Emociones inteligentes

Emociones inteligentes

emociones inteligentes1“Siempre me ha fascinado el tema de las emociones y la repercusión que éstas tienen para nuestra vida en general y para la salud en particular.

De pequeño me contaron aquello de que los seres humanos somos “animales racionales”, ya lo dijo Aristóteles, y todos sabemos cuanta razón solía tener el estagirita cuando hablaba sobre sesudos asuntos. 

Pero un día, llamó mi atención sobremanera, tanto que aun lo recuerdo, que mi profesora de Filosofía en sexto del bachiller antiguo, al comentarnos dicha frase, musitó con la mirada algo ensimismada, “a saber lo que quiso decir el bueno de Aristóteles con esto”. Y lo cierto es que pensé que tenía toda la razón, “a saber lo que Aristóteles quiso decir”.

Durante mucho tiempo, sobre todo tras la victoria del pensamiento dualista cartesiano, se enfatizó la vía del pensamiento racional, pues se afirmaba con rotundidad “pienso, luego existo”, elevando el pensamiento a núcleo fundamental de la existencia. Esto, unido al triunfo de la razón y a la exaltación del método científico como única vía de conocimiento de la realidad, nos llevaron a creer, de modo erróneo según mi modesta opinión, que es el pensamiento racional el que preside nuestra vida, el motor de nuestro destino y el culmen de todo lo humano.

A pesar de las tímidas voces que de vez en cuando se alzaban planteado una visión diferente, no fue hasta la década de los 80, sobre todo a partir de que Goleman y su libro “La inteligencia emocional” llegara al gran público, que comenzara a cobrar importancia la esfera emocional en aspectos tan fundamentales como la toma de decisiones, el aprendizaje  o la búsqueda de la felicidad, por citar sólo algunos de los más relevantes.

Pero la principal dificultad en este asunto radica en que la mayoría de las personas no tienen demasiado claro qué es una emoción, y mucho menos qué papel desempeñan en nuestra vida o cómo gestionarlas apropiadamente.

Muchos autores han tratado de definir la emoción. Así tenemos que para el profesor Guirao una emoción es “un estado de conmoción afectiva con claro componente corporal y participación somática, de súbita presentación y de cierta intensidad”, o lo que es lo mismo, “un estado no aprendido de agitación interior”. 

Para otros como Le Doux, la emociones son “funciones biológicas fundamentales, productos de la evolución, que permiten al organismo sobrevivir en entornos hostiles, por lo que se han conservado prácticamente intactas a través de la historia evolutiva”. 

Pero hay quienes simplemente las definen como “energía en movimiento”.

No trato aquí de buscar la definición más certera, ni tampoco la académicamente más exacta, sino de reflexionar acerca de la importancia de las emociones en nuestras vidas.

Así, podríamos decir que a nivel corporal, las emociones se perciben como una conmoción más o menos intensa de algunas de sus funciones. A nivel psíquico las experimentamos como un sentimiento, un afecto o una sensación.

Lo cierto es que las emociones no existen aisladamente, sino que lo hacen como elementos que forman parte de un sistema, de tal manera que a través de los mecanismos de somatización influyen en nuestra biología realizando cambios que, en función de su naturaleza, pudieran enfermarnos o sanarnos. 

Todas ellas tienen una finalidad biológica que es útil llegar a comprender. La mayoría están diseñadas para conseguir la supervivencia del sujeto o de la especie, así como la mejor adaptación a un medio cambiante, es decir, existe una cierta inteligencia en sus propósitos y forman parte del proceso de desarrollo humano.

Personalmente soy de la opinión que los seres humanos somos seres especialmente emocionales, ya que nuestra reacción primaria ante cualquier acontecimiento es de tipo emocional (que posteriormente racionalizamos), y, además, aquello que consideramos valioso en nuestra vida suele estar ligado a la esfera emocional. Para la mayoría de las personas lo que nos hace verdaderamente felices son cosas como amar y ser amados, lo cual, para muchas personas, constituye un asunto más importante que aquellos logros que pudieran obtener a otros niveles.

Pero como seres humanos en proceso de crecimiento y desarrollo, las emociones no sólo han de ser vividas, experimentadas e integradas, sino que, sobre todo, han de ser trascendidas y desde ellas, en comunión con la esfera racional, ha de surgir un nivel más alto y sutil de inteligencia profundamente humana.

Es por eso que soy mas partidario de la “emoción inteligente” que de la llamada “inteligencia emocional”. Pareciera lo mismo, pero no lo es. La propuesta de la “Inteligencia emocional” prioriza los pensamientos y trata de conectarlos con las emociones, y es algo que está muy bien, no trato de menospreciarlo o desvalorizarlo, solo quiero exponer que mi camino es otro bien distinto, va por otros derroteros.

