio de transporte entrañable y simpático, y por supuesto ecológico. Yo tuve la mía hace ya muchos años, cuando era pequeño. Disfrutaba los veranos dando numerosos paseos por una zona más bien campestres, y la compartía turnándome con mis hermanos más pequeños. En realidad más que una bici propia, aunque me la regalaron por mi cumple, era una bici comunitaria.

Pero los tiempos han cambiado, y aunque los materiales y diseños de las bicicletas han mejorado bastante, en realidad los variopintos velocípedos siguen siendo, básicamente, parecidos a los de antaño. Así que mi desazón parece que no proviene del vehículo en sí, sino más bien del uso que algunos hacen de él.

He de decir que, como peatón, nunca he tenido incidente alguno cercano al atropello con un vehículo de motor, pero en estos últimos meses, julio-2distintos ciclistas, haciendo eslalon entre los peatones, me han golpeado por la espalda en los brazos en varias ocasiones mientras caminaba por una zona peatonal. Es decir, he sufrido lo que podríamos denominar como “pequeño atropello parcial sin secuelas”. Nada relevante en término de lesiones, pero preocupante en cuanto a la posibilidad de sufrir algo más grave cuando aumente la densidad del tráfico debido al buen tiempo. 

Posiblemente, esto se haya debido a que al haberse masificado mucho más el número de usuarios, a los prudentes y respetuosos ciclistas de toda la vida se le hayan sumado otros muchos menos prudentes y respetuosos.

Así, cuando era pequeño se decía, “esto es más difícil que ver un burro volando”. Hoy día esta frase ya no es significativa, porque basta con ir a clase preferente de cualquier vuelo y encontrar a un político allí cómodamente sentado. ¡Frase superada!

Ahora,en los momentos actuales, como paradigma de algo realmente extraño y poco habitual, habría que decir “anda que eres más raro que ver a un ciclista parado en un semáforo”.

He de aclarar que hablo desde lo que yo veo cada día en la ciudad donde vivo y en la ruta que realizo. Así que espero que nadie se ofenda diciendo que en tal o cual ciudad las cosas no son así, o que conoce un semáforo en el que todos los ciclistas se paran. Tampoco quiero que crean que por el hecho de ser andaluz soy persona dada a la exageración de los relatos. Nada de eso.

Hablaré sólo de mi experiencia, aunque podría citar la de algún conocido que ha sido atropellado por la espalda dos veces por el mismo individuo (en este caso con lesiones). ¡Esto es puntería, ¿no?!

Como digo hablaré sólo de mi propia experiencia, habiéndome dado un  tiempo prudencial de observación de campo con la intención de documentarme.

He tomado como referencia temporal los dos o tres últimos meses. En ellos sólo en una ocasión, el ciclista se ha parado junto a mí respetando el semáforo. Insisto ¡sólo uno!. Todos los demás se lo saltaron. ¡Y he coincidido con  unos pocos!

En varias ocasiones y durante este mismo periodo de tiempo, conduciendo un coche, he tenido que frenar bruscamente ante unos ciclistas que iban a contravía es decir en dirección prohibida. En uno de los casos, la mama, el papa, y dos rubitos en sendas bicis, muy  monos todos y sonrientes, pero “a pique de un repique”.

Otros frenazos han sido ocasionados por cruces perpendiculares en zonas no reguladas por semáforos es decir, cruzar desde una acera a la contraria, saltándose dos vías con circulación de vehículos en esos momentos, ¡toda un a temeridad!

Y qué me dicen del denominado “carril bici”, ese lugar pintado de rojo que el ciclista contempla desde su sillín mientras conduce por donde le apetece.

Y podría seguir relatando algunos otros diversos incidentes, pero no quiero extenderme demasiado en el tema. 

He de aclarar que no tengo nada en contra de las bicis, ni de quienes la utilizan como medio de transporte, de disfrute o con intención deportiva, siempre que se haga con prudencia y respeto a las normas de tráfico y a la integridad física de los peatones. Porque, según pienso, vivir en comunidad significa respetar el derecho de los demás y pedir respeto al tuyo propio.

julio-3Pero hablando de otra cosa, me llama también la atención de que son muchas las actividades que se organizan a modo de curso escolar, y para muchas personas el año comienza en septiembre y finaliza los últimos días de junio, siendo julio y sobre todo agosto, una especie de tiempo muerto (como en el baloncesto) o de pausa generalizada en la que todo el país parece ralentizarse, con la salvedad de los que están ya suficientemente ralentizados, porque, la verdad, es que conozco a algunos que como se ralenticen más se caen del planeta por falta de atracción gravitatoria.

