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Soberanía emocional

libertad emocional

La soberanía emocional ha de ser conquistada por cada uno

¿Te percibes como una persona emocionalmente libre o más bien como alguien emocionalmente dependiente de otros?

Esta es una pregunta que deberíamos responder si queremos conseguir una cierta salud y estabilidad emocional.

Con frecuencia soy testigo de relatos en los que algunas personas culpan de sus desgracias actuales a la relación que mantuvieron con sus padres o con otros miembros de la familia desde la infancia, o a las relaciones que mantienen con sus parejas, con sus amigos, etc. Es algo así como que “la culpa  de que me sienta mal la tiene el otro”. Sigue leyendo

Los vínculos afectivos externos

vinculos afectivos externosNingún ser humano en el momento de nacer es capaz de sobrevivir por sí mismo sin ayuda de los demás. Vamos creciendo y madurando gracias a que somos nutridos y cuidados por la familia y por el grupo social, tanto en la dimensión biológica como en la afectiva.

Aristóteles dijo que somos “animales racionales”, aunque según parece hoy día a tenor de las últimas investigaciones, somos seres más profundamente emocionales que otra cosa y, por tanto, necesitamos de la sana relación afectiva con otros seres para desarrollarnos con plenitud. Dicho de otro modo, necesitamos crear saludables vínculos afectivos.

Según la RAE, un vínculo es  una “unión o atadura de una persona o cosa con  otra”, y si nos referimos a los vínculos emocionales, podríamos decir que son los lazos afectivos que se establecen entre una persona y otro objeto, sea éste persona, animal o cosa.

No ha de extrañarnos esto último, porque es bien sabido que se puede establecer fuertes vínculos emocionales con una mascota o con un objeto cargado simbólicamente de un significado especial, como por ejemplo un reloj de nuestro padre o una carta de una persona querida.

A pesar de lo anterior, los vínculos que más nos interesa destacar, debido a su importancia en el campo de la salud, ya que pueden llegar a ser altamente curativos, son los que se establecen entre unas personas y otras.

Definimos, pues, un Vínculo Afectivo Externo (VAE) como la relación emocional que se establece entre diferentes personas o grupos, más allá de los lazos familiares.

Según sabemos hoy día que un VAE es un elemento fundamental que permite incrementar las actitudes resilientes. Para que dicho VAE nos proporcione ayuda y soporte en los momentos difíciles ha de ser suficientemente significativo. No vale cualquier vínculo.

En general, se dice que un vínculo puede ser potenciador, neutro o limitante. Un VAE es limitante cuando dificulta o impide nuestro desarrollo. Neutro, si es una relación prescindible que no interfiere en nada en ninguno de los sentidos. Pero los VAE realmente interesante son los potenciadores, es decir, aquellos que nos ayudan a crecer y a desarrollarnos, como por ejemplo, los que se establecen entre los miembros de los “grupos nutricios”, o las redes de apoyo comunitario, o la relación entre maestro-discípulo, entre otros.

Un VAE puede ser también individual o grupal, según se establezca con una sola persona o con un grupo, y nos provee de una persona o un grupo a los que acudir en los momentos de dificultad.

Hoy día sabemos que poder contar con personas significativas fuera de la familia favorece la manifestación de comportamientos resilientes cuando en la propia familia se viven circunstancias adversas.

La importancia de estos vínculos radica en el afecto que genera entre los miembros, lo cual es la base de una estabilidad emocional, de una sana autoestima y genera un importante número de beneficios que surgen a partir de sentirse protegidos, comprendidos y aceptados.

Es importante, pues, promover los VAE, es decir, las sanas relaciones afectivas más allá del ámbito familiar, tanto individual como grupalmente, de ahí la importancia de contar con los llamados “grupos nutricios” (ver post al respecto), así como de cualquier soporte individual o grupal que nos haga crecer como seres humanos.

 

 

Consejos sofrodynámicos para mejorar la autoestima

autoestimaAunque muchos problemas de autoestima son fruto de lo que pensamos, no deberíamos de olvidar que la autoestima se cultiva también a través del hacer y del sentir. Por tanto, estas tres dimensiones han de estar presentes dentro de nuestro enfoque para ayudar a desarrollar una autoestima más sana basada en el propio autoconocimiento.

A continuación expongo algunos consejos sofrodynámicos para mejorar nuestra autoestima.

Dichos puntos no debieran de entenderse como una lista de recetas, sino que cada punto en realidad no e´s más que una de propuesta de trabajo, un reto al que dar respuesta mediante la práctica de una serie de estrategias, las cuales solemos trabajar en los grupos de entrenamiento. Sigue leyendo

Salir de la pereza

salir de la pereza“Demorar para otro momento lo que se ha de hacer ahora es el mejor modo de cultivar la pereza de la que surge la inercia y la inmovilidad. Esa actitud, sin que te des cuenta, se extiende, se generaliza y te impide realizar cualquier otra acción por muy pequeña que ésta sea. Pronto sentirás que decae tu autoestima y te reprocharás tu inacción. Este es un buen método para fomentar la frustración y la desesperanza. Así que, sea lo que sea lo que has de hacer, recuerda que ahora es el mejor momento para iniciarlo. ¡Levanta!, ¡espabila! y ve a por ello.” (ANF)

Verdadera Autoestima

autoestima“Algunos fundamentan  su autoestima sobre los éxito de aquello que emprenden, pero suelen desmoronarse y venirse abajo ante los fracasos que pudieran suceder. Es por eso que la verdadera autoestima debemos sustentarla no sólo en lo que hacemos, sino en el reconocimiento profundo de lo que en realidad somos, ya que eso se mantendrá estable en el tiempo a pesar de los múltiples avatares que nos pudieran ocurrir” (ANF)