Entiendo que somos seres básicamente emocionales y desde ahí, desde la emoción, una vez somos capaces de gestionarlas de modo apropiado, hemos de hacer surgir el pensamiento que las module y matices. Es algo así como que la emoción pone el impulso y el pensamiento la dirección, pero nunca el pensamiento ha de tornarse frío o distante, ni tampoco olvidar la verdadera ruta que nos enseña y nos marca la esfera emocional, “el camino del corazón”, ya que por él han de transitar todos aquellos que aspiran a despertar y tienen como meta su propia Autorrealización. (ANF)

 

Aprender de la célula

Aprender de la célula

aprender de las células“En ocasiones he aprendido mucho atendiendo al funcionamiento fisiológico de esas estructuras básicas que conforman nuestro cuerpo, las células. Y digo que he aprendido, para referirme no sólo a lo biológico, sino también a otro tipo de enseñanzas que me han ayudado en la vida en otro nivel totalmente diferente del meramente material.

Desde mis tiempos de estudiante me ha maravillado, y me sigue maravillando, esa capacidad que tiene cada célula de escoger lo que necesita y eliminar lo que le sobra, en orden a mantener su propio equilibrio interno, la llamada homeostasis celular.

Es en cierto modo sorprendente la capacidad que posee su membrana para realizar esta función. La llamamos “permeabilidad selectiva” y parece guiada por una especie de inteligencia natural que permite mantener lo que necesita y eliminar lo tóxico o superfluo.

Así, cada célula, a través de su pared, deja pasar una cosas y otras no, de la misma forma que elimina lo que no quiere mientras mantiene lo necesario para su supervivencia. 

Obviamente, todo ello sucede cuando se trata de una célula saludable. Precisamente la perdida de esta capacidad hace que la célula enferme o muera.

Hasta aquí, no he dicho nada que la mayoría de las personas que tengan unos conocimientos básicos de biología no conozcan, pues he descrito un fenómeno  meramente fisiológico.

Pero demos un salto, apliquemos dicho principio vital, el de la “permeabilidad selectiva”, a otra dimensión del ser, como por ejemplo la esfera emocional.

¡Que bueno sería que todos tuviésemos la inteligencia que tiene una membrana celular!

Dejaríamos entrar lo que nos conviene al tiempo que rechazaríamos todas aquellas emociones negativas y perjudiciales que cada día rondan a nuestro alrededor. Además, conservaríamos lo bueno, lo positivo, mientras que nos desprenderíamos de lo inútil y de lo dañino.

Pero por desgracia, según parece, la mayoría de nosotros es menos hábil en estos asuntos de lo que lo es una simple membrana celular en los suyos. Parece mentira que una membrana tenga más inteligencia práctica que muchas de las personas que conozco, ya que ellas suelen hacer justo lo contrario, dejan entrar lo nocivo, son poco permeables a lo positivo y mantienen durante años las toxinas mentales que poco a poco le corroen  y le destruyen internamente.

Afortunadamente, cada día son las los enfoques psicológicos occidentales, ya que el Budismo lo planteó hace 2500 años, que enseñan a las personas a ser selectivos con lo que reciben, y se basan en un sencillo principio “si te ayuda lo tomas, si te daña lo dejas”.

Igualmente, modernos enfoques psicológicos nos dicen, suelta tus toxinas internas, no tienes la obligación de retenerlas por más tiempo, “mantén lo útil, elimina lo que no sirva”.

Pero por algún extraño motivo, nuestra mayor complejidad cerebral y nuestra mayor “inteligencia” no nos ha servido para ser más felices sino, en muchos casos, para liarnos un poco más y perdernos en bucles recursivos generados por preguntas y afirmaciones tales como: “por qué me pasa esto a mi”, “he de descubrir la causa”, “no he de olvidar lo que me han hecho”, “es que los demás no me dejan ser feliz”… y tantos y tantos pensamientos inútiles.

Hay algo que me parece de sentido común y por ello trato de practicarlo, me refiero a fijarme en como lo hacen las personas que funcionan bien en la vida, para aprender de ellos, al tiempo que también observo a aquellos “sufridores profesionales” para identificar y no caer en lo que ellos hacen. De todos podemos aprender, de unos en un sentido y de otros en otro.

Y yo, que soy tan simple mentalmente como una membrana celular, hace mucho tiempo que elegir ser selectivo emocionalmente: “si me ayuda entra, si me limita se queda fuera”. (ANF)

 

Generar felicidad

Generar felicidad

transforma el mundo“Si diariamente saliésemos al mundo con el firme propósito de regalar a quienes se cruzan en nuestra vida algo para disminuir su sufrimiento y para hacerlas un poco más sabias y un poco más felices, estaríamos siendo verdaderos motores para transformar la realidad” (ANF)

El amor como estado del ser

El amor como estado del ser

amor estado del ser“El amor como estado del ser ha de trascender la mera relación de pareja, por eso, si decidimos aceptar la responsabilidad de amar habremos de aprender a perdonar nuestro pasado y, al mismo tiempo, desarrollar un corazón generoso hacia los demás” (ANF)

El verdadero poder

El verdadero poder

poder“No es poderoso el que manda, ni tampoco el que impone, sino quien es capaz de disminuir su sufrimiento propio y de los demás” (ANF)

¿Mentiras dulces o verdades amargas?