En estos días, me he dado cuenta de que cuando se despiden de mí, muchas personas me dicen “feliz verano”. Y la verdad es que me alegro de escuchar dicha frase a la que yo, de modo recíproco, como no podía ser de otro modo, también respondo.

Y me alegro mucho por varias razones. La primera es que el hecho de desear felicidad a otra persona es siempre algo digno de agradecer, ya que denota una cierta delicadeza, cariño o, cuando menos, educación, un bien tan escaso últimamente.

Por otro lado, hace que me enfoque un poco más en atender a crear las circunstancias mas propicias para que emerja dicha felicidad deseada. Y eso siempre es un plus. 

Lo vivo como si esas despedidas constituyesen una oportunidad para realizar una toma continuada de consciencia, con la esperanza de que por mera repetición, de una u otra manera, acabará calando en mi interior y haciéndose realidad.

Es curioso que no decimos, o al menos yo no lo he escuchado, feliz otoño o feliz invierno. No son frases frecuentes. Pero no nos extraña nada escuchar aquello de feliz verano. 

Y aunque lo deseable sería desear felicidad en cada momento del año, lo cierto es que sólo lo hacemos en ocasiones puntuales, Navidad, Pascua, y algunas fiestas en determinados lugares. 

Así que, sea por la razón que sea, podemos aprovecharnos de esos deseos recíprocos de que nuestro verano y el de las demás personas sea lo más feliz posible.

Feliz Julio

 

Llega el verano… ¡Reflexionemos!

Llega el verano… ¡Reflexionemos!

llega el veranoPor Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del CMI Dr. Nougués

En esta época del año, más que nunca  no es raro encontrar una persona que no haya hecho algún tipo de régimen para adelgazar y que, por el contrario, no siga teniendo problemas de peso. A pesar de que la población se somete a nuevas dietas de adelgazamiento y consume  productos “light”, bajos en grasas… y un sinfín de todos ellos, nuestra sociedad sigue presentando una  de las enfermedades crónicas más prevalentes el sobrepeso-obesidad.

Descartado algún problema hormonal, problemas emocionales o la toma de algún medicamento como causa del exceso de peso, hay que centrarse en los principales responsables del mismo: la cantidad y la calidad de lo que se come y la inactividad física.

A continuación  reflexionemos, tomando como base de partida, muchas experiencias del día a día en consulta:

  • Los      resultados son mejores, y sobre todo, más duraderos, si educamos y      cambiamos los hábitos poco a poco, más que hacer un esfuerzo puntual de un      mes, para luego abandonar y atiborrarse. Hay que aprender y lograr      introducir en nuestro día a día una forma óptima de comer que favorezca un      organismo equilibrado y saludable.
  • El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, etc…Es fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder esa grasa acumulada.
  • Es más  eficaz trabajar a favor de nuestro cuerpo, ya que partir de un sentimiento  de rechazo por el propio cuerpo convierte el “hacer dieta” en un      proceso cargado de ansiedad.
  • Muchas cosas nos gustan porque estamos habituados. Hay que acabar con el  dicho-creencia de que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda. Conseguir o descubrir que nos gusta comer aquello que más nos conviene es el objetivo.
  • Establezcamos objetivos realistas, metas asumibles. Lo contrario puede provocar  angustia, insatisfacción, e incluso problemas de salud por querer ir contra su propia naturaleza.
  • Si  “hacemos trampas” en alguna ocasión, hay que interpretarlo como un premio,  algo ocasional, no como un fracaso, pero al día siguiente se debe  continuar con el plan establecido.
  • No hay      ninguna magia encerrada detrás de las dietas, la diferencia en el resultado la marca la propia persona con su compromiso y decisión de  seguirla.

La dieta (entendida como aquello que el ser humano ingiere en cada comida) debe ser práctica, y más aún si pensamos en la pérdida de peso, además ha de ajustarse a nuestro estilo de vida y a nuestras posibilidades tanto de tiempo como otras.

