Valor y coraje

Valor y coraje

valor y coraje1Aspirar a desarrollar tus potencialidades mediante la práctica y el entrenamiento de la mente no puede decirse que sea un camino fácil ni cómodo, pero sí se puede afirmar  con total rotundidad que es una elección que merece la pena. Sobre todo si aspiras a ser feliz.

Dicha elección está abierta a cualquier persona, pero sólo los espíritus más valientes y luchadores son los que generan la determinación necesaria para aceptar los compromisos que todo trabajo de desarrollo humano lleva consigo.

Hay un par de cualidades especialmente importantes para quienes eligen este camino, el valor y el coraje.

Decimos que una persona es valerosa cuando es capaz de enfrentarse a las situaciones arriesgadas o difíciles que la vida nos trae cada día, mientras que utilizamos el término coraje para referirnos a la determinación con la que se enfrenta a un peligro o una dificultad.

Hemos de tener presente que la valentía y el coraje son cualidades que tienen la virtud de transformar a personas corrientes en seres extraordinarios, capaces de las más importantes proezas.

Pero tener valor es distinto a no tener miedo. Porque quien no tiene miedo puede llegar a ser un temerario y eso, a veces, entorpece más que ayuda.

El miedo es una emoción básica que cumple una función muy importante para la conservación de la vida en diferentes especies. Si aprendemos su utilidad, podremos sacarle el partido necesario sin sufrir las limitaciones que con frecuencia aparecen en quienes lo padecen. Hacerse amigo de nuestros miedos es una de las vías para incrementar el valor y el coraje.

Porque un valiente es aquel que hace lo que debe hacer a pesar de que tenga miedo y, a veces, tiemble.

Tener valor y coraje se relaciona con la capacidad que poseemos los seres humanos para correr riesgos, es decir, para salir más allá de nuestra zona de comodidad y confort, y para abrirnos a la posibilidad de experimentar nuevas situaciones vitales.

Esta actitud ha sido el motor que ha hecho posible muchos de los logros de los seres humanos a lo largo del camino evolutivo. Si no hubiésemos traspasados nuestros límites de seguridad, todavía permaneceríamos en las cavernas. Por tanto, ser capaz de correr riesgos es fundamental para nuestro desarrollo como individuo y como especie.

También es importante aprender a confiar en nuestras propias posibilidades, es decir, afirmar “yo soy capaz”, y a partir de ahí generar el coraje necesario para dar respuestas a nuestros retos vitales.

Quien posee el valor y coraje necesario es quien asume la responsabilidad de sus actos y no huye cuando hay que dar la cara. Esto tiene mucho que ver con lo que llamamos tener fuerza de ánimo. Te has preguntado alguna vez de dónde surge tu fuerza de ánimo. Es algo interesante que debieras explorar.

Hay quienes creen que el antídoto del miedo es el valor, pero eso no es cierto.El antídoto del miedo no es el valor, ya que puedes ser valiente y tener miedo. El verdadero antídoto del miedo es el amor, porque allí donde hay amor no hay espacio para el miedo.

¿Cómo harás para incrementar el valor y el amor en tu vida?

 

El camino del desarrollo humano

El camino del desarrollo humano

el camino del desarrollo humanoDecidir emprender el camino del desarrollo humano, esa senda que nos conduce al bienestar, es comparable a ascender por la vereda de una montaña para llegar a su cumbre.

Requiere, pues, determinación, valentía, esfuerzo, constancia y disciplina. Valores estos poco habituales en una sociedad como la nuestra. Una sociedad en la que se pretende conseguir los mismos resultados de manera rápida, con atajos y con poco esfuerzo.

Tal vez por eso, el camino del desarrollo humano, no sea algo que pueda estar de moda actualmente, sobre todo porque propone cosas contrarias a los valores sociales vigentes. Sin embargo, dicho camino, lleva estando presente en la vida de las personas desde tiempos inmemoriales, y nunca le afectaron las modas.

Habrá muchos que prefieran quedarse al pie de la montaña, no asumir el reto que supone iniciar la subida. Son aquellos que carecen del valor y la capacidad de esfuerzo necesarias para emprender este camino, o aquellos otros que, tal vez, sus intereses en la vida se orienten en otra dirección.

También encontraremos otros muchos que se volverán a mitad del camino. Son quienes carecen de la constancia necesaria y prefieren abandonar y tirar la toalla cuando comienzan a estar cansados.

Otros muchos buscarán atajos más rápidos y más fáciles. Es decir, tratarán de conseguir la meta sin apenas esforzarse. Pero muchos de ellos se perderán en el bosque entre las brumas y los cantos de sirena de quienes les prometen un premio rápido y sencillo de conseguir.

Por eso, si decides emprender la marcha, pídele a la vida que tu camino sea suficientemente largo, rico en enseñanzas y en experiencias, ya que será el propio camino, más que la meta, quien te aporte lo que andas buscando.

Y tal vez un día, cuando hayas alcanzado la cumbre y  te encuentres  plácidamente observando la luna llena, te darás cuenta de que no te hallas solo, de que también otros buscadores llegaron a la cima para desde allí contemplar el mismo cielo.

Y comprenderás que ascendieron por caminos distintos al tuyo, porque, en definitiva, cada cual ha de seguir el suyo propio. No podría ser de otra forma.

Unos transitaron caminos más rectos, en cambio otros lo hicieron por veredas más serpenteantes. Unos fueron más arriesgados, otros optaron por sendas más seguras. Unos fueron más rápidos y otros más lentos.

Sea como fuere, habremos de respetarlos todos y ser fiel al nuestro propio.

Por último, es posible que una vez allí, en la cumbre, tomes consciencia de que existen otras nuevas cumbres por descubrir, muchas nuevas veredas que recorrer, otros nuevos cielos que alcanzar…

Y no olvides que, una vez hayas reposado suficientemente, de nuevo emprenderás el camino, porque ¿cuál es el techo del desarrollo humano?….