¿Mentiras dulces o verdades amargas?

mentiras dulces“Por alguna extraña razón, los seres humanos tenemos una cierta disposición a aceptar mejor las mentiras dulces que las verdades amargas, por eso tanta gente prefiere escuchar lo que desea en lugar de lo que le conviene” (ANF)

La vida no está en los libros

La vida no está en los libros

ahogarse“Cuentan de alguien que quiso aprender matemáticas, se compró libros, los leyó y aprendió. Después quiso aprender filosofía, se compró libros, los leyó y aprendió. Más tarde decidió aprender natación, compró libros, los leyó y tras lanzarse al agua se ahogó.” (ANF)

La palabra curativa

La palabra curativa

la palabra curativa“De cuando en cuando vuelvo a retomar el tema de la importancia que tienen nuestras palabras, no sólo en el ámbito de la comunicación interpersonal sino también sobre la capacidad de intervenir en la salud de una manera activa, unas veces fomentando procesos curativos y otras entorpeciéndolos o, incluso, generando un daño.

Siempre he considerado que a los estudios convencionales de medicina en las facultades de nuestro país les faltan muchas materias importantes, al tiempo que le sobran algunos otros contenidos que poco o nada aportan a la práctica médica diaria. Al menos a mí nunca me enseñaron una buena base de dietética práctica, la tuve que aprender luego; ni me hablaron de diferentes enfoques médicos en el ámbito de las medicinas complementarias, también los estudié por mi cuenta; ni tampoco me explicaron la forma de hacer que el propio acto médico fuese curativo en sí mismo, ni el efecto que tiene lo que decimos los médicos sobre los pacientes, también tuve que aplicarme en aprender sobre ello una vez finalicé la carrera.

Gregori Bateson hablaba del “médico genosaludable”, para referirse a los profesionales que son generadores de salud, no ya por la prescripción medicamentosa o por su buena técnica quirúrgica, sino por su mera presencia y su impecable forma de interactuar con los pacientes.

Sin los profesionales de la medicina nos convirtiéramos en personas “genosaludables”, como decía Bateson, sería lo mismo que admitir que es posible que la curación comience en el mismo momento de la consulta médica. Nos habríamos convertido, pues, en “personas medicina”.

Pero para ello se hace imprescindible decir adiós a la mayoría de los discursos médicos habituales, ya que muchos compañeros no han entendido todavía que promover la salud es distinto de evitar la enfermedad (muchas personas son incapaces de reconocer la diferencia).

Con frecuencia escucho el relato de pacientes que refieren cómo han salido asustados, preocupados o, incluso, emocionalmente chocados, tras una consulta médica en la que la comunicación se enfoca en términos de riesgos, peligros y posibilidades de desenlaces infaustos. Piensio que cada paciente debería salir del consultorio algo mejor de como entró.

En ningún caso digo que haya que ocultar información, decir que lo negro es blanco, ni falsear los datos evidentes. Quienes me conocen saben lo poco partidario que soy de «dorar la píldora». El asunto es otro bien distinto. Más bien se trata de tomar consciencia de la importancia del «arte de comunicar», porque ¿de cuántas manera diferentes se puede dar una mala noticia? Seguro que descubrimos que hay formas que nos hunden más y otras que, diciendo el mismo contenido, hacen que nos sintamos esperanzados.

Si los médicos fuésemos conscientes del terrible daño que produce en el sistema inmunológico ciertas emociones como el miedo, o los bloqueos a la curación que aparecen por un estado emocional alterado, nos ahorraríamos muchos problemas y también los pacientes se ahorrarían algunos malos ratos.

Soy de la opinión que ayudamos más al paciente generando una actitud positiva que metiéndole miedo para conseguir que haga algo. También soy de la opinión que la palabra dicha por el médico ha de ser usada como «la primera medicina», que no por ser más sutil e inmaterial es menos poderosa que otras.

Así que, entre las muchas tareas que propongo mejorar es la ser cada vez más «genosaludable» y utilizar cada día mejor «la palabra curativa» para promover el proceso de sanación» (ANF)

Recoger lo sembrado

Recoger lo sembrado

Recoger lo que se siembra“Cuando un campesino recoge su cosecha no suele preguntarse qué semilla planté, pues resulta una obviedad ya que siempre se recoge lo que se siembra. Por tanto, deberíamos plantearnos el modo en el que vamos a plantar en nuestra vida semillas de felicidad para que, llegado el momento, podamos recoger los frutos que deseamos” (ANF)

Las semillas de la vida

Las semillas de la vida

loa vida planta las semillas“Todo lo que sucede en la vida, tanto si nos gusta como si no, no son más que semillas para nuestra evolución, siempre que nosotros, el terreno que las recibe, las acoja del modo apropiado, las cuide como debe y permita que fructifiquen tanto para nuestro beneficio como para el de todos los seres que nos rodean.” (ANF)