Prepararse dietéticamente para primavera y verano

Prepararse dietéticamente para primavera y verano

primavera veranoPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

Inmersos en el ciclo natural de las estaciones, dejamos atrás el invierno para enfrentarnos con la primavera y verano. Comienza el calor, las alergias, cambia la hora, aparece el cansancio y debilidad (lo que se conoce como astenia primaveral)… y como resultado nuestro organismo se ve resentido. Sin embargo, algunos de estos efectos podrían verse disminuidos, si estamos preparados.

De nuevo la alimentación adecuada, nos ayudará a mejorar nuestras defensas. Y no olvidemos como parte de ella, la correcta hidratación pues el agua es también un nutriente, y en esta época del año vuelve a convertirse en objetivo de numerosas campañas de prevención y promoción de la salud. Aunque el modo de preparación de los alimentos también contribuye a la misma.

Hemos de tener presente que los hábitos “cambian” en cada estación, así la primavera sugiere una mayor actividad, y por consiguiente más sangre en los músculos, pero si ésta está intoxicada por los residuos del metabolismo de grasas, proteínas, etc (productos del proceso digestivo en definitiva), no ofrecerá el aporte de nutrientes y de oxígeno necesarios. Además, la llegada de la primavera permite disponer de la energía solar, y de este modo nuestro organismo no tendrá que procesar ni almacenar grasa para el mantenimiento de la temperatura corporal, entre otras necesidades.

Así es importante evitar comidas copiosas y pesadas, que causen  malestar, más aún por la noche (intenta cenar varias horas antes de dormir). Por ejemplo, optar por preparaciones al vapor (son suaves) o salteados (cocinarlos brevemente a temperatura alta y con poco aceite), ya que son más fáciles de digerir. Del mismo modo se tiene y debe comenzar la mañana de forma energética, con un buen desayuno, compuesto por cereal, lácteo, fruta, aceite de oliva y si lo deseas algo de alimento proteico (pechuga pavo, jamón cocido o jamón  serrano). Frutas y verduras se convierten en alimentos predilectos, al ser tan fáciles de preparar, tan variados y tan sanos. Mejor aún si los tomamos crudos ya que la pérdida de micronutrientes (vitaminas y minerales), será mínima. El pescado predominará sobre la carne, que como siempre deben ser magras, reduciendo al máximo el contenido graso de un modo fácil.

Las bebidas refrescantes, serán deliciosos zumos de fruta, agua o infusiones frías, lejos de refrescos y similares cuyo aporte se basa únicamente en azúcares simples.

Tampoco confundamos ni asociemos que este estilo de vida algo más activo durante estos meses del año, significa comer mal, comer comida rápida o tapas, excederse en el alcohol, o en el peor de los casos saltarse comidas.

Si comemos fuera, consumir productos de temporada, frescos y variados, y escoger un entrante a base de verduras crudas o cocidas, un segundo plato de fácil digestión como pescado, y un postre a base de lácteos o frutas. Éstas son el mejor postre, tentempié y refresco. Con alto poder saciante y muy ricas en agua, fibra, minerales y vitaminas, serán ayuda en: los regímenes hipocalóricos, para la hidratación, para el buen mantenimiento y protección de la piel, (la cual tampoco debemos descuidar en esta época), etc.

Ni que decir que cuidemos las intoxicaciones alimentarias y la tentación de emprender “previo a”, alguna de las conocidas dietas milagro, que a marcha forzada, se inician para conseguir “milagros” en solo unas semanas. Magia no es realidad y reflexionemos si se trata de pasar bien este período estival o por el contrario, vamos a dar lugar a la aparición de alguna enfermedad que puede ser irreversible, por habernos descuidado tanto.

Consejos para el verano

Consejos para el verano

Protegerse del sol

El sol puede ser nuestro aliado o nuestro enemigo

Comienza el tiempo en el que muchos inician sus vacaciones y otros están expectantes contando los días que les faltan para tomarse su deseado mes de asueto.

Las playas se llenan con el turismo nacional o foráneo y el campo, preferentemente la montaña, es visitado por numerosos excursionistas y senderistas amantes de la naturaleza que procuran disfrutar de ambientes más limpios y gratificantes que las aglomeraciones urbanas en las que muchos de ellos viven. Sigue leyendo